Problemas de autoría y datación
En un artículo publicado en 1907, Germain Morin propuso identificar un pequeño tratado teológico anónimo editado por Angelo Mai en 1833 con una de las obras del obispo hispano-visigodo Julián de Toledo (680–690) consideradas perdidas hasta entonces: el Libellus de remediis blasphemiae.Footnote 1 En efecto, en la denominada Vita sancti Iuliani (BHL 4554), compuesta sólo unos pocos años después del deceso de Julián de Toledo, el también obispo toledano Félix (693–ca. 702) incluyó un catálogo de la producción escrita de su antecesor en el que indica que Julián escribió un « libellum de remediis blasphemiae cum epistola ad Adrianum abbatem » (cap. 8, líneas 85/86), del que nada más se sabe.Footnote 2
El único códice conocido de este tratado (CPL 1263), base de la edición de Mai, es Roma, Biblioteca Casanatense, 641 (B. IV. 18), fols. 184r–87v. Este manuscrito está formado por dos sectores, del que el Sector II (fols. 82–189), que es el que aquí interesa, es de comienzos del s. x y procede de la iglesia catedral de Benevento, donde acaso pudo haber sido ejecutado.Footnote 3 El opúsculo fue copiado sin título ni nombre de autor y está mutilado en su interior a causa de la pérdida de dos folios tras el actual fol. 186, por lo que falta, aproximadamente, una tercera parte del texto original. El título con el que hoy es conocido: Tractatus: Vtrum animae de humanis corporibus exeuntes mox deducantur ad gloriam uel ad poenam an exspectent diem iudicii sine gloria et poena, fue añadido en el margen superior del fol. 184r por Luigi Theuli, prefecto de la catedral de Benevento (1434–77) y no es más que un título descriptivo del tema desarrollado en el tratado.Footnote 4 Por esa razón, puesto que no es un título original que pueda atribuirse al autor de este escrito, hemos optado por referirnos a él como el tratado Serpens ille ueternosus por las tres primeras palabras de su inicio (en adelante SIV).
El autor de SIV (al que nos referiremos también como « el Anónimo ») comienza señalando que, después de un largo período de tiempo en el que los herejes parecían haber desaparecido, el diablo se esfuerza por provocar una nueva herejía sirviéndose de un tal Arseniotes (personaje que no ha podido ser identificado).Footnote 5 Esta creencia herética consiste en decir que, antes del día del Juicio Final, ningún elegido entrará en el reino de los cielos y tampoco ningún réprobo será relegado al infierno (líneas 1/7). Continúa diciendo que, si se extendiese, dicha creencia sería muy perjudicial, pues los fieles no se esforzarían por alcanzar los gozos de la vida eterna y se mostrarían poco precavidos a la hora de procurar evitar los suplicios de la gehena. Por esa razón, debe combatirla (líneas 7/10). Esto no le resultará difícil, afirma, pues ningún patriarca, profeta o apóstol apoya semejante idea, y tampoco ninguno de los escritores que han expuesto los principios de la fe católica, ni entre los griegos ni entre los latinos, desde Gregorio Nacianceno hasta Gregorio Magno (líneas 10/27).
Así pues, demostrará, en primer lugar, que, antes de la encarnación de Cristo, los elegidos y los réprobos habían descendido a los infiernos, aunque a regiones diferentes de éste en virtud de los méritos de los unos y los otros; y, en segundo lugar, que, tras la muerte y resurrección de Cristo, los elegidos ascendieron a los cielos y los réprobos entraron en las regiones infernales, donde debían sufrir su merecido castigo (líneas 28/33).
El primer punto de esta tesis es ilustrado mediante la autoridad de varios patriarcas veterotestamentarios (que el Anónimo cita, como en todo el tratado, por la versión jeronimiana de la Biblia). Que los réprobos descendieron a los infiernos lo prueban los testimonios de Moisés (Num. 16:1–33), David (Ps. 48:15) y Salomón (Sap. 5:14); y que los elegidos también descendieron a los infiernos como consecuencia del pecado original, aunque a otras regiones diferentes, lo prueban los testimonios de Jacob (Gen. 37: 35), Job (Iob 17:16; 17:13; 14:13) y David, de nuevo (Ps. 88:49) (líneas 33/54).
Sigue diciendo el Anónimo que las almas de los elegidos debían aguardar la llegada de Cristo a los infiernos para ser liberadas, lo que se ilustra mediante varias citas de San Juan Bautista (Matth. 11:3 o, quizás, Luc. 7:19–20; Ioh. 1:34 y Ioh. 1:36), el testimonio del profeta Zacarías (Zach. 9:11), que es explicado de acuerdo con el comentario de Jerónimo al citado libro (Hier., In Zach. 2,9,11–12),Footnote 6 y la parábola del rico y del mendigo Lázaro del Evangelio de Lucas (Luc. 16:22–25) (líneas 55/100).
Por consiguiente, tanto las almas de los elegidos como las de los réprobos se encontraban por igual en los infiernos antes de llegada de Cristo. Pero esto no significa que estuviesen todos juntos, compartiendo una sola y misma suerte. Antes bien, un gran abismo los separaba e impedía que cualquiera de ellos pudiese atravesar al otro lado. En esas regiones, no obstante, todos ellos estaban sometidos a diversos dolores, pero éstos eran diferentes, según se tratase de un justo o de un inicuo. Cristo, por ser el único en carecer de pecado, fue el único en no estar sometido a los dolores de los infiernos. Por esa misma razón, sólo él podía liberar a los demás de las ataduras de los infiernos (líneas 101/17). Se trae al recuerdo a continuación la tesis de uno de los grandes comentaristas de la Iglesia que defendió que Cristo no liberó a los patriarcas y los profetas de los dolores del infierno (pues no podían estar sometidos a ellos), sino a otros, aunque, sin duda, no se atrevió a decir que no formaban parte de los elegidos (líneas 117/22). Es, sin duda, una referencia a la Epistulae 164 (CPL 262) de Agustín de Hipona (164, 7–8), transmitida unos pocos folios antes en el mismo manuscrito que SIV, como más adelante indicaremos. El Anónimo se opone, sin embargo, a esa tesis y entiende que también los patriarcas y los profetas padecían los dolores del infierno, si bien los tormentos de los justos no eran semejantes a los de los inicuos (líneas 123/48), ¿A quiénes liberó, en definitiva, Cristo, de esas ataduras? No a todos, tan sólo a los suyos, es decir, a los elegidos (líneas 149/61).
Pasa entonces el autor de SIV a ocuparse del segundo punto de su exposición: cómo son recibidas las almas de los perfectos después de ser sacadas de los infiernos por Cristo (líneas 162/64). Para ilustrar este punto, se cita un pasaje del Evangelio de Mateo relacionado de nuevo con San Juan Bautista (Matth. 11:12) y el Anónimo interpela al hereje Arseniotes, calificándolo ahora de doctor de la nueva herejía (« doctor noui erroris », líneas 166/67), sirviéndose, así, del tradicional recurso literario del falso interlocutor (líneas 166/68). Con esta pregunta dirigida a Arseniotes concluye el fol. 186 y el texto se interrumpe por la pérdida material de dos folios (unas 112 líneas de texto).
El fol. 187 comienza en mitad de una frase que parece la conclusión de una serie de argumentos expuestos por el Anónimo en defensa de su tesis. Éste sigue diciendo que, a fin de dar mayor fuerza a su argumentación, va a apoyar ésta con citas de los Padres (líneas 169/72). Los dos primeros testimonios están tomados del Liber ecclesiasticorum dogmatum (CPL 958) de Genadio de Marsella (cap. 44–45): el primero afirma que, antes de la pasión del Señor, todas las almas de los santos eran retenidas en los infiernos por causa del pecado original y fueron liberadas gracias a la muerte de Cristo; el segundo, que, tras la ascensión del Señor al cielo, todas las almas de los santos están en compañía de Cristo a la espera de la resurrección del cuerpo para gozar con él de una completa dicha, mientras que, por su parte, las almas de los pecadores aguardan en los infiernos la resurrección de sus cuerpos para ser entregadas con ellos a las penas eternas (líneas 172/86). Esta misma tesis es ilustrada, a continuación, con dos citas procedentes de los Dialogi (CPL 1713) de Gregorio Magno (4,26,1–2; y 4,29,1). En la primera, sobre la suerte de las almas de los justos, se afirma que éstas, tan pronto como abandonan las ataduras de la carne, son recibidas en los cielos; en la segunda, sobre la suerte de las almas de los pecadores, se defiende que éstas sufren en los infiernos los tormentos que han merecido (líneas 187/206).
Y para proporcionar una mayor consistencia aún a su exposición, el Anónimo ilustra el destino de las almas de los justos y los réprobos con ejemplos tomados también de los Dialogi de Gregorio Magno. Los cinco primeros muestran la suerte de las almas de los justos, en este caso, tres varones (el obispo san Germán de Capua [Dialogi, 2,35,3], san Benito de Nursia [Dialogi, 2,37,3] y san Sérvulo [Dialogi, 4,15,2–5]) y dos mujeres (santa Escolástica, hermana de san Benito [Dialogi, 2,33,2; 2,34,1], y santa Rómula [Dialogi, 4,16,2; 4,16,7]) (líneas 206/14). Y los dos siguientes, la suerte de las almas de los pecadores: una mujer, Gordiana, la tía paterna del propio Gregorio Magno, y un monje de Iliria cuyo nombre no se indica (Dialogi, 4,37,3) (líneas 214/8). Todos los ejemplos citados se leen en los libros II y IV de los Dialogi, excepto el de Gordiana, que no se recoge en la citada obra, sino en otro escrito de Gregorio Magno, las Homiliae in Euangelia (CPL 1711) (2,38,15), lo que sugiere que el autor citó de memoria y que poseía un profundo conocimiento de la producción gregoriana.
