La microrregiónFootnote 1 de Antofagasta de la Sierra, situada en la Puna meridional argentina (provincia de Catamarca; Figura 1) cuenta con una larga secuencia de ocupación humana que se remonta a unos 10.000 años atrás. Alrededor de 2000 aP, las personas fueron adoptando un mayor grado de sedentarismo (Escola Reference Escola2000; Olivera Reference Olivera, Berberián and Nielsen2001) y habrían implementado una economía agro-pastoril con énfasis en el pastoreo de camélidos complementada con la caza y la recolección. Esto implicó formas de asentamiento más permanentes, pero con un grado variable de movilidad. Así, habría existido un sistema logístico en donde los pobladores podían explotar distintos microambientesFootnote 2 con ofertas diferenciales de recursos (Escola Reference Escola2000). A estos grupos se los denominó “sociedades formativas” y, en este sector de la Puna meridional, fueron abordados a través del modelo de “sedentarismo dinámico” (sensu Olivera Reference Olivera1992). Dentro de este modelo, se propuso que el sitio de Casa Chávez Montículos, ubicado en el fondo de cuenca, habría sido una base residencial de ocupación permanente o semipermanente (Figura 1).
Localización de la microrregión de Antofagasta de la Sierra. Sitios trabajados en esta investigación: Las Escondidas (L.E.), Cueva Salamanca 1 (C.S.1) y Corral Alto (C.A.). Localización de otros sitios mencionados en este trabajo: La Alumbrera (L.A.), Bajo del Coypar II (B.C.II), Casa Chávez Montículos (C.C.M.), Peñas Coloradas 3 Cumbre (P.3C.), Punta de la Peña 9 (P.P.9), Punta de la Peña 3 (P.P.3), Piedra Horadada (P.H.) y Los Antiguos (L.An.).
Con posterioridad, la combinación entre el modo de vida pastoril y el creciente énfasis en las prácticas agrícolas habrían conducido a una modificación en la organización social, acarreando una mayor concentración del poder en las élites. Estas transformaciones, sumado a un importante aumento poblacional, desembocaron en un cambio en el patrón de asentamiento. Alrededor de 1100 aP se habrían producido modificaciones en el área de instalación en el fondo de cuenca, pasando desde el sector colindante al río como sitio habitacional (donde se ubicaba Casa Chávez Montículos) hacia los sectores aledaños en el piedemonte de los Cerros del Coypar (Olivera y Vigliani Reference Olivera and Vigliani2002). Luego, alrededor de 650 aP, se habrían abandonado parcialmente los espacios de habitación asociados a los campos de cultivo, desarrollándose el conglomerado habitacional de La Alumbrera (Figura 1; Cohen Reference Cohen2010). En este poblado, en conjunto con los campos de cultivo de Bajo del Coypar II, las élites habrían tenido el control de la producción agrícola, lo que, sumado a la presencia de áreas amplias o plazas para el intercambio, convertiría a La Alumbrera en un centro administrativo en la microrregión (Cohen Reference Cohen2010; Olivera y Vigliani Reference Olivera and Vigliani2002, Olivera et al. Reference Olivera, Vigliani, Elías, Grana and Tchilinguirian2005; Raffino y Cigliano Reference Raffino and Cigliano1973).
Estos modelos han marcado el rumbo de la arqueología de sociedades agro-pastoriles en Antofagasta de la Sierra durante las últimas décadas y se han centrado, en general, sobre una pequeña porción del territorio, dejando de lado a las quebradas subsidiarias, como las de Las Pitas y Miriguaca, prácticamente invisibilizadas en la construcción de interpretaciones microrregionales. Es por ello que este trabajo, focalizado en la quebrada de Miriguaca, busca profundizar el conocimiento sobre el rol de los sectores intermedios en el entramado social de la microrregión a través del estudio de la tecnología cerámica desde una perspectiva diacrónica (ca. 2000-500 aP), ya que estos espacios fueron mucho más que meros lugares de paso o de obtención de recursos específicos. Este objetivo general se suma a otros más específicos, como entender los cambios y continuidades en la producción cerámica de la microrregión, entendiendo a estos procesos como resultado de un contexto social más amplio.
La Cerámica como Nodo en una Red
Los objetos se constituyen performativamente con las personas y son elaborados en un contexto social determinado; por lo tanto, poseen una relación dialéctica con la sociedad. De este modo, las características morfológicas, tecnológicas y de diseño de un objeto son el resultado de un proceso en el que intervienen decisiones sociales, políticas, ideológicas y económicas. Por lo tanto, un objeto es en sí mismo la condensación de habilidades, conocimientos, destrezas, necesidades, tradiciones, entre muchos otros elementos (Dobres Reference Dobres, Dobres and Hoffman1999). Entonces, un objeto ensambla en sí mismo toda una red de entramados (sensu Hodder Reference Hodder2012) uniendo relaciones materiales, sociales y simbólicas.
Por lo tanto, si las cosas están inmersas en esta red y están en relación dialéctica con las prácticas socializadas y cotidianas de grupos o individuos, una parte de la dimensión social, sus relaciones y dinámicas puede ser aprehendida desde las elecciones tecnológicas (sensu Lemonnier Reference Lemonnier1992, Reference Lemonnier and Lemonnier1993) que realiza cada alfarero en el proceso de manufactura cerámica. De este modo, son las elecciones tecnológicas entrelazadas en las cadenas operativas (sensu Leroi-Gourhan Reference Leroi-Gourhan1964) las que residen, en última instancia, en las fibras del enredo, dando sentido a la red de relaciones que se ven condensadas en los objetos.
