La deposición de artefactos de piedra verde en contextos funerarios mayas es abundante, pero localizarlos en la boca de los difuntos no lo es tanto. Esta práctica de deposición de artefactos hechos de piedra verde ha sido también registrada al interior de construcciones como templos o edificios que pudieron ser vistos también como personas en tiempos antiguos.
En este trabajo, se revisan los contextos funerarios donde se tiene registro de la deposición de una piedra verde al interior de la boca de los muertos entre grupos mayas y zoques del estado de Chiapas, pero también describiremos la presencia de piedra verde al interior del techo de edificios de sitios arqueológicos mayas del periodo Clásico.
Los antecedentes sobre este tema de investigación han sido esbozados inicialmente por Coe (Reference Coe, Elizabeth and Gillett1988), quien analiza la simbología inserta en las tumbas mayas y revisa de manera general la práctica de depositar una piedra verde en la boca de los muertos. Posteriormente, Taube (Reference Taube2005) analiza el simbolismo del jade en el periodo Clásico maya enfatizando no sólo en el valor económico de la piedra verde, sino también en su valor simbólico asociado al aliento que daba vida al alma. En este trabajo, complementamos dichos planteamientos iniciales, donde además del jade, se cuenta con otras dos variantes identificadas hasta el momento entre los mayas y zoques de Chiapas que refieren a la deposición de maíz y disco de cerámica colocado en la boca de los muertos.
Se parte de la arqueología relacional u ontológica, para adentrarse a la forma en la que los mayas y zoques del periodo Clásico vieron a las piedras verdes como un símbolo de aliento y permanencia asociado al último suspiro y relacionado con el personhood. El personhood o personeidad se define como el estado o noción de ser persona en el pasado y en el presente, que no solo está asociado a las personas humanas sino también a ciertos artefactos o elementos arquitectónicos que cumplieron un papel importante en las relaciones sociales como es el caso de los materiales de jade o bien los templos.
Utilizamos la expresión genérica de jade para referirnos a las piedras verdes que pueden designar a dos minerales: la nefrita (del grupo de los anfíboles) y la jadeíta (del grupo de los piroxenos) (García Reference García2007:158), que poseen una estructura y composición química distinta. La nefrita se presenta más frecuentemente en China, Canadá y Nueva Zelanda, mientras la jadeíta se presenta en México, Centroamérica, Sudamérica y ciertos lugares de Asia (García Reference García2007:158-159).
Estudios actuales de arqueometría aplicados a la piedra verde mediante técnicas como la Fluorescencia de Rayos X, Difracción de Rayos X, Espectrometría Raman y PIXE han identificado no solo jadeíta en las piedras verdes que componen collares o brazaletes que acompañan a los muertos, como en el caso de Bonampak donde además se identificó amazonita, albita, cuarzo, serpentina y una combinación de jadeíta y onfacita (Aguilar-Melo et al. Reference Aguilar-Melo, Mitrani, Casanova, Manrique, Pérez, Luis Ruvalcaba, Tovalín, Moscoso, Sheseña and Lozada2019), que en su conjunto se conoce como “jade cultural”.
Dentro de las propiedades de la jadeíta destaca una gran gama de tonalidades verdes, dureza, propiedad translúcida y lustre delicado (Wiesheu Reference Wiesheu2012). Dichas propiedades serán el punto de partida para entender cómo los antiguos mayas y zoques utilizaban estas piedras y qué connotaciones le otorgaron al jade como un último suspiro asociado a las personas muertas o como un posible ritual de trascendencia asociado a las construcciones.
La arqueología ontológica y el personhood
La arqueología ontológica es el referente teórico con el cual hacemos el análisis de la piedra verde presente en personas humanas y no humanas del periodo Clásico (250-800 dC) entre los mayas y zoques. La arqueología de corte ontológico (Fowler Reference Fowler2004; Velásquez García Reference Velásquez García2023) surge como una alternativa ante la arqueología posprocesual de los años noventa del pasado siglo, donde ya no sólo se interesa por la agencia humana sino por las características agentivas de entidades no humanas.
Parte como una forma de darle voz a los “objetos”, retomando las categorías locales con las cuáles la gente entiende su mundo. Se trata de tomar en serio las concepciones que los propios pueblos mayas y zoques del periodo Clásico le confirieron al jade, visto como el ik’ o como una energía, componente anímico y esencia de vida (Velásquez García Reference Velásquez García2023:264-329). De tal forma que al ser entendido como aire o aliento alude a la idea de algo que confiere vida.
Se trata de una arqueología comprometida con otros saberes, filosofías y conocimientos distintos al saber occidental, base de la ciencia moderna (Grecco Reference Grecco2023). Se reconocen otros modos de existencia más allá de lo humano, donde no hay una marcada separación entre naturaleza y cultura, entre objeto y sujeto, ni entre mente y cuerpo.
Este pensamiento de las teorías indígenas como ontología de manera simétrica al conocimiento científico, pasa también por una reeducación de nuestros sentidos y permite una apertura a otras percepciones y formas de expresión (Grecco Reference Grecco2023; Pellini Reference Pellini2019:115). El personhood se trata de una categoría antropológica que refiere a cómo la gente en el pasado, en este caso los mayas y zoques del periodo Clásico, entendían a las personas. La epigrafía maya da cuenta de que ciertos edificios y ciertos artefactos tenían un nombre, por lo que podrían verse como personas no humanas, mientras otros materiales como incensarios eran deidades importantes, como el caso de los incensarios de Palenque (Cuevas Reference Cuevas2007).
Para el caso del jade, se propone que también las cuentas de collares, brazaletes, teselas de máscaras, hachas u otros artefactos pudieron funcionar potencialmente como personas no humanas, quienes interactuaron con los mayas de formas muy específicas. A continuación, revisaremos las propiedades físicas del jade para posteriormente analizar la práctica de la deposición de este material en la boca de los muertos.
Las cualidades físicas del jade como punto de partida
La jadeíta presenta una dureza de 6.5 a 7 en escala de Mohs, por ello tiene una prolongada duración y resistencia, por lo que nosotros pensamos que pudo ser sinónimo de permanencia entre los antiguos mayas y zoques. Debido a la alta dureza de la jadeíta, permite ser fracturada, perforada, labrada, rayada y pulida para confeccionar una variedad de piezas, a la vez que es garantía de una prolongada duración y resistencia.