Tras afirmar, entonces, que tan abundantes ejemplos no permitirán a ningún fiel albergar ya la menor duda sobre el destino de las almas (líneas 218/20), el Anónimo se dirige a los destinatarios de su escrito (quizás una carta copiada sin el encabezamiento acostumbrado y dirigida a una comunidad monástica) para exhortarlos a estar prevenidos contra las mentiras de este tipo y a seguir, sin desviarse, los caminos de la verdad (líneas 221/5).Footnote 7 Y concluye diciendo que ruega a Dios por ellos y les envía sus saludos (líneas 225/6).
Pues bien, los argumentos que Morin expuso en defensa de su tesis son los siguientes:Footnote 8 en primer lugar, el autor de SIV se refiere a Gregorio Magno († 604) como « el último de los tratadistas » (« tractatorum quidem ultimus », línea 188), una afirmación que sólo puede convenir a un autor de finales del s. vii; en segundo lugar, este autor se sirve, precisamente, de Gregorio Magno como fuente principal en su exposición y llega a calificarlo incluso de « prácticamente, el más ilustre de todos (los tratadistas) » (« pene omnium egregius », líneas 188/9), lo que conviene perfectamente a la conocida admiración de los autores visigodos por el citado papa; en tercer lugar, el contenido de SIV, a saber, el destino de las almas después de la muerte, se corresponde con el tema del libro II de los Prognostica futuri saeculi (CPL 1258) de Julián de Toledo y la doctrina expuesta en ambos escritos es coincidente;Footnote 9 en cuarto lugar, y, a juicio de Morin, el argumento más decisivo, al comienzo de SIV el autor afirma que la antigua serpiente, por medio de un tal Arseniotes, se esfuerza por provocar nuevas blasfemias después de un largo silencio de los herejes (« post illorum perenne silentium ad rediuiuas blasphemias », líneas 3/4) y, justamente, esa palabra « blasphemias » coincide con el título de la obra perdida de Julián de Toledo recogido por Félix de Toledo (el Libellus de remediis blasphemiae), es más, el autor se esfuerza por poner « remedio » a esa nueva herejía mediante una refutación en regla de ésta (aunque la forma « remedium » no está atestiguada en la parte conservada de SIV).
Morin añade, por lo demás, que la ausencia en el códice de la Casanatense de la carta al abad Adriano citada por Félix de Toledo en su noticia del Libellus de remediis blasphemiae se explica fácilmente por la mutilación que ha sufrido ese manuscrito, el único conocido que transmite la obra que nos ocupa. Según Morin, esta mutilación no sólo habría afectado a la continuación del texto tras el fol. 186, sino también al comienzo mismo de éste, provocando, así, la pérdida de la carta-dedicatoria al abad Adriano.Footnote 10 Como hemos señalado, que SIV sea, en realidad, una carta dirigida a una comunidad monástica y que se haya copiado sin el encabezamiento esperable no es inverosímil, de acuerdo con la forma en la que se presenta la conclusión del texto (líneas 221/6).
Poco después, en 1920, dando por válida la tesis de Morin, Pérez de Urbel señaló que SIV (líneas 149/59) es una de las fuentes manejadas por Pirminio († ca. 756) en su Scarapsus de singulis libris canonicis (Díaz 394) (en el cap. 9), un monje benedictino de origen verosímilmente visigodo (acaso de la Narbonense o de la región del Ebro), pero activo, sobre todo, en territorio franco tras huir de la invasión sarracena.Footnote 11 Naturalmente, el hallazgo de Pérez de Urbel venía a reforzar la propuesta de Morin, pues fijaba la primera mitad del s. viii como terminus ante quem de SIV, al tiempo que confirmaba su origen hispánico. Sin embargo, la edición del Scarapsus publicada por Jecker en 1927 ya señalaba como fuente más probable del pasaje aducido por Pérez de Urbel los Moralia in Iob (CPL 1708) de Gregorio Magno (Moralia in Iob, 12,11,15 líneas 10/19).Footnote 12 Y Hauswald, el editor más reciente del Scarapsus, tampoco ha puesto en relación esta obra con SIV y remite tanto a Gregorio Magno como al Commentarius in symbolum Athanasianum (CPL 1747) de Fortunato, un autor de difícil identificación, activo quizás en el s. v.Footnote 13 Algunos años más tarde, Madoz insistió en el hecho de que, en efecto, Pirminio se habría servido de los Moralia in Iob y no de SIV.Footnote 14
Pero la identificación del autor de SIV con Julián de Toledo encontró su principal defensor, después de Morin, en García Villada.Footnote 15 Éste, además de admitir los argumentos de Morin, encontró una prueba adicional del origen hispánico de SIV en una de las cartas de Alcuino de York: la Epistola 139, redactada en torno al año 796 y dirigida al patriarca Paulino de Aquilea.Footnote 16 En ella se menciona que en el territorio hispánico ha surgido la duda herética de si las almas de los santos apóstoles, los mártires y los restantes perfectos cristianos son acogidas o no en el reino de los cielos antes del día del Juicio Final: « Nunc iterum antiquus serpens de dumis Hispanici ruris, et de speluncis venenatae perfidiae contritum, non Herculea sed evangelica clava, caput relevare conatur, et prioribus nequitiae poculis nova maledictionis toxica inmiscere . . . Est quoque in quibusdam clancula dubitatio, an animae sanctorum apostolorum et martyrum aliorumque perfectorum ante diem iudicii in caeleste recipiantur regnum ».Footnote 17
Ciertamente, la noticia de la carta de Alcuino puede ponerse en relación con la herejía objeto de refutación en SIV, que comienza así: « Serpens ille ueternosus, qui dudum contra catholicam fidem hereticorum linguas exacuit, nunc quoque cuiusdam Arseniotis labia erroris sui ueneno infecta post illorum perenne silentium ad rediuiuas blasphemias aperire satagit. Insibilans enim per eundem submurmurat uirum . . . quod ante nouissimum examinis diem nullus electus regna cęlorum . . . inferorum » (líneas 1/7).Footnote 18 Podría aducirse también, quizás, otro paralelismo entre los dos textos: « Sed iam ordo pręmissus deposcit ut . . . ostendamus quo isto nunc tempore recipiantur animę perfectorum » (SIV, líneas 162/4). Sin duda, que Alcuino pudiese llegar a conocer SIV no es inverosímil, en especial, si se tiene presente que el único códice conocido que conserva SIV transmite, igualmente, en su Sector II, otras obras relacionadas con Alcuino, como la Epistula ad Alcuinum de Carlomagno (inc.: « Peruenit ad nos epistola missa a religione prudentiae uestrae ») (fols. 82v–83v),Footnote 19 las Epistolae 304a (fol. 167r [= fol. 166r])Footnote 20 y 270 de Alcuino (fol. 173r–v),Footnote 21 y extractos del De fide sanctae Trinitatis (cap. 2, 5) de ese mismo autor (fol. 189r–v).Footnote 22 Esto significa, evidentemente, que, al menos, una parte de los contenidos del citado sector del códice podrían proceder de un ambiente próximo a Alcuino y recoger, además de obras de éste mismo, copias de otros escritos de su biblioteca.
Después de aducir la Epistola 139 de Alcuino como confirmación del origen hispánico de SIV, García Villada defiende la atribución de esta obra a Julián de Toledo, identificándola con el Libellus de remediis blasphemiae, por cinco razones, en las que sigue, fundamentalmente, el trabajo precedente de Morin: la semejanza de los contenidos de SIV con el libro II de los Prognostica futuri saeculi del obispo toledano, la coincidencia en el uso de las mismas citas de los Dialogi de Gregorio Magno en SIV y en los Prognostica futuri saeculi, la semejanza manifiesta de estilo entre estas dos obras, la referencia a Gregorio Magno como el último de los tratadistas y la admiración del autor de SIV por los tratados del citado papa, característica de los escritores hispanos del s. vii.Footnote 23 En consecuencia, señala García Villada, sólo tres hipótesis son posibles: o bien el Anónimo se sirvió de los Prognostica futuri saeculi de Julián de Toledo, o bien este último se sirvió del Anónimo, o bien, en fin, el autor de SIV es Julián de Toledo.Footnote 24 Y concluye afirmando que la solución más verosímil es la tercera.