Materiales y Metodología
Se consideraron ocupaciones humanas con distinta cronología, centrándose esta investigación en los conjuntos cerámicos de dos sitios que dan cuenta de los extremos del lapso propuesto para este estudio: Las Escondidas y Corral Alto (Figura 1). El sitio de Las Escondidas se encuentra ubicado en el curso inferior de Río Miriguaca, en un nivel aterrazado a 3.517 m snm (Figura 2a). Comprende al menos seis estructuras de grandes dimensiones (entre 5 y 18 metros de diámetro) que, en superficie, se presentan como concentraciones de rocas de origen y tamaño variado. Esta ocupación ha sido datada radiocarbónicamente entre 2000 y 1700 aP, ubicándose dentro del Formativo regional (Figura Suplementaria 1; Escola, López Campeny et al. Reference Escola, López Campeny, Martel, Romano, Hocsman and Somonte.2013; Gasparotti Reference Gasparotti2018a). De este sitio se recuperaron 621 fragmentos cerámicos tanto de excavación como de recolección superficial (Figura 3a).
Detalles de los sitios trabajados: (a1) Las Escondidas, aspecto del sitio y localización en el paisaje; (a2) Las Escondidas, excavación; (b1) Corral Alto, vista hacia el sitio desde el margen opuesto del río; (b2) Corral Alto, vista desde el sitio hacia la quebrada del Río Miriguaca; (c1) Cueva Salamanca 1, abertura de la cueva; (c2) Cueva Salamanca 1, excavación.
Fragmentos cerámicos procedentes de los tres sitios analizados: (a) Las Escondidas; (b) Corral Alto; (c) Cueva Salamanca 1.
Por su parte, Corral Alto se ubica en el curso medio del Río Miriguaca, a 3.680 m snm, sobre una terraza sobreelevada, otorgándole una vista privilegiada con un amplio control visual de la vega y sus alrededores (Figura 2b; Elías Reference Elías2010; Escola, López Campeny et al. Reference Escola, López Campeny, Martel, Romano, Hocsman and Somonte.2013; Gasparotti Reference Gasparotti2012, Reference Gasparotti2018a, Reference Gasparotti2018b; Gasparotti y Haros Reference Gasparotti and Haros2015). Dentro del sitio se diferencian dos sectores, separados por una marcada pendiente entre ellos. Este sitio ha sido asignado al período Tardío entre 800 y 600 aP (Figura Suplementaria 1). El total de fragmentos cerámicos recuperados de excavación y de recolección superficial fue de 2.171 (Figura 3b).
Para poder alcanzar una comprensión más certera y acabada de las continuidades y rupturas en las elecciones tecnológicas referidas a la manufactura cerámica en la microrregión, fue necesario contar con más información, no restringirse a una solo quebrada y lograr abarcar un lapso temporal más amplio. Por lo tanto, se incorporó para su análisis el conjunto cerámico de Cueva Salamanca 1 (Figuras 1 y 2c). Este sitio se ubica en un abrigo rocoso en el sector medio de la quebrada del Río Las Pitas, a 3.665 m snm. Esta localización es privilegiada, ya que la cañada en donde se emplaza es el único punto de acceso entre el río y una planicie rocosa sobre los farallones. Presenta una larga historia de ocupación, desde antiguos cazadores-recolectores hasta reocupaciones en el Formativo, alrededor de 1600 aP (Gasparotti Reference Gasparotti2018b; Gasparotti y Pintar Reference Gasparotti and Pintar2019). De la última ocupación se recuperaron 33 fragmentos cerámicos (Figura 3c).
Los conjuntos cerámicos fueron estudiados en dos etapas. La primera consistió en la examinación a nivel macroscópico mediante ojo desnudo y lupa de bajo aumento para determinar aspectos como las formas, tamaños, los acabados superficiales, entro otros. La segunda etapa consistió en el análisis petrográfico de pastas (Cremonte y Bugliani Reference Cremonte and Bugliani2009; Quinn Reference Quinn2013) utilizando un microscopio petrográfico de polarización marca Bio-Traza modelo XP-148PLT. Se empleó el análisis de distribución modal tomando en cuenta tres elementos: matriz, inclusiones no plásticas y poros o cavidades. Para cada muestra se efectuó un conteo de al menos 300 puntos (Pereyra Domingorena Reference Pereyra Domingorena2010). También se evaluó la naturaleza de las matrices y la determinación mineralógica de aquellas inclusiones mayores a 10 μm. Al mismo tiempo se tuvieron en cuentas las formas, tamaños, esfericidad y angulosidad de las cavidades e inclusiones no plásticas (Cremonte y Bugiani Reference Cremonte and Bugliani2009; Udden Reference Udden1914; Wentworth Reference Wentworth1922).
Las muestras seleccionadas para petrografía apuntaron a lograr la mayor representatividad de los conjuntos cerámicos, ya que cada muestra se corresponde con una vasija hipotética (asociación de fragmentos que remontan o similares en cuanto a observaciones macroscópicas), buscando abordar la variabilidad de pastas y formas observadas en la primera etapa de análisis. Los datos cuantitativos recogidos fueron procesados mediante el programa estadístico PAST V.3 (Hammer et al. Reference Hammer, Harper and Ryan2001). Mediante este programa se obtuvieron los análisis de conglomerados jerárquicos, permitiendo evaluar la similitudes y diferencias entre la composición de las muestras analizadas (Cremonte Reference Cremonte1996).
En el caso de Las Escondidas se analizó mediante lupa binocular la totalidad de los fragmentos recuperados tanto de la excavación de las Estructuras 4 y 5-bis, como de recolección superficial (n = 621). A partir de este primer acercamiento, se lograron identificar 74 grupos de fragmentos que se corresponderían con vasijas hipotéticas. De estos grupos se seleccionaron 43 fragmentos para el análisis petrográfico, cada uno de ellos representando una vasija hipotética y abarcando la variabilidad observada en el conjunto (Tabla 1). Para Cueva Salamanca 1 se estableció la existencia de 4 grupos de fragmentos o vasijas hipotéticas. Los análisis en lupa binocular se realizaron sobre la totalidad de los fragmentos recuperados (n = 33), mientras que 10 fueron seleccionados para ser observados petrográficamente, representando la variabilidad de los grupos y dentro de ellos (Tabla 1). Por su parte, en Corral Alto macroscópicamente se establecieron 105 grupos de fragmentos que se corresponderían con vasijas hipotéticas. Sin embargo, debido a la gran cantidad de material recuperado (2.171 fragmentos), se tomó una muestra de 1.383 tiestos cerámicos para ser analizados en lupa binocular y así establecer las características de cada grupo. Sobre este panorama, se tomaron 52 muestras para analizar sus pastas, cada uno correspondiente a una vasija hipotética (Tabla 1).
