La obra que a continuación se reseña ha sido publicada en un momento crucial para la historiografía de tradición indígena entorno a los mexicas. Pues, recientemente se publicó una nueva edición paleográfica del Códice Ramírez; también se presentó por primera vez la edición facsimilar del Códice Durán, y ahora se ofrece la nueva edición crítica, anotada y comentada, de la Historia mexicana, antes llamado Códice Tovar. Disponer ahora de estos tres manuscritos, no sólo en versión digital sino impresa, permitirá a los estudiosos generar nuevas ideas e hipótesis en torno a la famosa Crónica X. Aquel manuscrito, ya perdido desde hace siglos, que sirvió como base para que Durán, Tovar y otros escribieran sobre la historia prehispánica de Tenochtitlan.
Jaime Marroquín Arredondo y José Luis Nogales Baena proponen renombrar el manuscrito de Juan de Tovar —custodiado en The John Carter Brown Library (JCBL)— como Historia Mexicana, término que el propio Tovar empleó en su correspondencia con José de Acosta. Los editores argumentan que el título tradicional de Códice Tovar parece inadecuado, y señalan que la portada original con el título “Historia de la venida de los indios a poblar a México de las partes remotas de occidente…” fue probablemente añadida por un archivero o bibliotecario europeo, dado que contiene una mención errónea a los incas, las cuales fueron luego censuradas. Bajo esta premisa, sitúan la obra entre 1570 y 1580, sugiriendo que fue concebida para el proyecto de Juan de Ovando sobre la historia de las Indias. Así, la Historia Mexicana se inserta en el contexto de las relaciones geográficas, funcionando como una herramienta de la Compañía de Jesús para legitimar su presencia en la Nueva España.
Entonces, la Historia Mexicana, según el Códice Tovar, se compone de tres tratados: la “Relación del origen de los indios que habitan la Nueva España según sus historias,” el “Tratado de los ritos, ceremonias, dioses que en la gentilidad usaban los indios de esta Nueva España” y, finalmente, el “Calendario.” Los autores proponen que Juan de Tovar realizó una primera versión de esta Historia Mexicana, la cual fue enviada a España. No obstante, Tovar se quedó con la promesa de que se le haría una copia para sus propios archivos, pero eso nunca sucedió. Tovar, sin embargo, debió de conservar una serie de papeles y notas que le permitieron escribir una segunda versión, que es la que hoy se conserva en la JCBL.
Esta segunda versión fue precisamente enviada al cronista José de Acosta, quien en ese momento se encontraba redactando su Historia natural y moral de las Indias. Por lo tanto, su interlocutor principal fue Tovar. Fue así que Acosta le preguntó si había autenticidad en la información enviada. A lo que Tovar respondió que sí había, es decir, que esta historia se basaba tanto en la tradición oral como en códices que habían sobrevivido a la conquista de Tenochtitlan.
Los editores también plantean que Tovar debió copiar personalmente el manuscrito de la Historia Mexicana, lo que explicaría los cambios en el lenguaje, tiempos verbales y correcciones del náhuatl respecto a una crónica primigenia, algo que contrasta con lo que se observa en el Códice Ramírez. Es importante mencionar que, durante mucho tiempo, se postuló que el Códice Ramírez era copia del Códice Tovar (ahora Historia Mexicana). Sin embargo, los editores proponen que ambos se realizaron en paralelo. Es decir, por un lado, Tovar tenía acceso a la Crónica X y a los borradores de su primera versión de su historia (hoy perdida) y de allí hizo modificaciones. En este sentido, no parece haber continuidad editorial, pues las imágenes en la Historia Mexicana están desfazadas del texto y se colocaron al final. En cambio, las imágenes enel Códice Ramírez están colocadas en el lugar correspondiente; posiblemente un escribano indígena, educado por los franciscanos, copió la crónica primigenia sin realizar cambios y el manuscrito se resguardó en el Convento de San Francisco de México.
Con respecto a las imágenes que ilustran el Códice Durán, el Códice Ramírez y la Historia Mexicana, los editores proponen que, en el caso de Durán, al menos cinco tlacuiloque elaboraron las pinturas. No obstante, en el caso de Historia Mexicana, aunque Tovar redactó el texto, los editores sostienen que participaron tres tlacuiloque en las ilustraciones. Las imágenes del primer y segundo tratado habrían sido obra de un mismo tlacuilo (fs. 85r.–142r.). En cuanto al calendario, se identifican dos manos distintas: una habría realizado las fojas 144r. y 145v, mientras que el resto del calendario fue obra de otro tlacuilo (fs. 147r.–158r.). En este punto, cabría realmente interrogarnos: si los primeros dos tratados están foliados consecutivamente con caligrafía del siglo xvi, ¿por qué el último tratado del calendario está foliado a lápiz, hecho posteriormente? ¿Por qué no hubo una continuidad en la paginación? Es una cuestión que, sin duda, debe tomarse en consideración.
Aunque los autores siguen las premisas de Jacques Lafaye, esta edición habría ganado profundidad si se hubiese incluido de facsímiles de las cartas de Tovar y Acosta. Una reproducción de alta calidad —superando las limitaciones técnicas de la edición de 1972— habría permitido un análisis caligráfico más preciso para reforzar las hipótesis de autoría. Por otro lado, la trayectoria del Códice Ramírez aún ofrece lagunas por investigar: si bien se suele fechar su “aparición” en 1856, existen registros de su presencia desde el siglo xvii en el Convento de San Francisco de México. Fue allí donde, a mediados del siglo xviii, fray Francisco Antonio de la Rosa Figueroa lo resguardó antes de que la nacionalización del recinto lo pusiera en manos de José Fernando Ramírez.
En síntesis, esta nueva edición de Historia Mexicana constituye un aporte significativo a la historiografía mexica. Mediante una paleografía anotada que contrasta el Códice Ramírez con las notas de Tovar y Acosta, la obra supera las deficiencias de la impresión decimonónica de Sir Thomas Phillips. Tras décadas sin revisiones, este volumen ofrece finalmente el análisis riguroso y actualizado que la historiografía de tradición indígena amerita.