Aunque los argumentos de García Villada, a menudo, no son concluyentes, merece la pena destacar que su defensa de la anterioridad de los Prognostica futuri saeculi respecto de SIV es perfectamente válida y proporciona, por consiguiente, un terminus post quem a este último tratado. Señala García Villada, en efecto, que Julián de Toledo, en la carta-prefacio de los Prognostica futuri saeculi, dirigida al obispo Idalio de Barcelona, destaca el esfuerzo que le ha supuesto recoger y sistematizar en un solo tratado la doctrina de los Padres de la Iglesia en torno al destino de las almas, dispersa hasta entonces en diversos volúmenes (Epistula praefatoria ad Idalium Barcinonensem ep., líneas 36/111),Footnote 25 y, de un modo semejante, el obispo Idalio de Barcelona, al recibir el códice de los Prognostica futuri saeculi enviado por el autor, elogia, en su carta de agradecimiento, la exposición de Julián de Toledo por tratarse de una síntesis verdaderamente novedosa sobre el tema (Epistula Idalii ad Iulianum [CPL 1258°], líneas 68/73),Footnote 26 lo que, continúa García Villada, no podrían afirmar los dos obispos visigodos de ser la obra de Julián posterior a SIV.Footnote 27
Curiosamente, García Villada no advirtió en su trabajo la importancia del adverbio « nunc » de la Epistola 139 de Alcuino: « Nunc iterum antiquus serpens de dumis Hispanici ruris . . . ». Pero ésta no pasó desapercibida a Madoz, quien señaló, razonablemente, que el uso del citado adverbio revela la existencia de una controversia reciente en el momento en que escribe Alcuino y que, en consecuencia, la doctrina herética criticada en SIV puede situarse en la segunda mitad del s. viii.Footnote 28 Madoz fue, así, el primero en rechazar de forma tajante la tesis propuesta por Morin y apoyada por García Villada, insistiendo, por lo demás, en el hecho de que los argumentos aducidos por los anteriores eran poco probantes.Footnote 29
Por otro lado, a juicio de Madoz, SIV no debe ponerse en relación con Julián de Toledo, sino con un autor mozárabe, poco conocido, de nombre Tuseredo,Footnote 30 activo hacia el último tercio del s. viii, que pudo haber ejercido el abadiato de un monasterio situado en los alrededores de Toledo o acaso en Córdoba.Footnote 31 De Tuseredo se ha conservado únicamente un escrito, la Epistola ad Ascaricum (Díaz 389), una carta dirigida a un obispo de una sede de dudosa identificación de la región de Asturias, de nombre Ascárico, en respuesta a una misiva recibida de éste (Epistola ad Tuseredum [Díaz 388]).Footnote 32 En su carta, Ascárico manifiesta a Tuseredo su inquietud por ciertas doctrinas cismáticas que predican los clérigos de la región de Asturias en torno a la resurrección y a la Virgen María. Tras exponer éstas con detalle, Ascárico solicita a Tuseredo un memorando sobre el tema apoyado en los escritos de los Padres que le permita rebatir fácilmente las absurdas creencias a las que se refiere. Pues bien, Madoz señaló que algunos de los puntos doctrinales de la respuesta de Tuseredo coinciden estrechamente con el tema de SIV.Footnote 33 Véanse, por ejemplo, los títulos de los tres primeros capítulos de la carta a Ascárico: « K. I. Quod ante aduentum mediatoris Dei et hominis omnes et boni et mali ad inferni claustra descenderint. K. II. Quod bonorum anime, quamuis ad inferna descenderent, penas non luebant. K. III. Quod electorum animas solummodo Dominus ab inferni claustra eruit, non reproborum ».Footnote 34 Y ambos autores, insiste Madoz, ofrecen soluciones parecidas a las cuestiones teológicas que abordan en sus exposiciones.Footnote 35 Por otro lado, los dos autores incluyen entre sus fuentes el mismo pasaje de los Moralia in Iob de Gregorio Magno (lib. 12,11,15),Footnote 36 y, siempre según Madoz, puede advertirse incluso entre las dos obras alguna expresión que confirma que un autor depende del otro, como la presentación de Jerónimo como « Bethleemiticus Hieronimus » (línea 21) en SIV y « sanctus Iheronimus, Bethlemitici eclesie doctor et presbiter » (cap. 7, líneas 193/94)Footnote 37 en Tuseredo.Footnote 38 En definitiva, concluye Madoz, todo hace pensar que el autor de SIV, que no puede identificarse de ningún modo con Julián de Toledo, conoció la Epistola ad Ascaricum de Tuseredo e hizo uso de ella en su escrito. Todo ello confirmaría, en opinión de Madoz, la datación de SIV en la segunda mitad del s. viii, así como su origen hispánico.Footnote 39
Por otro lado, cuando leímos la tesis de Madoz, nos preguntamos, incluso, si no podría ser Tuseredo el autor de SIV, debido a la coincidencia del tema, de las fuentes e incluso, parecía, de algunos paralelismos entre las dos obras. Pero hemos de decir que, tras una comparación detenida del estilo de Tuseredo con el del Anónimo, finalmente, hemos descartado que ambos tratados puedan atribuirse a un mismo autor, pues el estilo es claramente diferente. A pesar de todo, hemos detectado incluso alguna coincidencia más de las señaladas por Madoz, como el uso común del pasaje de Job 14:13;Footnote 40 o el hecho de que ambos autores se sirvan entre sus fuentes de las Homiliae in Euangelia (CPL 1711) de Gregorio Magno.Footnote 41
Sin duda, la Epistola ad Ascaricum se ocupa, en parte, de la misma controversia teológica que aborda SIV: el destino de las almas tras la muerte del cuerpo y refleja, probablemente, la inquietud de una misma época. Puede aceptarse, por lo tanto, que viene a confirmar la fecha más probable propuesta para SIV, a saber, el último tercio del s. viii. Es más dudoso, sin embargo, que alguno de los dos escritos se inspire en el otro.Footnote 42 En este sentido, debe tenerse en cuenta, la reducida transmisión manuscrita de la carta de Tuseredo, conservada únicamente en El Escorial, Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo, &–I–3 (fols. 2r–5r y 239r), ejecutado en 1047 para doña Sancha, reina consorte de Castilla y León por su matrimonio con Fernando I (1037–1065), a partir de un modelo asturiano-leonés.Footnote 43 Esto significa que el memorando de Tuseredo no parece haber tenido difusión fuera de la región asturiana y, en consecuencia, de aceptarse la dependencia propuesta por Madoz, habría que pensar que también el autor de SIV se movió por esa misma región. En realidad, esto último no puede descartarse sin más, pues, quizás, la suerte de las almas de los difuntos antes y después de la resurrección de Cristo era un tema de controversia no sólo en la Hispania de la segunda mitad del s. viii, sino, acaso más específicamente, en el noroeste de la Península.
La crítica de Madoz a la tesis de Morin y García Villada en el sentido de rechazar la paternidad de Julián de Toledo como autor de SIV fue apoyada años después por Hillgarth, el mayor especialista de su tiempo en el obispo visigodo.Footnote 44 Hillgarth, no obstante, se mostró de acuerdo con García Villada en que Alcuino de York tenía presente SIV cuando, hacia 796, escribió su Epistola 139, mencionada más arriba en nuestra exposición.Footnote 45 Precisamente, en opinión de Hillgarth, las referencias de la carta de Alcuino a SIV son la prueba más importante del origen hispánico del autor de esta última obra y, siguiendo en ello a Madoz, el « nunc » que se lee en la misiva de Alcuino a propósito de la extensión de la herética doctrina procedente de Hispania por esas mismas fechas por las que escribe es un claro indicio de la fecha de redacción más probable de SIV.Footnote 46
En definitiva, creemos que, en el estado actual de nuestros conocimientos, el tratado Serpens ille ueternosus es un escrito de origen hispano fechado hacia el último tercio del s. viii. Además, de aceptarse que su autor conocía la Epistola ad Ascaricum de Tuseredo, habría que situar verosímilmente la redacción de SIV en el noroeste de Hispania, pero esto no nos parece enteramente demostrado.
Tradición manuscrita
Como ya se ha señalado, el único manuscrito conocido que transmite el opúsculo Serpens ille ueternosus es Roma, Biblioteca Casanatense, 641 (B. IV. 18), formado por dos sectores de origen y datación diferentes, de los que aquí interesa el segundo, que es el que recoge la obra del Ps. Julián de Toledo en los fols. 184r–87v.Footnote 47
Sector I, ejecutado a comienzos del s. ix (a. 811/2) en Montecasino, fols. 1–81. Sus contenidos son los siguientes: fols. 1r–5v, diversos tratados de cómputo; fols. 6v–35r, De fide sanctae Trinitatis de Alcuino; fols. 35r–37v, Quaestiones de sancta Trinitate de Alcuino; fols. 37v–44v, De animae ratione ad Eulaliam uirginem de Alcuino; fols. 45r–81v: más escritos sobre cronología y cómputo.
Sector II, fechado a comienzos del s. x y procedente de la catedral de Benevento, donde quizás fue ejecutado, fols. 82–189, pero mutilado de un gran número de folios, parte de los cuales se conservan en Città del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana, Reg. lat. 1267, fols. 139–50 (son continuación del fol. 183 del Casanatense 641).Footnote 48 Entre sus contenidos, destacamos los siguientes (tras el fol. 164 hay tres folios numerados como fol. 167r, y la numeración sigue con el fol. 169): fols. 82v–83v, Epistula ad Alcuinum de Carlomagno (« Peruenit ad nos epistola missa a religione prudentiae uestrae »); fols. 83v–90v, De mysterio sanctae trinitatis (CPL 1014) de Cesáreo de Arlés (mutilado por el final por la pérdida de varios folios); fols. 91v–93v, De ciuitatibus et prouinciis, un texto coincidente, en parte, con los Nomina regionum atque locorum de actibus apostolorum (CPL 1359) de Beda (mutilado por el comienzo); fols. 94r–96v, Commentarii in Ezechielem (CPL 587) de Jerónimo de Estridón (mutilado por el inicio y por el final: « post multa precepta correctio inferitur iudicii scire . . . non reuertitur ad pristinum statum mortuus esse credendus est » [libro 6,18 líneas 462/683]);Footnote 49 fols. 97r–104r, Vita sancti Fursei ab. Latiniacensis (BHL 3209, CPL 2101); fols. 104v–107v, extractos de Beda, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán; fols. 108r–32v, Parabolae Salomonis (inc. « Parabolae sunt similitudines quod nomen ideo Salomon »); fols. 133r–37r, extractos de Julián de Toledo (Prognostica futuri saeculi), Casiodoro, Isidoro de Sevilla (Quaestiones in uetus Testamentum) y Agustín de Hipona; fols. 137v–40r, Versus in laude sancti Benedicti ab. Casinensis (BHL 1105) de Paulo Diácono; fols. 141r–56v, De fide ad Petrum (CPL 826) de Fulgencio de Ruspe; fol. 156v, extractos de los Moralia in Iob (CPL 1708) de Gregorio Magno; fols. 157r–62r, Epistola 164 (CPL 262) de Agustín de Hipona (mutilada por el comienzo); fols. 162r–67r (= fols. 162r–66r), extractos patrísticos; fol. 167r (= fol. 166r), Epistola 304a de Alcuino; fol. 167v–67r (= fols. 166v–67r), extractos de los Sermones 307–308 (CPL 284) de Agustín de Hipona; fols. 167r–70r, un extracto de la Historia ecclesiastica gentis Anglorum (CPL 1375) (lib. 3, 19 [BHL 3212]) de Beda; fols. 170r–71v, Visio cuiusdam fratris (inc. « Fuit quidam frater qui eductus e corpore »); fols. 171v–73r, Libellus fidei ad Innocentium papam de Pelagio (CPL 731); fol. 173r–v, Epistola 270 de Alcuino; fols. 173v–79v, extractos de Jerónimo de Estridón; fols. 180r–83r, De peccatis criminalibus (inc. « Sciendum igitur est unicuique qui gehennam ęternę poenę euadere quęrit »); fols. 184r–87v, el tratado Serpens ille ueternosus del Ps. Julián de Toledo (mutilado de dos folios tras el actual fol. 186); fols. 188r–89r, extractos de Agustín de Hipona; fol. 189r–v, extractos del De fide sanctae Trinitatis de Alcuino (cap. 2,5).