Cantidad de Fragmentos bajo Investigación en las Diferentes Etapas de Análisis.

Resultados
Las Escondidas
En el caso de Las Escondidas se pudo determinar que hubo al menos 74 vasijas diferentes, cuyas formas predominantes son cuencos, escudillas y platos, aunque también se identificaron tazas, ollas con cuello, ollas sin cuello, tinajas y botellas (Balfet et al. Reference Balfet, Fauvet-Berthelot and Monzón1991; Figura 4). Los tamaños registrados para las vasijas de este conjunto son, en general, pequeños, remarcándose la predominancia de formas abiertas.
Algunas formas identificadas en los conjuntos cerámicos analizados.

Los acabados superficiales muestran una elección tecnológica recurrente. Se trata del aplique de un engobe grueso y su posterior pulido, en diferentes grados, el cual se observa en el 67% del conjunto total. Este engobe puede ser de color negro o rojo dependiendo de la cocción a la que fue sometido, observándose en algunos casos variaciones en el color. El resto de las piezas sólo fueron alisadas. También se han registrado algunos casos aislados de fragmentos asignables a cerámica Condorhuasi o Saujil (1,2%), con superficies grises, sin engobes, con diferentes tipos de decoración (incisos, excisos y pulidos en línea) definidos para el área valliserrana del Noroeste Argentino.
En el análisis de conglomerados jerárquicos basado en la petrografía se aplicó el método de pares agrupados, obteniendo un coeficiente cofenéticoFootnote 3 de 0,788 y 8 tipos petrográficos (Figura 5; Gasparotti Reference Gasparotti2018b). Estos tipos petrográficos pueden ser entendidos de mejor manera si se considera la proporción de los principales elementos de las pastas: inclusiones no plásticas, matriz y cavidades. Con base en estos elementos pudieron distinguirse pastas gruesas, intermedias y finas (Figura Suplementaria 2).
Conglomerado jerárquico de Las Escondidas y microfotografías de algunos cortes.
El grupo de las pastas gruesas incluye 23 muestras incluidas en tres tipos petrográficos (1, 7 y 8) en las cuales se observaron bajas densidades de matriz con relación a la cantidad de inclusiones no plásticas. Dentro de éstas se pueden mencionar plagioclasas alteradas a sericita, muscovita, cuarzo, feldespatos alterados y litoclastos graníticos.
Por su parte, el grupo de pastas intermedias agrupa 25 muestras separadas en tres tipos petrográficos (4, 5 y 6) caracterizados por poseer densidades medias de matriz (entre 36% y 60%). Este grupo presenta inclusiones de cuarzo, litoclastos graníticos, muscovita, feldespatos alterados, plagioclasas sericitizadas y microclino. Dentro del tipo 6 se detectaron muestras con presencia de tiesto molido en bajas densidades.
Finalmente, el grupo de las pastas finas agrupa 3 muestras en dos tipos petrográficos (2 y 3), ambos con altos porcentajes de matriz (superior al 54%). Se observaron inclusiones no plásticas de feldespatos alterados, cuarzo, muscovita, biotita, plagioclasas, microclinos alterados, feldespatos con textura pertítica y litoclastos graníticos (Figura 5).
En todos los casos se observa una marcada presencia de feldespatos alterados, plagioclasas alteradas a sericita y rocas plutónicas ácidas (granitos), mientras que resalta la ausencia de litoclastos volcánicos. También los fondos de pasta registrados en la mayoría de los casos fueron clasificados como pseudolepidoblásticos. No se ha observado algún tipo de correlación entre formas y pastas, ni tampoco con el tipo de decoración observada (Tabla 2).
Tipos Petrográficos Definidos por Sitio con sus Características más Sobresalientes y Formas Asociadas a cada uno de ellos.

aP.F. = pasta fina; P.I. = pasta intermedia; P.G. = pasta gruesa.
Cueva Salamanca 1
En cuanto a los resultados obtenidos sobre el material de Cueva Salamanca 1, se pudieron identificar cuatro grupos de fragmentos, de los cuales solo dos pudieron ser asociados a alguna forma específica: un jarro o tinaja y un cuenco, ambos de reducidas dimensiones (Figura 4). Ninguno de los fragmentos analizados presenta decoración, ni tratamientos superficiales. En todos los casos se observó el alisado de las superficies.
Los análisis petrográficos arrojaron cuatro tipos y un coeficiente cofenético de 0,9494 (Figura 6). En general, las pastas fueron clasificadas como intermedias, ya que en todos los casos los porcentajes de matriz son superiores al 25% y las inclusiones no plásticas varían entre el 48% y el 68%. Dos de ellos (tipos petrográficos 1 y 3) se destacan por presentar cuarzo como componente principal, seguido por plagioclasa, muscovita y biotita. Como componentes ocasionales se identificaron inclusiones de rocas graníticas, cuarzo con extinción ondulante y plagioclasas alteradas a sericita (Figura Suplementaria 3 y Tabla 2).
Conglomerado jerárquico de Cueva Salamanca y microfotografías de algunos cortes.
En los dos tipos petrográficos restantes (2 y 4) destacan la abundancia de cuarzo seguido por plagioclasa, biotita, muscovita, piroxenos, minerales opacos, rocas graníticas, cuarcita, rocas volcánicas no identificadas, basalto, vulcanitas, andesitas, vitroclastos e ignimbritas (Tabla 2). Para este caso se observó que las formas identificadas fueron confeccionadas con un tipo de pasta particular; sin embargo, no se pudo establecer la intencionalidad de elegir una pasta específica para una forma en particular.