Debido al proceso metamórfico que tiene lugar durante la creación de la jadeíta, su composición química puede variar notablemente dentro de una misma región, por ello la diversidad de colores y estructuras del jade pudo tener su origen por ejemplo en el valle del Motagua central (Harlow Reference Harlow and Frederick1993) en Guatemala, cuyos yacimientos fueron localizados hacia los años cincuenta. También se ha especulado sobre otros posibles yacimientos en Guerrero e incluso en Costa Rica (Coe Reference Coe1968; Hauff Reference Hauff and Frederick1993; Taube et al. Reference Taube, Hrubry and Romero2005). Cabe precisar que para el caso de caso de esta última, esas propuestas ya han sido descartadas con los recientes estudios geológicos y de análisis de piezas del Museo del Jade que corroboran que las piezas de jadeíta coinciden con las muestras del Motagua en Guatemala, ya que geológicamente no hay condiciones para que se formaran dichos yacimientos en Costa Rica (Alvarado y García Casco Reference Alvarado and García Casco2019; Hernández et al. Reference Hernández, García, Alfaro, Fernández, Ménager and Montero2022).
El color del jade va de translúcido a transparente, da un efecto de juegos cromáticos con posibles fines estéticos. El color verde-azul del jade tiene la cualidad de brillar y de ser pulido. Las plumas de quetzal tienen el mismo brillo gracias al fenómeno óptico denominado iridiscencia (Magaloni Reference Magaloni2008), por lo que hay una cercana relación simbólica entre el jade y el quetzal.
Las cualidades ópticas del jade (color, brillo, lustre) se mantienen en general intactos a través del tiempo. De ahí subyace la idea de la longevidad (García Reference García2007:208). Es común que en términos macroscópicos se confunda al jade con la serpentina (piedra verde más blanda que el jade) con características cromáticas similares, que también pudo tener una importancia simbólica en tiempos de los antiguos mayas (Taube et al. Reference Taube, Hrubry and Romero2005).
Yax es un vocablo maya que designa tanto al color verde como al azul del jade (Savkic Reference Savkic2011). Refiere a una degradación tonal, representa el centro, la vida, lo perenne y lo sagrado. Otro posible nombre para el jade en maya clásico es yaxtuun (Houston et al. Reference Houston, Brittenham and Mesick2009:20–21).
Los jades eran símbolo de estatus, riqueza, vida, continuidad, permanencia, durabilidad y estaban asociados a lo eterno, lo divino, lo antiguo, lo valioso, lo vivo. Por su color estaban fuertemente relacionados con la fertilidad, la abundancia y lo perenne (Taube Reference Taube2005).
Fray Diego de Landa registra que los mayas de Yucatán utilizaban como moneda cierto tipo de piedras con forma de cuentas, aunque no especifica si eran piedras verdes o jades, y menciona haberlas encontrado acompañando un entierro. En otra mención, se dice que estas mismas cuentas se podían colocar en la boca de los difuntos (Landa Reference Landa2010:76 y 130). De ahí que estas piedras tengan diversos simbolismos entre los mayas. En las siguientes líneas, profundizaremos en el valor simbólico del jade, para luego dar pie a la presencia de maíz y cerámica también localizada en contextos mortuorios mayas y zoques de Chiapas.
Tres variantes identificadas al interior de la boca de los muertos (jade, maíz y disco de cerámica)
Primera variante: Jade al interior de la boca de los muertos
Las características físicas del jade son el punto de partida para indagar sobre los posibles significados que los antiguos mayas confirieron a estos materiales. Dado que el jade cuenta con propiedades acústicas que producen sonidos cristalinos agudos, es posible que los mayas lo asociaran con el sonido producido por el viento (Hosler Reference Hosler1994) y de esta manera, habría una relación directa entre el jade y el viento e incluso el aliento o ik’. De hecho, se ha interpretado que el tintineo de las cuentas de jade del collar o de los brazaletes colocados en las personas podía evocar el habla de los ancestros (Houston et al. Reference Houston, Stuart and Taube2006:72).
Desde el punto de vista fenomenológico, a diferencia del empirismo, las cualidades de una piedra pueden decirnos más que un número de medidas de las propiedades geométricas de la misma. Otras cualidades físicas como la forma, textura, color, tipo de roca, presencia o ausencia de líneas de erosión, craquelado, depresiones, entre otras características morfológicas, no habían sido consideradas a detalle ni sistemáticamente estudiadas en otros trabajos. Por ello, resulta importante poner atención en las formas que componen ciertos elementos como máscaras funerarias, collares, brazaletes u otros ornamentos.
Los artefactos de jade se encuentran directamente asociados a contextos funerarios comon en el caso de los materiales de piedra verde localizados en el sarcófago de K’inich Janaab’ Pakal. Pero también se encuentran al interior de los templos como las dos orejeras de jade localizadas en una caja de mampostería en el Templo de las Inscripciones de Palenque, justo en la escalera interior que conduce del templo a la cripta funeraria (Ruz Reference Ruz1973:151). También en el corredor de la misma tumba se localizó una caja hecha de mampostería, encima de una piedra boluda con cinabrio, donde se descubrieron dos tapones de orejeras de jadeíta con incisiones que asemejan la forma de una flor (Ruz Reference Ruz1973:15).
Las cuentas de jadeíta que formaron parte de collares o brazaletes fueron concebidas como materiales “animados”, que encapsulaban un componente airoso que era un aspecto o parte del o´hlis (Velásquez García Reference Velásquez García2023:316). El o´hlis era una entidad anímica entre los mayas del periodo Clásico que representó al ánimo del dios del maíz y estaba ubicado en el corazón o pecho de las personas (Velásquez García Reference Velásquez García2023:164). Cabe mencionar que la transliteración denominada como o´hlis se basa en una hipótesis o propuesta de reconstrucción epigráfica sobre la ortografía glífica.
OHL ha sido traducido como “corazón” y refiere al centro (pecho) o corazón físico como el caso de las lecturas yo?-OHL-la K’INICH AJAW, “el corazón del Dios Sol” o el ejemplo de Ku po-ma yo-OHL AHIIN, “cortador del corazón cocodrilo” (Beliaev y Houston Reference Beliaev and Houston2020).
Dadas las características movibles de las cuentas de jadeíta, pudieron ser resguardadas en un ámbito doméstico familiar, a manera de reliquias que legitimaban un vínculo con el personaje inhumado. El desgaste de las cuentas, da cuenta de un uso relativamente frecuente.