Los folios que transmiten la obra del Ps. Julián contienen tres tipos de adiciones y correcciones: unas antiguas, aunque, a nuestro juicio, no contemporáneas de la copia (Cpc); otras más recientes, en los márgenes superiores y laterales (C2), de la mano de Luigi Theuli, prefecto de la catedral de Benevento (1434–77);Footnote 50 y otras aún más recientes (C3), que reproducen el texto latino ilegible de las últimas líneas de los folios (tanto en el recto como en el verso) y se han atribuido a Gian Domenico Agnani, prefecto de la Biblioteca Casanatense en la primera mitad del s. xviii (1733–46).Footnote 51
Las ediciones precedentes
La primera edición del tratado del Ps. Julián sobre la suerte de las almas de los difuntos fue la de Tommaso Maria Mamachi, De animabus iustorum in sinu Abrahae, ante Christi mortem, expertibus beatae uisionis Dei libri duo, vol. 1, Roma, 1766, pp. 527–29 n. 1, una edición parcial, pero bastante completa, del texto (líneas 1/100, 107/17, 125/48, 161/6, 168/82 y 185/89), basada en el manuscrito 641 de la Casanatense, según indica el propio editor.Footnote 52 En la amplia nota que recoge la edición del texto, éste se presenta sin título, pero, en el breve comentario que acompaña a la edición, Mamachi reproduce el título añadido por Luigi Theuli en el margen superior del fol. 184r, con algunas variantes propias, no obstante: « Utrum animae de humanis corporibus exeuntes mox deducantur ad gloriam, aut ad poenam, aut expectent diem judicii ».Footnote 53 Del mismo modo que introduce pequeñas correcciones en el título señalado, Mamachi también corrige a menudo las lecturas del manuscrito, aunque en algunos casos estas variantes parecen fruto de una mala comprensión del códice. Además, hemos detectado un cierto número de omisiones de palabras, quizás por un descuido del editor en su transcripción del manuscrito. Por lo demás, Mamachi no indica ninguna fuente del texto, ni siquiera bíblica. En cuanto a la autoría y datación del opúsculo, basándose en el pasaje del Ps. Julián en el que se califica a Gregorio Magno como el último de los tratadistas (« tractatorum quidem ultimus », línea 188), Mamachi fecha el texto en el s. vii, poco después del deceso del gran papa, todavía dentro de la primera mitad de ese siglo.Footnote 54 No se atreve, sin embargo, a proponer ningún origen geográfico concreto para el opúsculo, que atribuye, simplemente, a un escritor anónimo.
La segunda edición de este mismo tratado, ya completa, es la de Angelo Mai, Scriptorum veterum nova collectio e Vaticanis codicibus edita, vol. 7, Roma, 1833, pp. 264–70 (= PL 96,1379–1386, con una ortografía revisada, no obstante), bajo el título: « Tractatus. Utrum animae de humanis corporibus exeuntes mox deducantur ad gloriam vel ad poenam, an expectent diem iudicii sine gloria et poena ».Footnote 55 Mai no se sirvió del códice 641 de la Casanatense, sino de los materiales manuscritos que el prefecto de la Biblioteca Apostolica Vaticana, Lorenzo Alessandro Zaccagni († 1712), había preparado más de un siglo antes para la publicación del texto, publicación que no pudo llevar a efecto por su prematura muerte.Footnote 56 Incluyó, además, en las notas a la edición del texto algunas observaciones de Zaccagni, tomadas también del manuscrito dejado por éste tras su fallecimiento.Footnote 57 Como la precedente, esta edición carece de estudio de las fuentes, incluidas las bíblicas, y sólo se señala que la expresión « In ęcclesiasticorum etenim dogmate » (línea 172) hace referencia al Liber ecclesiasticorum dogmatum de Genadio de Marsella.Footnote 58 Por lo demás, aunque esta edición no aparece acompañada de ningún estudio sobre el posible origen o la datación del texto, supuso, en cualquier caso, una manifiesta mejora respecto al trabajo precedente de Mamachi.
Criterios de esta edición
Dado que la presente obra del Ps. Julián de Toledo no se ha conservado más que en un solo manuscrito, la edición que ofrecemos reproduce fielmente el texto del códice, incluyendo la ortografía de éste. Hemos preferido, además, las lecturas originales de C a las correcciones introducidas por la mano más antigua de las tres que han revisado y anotado el texto (Cpc). No obstante, como hemos señalado más arriba, las últimas líneas de los folios, tanto en el recto como en el verso, presentan en la actualidad graves problemas de lectura, en parte, porque la tinta ha ido desapareciendo y, en parte, por el mal estado de conservación de esos folios. Ya la edición de Mamachi de 1766 presenta varias lagunas, señaladas con puntos suspensivos, debido a que el editor no pudo llegar a entender del todo esas líneas. Por nuestra parte, hemos podido comprender parcialmente esos pasajes gracias a la consulta directa del códice en la Biblioteca Casanatense de Roma con la ayuda de una lámpara de Wood. Para el resto del texto, seguimos las lecturas añadidas en los márgenes inferiores por la mano que aquí hemos denominado C3, atribuidas al prefecto de la Casanatense Gian Domenico Agnani (1733–46). Estas lecturas no fueron recogidas (al menos, en su mayor parte) en la edición de Mamachi, lo que resulta extraño, pues, si son obra de Agnani, Mamachi habría debido poder leerlas, pero no parece haber sido así.
I. Edición crítica
Siglas del único manuscrito conocido y sus diferentes correcciones
C = Roma, Biblioteca Casanatense, 641 (B. IV. 18), s. xin, fols. 184r–87v.
Cpc = Veteres emendationes codicis C.
C2 = Additamenta saeculi xv ad codicem C manu Ludouici Theuli, Bibliothecae Cathedralis Beneuentanae praefecti, adhibita.
C3 = Additamenta saeculi xviii ad codicem C manu Iohannis Dominici Agnani, Bibliothecae Casanatensis Romanae praefecti, adhibita, ut uidetur.
Ediciones precedentes
Mai = Angelo Mai, Scriptorum veterum nova collectio e Vaticanis codicibus edita (Roma, 1833), 7:264–70.
Mam. = Tommaso Maria Mamachi, De animabus iustorum in sinu Abrahae, ante Christi mortem, expertibus beatae uisionis Dei libri duo (Romae, 1766), 1:527–29 n. 1.
Migne = Jacques-Paul Migne, Patrologia Latina (Lutetiae Parisiorum, 1851), 96:1379–86.
Abreviaturas de las fuentes antiguas
Alcvin., Epist. = Epistulae, in Epistolae Karolini Aeui, ed. Ernest Dümmler, MGH. Epistolae 4 (Berlin, 1895), vol. 2.
Avg., Epist. = Epistulae (CPL 262), in S. Aureli Augustini Hipponensis episcopi Epistulae. Pars III: Ep. CXXIV–CLXXXIVA, ed. Aloysius Goldbacher, CSEL 44 (Vindobonae-Lipsiae, 1904).
Avg., In Ioh. = Augustinus Hipponensis ep., In Iohannis euangelium tractatus (CPL 278), in Sancti Aurelii Augustini In Iohannis euangelium tractatus CXXIV, ed. Radbodus Willems, CCL 36 (Turnhout, 1954).
Gennad., Lib. dogm. = Gennadius Massiliensis, Liber ecclesiasticorum dogmatum (CPL 958), in Cuthbert H. Turner, “The Liber ecclesiasticorum dogmatum attributed to Gennadius,” Journal of Theological Studies 7 (1906): 78–99, en 89–99.
Greg. M., Dial. = Gregorius Magnus, Dialogorum libri IV (CPL 1713), Grégoire le Grand. Dialogues, ed. Adalbert de Vogüé, Sources chrétiennes 260 y 265 (Paris, 1979–80).
Greg. M., In Euang. = Gregorius Magnus, Homiliae in Euangelia (CPL 1711), in Gregorius Magnus, Homiliae in Euangelia, ed. Raymond Étaix, CCL 141 (Turnhout, 1999).
Greg. M., In Ez. = Gregorius Magnus, Homiliae in Ezechielem prophetam (CPL 1710), in Sancti Gregorii Magni Homiliae in Hiezechihelem prophetam, ed. Marc Adriaen, CCL 142 (Turnhout, 1971).
Greg. M., Moral. = Gregorius Magnus, Moralia in Iob (CPL 1708), S. Gregorii Magni Moralia in Iob, ed. Marc Adriaen, CCL 143–143B (Turnhout, 1979–85).
Hier., In Eph. = Hieronymus Stridonensis presb., Commentarii in IV epistulas Paulinas (CPL 591), Ad Ephesios – ed. PL, 26, 439–554 (467–590).
Hier., In Zach. = Commentarii in prophetas minores (CPL 589), In Zachariam, in S. Hieronymi presbyteri Opera. Pars I. Opera exegetica 6: Commentarii in prophetas minores, ed. Marc Adriaen, CCL 76A (Turnhout, 1970), 747–900.