Corral Alto
Finalmente, para Corral Alto se identificaron 105 vasijas cerámicas con una importante variedad de formas: cuencos, ollas con cuello, ollas sin cuello y tinajas, entre otras (Figura 4; Gasparotti Reference Gasparotti2018a, Reference Gasparotti2018b). En líneas generales se observó una ausencia de estándares, principalmente en lo que refiere a los tamaños de las piezas, aunque sí hay una posible tendencia en las ollas sin cuello que presentan formas similares. El conjunto cerámico no estaría pensado para ser trasladado, sino más bien para permanecer en el sitio, equipando este lugar para distintas actividades domésticas. Esto se deduce de los grandes tamaños identificados para gran parte de las vasijas y también por la ausencia de asas, las que podrían facilitar el traslado de las piezas.
La mayoría de las vasijas identificadas no han sido decoradas, recurriendo en muchos casos a los alisados en las superficies. Sin embargo, hay casos en los que se observaron decoraciones, principalmente pintura bi- y tricolor que remiten a estilos típicos del periodo Tardío, como Belén, Santa María o Sanagasta, aunque no fue posible establecer una correlación directa con ellos, debido a que posiblemente estos tipos cerámicos sean una reinterpretación local de los estilos definidos regionalmente.
Los análisis petrográficos permitieron observar cierta variabilidad en las pastas. Al aplicar el método de pares agrupados, se obtuvo un coeficiente cofenético de 0,7335, lo cual arrojó 13 tipos diferenciados (Figura 7). Se distinguieron pastas gruesas, intermedias y finas a partir de la abundancia de matriz, cavidades e inclusiones (Tabla 2).
Conglomerado jerárquico de Corral Alto y microfotografías de algunos cortes.
El grupo de pastas gruesas reúne 9 muestras separadas en 5 tipos petrográficos (1, 3, 11, 12 y 13). Este grupo es el que más se diferencia estadísticamente del resto del conjunto. Se caracteriza por presentar altos porcentajes de inclusiones en relación con las densidades de matriz y cavidades. Aunque los tipos son variables, se pudieron observar inclusiones de ignimbritas, cuarzo, vitroclastos, andesitas, vulcanitas, plagioclasas y muscovitas.
Las muestras incluidas en el grupo de pastas intermedias (tipos petrográficos 2, 5, 6, 9 y 10) son más homogéneas estadísticamente hablando. Además de presentar menor cantidad de inclusiones que el grupo de las pastas gruesas, se caracterizan por poseer inclusiones de plagioclasa, cuarzo, vulcanitas, andesitas, ignimbritas, basaltos y dacitas. Además, se observaron muscovitas y biotitas. Dentro de este grupo de pastas se identificaron algunos tipos que difieren en cuanto a la composición de las materias primas utilizadas. Específicamente, el tipo 2 es el único, con una sola muestra, que presenta inclusiones de tiesto molido; el tipo 5 presenta fragmentos líticos pelíticos y metamorfitas de muy bajo grado; y el tipo 10 presenta altas cantidades de plagioclasa alterada a sericita y algunas rocas graníticas (Figura Suplementaria 4).
Finalmente, el grupo de las pastas finas agrupa 26 muestras de tres tipos petrográficos (4, 7 y 8) que se caracterizan por presentar los porcentajes más elevados de matriz de todo el conjunto. Además, como inclusiones no plásticas se registraron cuarzo, plagioclasas, biotitas, muscovitas y rocas volcánicas efusivas (vulcanitas, andesitas, ignimbritas, vitroclastos, etc.). En algunas muestras se observaron inclusiones de rocas plutónicas ácidas (granitos; Tabla 2).
En términos generales, las pastas observadas muestran una amplia predominancia de inclusiones de rocas volcánicas efusivas, como vulcanitas, ignimbritas, andesitas, dacitas y otros fragmentos líticos volcánicos no identificados. Sin embargo, existen algunos tipos petrográficos que resaltan del conjunto general, como el tipo 2, en el que se observaron ocasionalmente algunos fragmentos de tiesto molido (Gasparotti Reference Gasparotti2018a, Reference Gasparotti2008b). En este caso, a pesar de la mayor variabilidad de pastas observadas, no fue posible correlacionar tipos petrográficos con formas específicas (Tabla 2).
Discusión
El Formativo en Perspectiva Regional
Hace unos dos mil años atrás, un grupo de personas se estableció en Las Escondidas durante un período en el cual predominaban condiciones húmedas y con mayor estabilidad en la región, sumado a una mayor homogeneidad en la disponibilidad hídrica de toda la cuenca. Estas condiciones habrían permanecido hasta aproximadamente 1600 aP (Grana Reference Grana2013).
Las características macroscópicas del material cerámico permiten proponer una producción de carácter doméstico a baja escala y no estandarizada orientada a cubrir las necesidades diarias de un grupo reducido de personas. Las formas y sus dimensiones relativamente pequeñas permitieron definir a este conjunto como un equipo cerámico portátil y restringido, que tendría una alta posibilidad de ser transportado. La abundancia de escudillas y formas abiertas conduce a plantear que muchas piezas fueron pensadas para el servicio de alimentos o bebidas, mientras que las “botellas” o tinajas podrían haber sido útiles para el guardado o transporte de líquidos. Estas características estarían en consonancia con un grupo de personas inmerso en circuitos de movilidad posiblemente orientados al pastoralismo, aunque no como actividad excluyente. En sintonía con esto, el almacenamiento de productos, en ollas de gran tamaño, no habría sido una actividad común, lo cual coincidiría con actividades agrícolas a baja escala.
Los engobes y pulidos presentes en la mayoría de las piezas son una marca distintiva que visualmente remite a otros conjuntos cerámicos contemporáneos descriptos para el área, como aquellos de los sitios de Casa Chávez Montículos (Olivera Reference Olivera1992) y Tebenquiche Chico (Granizo Reference Granizo2001; Schuster Reference Schuster2005). Ambas ocupaciones fueron asignadas temporalmente al Formativo y se localizan en el departamento de Antofagasta de la Sierra. El primer sitio se ubica en el sector de fondo de cuenca a aproximadamente 10 km de Las Escondidas (Figura 1), mientras que el segundo se encuentra a la vera del salar de Antofalla, a unos 80–90 km de distancia hacia el noroeste (Figura 8).