Existen otros ejemplos de piedra verde elaborada en elementos de joyería encontradas en sepulturas. Tal es el caso de la Tumba 1 de Cahal Pech. Según Peter Schmidt localizó una máscara de un rostro en tamaño natural que cuenta con tres pendientes de forma ojival asociados a una pieza tubular que fue hallada a la altura de la cadera del personaje inhumado (García Reference García2007:230).
La presencia de jade en entierros mayas tradicionalmente se interpreta como un indicador arqueológico del rango sociopolítico de las personas localizadas en los contextos funerarios (Chapman et al. Reference Chapman, Kinnes and Randsborg1981). No obstante, en ocasiones la cantidad y calidad del ajuar funerario pueden hablar más del momento del ritual del enterramiento que de su estatus social. Ya que, en algunos entierros, por ejemplo, el del Edificio de Las Pinturas de Bonampak, aunque tenía con una gran cantidad de piedra verde, su calidad era mala, ya que había cuentas erosionadas, burdas y con una diversidad de formas, lo que no nos indica el estatus social de la persona inhumada (Tovalín, Lozada y Aranda Reference Tovalín, Lozada and Aranda2015), sino de piedras posiblemente pertenecientes a las familias del personaje allí enterrado que fueron incorporadas en el momento del ritual funerario.
El cinabrio era otro elemento que acompañaba a los rituales funerarios, éste no era solamente colocado sobre los huesos sino también en algunos objetos de piedra verde como el jade y también conchas (Lozada Reference Lozada2024). Por lo cual, dichos artefactos también tuvieron un tratamiento funerario similar al de las personas humanas. El jade ocupó un papel importante en el sistema ritual de las élites del periodo Clásico, más allá de su rol en el paisaje mortuorio (García Reference García2007:211), ya que simbolizaba la vida después de la muerte física de la persona y era una parte del o’hlis (Velásquez García Reference Velásquez García2023). Los artefactos de jade pueden contener características anímicas del o’hlis y pueden dotar a otros artefactos, incluyendo a edificaciones de una vida propia. Además del jade, se cuenta con evidencia arqueológica y etnohistórica sobre la deposición de maíz y disco de cerámica localizados en la boca de los muertos, práctica cultural que ha sido registrada en sitios arqueológicos mayas y zoques del estado de Chiapas, los cuales se describen en las siguientes líneas.
A continuación, revisaremos algunos casos arqueológicos reportados para el área maya y el área zoque de Chiapas donde se tiene registro de la deposición de piedra verde, maíz y disco de cerámica en la boca de los muertos (Figura 1), específicamente nos centraremos en los sitios arqueológicos de Bonampak, Lacanhá, Ixtumbú y Suquijcuy. Estos dos últimos se encuentran en el área de Chicoasén II (Figura 2).
(A) Cuenta tubular de jade localizada en la boca del Entierro 3 del Grupo Frey de Bonampak; (B) cuenta globular tipo dona localizada en la boca del entierro del Cuarto 2 del Edificio 1 de Bonampak; (C) cuenta cilíndrica localizada en la boca del Entierro 1 de Suquijcuy, Chicoasén; (D) disco de cerámica localizado en la boca del Entierro 9 de Ixtumbú, Sección I, Chicoasén. Fotos: Josuhé Lozada. (Color en la versión electrónica)

Mapa de localización de los sitios Bonampak, Lacanhá, Ixtumbú y Suquijcuy en Chiapas. Mapa elaborado por Josuhé Lozada. (Color en la versión electrónica)

Los sitios de Bonampak y Lacanhá se localizan en el área de la Selva Lacandona sobre un corredor natural ubicado al oeste de la sierra Cojolita y al este del lago Lacanjá. Los entierros que serán referidos en este trabajo provienen del Grupo Frey y del Edificio 1 de Bonampak. Mientras que los artefactos de jade asociados a elementos arquitectónicos provienen del Edificio 1 y 2 del sitio Lacanhá.
Por otro lado, los sitios Ixtumbú y Suquijcuy se localizan en la margen derecha del río Grijalva en la región de la Depresión Central de estado de Chiapas, abarcando un área de 160.708 m2. Por su gran extensión se ha dividido el área en tres secciones. Los entierros que se incluyen en este trabajo, corresponden a uno localizado en la Sección I de Ixtumbú del cual se hablará más adelante por presentar la variante de la presencia de disco de cerámica en la boca del muerto, uno localizado en la Sección II del mismo sitio y otro entierro localizado en el sitio Suquijcuy. Finalmente, sobre la variante identificada que refiere a la deposición de maíz en la boca de la persona inhumada, se localizó en el salvamento arqueológico de la construcción de la autopista que va de Tuxtla Gutiérrez a San Cristóbal de las Casas.
Respecto a la primera variante identificada asociada a la deposición de piedra verde en la boca de los muertos se cuenta con la siguiente información. En relatos por parte de códices y cronistas españoles, estos últimos específicamente frailes, fueron quienes lograron describir algunas prácticas asociadas con el uso del jade.
El ritual de colocar una piedra verde en la boca de los difuntos también se registra para el centro de México, ya que dicho rito se dice lo efectuaban los nobles en la cuenca de México quienes empleaban un chalchihuitl, mientras que los plebeyos tenían acceso a piedras de menor valor (Sahagún Reference Sahagún1992:77). Por esta razón, a continuación revisamos brevemente lo que dicen las fuentes etnohistóricas sobre esta práctica registrada en el centro de México para luego irnos a lo que se tiene documentado para el área maya, práctica que se enmarca en el núcleo duro de la tradición religiosa mesoamericana.
En el Códice Florentino para el centro de México se habla de las piedras verdes como un componente anímico en el cual se transformaban los niños al morir: “que se dice que los niñitos pequeños que mueren se hacen piedras verdes . . . se hacen brazaletes. Cuando mueren no van allá al terrible lugar de los vientos helados, al Mictlán” (López Austin Reference López Austin1984:358). En el Capítulo 1 del Libro 3 del mismo Códice Florentino, Fray Bernardino de Sahagún (Reference Sahagún, Anderson and Dibble1950-1963), menciona que: “más dicen que al tiempo en que se morían, los señores y nobles les metían en la boca una piedra verde que se dice chalchihuitl y en la boca de la gente baja, metían una piedra que no era tan preciosa y de poco valor que se dice texoxoctli o piedra de navaja, porque dicen que se ponía por corazón del difunto”.