Orig., In Ps. = Origenes, In Psalmos XXXVI–XXXVIII homiliae IX (sec. translationem Rufini) (CPG 1428), in Origène, Homélies sur les Psaumes 36 à 38, ed. Emanuela Prinzivalli, Sources chrétiennes 411 (Paris, 1995), 50–402.
Tvser., Epist. = Tuseredus, Epistola ad Ascaricum, in Scriptores muzarabici saeculi viii–xi, ed. Juan Gil, CCM 65A (Turnhout, 2020) 1:330–39.
Verg., Aen. = Vergilius Maro, Aeneis, in P. Vergili Maronis Opera, ed. Roger A. B. Mynors, Scriptorum Classicorum Bibliotheca Oxoniensis (Oxford, 1976).

2 linguas exacuit] cfr Ps. 63:4 ; 139:4
1 serpens . . . ueternosus] cfr Avg., In Ioh. 8,6 (p. 85,7) || 1/7 serpens – inferorum] cfr. Alcvin., Epist. 139,15–17 et 27–28 (p. 221) || 9 ad1 – quęrenda] cfr Verg., Aen. 11,180
1 serpens] tractatus utrum anime (animae Mai Migne) de humanis corporibus exeuntes mox deducantur ad gloriam uel ad penam (poenam Mai Migne) an expectent (exspectent Migne) diem iudicii sine gloria et pena (poena Mai Migne) praem. C2 Mai Migne, utrum animae de humanis corporibus exeuntes mox deducantur ad gloriam aut ad poenam aut expectent diem iudicii praem. Mam. || 2 hereticorum] haereticorum edd. || 4 eundem] eumdem edd. || submurmurat] obmurmurat Mam. || 6 cęlorum] caelorum Mam. Mai, coelorum Migne || 7 praui hereseos] prauae haereseos edd. || 9 uitę . . . quęrenda] uitae . . . quaerenda edd. || 10 utique] om. Mam. || 11 michi] mihi edd. || rectę] rectae edd. || 14 esaias] isaias Migne || esaiam] isaiam Migne || alius propheta] om. Mam. || 15 iohannes] ioannes Migne || matheus] matthaeus edd. || 17 catholicę] catholicae edd. || huius] om. Mam. || herrorem] errorem edd. || attemptasse] attentasse edd. || 18 egregios] aliquos Mam. || 19 nanzonzenus] nazianzenus Mam. Migne, nanzianzenus Mai || iohannes] ioannes Migne || pictauensis] pictauiensis edd. || 20 hypponiregius] hipponiregius Migne, hipponensis Mam.

29 mediatoris] cfr I Tim. 2:5 || 30/31 inter – chasma] cfr Luc. 16:26 || 33 Dei sapientiam] cfr Luc. 11:49 || 34/35 Dathan – uiuentes] cfr Num. 16:1–33 || 37/38 sicut – eos] Ps. 48:15 || 40 talia – peccauerunt] Sap. 5:14
21 Bethleemiticus Hieronimus] cfr Tvser., Epist. 7,193–194 (p. 336) || 29/30 ante – descendisse] cfr. Tvser., Epist. 1,81–82 (p. 333)
21 bethleemiticus] bethlehemiticus Migne, bethleemites Mam. || hieronimus] hieronymus edd. || 21/22 ita docuit] om. Mam. || 23 tractatibus] et tractatoribus Mam. || 24 quantę . . . quantęque dementię] quantae . . . quantaeque dementiae edd. || 26 testes] ac sanctitatis Mam. || uelle] om. Mam. || quod] om. Mam. || 27 nudis – asserimus] legere non potuit Mam. || sententiis] sententis Mai || 28 ueritatis . . . scripturam] ueritatem . . . scripturarum Mam. || 32 et1] om. Mam. || cęlestia] celestia Mam., caelestia Mai, coelestia Migne || et2 – loca] legere non potuit Mam. || 33 poenalia] om. Mam. || 34 quę] quae edd. || abiran] abiron Mam. Migne || 36 hęc] haec edd. || 37 dauitica] dauidica edd. || ęque] aeque edd. || 39 pręnotatur] praenotatur edd. || 41 et si] etsi Mam. || quędam] quaedam edd.

44/45 descendam – infernum] Gen. 37:35 || 45/46 Iob – collaudatus] cfr Iob 2:3 || ore … collaudatus] cfr Eccli. 39:41 || 46/47 in – mea] Iob 17:16 || 47/48 si – est] Iob 17:13 || 48/50 quis – tuus] Iob 14:13 || 50/51 Dauid – electus] cfr Rom. 1:3 || 51/53 quis – inferi] Ps. 88:49 || 57/58 tu – expectamus] Matth. 11:3; Luc. 7:19–20 || 58/59 spiritus – uisionis] cfr Apoc. 19:10
45/46 Iob – collaudatus] cfr Orig., In Ps. 36,4,3 (p. 212,166/69) || 48/49 quis – me1] haec uocabula afferuntur etiam in Tvser., Epist., 1,88–89 (p. 333)
42 idem] eidem intellege || denique] enim Mai Migne || 43 merore] moerore Mam. Migne, maerore Mai || 44 ceterorum] caeterorum Migne || delinitus] delenitus intellege || 46 semedipso] semetipso Mam. Migne, semet ipso Mai || 49 michi] mihi edd. || 53 presens] praesens edd. || 55 fuerat] erat edd. || 56 expectandus] exspectandus Migne || quem] ad quem Mam. || iohannes] ioannes Migne || missis] misit Mam. || 57 rogauit] legere non potuit Mam. || 58 expectamus] add. edd. (exspectamus Migne) (cum fonte) (uide etiam infra lin. 67 et 129, ubi eadem sententia legitur), om. C || 59 propheticę] propheticae edd. || eundem] eumdem edd. || iohannem] ioannem Migne || pręterito] praeterito edd.

63/64 ego – Dei] Ioh. 1:34 || 64/65 ecce – Dei] Ioh. 1:36 || 67 tu – expectamus] Matth. 11:3; Luc. 7:19–20 || 76/78 tu – aqua] Zach. 9:11 || 82/83 diues – inuenit] cfr Luc. 16:22–25 || 83/84 quomodo – est] cfr Luc. 16:23
78/79 qui – primi] Hier., In Zach. 2,9,11–12 (p. 831–32,284/90) || 79/80 quis – inferi] Hier., In Zach. 2,9,11–12 (p. 832,300) || 82/83 diues – inuenit] Hier., In Zach. 2,9,11–12 (p. 832,300/304)
63 pręcurrens] praecurrens Mam. Mai Migne || 65 semedipsum] semetipsum Mam. Migne, semet ipsum Mai || 66 pręmissum] praemissum edd. || 67 expectamus] exspectamus Migne || 70 actenus] hactenus edd. || 71 sacratissimę] sacratissimae edd. || ignotę] ignotae edd. || 73 semedipsum] semetipsum Mam. Migne, semet ipsum Mai || 74 prędicto] praedicto edd. || iohanni] ioanni Migne || 75 pręuidit] praeuidit edd. || 76 pręsentaliter] praesentialiter edd. || 78 hieronimus] hieronymus edd. || 79 pręuaricatione] praeuaricatione edd. || 80 lacus] locus Mam. || inferi] inferni Mam. || 82/83 aquę – linguę] aquae ad linguae edd. || 83 quęrit] quaerit edd.

84/85 ne – firmatum] cfr Luc. 16:26 || 88 Iob – erat] cfr Iob 2:3 || 89/91 plangam – tenebrarum] Iob 10:20–22 || 95/96 ad – caligine] Iob 10:21 || 96 ad – tenebrarum] Iob 10:22 || 98/99 in – mea] Iob 17:16 || 100 putasne – michi] Iob 17:16 || 103/105 sicut – seruauit] cfr Dan. 3:46–50
86/87 non – merita] Hier., In Eph. 1,1,21 (col. 460)
85 possent] edd., posset C3, non legitur C || ac] et Mam. || 86 forte prędictum] legere non potuit Mam. || prędictum] praedictum Mai Migne || 86/87 locorum – actorum] legere non pouit Mam. || 87 actorum] Mai Migne, non legitur C || 87/88 mirum2 – ita] legere non potuit Mam. || 89/90 ante quam] antequam Mam. Migne || 91 miserię] miseriae edd. || 95 pręfatus] praefatus edd. || 96 miserię] miseriae edd. || 97 abrahę] abrahae edd. || 98 lacrimosus] C Mam., lacrimosius Cpc Mai, lacrymosius Migne || 99 pręsumptiua] praesumptiua edd. || 100 putasne] putas ne Mai || michi] mihi edd. || 101/107 nos – ministrauit] om. Mam. || 104 babylonię] babyloniae Mai Migne || danihelis] danielis Mai Migne

106 aqua – prębuit] Exod. 16:1–35 || ad – uescendum] cfr Exod. 16:15 || 106/107 aqua – Rubri . . . Egiptiis – ministrauit] cfr Exod. 14:1–31 || 110/111 quem – eo] Act. 2:24 || 113/114 factus – liber] Ps. 87:5–6 || 114/115 solus – peccatum] cfr I Petr. 2:21
113 dolorum uinculis] Greg. M., In Ez. 1,12,7 (p. 187,89) || 117/121 scio – electos] Avg., Epist. 164,7–8 (p. 527,5–528, 8) || 124 qui – habentes] Greg. M., Dial. 4,26,1
106 israhelitis] israelitis Migne || prębuit] praebuit Mai Migne || 107 egiptiis] aegyptiis Mai Migne || hoc] haec Mam. || 108 quę] quae edd. || 109 semedipsum] semetipsum Mam. Migne, semet ipsum Mai || 110 mortuis] mortuit Mam. || 112 sollerter] solerter Mam. Migne || 113 pręter] praeter edd. || 113/114 factus sum] C3 edd., non legitur C || 116 quo] quod Mai || artari] arctari Mai Migne || indeque] ideoque Mam. || 117/125 scio – obligati] om. Mam. || 118 quendam] quemdam Migne || ęcclesię] om. Mai Migne || hęc] haec Mai Migne || 120 pręfatos] praefatos Mai Migne || 121 hisdem] iisdem Mai Migne || 123 patriarchę . . . prophetę] patriarchae . . . prophetae Mai Migne || 126 quę] quae edd. || expectatio] exspectatio Migne

127 et – propheta2] Matth. 11:9; Luc. 7:26 || 129 tu – expectamus] Matth. 11:3; Luc. 7:19–20 || 131 his – narrauit] cfr Act. 2:24 || 132/133 Lazarus – consolabatur] cfr Luc. 16:23 || 136/137 ignis gehenna] cfr Matth. 5:22; 18:9; Marc. 9:44; 9:46 || 145/147 mitte – flamma] Luc. 16:24
135/141 cruciabantur – uexabat] cfr Tvser., Epist., 2,99–100 (p. 333)
127 iohannes] ioannes Migne || 129 expectamus] exspectamus Migne || 130 expectabant] exspectabant Migne || 131 quę] quae edd. || 132 coartat] coarctat edd. || hęc quęstio] haec quaestio edd. || 133 abrahę] abrahae edd. || 135 absoluimus] absoluemus Mam. || questionem] quaestionem edd. || 138 merebant] maerebant Mai, moerebant Mam. Migne || 139 cęlesti] caelesti Mam. Mai, coelesti Migne || 140 exulabant] exsulabant Migne || quia] om. Mam. || 144 aquę] aquae edd. || 145 abraam] abraham edd. || 146 intinguat] C Mam., intingat Cpc Mai Migne || 148 antiquos] antiquos etc. Mam.