Localización de otras áreas de interés.

Por otro lado, las características de las materias primas (arcillas y antiplásticos), permiten sugerir el uso de una o varias fuentes de materia prima muy similares, con la cual se elaboraron tanto vasijas con engobes y pulidos como también otras sin decoración. La identificación de feldespatos potásicos, plagioclasas y litoclastos alterados es una constante en el conjunto, lo cual, junto a la presencia de microclinos, permite plantear la asociación de estos componentes con rocas ígneas ácidas (Mackenzie y Guilford Reference Mackenzie and Guilford1996).
En este sentido, es oportuno remarcar que el paisaje de la microrregión está conformado prácticamente en su totalidad por sedimentitas y vulcanitas cenozoicas que se corresponden con las Formaciones Sijes, Beltrán, Toconquis e Incahuasi. También las rocas ignimbríticas relacionadas con el colapso del Cerro Galán constituyen una característica importante de la geología regional (Aceñolaza et al. Reference Aceñolaza, Toselli and González1976; Tchilinguirian Reference Tchilinguirian2008). Esta característica ha sido corroborada a nivel local a través de análisis petrográficos realizados en arenas obtenidas de la quebrada de Miriguaca. En ellas se observaron, de manera predominante, componentes de origen volcánico efusivo como vulcanitas, andesitas e ignimbritas, entre otros. En ningún caso se identificaron rocas de origen granítico, ni feldespatos alterados o plagioclasas sericitizadas, o microclinos como fueron registrados en las muestras de Las Escondidas.
Hasta el momento, la información existente de estudios geológicos previos permite postular una vinculación con la formación denominada “Granito Archibarca”, compuesta por granodioritas, monzogranitos y, en menor grado, por tonalitas, las cuales presentan feldespatos con altos grados de alteración (Seggiaro et al. Reference Seggiaro, Becchio, Pereyra and Martínez2007). Esta formación se localiza en las cercanías de la quebrada de Tebenquiche Chico, en donde se ubica el sitio homónimo, sobre la margen occidental del Salar de Antofalla (Figura 8).
Sobre la base de esta información, fue necesario remitirse a los trabajos realizados sobre la cerámica de Tebenquiche Chico. Las similitudes estilísticas, específicamente los engobes y pulidos negros y rojos, se ponen de manifiesto cuando se remite a los grupos definidos por Granizo (Reference Granizo2001) denominados “Cerámica 8” y “Cerámica 39”, provenientes de la ocupación más temprana de este sitio, entre 250 y 600 dC. La Cerámica 8 fue definida como un conjunto muy similar a la alfarería San Pedro Negro Pulido, pero que sería de manufactura local. Petrográficamente fue caracterizada por Schuster (Reference Schuster2005:73) con un alto contenido de feldespatos alterados a minerales arcillosos, plagioclasas y fragmentos de roca muy alterados.
La Cerámica 39 tendría una procedencia alóctona atacameña, correspondiéndose con la alfarería San Pedro Negro Pulido del norte chileno. Petrográficamente, está compuesta por plagioclasas, cuarzo, biotita, feldespatos potásicos alterados en escasas cantidades y fragmentos de roca muy alterados que no pudieron ser determinados (Schuster Reference Schuster2005:77). Al tomar en cuenta esta información y al no contar con estimaciones porcentuales de cada componente en las pastas, podría proponerse que no hay componentes petrográficos diferentes entre estos dos tipos de cerámica y, por lo tanto, la hipótesis planteada sobre el origen alóctono de esta cerámica debería replantearse o profundizarse.
La búsqueda de antecedentes llevó al trabajo de Pereyra Domingorena (Reference Pereyra Domingorena2010), quien describe para el Valle del Cajón (Santa María, Catamarca; Figura 8) un recipiente de contorno compuesto con una aplicación modelada en el cuello del mismo, procedente del sitio de Cardonal, de un momento ubicado temporalmente entre el 100 y el 450 dC (Scattolin et al. Reference Scattolin, Domingorena, Cortés, Bugliani, Calo, Izeta and Lazzari2007) y, por lo tanto, prácticamente contemporáneo con los casos hasta ahora revisados. La descripción petrográfica también resulta bastante similar a las realizadas para Tebenquiche y Las Escondidas, aunque en este último sitio no se ha encontrado este tipo de representaciones modeladas.
El estudio de las pastas cerámicas ha permitido establecer conexiones y relaciones entre personas, uniendo en una misma red de relaciones a la microrregión de Antofagasta de la Sierra con Antofalla y los valles mesotermales. Este circuito que parece establecerse con los bienes cerámicos podría ser similar al observado para la obsidiana, especialmente con el material proveniente de la fuente de Ona-Las Cuevas, localizada a la vera del Salar de Antofalla (Yacobaccio et al. Reference Yacobaccio, Escola, Pereyra, Lázzari and Glascock2004). Esta fuente se encuentra a 90 km de la localidad de Antofagasta de la Sierra (Figura 8). Cabe destacar que en el sector meridional del Noroeste Argentino se advierte una importante esfera de distribución que se origina en la fuente de Ona, evidenciando un rango de circulación de aproximadamente 340 km (Escola Reference Escola2004).
La alfarería pulida ha sido mencionada en diversos trabajos y, generalmente, vinculada estilísticamente con el norte chileno (Granizo Reference Granizo2001; Olivera Reference Olivera1992; Schuster Reference Schuster2005; Tarragó Reference Tarragó1989). Allí, este tipo de cerámica fue ampliamente documentada a partir de la Fase Toconao en el 300 dC (Agüero y Uribe Reference Agüero and Uribe2011; Llagostera et al. Reference Llagostera, Barón and Bravo1984; Uribe et al. Reference Uribe, Santana-Sagredo, Maturana, Flores and Agüero2016).