López Austin (Reference López Austin1984:374), sugiere que la entidad anímica que era recibida por la piedra en el centro de México era el teyolía, relacionado con el corazón, aunque no todo el teyolía, sino una parte de él. Las piedras contenían una porción de sus entidades anímicas o podían ser una especie de pago por un servicio en su camino al inframundo. No obstante, esta última interpretación no es muy convincente ya que parte de un criterio muy occidental o economicista.
López Austin (Reference López Austin1984) también comenta que el corazón de piedra no era colocado en la boca después de la muerte, sino al momento mismo de la expiración, para que la piedra pudiera captar el yolía o teyolía de la persona difunta (Martínez González Reference Martínez González2011). Sobre este punto, otros datos etnohistóricos centrados en el área maya confirman el significado de esta práctica. En las crónicas de Ximénez, al hablar de los mayas de Verapaz, Guatemala, dice lo siguiente:
Ya que el enfermo llegaba a la muerte, sí era principal, la primera cosa que le ponían en la boca después de muerto era una piedra preciosa . . . era para que recibiese su ánima . . . el ponerle aquella piedra en aquella coyuntura y tomarle aquel postrer espíritu o resuello era oficio de por sí y muy principal; de manera que en el pueblo el más noble lo había de hacer, y si era en casa del rey o gran señor, el más privado. La piedra era guardada con gran cuidado de la misma persona; por ello, era tenido con gran reverencia de todos y a la piedra después, salían a ciertos tiempos a ofrecer sacrificios [Reference Ximénez1954:I:111].
En este sentido, se infiere que la deposición de una piedra verde sobre la boca era una práctica de la élite maya. Se dice que había gente especializada en ese importante “oficio”. Posteriormente la piedra era guardada por el oficiante, la cual recibía ceremonias y sacrificios, ya que se concebía como una entidad viva.
Fray Bartolomé de las Casas por su parte, registra también esta práctica, donde relata lo siguiente:
Ayuntados todos, componían el cuerpo del muerto, envolviéndolos en quince o veinte mantas ricas entretejidas de muy lindas labores . . . y metiánle una piedra en la boca, esmeralda de valor que los indios llamaban chalchihuitl. Dicen que aquella piedra le ponían por corazón. Solían poner así en los pechos de los ídolos, unas piedras preciosas finas, diciendo que aquellas eran sus corazones, en memoria de lo cual debían poner también a sus muertos . . . como quiera, pues, que algún señor moría, tenían aparejada una piedra preciosa que le ponían a la boca cuando quería expirar, en la cual creían que le tomaban el ánima, y en expirando, con ella muy livianamente le refregaban el rostro. El tomalle aquel resuello, ánima o espíritu, y hacer aquella ceremonia y guardar la dicha piedra, era por sí un principal oficio, y no lo tenía sino una persona de las más principales del pueblo o de la casa del rey, al cual tenían todos en gran reverencia, porque la piedra era estimada por cosa divina, y así lo nombraban hombre de dios, como si dijeran que aquel hombre se había trasladado a los dioses y hecho ya divino, y por esta errada consideración ofrecían a estas piedras en ciertos tiempos sacrificios [Reference de las Casas and Gorman1967:II Cap. 240:525-526].
Con la anterior descripción de las Casas, se entiende que la práctica de depositar la piedra verde en la boca de la persona se hacía justo en el momento de la agonía para retener un aspecto de su entidad anímica al momento de su salida por el cuerpo. La piedra la pasaban por el rostro de la persona fallecida y luego dicha piedra era curada por un miembro importante (oficiante) y posteriormente se le hacían ceremonias y se le ofrecían sacrificios.
En las descripciones de Fray Diego de Landa (Reference Landa2010), respecto a las prácticas funerarias mayas del siglo dieciséis en Yucatán, dice que algunas veces se le colocaba una piedra preciosa al interior de la boca del muerto, posteriormente el cuerpo era colocado debajo del piso de las casas o bien detrás de las casas. De tal manera que el jade fue visto como un símbolo de aliento, asociado con el viento y la esencia de la vida. Además de representar autoridad, soberanía, riqueza, agua, maíz y centralidad; el jade encarnaba nociones de viento y de esencia vital (Taube Reference Taube2005:23).
El jade entre los mayas se vincula también con la noción de aire o ik´, aliento divino, respiro, inhalación y exhalación divina. Ik´ Kuh entre los mayas del clásico refiere al dios del viento. El signo ik´ en el arte maya aparece plasmado en objetos acústicos como maracas o tambores y también se vincula con las formas visuales que representan el aliento que exhalan vivos y muertos (Mex Reference Mex2021).
En varias lenguas mayas, la palabra ik’ y sus equivalentes tienen traducciones como los significados de aire, viento, aliento, anhélito, espíritu, resuello que uno hecha por la boca (Barrera Reference Barrera1980; Laughlin y Haviland Reference Laughlin and Haviland1988). El día ik’ dentro del calendario maya se asocia también simbólicamente con el aire, los vientos (buenos y malos), el aliento vital, la música, la danza, las flores, los aromas y en menor medida con las enfermedades. Su lectura en el periodo Clásico se traduce como aire, viento, aliento, espíritu (de vida). Se relaciona con el rumbo norte y el color blanco (Mex Reference Mex2021:34).
Para los mayas, el jade se identificaba plenamente con el viento y era capaz de inhalar o exhalar aliento o humedad (Velásquez García Reference Velásquez García2009:491). De hecho, la nariz de las personas fue percibida por los mayas del clásico como el conducto de algún tipo de fuerza vital (Velásquez García Reference Velásquez García2009:518).
Hay objetos de jade asociados con motivos iconográficos de ik´ como la forma de T o también de T invertida, volutas bifurcadas, flor cuadripétala, asociada a las orejeras y al dios del viento (García Reference García2007:204). De hecho, en la boca de la máscara de K’inich Janaab’ Pakal en Palenque es posible apreciar el ik´ con forma de T.
Ruz (Reference Ruz1973), menciona que la cuenta bucal funcionó entre los antiguos mayas como un elemento mágico que proporcionó vida eterna y alimento al difunto durante su trayecto por el xibalbá o el inframundo maya. Por lo que proporcionó algunas pistas para la lectura que hoy hacemos con mayores datos arqueológicos, etnohistóricos y elementos comparativos.