152 solutis – inferni] Act. 2:24 || 153/154 ero1 – inferne] Os. 13:14 || 157 ero – mors2] Os. 13:14 || 158 ero – inferne] Os. 13:14 || 165/166 a – illud] Matth. 11:12
152 suos – reduxit] cfr Tvser., Epist., 3,113–14 (p. 334) || 157/159 dicatur – consumo] Greg. M., Moral. 12,11,15 (p. 637–38,10/21) || 160/161 alios – reduxit] Greg. M., Moral. 4,29,56 (p. 200,50/52); cfr Tvser., Epist., 3,113–14 (p. 334) || 162/164 sed – perfectorum] cfr. Alcvin., Epist. 139,27–28 (p. 221)
149/161 sed – reduxit] om. Mam. || 151 exoluens] exsoluens Mai Migne || 153 prędixit] praedixit Mai Migne || 154 sollerter] solerter Migne || 156 gluttiuit] glutiuit Mai Migne || ceterum] caeterum Migne || quę] quae Mai Migne || 157 preda] praeda Mai Migne || 159 degluzzio] deglutio Mai Migne || 160 pręfixit] praefixit Mai Migne || beatissimę] beatissimae Mai Migne || 162 pręmissus] praemissus edd. || 163 animę] animae Mam. Mai || 164 cęlorum] caelorum Mam. Mai || 165 talem] eamdem Mam. || iohannis] ioannis Migne || baptistę] baptistae edd. || 166 celorum] caelorum Mam. Mai, coelorum Migne || et uiolenti] edd., non legitur C || o – doctor] audactor Mam. || 167 numquid] nunquid Migne || tantum – regnum] C3pc Mai Migne, tantum hodie iudicii regnum C3ac, tantum in die iudicii Mam., non legitur C || celorum] caelorum] Mai, coelorum Migne, om. Mam. || diripiunt] rapiunt Mam.

168 per – comminuit] cfr Ioh. 19:36 || 175/178 ante – liberarentur] Gennad., Lib. dogm., 44; cfr Tvser., Epist., 1,81–82 (p. 333) et 3,113–14 (p. 334) || 179/185 post – ęternam] Gennad., Lib. dogm., 45
168 tuum] C3 edd., non legitur C || comminuit et] C3 (.i. corrupit seu infecit), confinxit et Mam., construxit et Mai Migne, non legitur C || iohannis] ioannis Migne || 169 illa] ante hoc uerbum lacunam duorum foliorum habet C, om. Mam. || 170 meę] meae edd. || 171 quę] quae edd. || 172 ęcclesiasticorum] ecclesiasticorum edd. || dogmate] dogmatum Mam. || 175 quadragresimo quinto] xlv Mam. || 176 animę] animae edd. || preuaricationis] praeuaricationis edd. || adę] adae edd. || 177 eius] ei Mam. || 178 condicione] conditione Migne || 180 cęlos] caelos Mam. Mai, coelos Migne || animę] animae edd. || 181 expectantes] exspectantes Migne || 182 ut – integram] om. Mam. || 182/185 cum – ęternam] om. Mam. || 182 beatitudinem] beatitudinem etc. Mam. || 183 animę] animae Mai Migne || positę] positae Mai Migne || 184 expectant] exspectant Migne || 185 ęternam] aeternam Mai Migne || hęc] haec edd. || pręcedentium] praecedentium edd. || ac] et Mam. || 186 singularis et] om. Mam. || 187/188 pręsul apostolicę] praesul apostolicae edd. || 188 pene] paene Mai

192 ueritas] cfr Ioh. 14:6 ; 1 Ioh. 5:6 || 192/193 ubicumque – aquilę] Matth. 24:28 || 194/195 dissolui . . . et2 – esse] Phil. 1:23 || 197/199 scimus – cęlis] II Cor. 5:1 || 208/209 in2 – sublata] cfr IV Reg. 2:11
190/199 constat – cęlis] Greg. M., Dial. 4,26,1–2 || 200/206 quia esse . . . sanctorum – exurat] Greg. M., Dial. 4,29,1 || 208/209 anima – sublata] Greg. M., Dial. 2,35,3
189/226 ad – amen] etc. Mam. || 190 animę] animae Mai Migne || 191 claustra] claustro Mai Migne || cęlestibus] caelestibus Mai, coelestibus Migne || 192 ubicumque] ubicunque Migne || 193 congregabuntur] et add. Mai Migne || aquilę] aquilae Mai Migne || 194 animę] animae Mai Migne || 195/196 cęlo . . . cęlo] caelo . . . caelo Mai, coelo . . . coelo Migne || 197 patrię celestis] C3, patriae caelestis Mai, patriae coelestis Migne, non legitur C || 198 domus – dilabitur] C3 edd., d[–] [–]tur C || ędificationem] aedificationem Mai Migne || 199 manu factam] C3, manu factam sed Mai Migne, non legitur C || ęternam – cęlis] aeternam in caelis Mai, aeternam in coelis Migne || hęc] haec Mai Migne || 201 prędictum] praedictum Mai Migne || cęlo] caelo Mai, coelo Migne || 203 internę iustitię] internae iustitiae Mai Migne || 205 lętificat] laetificat Mai Migne || 206 quę] quae Mai Migne || 208 pręfato] praefato Mai Migne || libro] iiii dialogorum add. C2 (sup. lin.) || spera] C (cum fonte), sphaera Mai Migne

209/210 per – stratam] cfr Matth. 21:8 || 224 supernę ciuitatis] cfr Hebr. 12:22
209/210 sancti – perducta] Greg. M., Dial. 2,37,3 || 210/211 Seruuli – paralytici] Greg. M., Dial. 4,15,2–3 || 211/212 ab – euecta] Greg. M., Dial. 4,15,4–5 || 212 sacrę – Scolasticę] Greg. M., Dial. 2,33,2 || 212/213 ad – perducta] Greg. M., Dial. 2,34,1 || 213/214 uenerabilis Romulę] Greg. M., Dial. 4,16,2 || 214 ad – assumpta] Greg. M., Dial. 4,16,7 || 215/216 spiritus – mancipatus] Greg. M., In Euang. 2,38,15 (p. 374–76,367/435) || gehennę – mancipatus] Greg. M., Moral. 33,20,37 (p. 1707,13) || 216/218 Hilliricianus – suspensos] Greg. M., Dial. 4,37,3 || 223/225 ad – tendentes . . . tubę – sequamini] Greg. M., Moral. 30,3,14 (p. 1501,174/75)
209 cęlum] caelum Mai, coelum Migne || 211 cęlorum] caelorum Mai, coelorum Migne || 212 sacrę] sacrae Mai Migne || 214 romulę] romulae Mai Migne || cęlestibus] caelestibus Mai, coelestibus Migne || exequiis] exsequiis Migne || 215 gordianę amitę] gordianae amitae Mai Migne || gehennę] gehennae Mai Migne || 216 idem] om. Mai Migne || 217 sęculi] saeculi Mai Migne || 221 ammonitos] admonitos Mai Migne || quoscumque] quoscunque Migne || 222 cęlesti] caelesti Mai, coelesti Migne || 223 cepto] coepto Mai Migne || 224 debiemini] deuiemini Mai Migne || supernę . . . tubę] supernae . . . tubae Mai Migne || 225 hęc . . . hęc] haec . . . haec Mai Migne || ad deum] Mai Migne, non legitur C
II. Traducción Footnote 59
|184r La venenosa serpiente que en el pasado afiló las lenguas de los herejes contra la fe católica, después del duradero silencio de aquéllos, se esfuerza también ahora por abrir los labios de cierto Arseniotes, infectados con el veneno de su error, a fin de provocar nuevas blasfemias. En efecto, silbando, murmura a través de ese mismo varón — si es que la realidad es tal y como la transmiten los rumores que se han extendido sobre él — que, antes del último día del Juicio, ningún elegido entrará en el reino de los cielos, ni tampoco ningún réprobo en las regiones de los infiernos. Es manifiesto que la tesis de esta herejía absolutamente depravada, si es aceptada, aunque sólo sea por un instante, causará un gran daño entre los fieles, pues provocará que éstos muestren una absoluta indolencia en la búsqueda de los gozos de la vida (eterna) y muy poca prudencia en la prevención de los suplicios de la gehena. Sin duda, me resulta fácil combatir esta herejía, pues todos los defensores de la recta fe me prestan su asistencia para rechazar los ataques de aquélla. En efecto, no la apoya ninguno de los patriarcas, ni ninguno de los profetas ni ninguno de los apóstoles: ni Moisés, ni David, ni Salomón, ni el profeta Isaías, ni ningún otro profeta después de Isaías, ni el apóstol Pedro, ni Pablo, ni Juan, ni Mateo, ni Judas, ni Santiago, ni Lucas, ni Marcos. Es más, no puede citarse ningún otro estudioso de la fe católica posterior a los citados que haya defendido en alguna ocasión el error de la citada herejía. Y por recordar a algunos ilustres estudiosos entre muchos, no enseñó nada semejante Gregorio Nacianceno, ni tampoco Juan de Constantinopla, ni Hilario de Poitiers, ni Ambrosio de Milán, ni Agustín de Hipona, ni Jerónimo de Belén, ni Cirilo de Alejandría, ni el papa de Roma Gregorio. Ciertamente, yo he leído muchas enseñanzas de éstos en sus santos tratados, mas no he encontrado en ellos por ninguna parte nada semejante a dicha herejía. ¿Y quién, por lo demás, no ha de ver qué gran temeridad y locura supone que un insignificante y mendaz hombrecillo se atreva a enfrentarse él solo a tantos veracísimos testigos y de tan ilustre virtud sin contar con ningún testigo, por su parte? Es necesario, no obstante, que esto que afirmamos en defensa de la verdad con sencillas palabras lo examinemos con más detalle con una exposición bien argumentada.