Los datos petrográficos correspondientes al período Medio (500-700 dC) de sitios ubicados en San Pedro de Atacama y cercanías del valle superior del Río Loa en Chile pueden brindar alguna respuesta. Tarragó (Reference Tarragó1976) brinda algunos datos, aunque no muy concretos, sobre la composición de las pastas. Sin embargo, más recientemente, Stovel y colaboradores (Reference Stovel, Cremonte, Echenique, Ownby, Druc and Masucci2016), identificaron una predominancia de ignimbritas y rocas volcánicas en las pastas examinadas petrográficamente, a través de lo cual se propuso una fuerte correspondencia con la geología de la región que rodea a San Pedro, reflejando la explotación de recursos locales. Los datos recogidos apuntan a una homogeneidad mineralógica y tecnológica distintiva.
A pesar de ser temporalmente más recientes, la descripción de estas pastas permite determinar el carácter local de la producción cerámica en el norte de Chile y, a su vez, brinda una idea del contexto geológico del área. Entonces, la cerámica chilena refleja una característica particular y específica, que no se corresponde con las pastas aquí analizadas. Esto no quiere decir que las características externas y estilísticas no hayan sido similares, lo cual podría sugerir la existencia de un código o información compartida. Sin embargo, demuestra que las materias primas utilizadas para su elaboración no fueron las mismas.
Recogiendo los datos hasta aquí vertidos, podría pensarse entonces en la existencia de un “modo de hacer” propio de la Puna meridional argentina para los primeros momentos del Formativo, que pudo haber involucrado el uso de una (o unas) materia prima específica con abundancia de inclusiones alteradas (feldespatos y sericitas especialmente), combinado con la aplicación de acabados superficiales distintivos, como los engobes y pulidos. Esto seguramente involucró la circulación de conceptos e ideas entre los alfareros y las personas que usaron este tipo de cerámica, en conjunto con una interacción o movilidad muy amplia. Específicamente, cabe señalar que ya para fines del Holoceno medio e inicio del Holoceno tardío (ca. 4500-2100 años aP) en Antofagasta de la Sierra existiría una micro-movilidad reducida y una macro-movilidad en pleno apogeo (Escola, Aguirre y Hocsman Reference Escola, Aguirre and Hocsman2013). Las redes de relaciones que se habrían establecido durante este momento no se reducirían en tiempos de mayor sedentarismo.
La existencia de similitudes que surgen a partir de las comparaciones visuales entre las pastas de Las Escondidas, Tebenquiche y del Valle del Cajón podrían reflejar amplias redes de intercambio, materializadas en grupos caravaneros que habrían tenido una amplia esfera de acción entre la Puna y los valles. Este tipo de interacción a larga distancia también se podría complementar con otros mecanismos, como los obsequios, el traspaso entre parientes o vecinos, etc. (Yacobaccio et al. Reference Yacobaccio, Escola, Pereyra, Lázzari and Glascock2004). Esta situación también se ve reforzada por las características generales del repertorio cerámico de Las Escondidas, específicamente por su carácter restringido y transportable.
Sin embargo, el Formativo no fue un período homogéneo. En la quebrada de Miriguaca, alrededor de 1600 aP, el sitio de Las Escondidas fue desocupado definitivamente y las personas se trasladaron a otros sectores, probablemente aguas arriba. Esto habría implicado un cambio en la lógica de asentamiento, ya que los grupos humanos habrían preferido asentarse en sectores más altos de la cuenca. Al respecto, el sitio de Los Antiguos, localizado en el curso medio de la quebrada de Miriguaca, con un fechado calibrado promedio de 1510 cal aP (Escola, López Campeny et al. Reference Escola, López Campeny, Martel, Romano, Hocsman and Somonte.2013), podría referir a esta situación.
Por su parte, en Las Pitas podría haberse dado una situación similar a lo ocurrido en Miriguaca. Desde aproximadamente 1800 aP comienzan a ser ocupados los sitios de Punta de la Peña 9 y Piedra Horadada (Figura 1), ambos con características diferentes a la ocupación de Las Escondidas. En lo que respecta a la tecnología cerámica, no se ha registrado la presencia de alfarería negra o roja pulida, sino que predominan aquellos estilos asociados a los valles mesotermales del Noroeste Argentino como Ciénaga y Saujil (Babot et al. Reference Babot, Hocsman, Haros, Baroni and Urquiza.2006; López Campeny Reference López Campeny2009).
Para ambos sitios, basándose en la petrografía de pastas, López Campeny (Reference López Campeny2009) propuso una coincidencia con la geología del área, planteando que gran parte de la cerámica sería de origen local. De esta forma, al comparar los datos con los de Miriguaca, se ha podido apreciar una diferencia marcada en las elecciones tecnológicas de estos conjuntos, que comienza a vislumbrarse en los aspectos macroscópicos de las piezas (decoración) y termina de confirmarse en la petrografía de las pastas.
Dentro de este contexto se ubica la última ocupación de Cueva Salamanca 1, alrededor de 1600 aP. Allí la gente dejó un pequeño conjunto de vasijas que podría haber sido utilizado durante cortos períodos y resguardado en la cueva para una próxima visita. Ninguna de las dos piezas identificadas presenta grandes dimensiones, por lo que serían de fácil transporte. Los análisis petrográficos permitieron plantear la existencia de dos modos de hacer claramente diferenciados relacionados con la elección de materias primas. El primero estaría relacionado con la elección de una materia prima de origen local—con el que se confeccionó un jarro o vasija y un cuenco—y el segundo pareciera haberse centrado en la elección de materias primas no locales—del que no se pudieron identificar formas—asemejándose a las muestras observadas en Las Escondidas (Gasparotti y Pintar Reference Gasparotti and Pintar2019). Esta semejanza se reduce solamente a las pastas, ya que en los aspectos visuales o externos no hay ninguna continuidad y los engobes y pulidos se pierden en el tiempo.
