Este libro explora la naturaleza y el desarrollo de las primeras comunidades de pastores andinos a partir de la identificación de restos de fauna y el análisis de la configuración espacial entre y adentro de los asentamientos arqueológicos de la región de Oruro, en el Altiplano Central de Bolivia. Es el fruto de la tesis doctoral de José Capriles, enfocada en integrar aspectos de arqueología regional y de sitios con análisis zooarqueológicos para comprender la organización económica de las primeras sociedades pastoriles de los Andes.
Así, el estudio de 185 sitios arqueológicos demuestra que la cacería de camélidos en esta parte de los Andes se inició durante el período Arcaico temprano (entre 10,000 y 3500 aC). Posteriormente, en el período Formativo (entre 1500 aC y 500 dC), con la domesticación de camélidos, se produjo la emergencia de sociedades pastoriles representadas por un complejo cultural poco conocido denominado Wankarani. Luego, en el curso del Horizonte Medio (500-1000 dC), el desarrollo de estas sociedades pastoriles permitió transformar y optimizar el uso del paisaje andino, facilitando la aparición de sociedades complejas como el Estado de Tiwanaku.
El libro contiene siete capítulos. Los tres primeros apuntan a situar el tema en su contexto geográfico y sociocultural. En el capítulo 1, el autor propone una definición del pastoralismo andino a través de los aspectos ecológicos y sociales, que incluye un recordatorio de la domesticación de camélidos en los Andes. El capítulo 2 se focaliza en la problemática del pastoralismo temprano en el Altiplano Central de Bolivia, en torno a los sitios formativos de Wankarani y de Tiwanaku. En el capítulo 3, se presentan las características geográficas y ambientales de la región de Oruro y las cuestiones relacionadas con el pastoreo de camélidos. Los capítulos de 4 a 6 están dedicados a la arqueología de la región de Oruro, con una reseña de las estrategias utilizadas para la prospección de los sitios registrados, la excavación de cinco de estos (capítulo 4) y los métodos utilizados para determinar las diferentes especies de camélidos y otras especies identificadas. El capítulo 5 presenta los resultados de las investigaciones realizadas, dando énfasis al patrón de ocupación de la región durante los períodos Arcaico, Formativo, Tiwanaku y pos-Tiwanaku. Luego, en el capítulo 6, se ilustran los resultados de las excavaciones que se llevaron a cabo en cinco sitios emblemáticos de cada uno de estos períodos: un campamento de cazadores-recolectores arcaico, un sitio residencial formativo, un sitio de tradición formativa y Tiwanaku y un sitio Tiwanaku, lo que permite al autor documentar la historia regional, especialmente en términos de explotación de los recursos faunísticos. El capítulo 7 es la parte central del libro con 108 páginas (31% del volumen) dedicadas al análisis zoológico, incluyendo todos los datos sobre la composición y diversidad de las especies de camélidos y otros taxones registrados. Se presentan también una evaluación y el perfil de mortalidad de estas especies, sus paleopatologías y los cambios óseos resultantes de diferentes tipos de modificaciones, así como una lista detallada de las demás especies identificadas: cérvidos, caninos, aves, reptiles y peces. Para sintetizar estos datos, en el capítulo 8, el autor desarrolla una discusión acerca del pastoralismo temprano de los camélidos, particularmente a través de la caza y la recolección en el período Arcaico y en la fase que conduce al período Formativo. También se discuten los patrones de asentamiento, el pastoralismo y todas las cuestiones relacionadas con la existencia de aldeas agrícolas sedentarias de Wankarani. La conclusión hace hincapié en los datos obtenidos y propone una reflexión acerca de la importancia de los camélidos y la evolución de las sociedades en el Altiplano Central boliviano desde el período Formativo hasta nuestros días.
Este trabajo es una contribución fundamental para la arqueología andina ya que redefine completamente nuestra comprensión de las poblaciones prehistóricas de Oruro. Así, la identificación de variedades de sitios arcaicos plantea nuevas perspectivas. Mientras que el modelo anterior para la domesticación de camélidos se basaba sobre trabajos realizados principalmente en el centro del Perú, donde los primeros camélidos domésticos fueron especies pequeñas (alpacas), en Bolivia fueron especies grandes (llamas). Esto sugiere que pueden haber existido dos o más centros de domesticación andinos: alpacas en el centro del Perú y llamas en el centro de Bolivia, norte de Chile o incluso noroeste de Argentina.
Con el estudio zooarqueológico, el autor identifica un grupo cultural que vivió en el período Formativo temprano y que se basó en el pastoreo de las llamas. Señala el uso de otros recursos faunísticos, tales como peces actualmente inexistentes en la región, lo que sugiere una sobrepesca que condujo a su extinción, algo que también podría haber ocurrido con la cacería de vicuñas o venados andinos. En el mismo período, en el Altiplano Central andino, la domesticación del camélido facilitó el surgimiento de sociedades de pastoreo. Hace unos cuantos años, como resultado del estudio de los grandes sitios más visibles, se presuponía que los pastores habitaban grandes aldeas de manera permanente. Los datos presentados por José Capriles sugieren que estos grupos eran más bien muy móviles en ciertas estaciones y durante otras épocas se separaban y viajaban a campos de pastoreo particulares.
A un nivel más general, los análisis presentados sugieren un cambio del pastoreo nómada y autosuficiente con recursos agrícolas limitados hacia una economía más especializada, incluyendo la expansión de actividades agrícolas y caravaneras. Así se observa una mayor participación de los grupos locales en extensas redes comerciales de larga distancia, posiblemente facilitadas e incentivadas por el Estado de Tiwanaku.
Sin embargo, y contrariamente a lo que se pudiera suponer, el surgimiento de sociedades complejas y estratificadas no parece haber afectado el Altiplano Central de manera drástica. En esta región, se mantuvo un modo de vida pastoril móvil o nómada caracterizado por insumos agrícolas limitados, algo que parece haber cambiado momentáneamente con la expansión de Tiwanaku. Incluso hoy, a pesar de los cambios provocados por la civilización, muchas de las poblaciones viven de acuerdo con un patrón heredado directamente de este antiguo modelo.