|184v Así pues, siguiendo las Escrituras, que están llenas de verdad, mostremos, en primer lugar, si os parece bien, que antes de la encarnación del Mediador todos los réprobos y todos los elegidos habían descendido al infierno, aunque sus diversos méritos habían creado un gran abismo entre unos y otros, y que, a continuación, tras la santísima muerte de aquél, los elegidos alcanzaron el reino de los cielos y los réprobos entraron en las regiones donde debían sufrir su castigo. En efecto, que, antes de que la sabiduría de Dios se encarnase, los pecadores habían descendido a los infiernos lo atestigua la autoridad de Moisés, que dice que Datán, Abirón y sus seguidores descendieron vivos al infierno después de que la tierra se los tragase. Y, ciertamente, expone asimismo esto sobre algunos, en particular, pero sobre todos, en general, esa sentencia de David en la que se dice: Han sido situados en el infierno como ovejas y la muerte los apacentará. También en el libro que lleva por título “Sabiduría de Salomón”, después de que se hayan narrado las numerosas miserias de los réprobos, la propia Sabiduría concluye con estas palabras, diciendo: Esto dijeron en el infierno aquellos que habían pecado.
Por otro lado, que también los elegidos entraron en las regiones de los infiernos, quizás no en todas, pero sí, al menos, en algunas de ellas, ellos mismos lo atestiguan sobre sí mismos. Pues bien, el bienaventurado patriarca Jacob, oprimido por el pesar de la muerte de uno solo de sus hijos e incapaz de encontrar alivio en el consuelo que le proporcionaba el resto de aquéllos, dice: Descenderé llorando hasta el infierno junto a mi hijo. También Job, alabado en su tiempo por la boca de Dios por encima de todos los demás justos, dice de sí mismo, expresándose así: Todo lo mío descenderá al profundísimo infierno. Y en otro pasaje dice: Si logro soportarlo, el infierno será mi casa. Y en otro pasaje, suplicando a Dios, dice: ¿Quién puede concederme que me protejas en el infierno y me ocultes hasta que tu ira se haya calmado? Asimismo, David, escogido como antepasado de Cristo según la carne, aunque sabía la respuesta, pregunta sobre sí mismo y sobre todos los hombres vivos, diciendo: ¿Qué hombre hay que viva y que no llegue a ver la muerte, o quién logrará poner su alma a salvo de la mano del infierno?, como si dijese abiertamente: « Por lo que se refiere a la época presente, nadie en absoluto ».
Así pues, para liberar del infierno las almas de los elegidos había que esperar a Cristo, a quien, ciertamente, Juan el Bautista, cuando estaba recluido en la cárcel, enviando a sus discípulos, preguntó, diciendo: ¿Tú eres el que había de venir o debemos aguardar a otro? |185r Sin duda, en estas palabras puede advertirse claramente que el espíritu de la visión profética que ya había instruido a ese mismo Juan respecto al pasado no le había dado a conocer aún el futuro, y por ello éste no estaba seguro de si aquel del que sabía con seguridad que ya había venido vendría de nuevo en el futuro. En efecto, que el Redentor del mundo había venido al mundo naciendo, esto ese mismo bienaventurado Bautista ya lo sabía con certeza de acuerdo con aquello que, como precursor, había proclamado respecto a aquél: Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios. Y dijo a sus discípulos: He ahí el cordero de Dios. Pero, si, cuando aquél muriese, iba a ir él mismo a los infiernos, Juan aún no había llegado a conocerlo en absoluto y por ello le planteó esa duda con la que le preguntó: ¿Tú eres el que había de venir o debemos aguardar a otro?, como si le dijese: « Puesto que en un futuro voy a descender a las prisiones de los tuyos, explícame a quién he de anunciar que va a venir a liberarlos: ¿tú, de quien he proclamado que ya has venido a este mundo, o bien otro que he ignorado hasta ahora que va a ser enviado en tu lugar? ¿Tú vas a sacarnos de allí por medio de la sangre de tu santísima pasión, o bien otro lo hará, un emisario de una legación aún desconocida? ».
Que hizo esto no por medio de algún otro, sino por él mismo, lo confió de un modo indirecto al citado Juan, pero lo reveló de forma manifiesta Zacarías, que refirió como si ya hubiese sucedido aquello que con toda certeza previó que iba a ocurrir en el futuro. En efecto, así dice a aquel que sometió él mismo, en persona, a los infiernos: También tú, con la sangre que sirve de sello de tu alianza, liberaste del lago en el que no hay agua a los tuyos que estaban cautivos. ¿Y quiénes son esos cautivos, sino, como nos enseña Jerónimo, los justos antiguos? ¿Y por qué estaban cautivos, sino por la falta del pecado original? ¿Y qué lago es ese en el que eran retenidos cautivos, sino las regiones del infierno, en las que, como se dice, no hay agua, esto es, reposo alguno?
Por esa misma razón se da también la circunstancia de que el rico que arde allí mismo busca una gota de agua para refrescar su lengua y no la encuentra. Pero, si esto es así, ¿cómo es que Abraham, alejado de aquél, disfruta allí de reposo en compañía de Lázaro y existe un gran abismo entre los elegidos y los réprobos a fin de que no puedan pasar los unos al lado de los otros? ¿O, acaso, el citado abismo interpuesto entre los buenos y los malvados no separa los espacios de los lugares, sino los méritos de los actos? Es admirable, y muy admirable, si así lo crees. |185v En efecto, incluso Job, a quien nadie se asemejaba en la tierra, anunció que iba a dirigirse a las regiones donde debía sufrir su castigo, al decir: Lloraré mi dolor antes de retirarme allí de donde no he de volver, a la tierra tenebrosa y cubierta por la oscuridad de la muerte, tierra de miseria y de tinieblas. No puede ser, ciertamente, que allí esos lugares separasen a Abraham y a Job, a quienes aquí su fe y sus obras habían unido de un modo inseparable, y que allí uno de ellos disfrutase de reposo y el otro padeciese desdichas, que uno de ellos morase allí rodeado de luz y el otro, en medio de la oscuridad de la muerte. Veamos, así pues, si también el citado Job, tras ser conducido a esa tierra tenebrosa y cubierta por la oscuridad de la muerte, a esa tierra, también, de miseria y de tinieblas, fue situado en el mismo lugar de reposo que Abraham. Pues bien, ese mismo Job, después de decir entre lágrimas esto que hemos señalado más arriba: Todo lo mío descenderá al profundísimo infierno, manifestando una duda llena de confianza, añadió de inmediato y dijo: ¿Crees que allí, al menos, encontraré el reposo?
Nosotros, por nuestra parte, al decir esto, no afirmamos en modo alguno de manera temeraria que no existiesen en los infiernos unas regiones distintas que separasen a los elegidos de los réprobos, puesto que habría podido suceder que sus méritos bastasen para separar las regiones de los unos y los otros, del mismo modo que su justicia bastó para distinguir a los servidores del rey de Babilonia de los compañeros de Daniel, pues una sola y misma llama de un horno consumió a aquéllos y respetó a éstos. Así también las aguas del mar Rojo mostraron a los israelitas el camino para alimentarse con el maná y ofrecieron a los egipcios la fosa que los condujo al suplicio de la muerte. En consecuencia, por ello decimos, provistos de una gran autoridad, que hubo unas regiones destinadas al castigo que Cristo, debido a que se habían apoderado de los suyos, juzgó que habían de ser purificadas por él mismo, tal y como da testimonio de ello Pedro, que dice sobre él: Dios lo resucitó de entre los muertos, liberándolo de los dolores del infierno, pues era imposible que él fuese retenido por ese lugar. Sin duda, en estas palabras debe observarse con perspicacia que nadie nunca fue liberado en los infiernos de las ataduras de los dolores a excepción de aquel que fue el único en decir verazmente: Me he convertido en un hombre privado de asistencia, liberado de entre los muertos. |186r Y, por ello, fue el único que no pudo ser retenido cautivo por la mano del tártaro, pues fue el único que no tuvo pecado alguno por el que pudiese ser maniatado por las ligaduras de los dolores, y, en consecuencia, fue el único que tuvo el poder de liberar a los demás de los dolores del infierno, dado que él no padeció esos mismos dolores. Sé, no obstante, que uno de los grandes comentaristas de la Iglesia entendió esas palabras en el sentido de que Cristo no puso fin a los citados dolores entre los patriarcas y los profetas, sino entre otros situados lejos de las regiones de aquéllos; sin embargo, no se atrevió a decir que aquellos a quienes Cristo liberó de las ataduras de los dolores no eran elegidos. Ciertamente, si lo hubiese dicho, se habría mostrado, sin duda, como una persona mendaz.