La tecnología cerámica parece indicar la existencia de cambios durante el transcurso mismo del Formativo, reflejándose en dos cuestiones cruciales: en primer lugar, los aspectos estilísticos de la cerámica y, en segundo lugar, la composición de las pastas. El primer aspecto se basa en la relativa homogeneidad observada en los tratamientos superficiales (superficies negras o rojas pulidas) durante los primero momentos del Formativo, que luego comienzan a variar y a asemejarse a estilos definidos anteriormente para los valles (cerámicas grises con decoración incisa) como Ciénaga o Saujil. Por otro lado, la composición de las pastas pareciera indicar el uso de un tipo particular de materia prima caracterizada por la alteración de sus inclusiones y que podría estar cargada de valor tanto tecnológico como simbólico. Este cambio en las elecciones tecnológicas y modos de hacer no sólo remite a cuestiones tecnológicas sino al propio saber hacer del artesano o del colectivo. Alrededor de 2000 aP tal vez se haya priorizado el uso de una o más fuentes con determinadas características particulares debido a la homogeneidad observada en los componentes de las pastas. Esto, sumado al aspecto externo de las piezas, podría hacer referencia a un saber hacer de origen puneño, que implicaría una concepción del cómo hacer cerámica en una gran área que abarcaría desde el norte de Chile hasta por lo menos Antofagasta de la Sierra. A pesar que existen claras diferencias petrográficas, es posible plantear que existió y circuló por este ámbito puneño la idea de elaborar recipientes cerámicos con ciertos acabados superficiales que les confieren un aspecto singular. Esto se modificaría hacia 1700 aP, cuando se habría dado una transformación en las prácticas de producción alfarera.
Aunque en los aspectos estilísticos el cambio representa una ruptura abrupta, petrográficamente podría proponerse una variación paulatina en el uso de las materias primas, empezando a incorporar elementos presentes en las cercanías de los lugares de producción, o bien dejando de lado la elección particular de determinada arcilla o antiplástico que tuviera un aspecto o significado particular. Así, se comenzaría a experimentar con recursos más cercanos que, en definitiva, podrían haber tenido los mismos resultados tecnológicos. Es posible que esto pudiera coincidir con un cambio más profundo en los cimientos de la sociedad formativa, en donde se podría buscar disminuir el tiempo usado en la obtención de determinados recursos específicos y comenzar a sustituirlos por materias primas disponibles localmente. Esta tendencia se ve concretada durante el Tardío.
El Período Tardío visto desde los Sectores Intermedios
Alrededor de 1000 aP el panorama de la microrregión se volvería más complejo. Específicamente, hace unos 800 años un grupo de personas se instaló en el curso medio de la quebrada de Miriguaca. Allí, Corral Alto habría funcionado como una base residencial de múltiples actividades que fue habitada continuamente por cerca de 200 años. El equipo cerámico recuperado parece haber sido pensado para el almacenamiento de productos secos, específicamente granos, aunque sin ser una actividad excluyente. La producción cerámica no muestra estandarización, sino que podría ser definida como de escala doméstica, orientada a cubrir las necesidades de un grupo pequeño de personas, como cocinar o servir, pero principalmente almacenar alimentos o agua.
La presencia de una importante cantidad de morteros fijos en el sitio, sumado a la cercanía de campos de cultivo, permite pensar que las prácticas agrícolas habrían cobrado un rol importante en la cotidianeidad de las sociedades tardías de Miriguaca. Los análisis sobre presencia e identificación de microfósiles realizados en un recipiente cerámico refuerzan esta idea, indicando que estos productos (granos y tubérculos) fueron preparados de distintas formas y consumidos por los habitantes de Corral Alto (Gasparotti y Haros Reference Gasparotti and Haros2015).
La modificación definitiva de las elecciones tecnológicas podría pensarse como un uso de materias primas disponibles localmente, lo que permitiría una reducción del tiempo dedicado a la obtención de las mismas. La intensificación de las actividades agrícolas, sumado a las prácticas de caza y pastoreo, implicaría una menor disponibilidad de tiempo para buscar materias primas específicas, reemplazandose por recursos de fácil acceso. Sin embargo, en Corral Alto no sólo se intensificaron las prácticas agrícolas, sino que el pastoreo y la caza de camélidos siguieron teniendo una importancia relevante, manteniéndose una economía agro-pastoril diversificada (Grant Reference Grant2014).
Estos datos, surgidos desde los sectores intermedios, toman relevancia al ponerlos en contexto regional. Para el fondo de cuenca, los estudios realizados en La Alumbrera y Bajo del Coypar II (Figura 1) muestran una asociación con la geología del sector, vinculando las inclusiones no plásticas de las pastas con los afloramientos dominantes en la microrregión. Sin embargo, un porcentaje de la muestra fue asociado especialmente a Santa María, definido para el Valle de Yocavil en la provincia de Catamarca (Tarragó Reference Tarragó1974). Estas muestras fueron caracterizadas por micas, pelitas, areniscas micáceas y litoclastos graníticos, que se vincularían geológicamente con el área de los valles mesotermales. También se identificaron numerosas muestras con agregado de tiesto molido como antiplástico (Pérez Reference Pérez2013). Esta última característica, más allá de acarrear un beneficio tecnológico, estaría asociada con prácticas y elecciones tecnológicas desarrolladas durante el Tardío en los valles (Puente Reference Puente2010) que se habrían extendido hacia los sectores puneños.
Sin embargo, mientras en el fondo de cuenca se expandía una sociedad corporativa con una importante intensificación de las prácticas agrícolas y un repertorio cerámico orientado a estas actividades, en los sectores intermedios el panorama era otro. En este sentido, los trabajos en la quebrada de Las Pitas, específicamente en los sitios de Peñas Coloradas 3 Cumbre (P3C) y Punta de la Peña 3 (PP3) resultan esclarecedores. En general, allí predomina un conjunto cerámico con características ordinarias y, en menor medida, fragmentos que fueron pintados de negro sobre fondos de distintas tonalidades y que, en muchos casos, no fue posible vincular a estilos cerámicos conocidos (Puente Reference Puente2015). Petrográficamente, la mayoría de las pastas poseen inclusiones de origen volcánico (fragmentos de roca, vidrio, plagioclasas zonadas y cuarzo monocristalino), aunque no todas las pastas son iguales, observándose variaciones.