En maya clásico se denominaba también a la jadeíta como yäx tun y existía el término ihkaatz para hablar de carga o bulto, donde probablemente algunos bultos contenían piedras verdes. Taube (Reference Taube2005), menciona que el espíritu o aliento vital al que refieren las inscripciones fúnebres del clásico como sak ‘ik’aal era el alma que se capturaba a través de cuentas o mosaicos de jadeíta. Cabe mencionar que entre los mayas del clásico existió la expresión och b´ih o “entrar en el camino” que hacía referencia a la resurrección del alma a través del simbolismo de las orejeras de piedra verde (Taube Reference Taube2005:39).
A propósito del tema de la resurrección, en la lápida de K’inich Janaab’ Pakal en Palenque se aprecia la personificación del gobernante visto como el dios del maíz, que una vez muerto, desciende como una semilla dentro de la tierra para resurgir y continuar un ciclo más de vida-muerte-regeneración (Schele y Mathews Reference Schele and Mathews1998). Al respecto, a K’inich Janaab’ Pakal se le acompañó además de la máscara mortuoria de piedra verde, de un bloque de jadeíta de forma cúbica en su mano derecha y en su mano izquierda portaba una cuenta globular, ello pudo tener una función mágica, semejante a la protección o ayuda para el otro mundo, similar a la cuenta de jade colocada en la boca de Pakal. Dicha cuenta es de forma semiesférica de color verde muy intenso, la misma que se colocó antes de su inhumación (Ruz Reference Ruz1973:156, 195). Además, se colocaron jades en sus pies y uno encima de su tronco, donde significa que fue “sembrado” como dios del maíz, pero también como la encarnación del cosmos con jades colocados en los cuatro rumbos cardinales y uno central sobre su torso (Taube Reference Taube2005:25).
Taube (Reference Taube2005:32), menciona que las máscaras de jade son una forma más elaborada de la cuenta bucal, como un elemento que retendría y contendría el alma del gobernante, de esa manera, capturaría la fuerza vital del individuo evitando que esta se perdiera (García Reference García2007:205). Las máscaras faciales de jadeíta pudieron simbolizar una exhalación del aliento (García Reference García2007:204). Implica trascender la fragilidad de la existencia corpórea para ser a una persona dividual, es decir, que se podía dividir en esencia dejando la parte física y trascender en la parte anímica.
La costumbre de colocar una cuenta de piedra verde en la boca del personaje muerto se tiene registrada desde el periodo preclásico medio entre los olmecas y en el preclásico tardío (fase francesa) en Chiapa de Corzo. En el área maya se registra dicha práctica en sitios como Chamá, Zaculeu, Nohmul, Valle de Ulúa, Dzibilchaltun (Ruz Reference Ruz1973:201–205), además de sitios del periodo Clásico como Piedras Negras, Zotz, Palenque, Bonampak e incluso en sitios de origen zoque del estado de Chiapas como Ixtumbú y Suquijcuy. Uno de los primeros casos de cuenta bucal de jade en un entierro maya, es el fechado hacia el preclásico medio, en el sitio Cuello, Belice (Ruz Reference Ruz1973), también se cuenta con casos para el centro de México en Tlapacoya hacia el preclásico tardío y en Teotihuacan hacia el clásico temprano (García Reference García2007:205).
En el Entierro 82 de la Estructura k-3 de Piedras Negras se reporta una cuenta grande de jade recuperada de la boca de un personaje de la élite maya. Este personaje portaba un brazalete de dos piezas de jade y un collar de varias piezas del mismo material de forma esférica o globular y tres cuentas de tipo tubular, aunque el personaje fue miembro de la élite entre el 630 dC y 680 dC (Clásico tardío), la tumba cuenta con poco material de jade. También apareció asociado una espina de jade que distinguió al personaje como el entierro con mayor cantidad de objetos de jade del periodo Clásico en Piedras Negras (Fitzsimmons Reference Fitzsimmons2000:239).
En el Zotz se cuenta con el Entierro 9 en el cual se localizó una cuenta de piedra verde en la boca de la persona inhumada (Scherer Reference Scherer2015:75). Dicha cuenta es más grande que el resto de las cuentas encontradas en los otros entierros del mismo sitio.
En el Grupo Frey de Bonampak ubicado a 350 m al noreste de la Gran Plaza, se trata de una elevación natural modificada que presenta una escalera monumental de 21 m de altura y coronándola tres estructuras sobre dos terrazas. La estructura principal se encuentra en la terraza más alta, es de planta rectangular y la conforma un solo espacio dividido al centro por un muro divisorio. En su interior se localizaron los Entierros 1 y 2. En el extremo oeste de la terraza en la que desplanta el Edificio 1, fue detectado el Entierro 3 (Figura 3). Finalmente, al centro del primer escalón del quinto tramo de la gran escalera fue detectado el Entierro 4.
Vista de la cuenta tubular al interior del área de la boca del Entierro 3 del Grupo Frey, Bonampak. Foto: Alejandro Tovalín. (Color en la versión electrónica)

En el Entierro 3 se aprecia una cuenta tubular o cilíndrica de piedra verde (Figura 1A) colocada en la boca de la persona inhumada de sexo femenino, que no presentó el resto del cráneo y se encontró en una posición en decúbito dorsal extendido. En el Edificio de las Pinturas o Edificio 1 de Bonampak aparecen varios personajes bien ataviados con diademas de cuentas, orejeras, collares, pectorales, muñequeras, ajorcas y tobilleras, algunos de los cuales son de concha y otros de piedra verde.
Aunque aún no se han presentado “máscaras funerarias” o “mortuorias” en Bonampak, el entierro del Cuarto 2 del Edificio de las Pinturas presentó una gran riqueza en número y variedad de formas de cuentas correspondientes al collar y a los brazaletes. Durante la temporada de campo del año 2009 se identificó una cripta que contenía un entierro indirecto y primario (individuo colocado en decúbito dorsal extendido de sexo masculino), de la cabeza sólo se encontró completo el maxilar inferior y un fragmento del maxilar superior con diez dientes, también se recuperó un fragmento de la parte inferior del temporal derecho (Figura 4).