Pues bien, concedamos que no fueron los patriarcas ni los profetas, sino otros, pero elegidos, quienes, al poseer en menor medida una perfecta justicia, sufrieron los dolores del infierno. Pero, si en esa región los patriarcas y los profetas disfrutaban de un completo reposo y de un completo consuelo, ¿qué necesidad tenían de aguardar a Cristo? ¿O acaso Juan no era un profeta e incluso más que un profeta?, pues él, en su nombre y en nombre de los demás profetas, como hemos recordado con anterioridad, buscaba al Redentor del mundo, diciendo: ¿Tú eres el que había de venir o debemos aguardar a otro? Ciertamente, lo aguardaban esos cautivos del lago en el que no hay agua, y sería sorprendente si estuviesen retenidos por otras ataduras diferentes de aquellas que Pedro refirió que fueron disueltas por Cristo.
Nos obliga de nuevo esta cuestión a que expongamos de qué modo Lázaro encontraba consuelo allí en el seno de Abraham, si se encontraba retenido por las ataduras de los dolores. Pero distingamos entre dolor y dolor y resolveremos, así, más fácilmente, en mi opinión, esta cuestión. Pues bien, eran atormentados en los infiernos tanto los inicuos como los justos, pero no del mismo modo los unos y los otros, pues aquéllos eran atormentados por toda la llama del fuego, éstos sólo por la tristeza de su corazón; aquéllos, porque ardían por fuera, éstos, porque estaban apesadumbrados en su interior; aquéllos no podían encontrar consuelo, pues no tenían descanso alguno en medio de los tormentos, éstos, aunque tristes por encontrarse ya durante largo tiempo alejados de la patria celestial, con todo, disfrutaban de consuelo, pues el fuego que consumía por fuera a los réprobos a ellos no los afectaba. |186v Por lo tanto, aquello que se dice del lago de que no hay en él agua no se refiere al dolor del corazón de los elegidos, sino al ardor exterior del fuego de los réprobos, en el que, ciertamente, puesto que la llama está destinada a castigar, no existe ni siquiera una sola gota de agua que sirva de refresco. Y si el rico no supiese que ésta podía obtenerse de los manantiales de los elegidos, no diría a Abraham: Envía a Lázaro a que introduzca el extremo de uno de sus dedos en el agua y refresque mi lengua, pues sufro terriblemente en medio de estas llamas. En consecuencia, afirmamos que no es contradictorio en modo alguno que en los infiernos los justos antiguos se encontrasen retenidos por las ataduras de los dolores.
¿Qué? Tanto si hemos expuesto en esta parte una opinión cierta o dudosa sobre el infierno, con todo, decimos esto de un modo totalmente veraz: que el Hijo de Dios, al sufrir en nuestro beneficio una muerte indebida, sea cual sea la manera en la que esto se realizase y entre quienesquiera que fuesen, una vez liberado de los dolores del infierno, se llevó de allí consigo únicamente a los suyos, tal y como él mismo predijo mucho antes por medio de Oseas: Seré tu muerte, oh muerte; seré tu mordedura, infierno. Sin duda, en estas palabras debe entenderse con perspicacia que nuestro Redentor acabó, en efecto, de raíz con la muerte, pero, concretamente, en aquella parte que él mismo conoció, mientras que la muerte persistió en aquella otra parte que quedó al margen. Así pues, puede decirse: Seré tu muerte, oh muerte, como si se dijese: « En el botín que tomo, te destruyo por completo »; y: Seré tu mordedura, infierno, esto es: « No te trago por entero, sino que como sólo la parte de ti que llego a morder ». Y, ciertamente, tal y como ha determinado la fe católica, por medio de su santísima pasión no se llevó de allí a los cielos a ningún otro excepto a los suyos.
Pero el orden de esta exposición presentado más arriba requiere ya que mostremos de qué modo, después de que los antiguos justos fuesen sacados de los infiernos, son recibidas ahora, en estos tiempos, las almas de los perfectos. En efecto, el Maestro de los cielos, que nunca ha engañado a nadie, hizo una afirmación tal al respecto que llegó a decir: Desde los días de Juan el Bautista el reino de los cielos sufre violencias y los violentos lo desgarran. Oh tú, doctor de esta inusitada herejía, ¿acaso los violentos desgarrarán el reino de los cielos sólo en el día del Juicio, tal y como el diablo corrompe (la fe católica) a través de tu boca, y no lo desgarran, más bien, desde los días de Juan? |187r
< . . . A fin de demostrar> todo eso, si te parece bien, basten estos argumentos entre muchos. Pero, por si acaso incluso estos argumentos son puestos en duda debido a la condición de mi insignificante persona, creo que es necesario probar mediante la opinión general de los católicos que yo soy un testigo veraz de aquello que he dicho. En efecto, en la “Doctrina de los cristianos” (de Genadio de Marsella) que está recogida en un solo volumen en distintas sentencias y que es aceptada de forma unánime por todo el orbe, defendida por todos y celebrada con las mayores alabanzas, se recoge así por escrito en el capítulo cuadragésimo quinto: « Antes de la pasión del Señor todas las almas de los santos eran retenidas en el infierno debido a la falta de Adán, hasta que, por la autoridad del Señor, gracias a su inmerecida muerte, se vieron liberadas de su servil situación ». Asimismo, en el capítulo siguiente, esto es, el cuadragésimo sexto, se incluye la siguiente sentencia, que dice así: « Después de la ascensión del Señor a los cielos, todas las almas de los santos están en compañía de Cristo y, al abandonar el cuerpo, van a reunirse con Cristo, mientras aguardan la resurrección de su cuerpo para ser conducidas junto con él a una completa y perfecta felicidad. Así también las almas de los pecadores que se encuentran en el infierno bajo un constante temor aguardan la resurrección de su cuerpo para ser entregadas junto con él a las penas eternas ». Ésta es la opinión común de los Padres, tanto de cada uno de ellos, en particular, como de todos, en general, tanto de todos los anteriores a la citada “Doctrina”, como de todos los posteriores a ella.
Coincidiendo con ella, con razón el bienaventurado Gregorio, papa de Roma y prelado de la sede apostólica, el último de los tratadistas, ciertamente, pero, prácticamente, el más ilustre de todos ellos, así responde a una pregunta de su interlocutor en el cuarto libro de los Diálogos, diciendo: « Consta que las almas de los justos perfectos, tan pronto como abandonan las ataduras de esta carne, son recibidas en las sedes celestiales. De ello da testimonio también la propia Verdad por sí misma, cuando dice: Dondequiera que sea que se encuentre su cuerpo, allí se reunirán las águilas, pues, donde nuestro Redentor está él mismo en su cuerpo, allí se juntan también las almas de los justos. Y Pablo desea verse libre de las ataduras y estar con Cristo. Así pues, quien no duda de que Cristo está en el cielo no negará tampoco que el alma de Pablo está en el cielo. Este último dice también a propósito de la liberación de su cuerpo de las ataduras y de la vida en la patria celestial: Sabemos que, si nuestra mansión terrenal no tiene quien la habite, se vendrá abajo, pero que disponemos de una morada que procede de Dios, una casa no construida por la mano del hombre, sino |187v eterna en los cielos ». Esto dice aquél sobre los justos y los perfectos. ¿Y qué dice de los inicuos? Dirigiéndose al interlocutor ya citado: « Puesto que, de acuerdo con el testimonio de las Sagradas Escrituras, has creído que las almas de los santos están en el cielo, conviene que creas también de todo punto que las almas de los inicuos están en el infierno, pues, en virtud de la retribución de la justicia interior del hombre, por la que los justos alcanzan la gloria, es necesario de todo punto que, a su vez, los injustos sufran el tormento. En efecto, así como la felicidad llena de dicha a los elegidos, así también es necesario que se crea que, desde el día de su muerte, el fuego consume a los réprobos ». Todo esto ese mismo veracísimo doctor no sólo lo demuestra por completo con sentencias de palabras, sino también con ejemplos de casos concretos. Ciertamente, ese mismo doctor, en el libro citado, refirió que el alma del obispo Germano fue transportada a los cielos por los ángeles en una esfera de fuego, que la de san Benito fue conducida a la región celestial a lo largo de un camino cubierto con mantos, que la de Sérvulo, un paralítico que ofrecía con generosidad su hospedaje, fue acogida por las alabanzas de los cielos que oyó en su interior y llevada hasta las más altas cimas de éstos, que la de la santa virgen Escolástica fue conducida al tálamo celestial bajo la apariencia de una paloma, que la de la venerable Rómula fue guiada a la vida eterna en medio de exequias celestiales. Éste mismo dijo también que el espíritu de Gordiana, su tía paterna, fue entregado a los fuegos de la gehena y que un monje de Iliria, tras ser conducido a las regiones de los infiernos, vio colgados en medio de las llamas a los poderosos y a los ricos de este mundo. Basta ya, es suficiente. ¿Quién, entre los fieles, puede dudar ya más de todo esto? También éste es un testigo muy digno de fe y no es lícito oponerse a sus palabras.
Por ello, todos aquellos a quienes ese grandísimo ignorante al que me he referido ha tratado de alejar de la Sabiduría celestial, conduciéndolos por los apartados senderos de sus mentiras, quiero que estéis advertidos a fin de que, mientras marcháis a combatir en defensa de la fe, no os dejéis desviar del camino emprendido por culpa del tembloroso croar de una diminuta rana y sigáis, por el contrario, el resonante y clarísimo sonido de la trompeta de la ciudad celestial. Ésta es mi súplica a Dios por vosotros; éste, también, mi saludo a vosotros. Amén.