Entierro en planta del Cuarto 2 del Edificio de las Pinturas, Bonampak. (Color en la versión electrónica)

El entierro iba acompañado de un ajuar funerario que estaba compuesta por dos platos trípodes, uno de ellos presenta bicromía con diseños lineales negros sobre un fondo rojo y el otro es un plato policromo del grupo Saxché y Palmar. Además, se localizó una tercera vasija que se trata de un vaso posiblemente hecho de travertino colocado en el área que debería haber ocupado el cráneo del personaje. Su base muestra un orificio hecho intencionalmente, donde se logra apreciar un pequeño y burdo cuchillo bifacial de sílex de 13 cm de largo encontrado bajo el vaso, que además presenta huellas de haber sido expuesto al fuego (Tovalín et al. Reference Tovalín, Adolfo Velázquez and Ramos2010).
Como parte del ajuar funerario del individuo enterrado, se localizó in situ un pendiente de valva de Spondylus sp. con dos pequeñas perforaciones en los extremos, que el personaje ostentaba en el pecho, así como dos orejeras de jade con forma de disco de 3 cm de diámetro con una diminuta perforación central, cada uno se encontró junto a su tapón hecho de concha marina ubicadas a cada lado del maxilar inferior. Se registró un total de 47 cuentas de jade que formaban parte del collar, así como 214 pequeñas cuentas que conformaban el brazalete izquierdo y 218 cuentas que constituían el brazalete derecho del personaje, además se registraron 18 cuentas de concha marina en el brazalete derecho y 15 conchas para el brazalete izquierdo (Tovalín et al. Reference Tovalín, Adolfo Velázquez and Ramos2010).
Cabe mencionar que se observa una gran heterogeneidad en cuanto a formas y colores de las cuentas del collar de este personaje. En su boca se localizó una pequeña cuenta globular (Figura 1B y 5) de color Gley 1 4/2 Grayish Green según la tabla Munsell Rock Color Book que se puede observar en el dibujo con el número 36 (Figura 5), que, por su forma atípica del resto de las cuentas del collar, así como su ubicación hacia al centro de la boca y apartada del resto de las cuentas, pensamos que probablemente debió ser depositada intencionalmente justo antes del momento de la muerte.
Identificación de las cuentas del collar del entierro del Cuarto 2 del Edificio 1 de Bonampak. Dibujo: Alejandro Tovalín.

Es posible que el cuchillo que formaba parte del ajuar funerario fuera quemado deliberadamente, al igual que el vaso de alabastro que también fue “matado” (Tovalín, Santiago Lastra, et al. Reference Tovalín, Gloria de, Lastra, José, Velázquez and Moscoso Rincón2015), ya que se encontró roto en su base. De tal manera que tanto el cuchillo como el vaso fueron considerados como personas que debían ser matadas para acompañar al muerto en su viaje al inframundo.
Para el caso del área zoque de Chiapas se cuenta con dos entierros que presentaron piedra verde al interior de la boca. Uno localizado en Ixtumbú, Sección II y otro localizado en la unidad Suquijcuy. Para el caso del Entierro 1 de Ixtumbú, Sección II se trata de un individuo del sexo femenino y de edad adulta joven de complexión robusta. Se localizó en el pozo 2 y en la plaza 1 del sitio (Yoma Medina 2022). Este entierro, presenta trepanación casi regenerada en su totalidad, modelado cefálico intencional del tipo tabular oblicuo y limado dentario en los cuatro incisivos superior e inferior de tipo G14 según la tabla de Romero (Reference Romero1986), además de que se observa una incrustación de pirita.
De los 30 entierros excavados en la Sección II, es el único que presenta modelado cefálico intencional. Los estudios realizados por medio de los isótopos de estroncio, técnica utilizada en arqueología para estudiar migraciones y movilidad humana arrojaron el resultado de que este individuo es de origen foráneo (migrante; Sánchez Reference Sánchez2020).
La orientación general del esqueleto es de Oeste-Este, en decúbito lateral izquierdo, extendido. Aunque están muy destruidos los huesos de sus pies, se aprecia que sus piernas se encontraban cruzadas a la altura de los tobillos. Se trata de un entierro primario y presentó una cuenta globular de piedra verde al interior de la boca (Yoma Medina 2022; Figura 6).
Entierro 1 de Xtumbú, Sección II, Chicoasén II. Véase la cuenta verde al interior del área de la boca. Foto: Arqlga. Rebeca Yoma M. (Color en la versión electrónica)

En Suquijcuy se localizó un entierro donde se registra la práctica de deposición de piedra verde en la boca del muerto, justo en la Estructura 15, que se localiza en la parte más alta del sitio. Dicho contexto mortuorio se localizó en la capa IV, a una profundidad de 1.60 m y al interior del primer cuerpo de la estructura. Dicho entierro primario se encontró incompleto y con una orientación de Oeste-Este, fragmentado y con destrucciones parciales, por lo que su estado de conservación es regular. Presentó una posición en decúbito dorsal flexionado con ambos brazos hacia el “estómago” y ambas piernas flexionadas hasta el pecho, es posible que el cuerpo fue amortajado con algún textil (Figura 7).
Vista general del Entierro 2 de Suquijcuy, Chicoasén II. Foto: Arqlgo. Miguel Acosta. (Color en la versión electrónica)

Al interior de la boca de este entierro se localizó una cuenta cilíndrica de jade. Las dimensiones de esta cuenta verde pulida son de 1,3 cm de largo por 0,9 cm de ancho y 0,9 cm de espesor. El color de la cuenta según la tabla Munsell Rock Color Book es 10.GY 7/2 Pale Yellowish Green (Figura 1C). Para finalizar esta sección del artículo, cabe mencionar que en términos numéricos se puede argumentar que de los más de 300 entierros que alberga el acervo de restos óseos humanos del laboratorio de antropología física del Centro INAH Chiapas, hasta el momento solo tres presentan el registro de una piedra verde en la boca de los difuntos y en general para el área maya es una práctica poco documentada.
Segunda variante: Maíz al interior de la boca de los muertos
Respecto a la segunda variante identificada que refiere a la deposición de maíz al interior de la boca de los muertos, se cuenta con datos etnohistóricos, seguidos de la evidencia arqueológica asociada a esta práctica funeraria. Para el área maya, Fray Diego de Landa (Reference Landa2010:76) dice lo siguiente: “Muertos, los amortajaban llenándoles la boca de maíz molido, que es su comida y bebida que llaman koyem, y con ello, algunas piedras de las que tienen por moneda, para que en la otra vida no les faltase que comer”.
Existe la posibilidad de que las piedras de jade también simbolizaban el maíz por su relación con la vida (Velázquez García Reference Velásquez García2009:492), por lo que el maíz funcionó como una metáfora del renacimiento, donde se tenía la idea de que el cuerpo de la persona maya al morir podía después renacer como plantas de la tierra a manera de una composta que dará lugar a una nueva vida. Una idea que también podemos reconocer en la iconografía maya, como el caso de la lápida de K’inich Janaab’ Pakal en Palenque.
En la evidencia arqueológica es posible reconocer esta práctica, ya que en uno de tres individuos localizados en un entierro múltiple al interior de una tumba localizada en el salvamento arqueológico de la autopista Tuxtla Gutiérrez–San Cristóbal de las Casas en el kilómetro 6.800 y 7.200 se localizó una persona del sexo femenino, de una edad aproximada de entre 18 y 20 años, debido al desarrollo inicial de su tercer molar. Localizado en posición decúbito dorsal extendido, manteniendo todos sus huesos en posición anatómica, por lo que se clasifica como un entierro primario. Presentó un ajuar funerario compuesto de dos orejeras de hueso, un fragmento de mazorca desprovista de sus granos que fue depositada en su boca, también se localizó una cuenta de hueso localizada en la mano derecha del individuo. Además, el entierro se encontró acompañado de dos vasijas, una de ellas efigie, con engobe negro, ambas pertenecientes al periodo Clásico tardío. Estos elementos se encontraron a la altura de la cabeza.
Tercera variante: Disco de cerámica al interior de la boca de los muertos
La tercera variante identificada en los entierros antiguos de Chiapas se refiere a la deposición de un pequeño disco de cerámica en la boca de los muertos. Esta práctica se registra nuevamente en el sitio de Ixtumbú (Chicoasén II) en el área zoque de Chiapas.
En Ixtumbú en la Sección I y en el Pozo 4 de la Estructura 1, justo en el Cuadro 2 y 3 y a una profundidad de 1,42 m a 1,57 m se localizó el Entierro 9. Se trata de un individuo del sexo femenino, adulto joven (de 21 a 36 años de edad aproximadamente). Presenta modelado cefálico intencional del tipo tabular erecto, por los aplanamientos que los fragmentos presentan. Contaba con una estatura muy baja y presenta limado dentario de tipo C2 en incisivos superiores e inferiores, de acuerdo a la tabla de clasificación de Romero (Reference Romero1986).
En este entierro se localizó un pequeño disco de cerámica en el área de la boca del individuo (Figura 1D). Dicho disco presenta un diámetro de 2 cm y un espesor de 0,6 cm. La pasta es de color 2.5 YR 5/6 red y presenta un engobe rojizo de color 2.5 YR 6/8 light red, según la tabla Munsell Soil Color Book. Cabe mencionar que dicha cerámica es similar al tipo Nicapa Anaranjado para el área zoque de la Depresión Central de estado, que está fechado para el Protoclásico (200 dC; Eliseo Linares, comunicación personal 2023).
Con estos datos podemos concluir que la cuenta de piedra verde depositada en la boca de las personas masculinas y femeninas a punto de fallecer tenía el fin de capturar el último aliento que se generaba en la boca de la persona al momento de morir, mientras el maíz y el disco de cerámica pudieron funcionar como una metáfora de la piedra verde que tendría la misma función de retener el último suspiro de la persona fallecida, antes de su viaje al xibalbá, pero en el caso del maíz con una clara idea abierta a la regeneración de la vida, aludiendo al ciclo del maíz.
La deposición de piedras verdes en lugares especiales al interior de construcciones mayas
La deposición de objetos en la estructura de los edificios infunde un carácter relacional en la arquitectura, donde las cosas depositadas poseen propiedades especiales (Herva Reference Herva2010:448). Las cosas ocultas en las estructuras de los edificios poseían propiedades particulares discernibles a través de las creencias populares.
Es interesante como en muchos edificios se coloca al centro un escondrijo principal pensado como el corazón de la estructura. Cuando el edificio es abandonado o se construye encima, el corazón es removido, simbólicamente se mata a la estructura. Por ello, se han reportado escondrijos o caches “saqueados” en la antigüedad. El cache central es el corazón, el cosmos y la fuerza animada (Stross Reference Stross and Mock1998).
Mediante analogías etnográficas, Stross (Reference Stross and Mock1998) señaló que existen rituales entre grupos indígenas donde se considera a las construcciones como seres animados y para esto, es necesaria una serie de rituales que inician desde la purificación de un artefacto, un proceso de nacimiento y la transferencia de la calidad de animado a través de dotarle de un corazón, como ocurre con la construcción de casas entre los tsotsiles de Zinacantán a partir del enterramiento de una gallina (Vogt Reference Vogt1993).
Las construcciones compartían parte de la fuerza vital con los seres humanos, asociadas al concepto ik’ que como se ha revisado en este trabajo, envuelve un conjunto de ideas acerca de la vida y el aliento vital (Taube Reference Taube2005). La deposición de piezas de jade al interior de edificios se registra en sitios como en el Caracol, Belice (Chase Reference Chase, Kolb and Lackey1988:87) y en Tikal, Guatemala (Weiss-Krejci Reference Weiss-Krejci2010:92), por mencionar algunos ejemplos; donde se localizaron piezas de jade que constan de orejeras, pendientes y cuentas; acompañadas de discos de piedra o vasijas cerámicas quebradas.
En el Edificio 1 de Lacanhá, justo entre las hiladas de lajas que componen el techo del templo (Figura 8) se localizaron un hacha y un tapón de orejera de piedra verde (Figura 9). Dichos artefactos estaban usados e incluso el tapón de orejera de piedra verde estaba fragmentado.
Fachada del Edificio 1 de Lacanhá con la ubicación de los artefactos de piedra verde. Dibujo: Alejandro Tovalín.

(A) Hacha de piedra verde localizada en el Edificio 1 de Lacanhá. Tomado de Tovalín y otros (Reference Tovalín, Ortiz and Corrales2006). (B) Tapón de orejera de piedra verde fragmentado localizado en el Edificio 1 de Lacanhá. Cortesía del Proyecto Arqueológico Lacanhá-Centro INAH Chiapas. C) Hacha de piedra verde localizada en el Edificio 2 de Lacanhá. Tomado de Tovalín y otros (Reference Tovalín, Ortiz and Corrales2006). Dibujos: Norberto García Beni.

En el escombro del techo del Edificio 2 de Lacanhá también se localizó un hacha de piedra verde, que pudo tener la misma función que los artefactos localizados en el Edificio 1 (Figura 9). Aunque aún no se cuenta con estudios arqueométricos sobre la composición de las hachas de piedra verde de Lacanhá, es probable que éstas hayan sido elaboradas de jadeíta o de una combinación de jadeíta + onfacita como sucede en algunos ejemplos de hachas estudiadas en sitios de la región como el caso de Yaxchilán (Echauri y Lozada Reference Echauri and Lozada2020), aunque por otro lado, cabe la posibilidad de que hayan sido elaboradas de serpentina como el caso de algunas hachas reportadas en Chiapa de Corzo, lo que podría cambiar su simbolismo o función y que merece ser analizado en futuros estudios.
Se puede apreciar que la práctica de depositar una piedra verde no estaba restringida solo a las personas humanas, sino también a las personas no humanas o edificios. Los cuáles recibían un tratamiento paralelo al de los humanos, es decir, nacían mediante los rituales de dedicación, se relacionaban a lo largo de su vida con otros seres y también morían (rituales de terminación), como indican las inscripciones jeroglíficas del periodo Clásico maya que refieren a och’ k’ahk’ o “el fuego entró”, para indicar que la edificación ha nacido o se ha activado (Stuart Reference Stuart and Stephen1998).
La piedra verde colocada en el techo del Edificio 1 y 2 de Lacanhá tendría la función de retener el componente anímico del propio edificio, justo antes de ser abandonado o bien remodelado. El hecho de encontrar la piedra verde en el techo del templo, indicaría que el techo fue visto como la cabeza de la persona no humana.
La durabilidad también se ha identificado con la presencia de huesos asociados a las construcciones mayas. En Zinacantán, por ejemplo, los constructores de una casa solían enterrar cabezas de pollos sacrificados en el piso junto a otros elementos, después el oficiante realizaba ritos al Señor de la Tierra por los materiales que proveyó y a su vez, convocan a otros dioses ancestrales para proveer a la casa con un alma innata (Vogt Reference Vogt, Pouillon and Maranda1970). Entre los mayas de Tizimin y Chan Kom en Yucatán sucede algo similar (Redfield y Villa Rojas Reference Redfield and Rojas1964).
Comentarios finales
La información obtenida de los contextos arqueológicos, permite construir inferencias sobre los posibles usos y funciones de los artefactos de jade, que dan cuenta de las actividades de las cuales formaron parte. A diferencia de otros lugares como la región del Río Hondo en Guatemala; hasta el momento no se han localizado indicadores sobre la presencia de talleres de jade en el estado de Chiapas, es decir, no se cuenta con desechos de talla, ni percutores de jade, ni devastadores de cuentas. Por lo que este material sigue siendo hasta el momento de origen foráneo para el estado de Chiapas y ello es importante en términos simbólicos, dado que esta materia prima proviene de lugares lejanos.
En la tumba del Cuarto 2 del Edificio de las Pinturas, cada cuenta del collar pudo representar las relaciones que el difunto tuvo con varias personas o incluso grupos que, siguiendo la propuesta de interpretación aquí planteada, cada cuenta podría representar un aspecto del o’hlis o entidad anímica de seres importantes asociados a la persona inhumada. En la región del Usumacinta y en el área zoque de Chiapas, el jade no fue un material abundante, incluso en la máscara de jade de K’inich Janaab’ Pakal en Palenque, las teselas que conforman la máscara, fueron recicladas de otras artefactos para conformar el rostro, las piezas recicladas corresponden a antiguas piezas de joyería, algunas con rostros tallados, motivos geométricos, antiguos pendientes, cuentas y orejeras; así como un buen número de teselas que muestran “perforaciones que fueron cubiertas con diminutos tapones del mismo material, sellados con alguna resina, cera o incluso cal” (Filloy y Martínez Reference Filloy, Sofía Martínez and Rafael2004:85).
El reciclaje entendido como el uso distinto de un artefacto a su uso original, es un indicador de recursos limitados o de aprovechamiento óptimo de materias primas disponibles, visto desde el punto de vista económico. Pero otra interpretación es que se puede tratar de valores de orden simbólico, donde las piezas pudieron pertenecer a los ancestros y dada su forma ya tenían un valor previamente determinado. Se pudo tratar de una fuerza vital o componente anímico que reside en las piezas o joyas familiares o emblemas personales.
Si consideramos la información de los cronistas españoles se puede inferir que el acto de depositar una piedra verde en la boca de las personas, se dada en algunos casos en los que los familiares de la persona agonizante necesitaban retener un aspecto de su entidad anímica justo antes del momento de morir, posteriormente la piedra podía seguir dos caminos; por un lado se sacaba la piedra para poder hacerle ceremonias y ofrecerle sacrificios como una entidad vida o bien se le dejaba en la boca de los muertos con la intención de retener ahí el último suspiro y con ello, formar parte de la entidad anímica del propio edificio, casa o templo que lo alberga.
Con este trabajo, proponemos también poner mayor atención al momento de excavar el área de la boca de los difuntos, pues en ocasiones dichos materiales pueden pasar desapercibidos o bien análisis químicos podrían reflejar su presencia, aunque visualmente no hayan sobrevivido al paso del tiempo, debido a factores de conservación. El hecho de depositar un elemento de piedra verde, maíz o cerámica en la boca de los muertos o en el techo de los edificios tuvo la función de retener un aspecto o parte del o´hlis o entidad anímica de las personas, por lo que se les dio un tratamiento funerario tanto a los humanos como a las construcciones. Seres humanos y templos pudieron recibir este tratamiento funerario, a quienes se les dispuso a retener su último suspiro, antes del inevitable viaje al xibalbá.
Agradecimientos
Las investigaciones fueron realizadas con el apoyo de nuestros centros de trabajo Dirección de Estudios Arqueológicos, Dirección de Salvamento Arqueológico, Centro INAH Chiapas del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Los permisos para las excavaciones fueron otorgados por el Consejo de Arqueología del INAH.
Declaración de financiamiento
Este trabajo ha contado con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.
Declaración de disponibilidad de datos
Los restos arqueológicos se localizan en la sección de Antropología Física del Centro INAH Chiapas, mientras los informes derivados de los Proyectos Arqueológicos Bonampak, Lacanhá y Chicoasén se localizan en el Archivo Técnico del Consejo de Arqueología del INAH.
Declaración de conflicto de interés
Los autores declaran que no hay ningún conflicto de intereses.