Estilísticamente, se observan algunos estilos compartidos entre Las Pitas y los valles del oeste catamarqueño, aunque los alfareros de Las Pitas no parecen haberse identificado con un estilo regional particular (Puente Reference Puente2015). Estos resultados se asemejan bastante a los observados para Corral Alto, en donde predomina la cerámica sin decoración y, en aquellas muestras que sí la presentan, no puede ser asociada completamente a ningún estilo particular. Así también, los análisis petrográficos destacan el uso materias primas locales caracterizadas por una fuerte presencia de material volcánico (podrían ser tanto arcillas como antiplásticos) y la predominancia de pastas sin tiesto molido. Esta elección tecnológica se contrapone con lo observado en La Alumbrera y Bajo del Coypar II, en donde fue mucho más frecuente. Esto podría ser considerado el resultado de modos de hacer distintos, lo que implicaría diferentes elecciones tecnológicas como resultado de las relaciones que se tejieron entre las prácticas socializadas y cotidianas de grupos o individuos que habitaron los sectores intermedios y el fondo de cuenca. Incluso se podría pensar en un marcador identitario.
La presencia de pastas muy semejantes a las asignadas al estilo Santa María y la importancia del agregado de tiesto molido en las pastas (Pérez Reference Pérez2013) pareciera indicar que los alfareros del fondo de cuenca estarían inmersos en redes de relaciones fuertemente entrelazadas con los valles mesotermales, ya que en estos lugares la adición de tiesto molido parece haber sido una práctica más común y recurrente (Puente Reference Puente2015). En cambio, entre los grupos más pequeños establecidos en los sectores intermedios, la situación habría sido otra.
En este sentido, los resultados aquí recopilados permiten reforzar la hipótesis planteada por otros autores que proponen la existencia de diferentes grupos interfamiliares establecidos en las quebradas de los sectores intermedios, los que mantendrían una relación de tensión y negociación con los grupos asentados en el fondo de cuenca (Martel y Aschero Reference Martel, Aschero, Nielsen, Rivolta, Seldes, Vázquez and Mercolli2007). Se puede proponer entonces la continuidad de un modo de vida que tiene una cierta profundidad histórica en las quebradas y que se evidencia en la persistencia de prácticas de caza y pastoreo (Grant y Escola Reference Grant and Escola2015), como así también en ciertas elecciones tecnológicas en la manufactura cerámica, como la poca utilización del tiesto molido y el uso de materias primas locales desde por lo menos 1600 aP.
No se plantea una división estricta entre uno y otro grupo, sino más bien la existencia de fuertes redes de relaciones entre ellos con límites permeables, pero al mismo tiempo tensas. Esta situación podría explicar la elección de un lugar tan particular para el emplazamiento de los sitios, tanto para Corral Alto como para Peña Colorada 3 Cumbre, permitiendo tener un control de lo que sucedía en las respectivas quebradas. Al mismo tiempo, la conservación de distintas prácticas con profundidad temporal, como la mantención de la importancia de la caza (Grant Reference Grant2014), el aprovechamiento de materias primas líticas específicas (Elías Reference Elías2010) o la no incorporación de tiesto molido en las pastas cerámicas indicaría diferencias en los modos de vida de las personas de las quebradas, en contraposición a lo que ocurriría en el fondo de cuenca.
Conclusiones
A partir del análisis del material cerámico de tres sitios de la microrregión de Antofagasta de la Sierra y su posterior contextualización con otros datos disponibles, se puede postular que durante el Formativo los modos de hacer cerámica parecen ser bastante homogéneos en la microrregión. Más tarde, se produce una transformación en las prácticas de producción alfarera, alcanzado durante el Tardío una mayor fragmentación, distinguiéndose modos de hacer bastante diferenciados, principalmente entre el fondo de cuenca y los sectores intermedios de las quebradas. Los motivos de esta situación deben buscarse en los contextos socio-políticos en los cuales los modos de hacer se ven inscritos.
La posibilidad de distinguir elecciones tecnológicas compartidas en la Puna meridional durante los primeros momentos del Formativo implica la existencia de fuertes conexiones con otros lugares y otras personas. Esto, sumado a la clara influencia proveniente de los valles—la cual se da en distintas intensidades a lo largo del tiempo—abre nuevas problemáticas a investigar. Al mismo tiempo, brinda la posibilidad de abordar la complejidad que se habría dado durante el Tardío desde los sectores intermedios, permitiendo replantear su importancia en la conformación del paisaje social a lo largo del tiempo. En este sentido, nos lleva a reflexionar sobre el alcance de los modelos planteados, denotando que no son suficientes para explicar la variabilidad y heterogeneidad de los procesos sociales ocurridos a lo largo del tiempo. De este modo, la visión diacrónica tomada durante esta investigación ha dejado en claro cómo las cosas reflejan configuraciones particulares que involucran y enlazan materiales, personas y relaciones en el tiempo y en el espacio.
Agradecimientos
Este proyecto fue financiado gracias los subsidios con los que cuenta el equipo de investigación. Estos han sido otorgados por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Catamarca, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT- MINCYT) y el CONICET. Este trabajo fue realizado en el marco de una beca doctoral financiada por el CONICET. Esta investigación contó con los permisos necesarios otorgados por la Dirección Provincial de Antropología (Disposición DPA N°029-2018). Además, quiero agradecer a la Dra. Patricia Escola y a la Dra. Beatriz Cremonte por su constante guía durante esta investigación. A Elizabeth Pintar por permitirme analizar el material de Cueva Salamanca 1. A Gastón y Horacio Baldi por su ayuda en temas logísticos, de traslado y alojamiento cada vez fue necesario. A la familia Morales y a Josefina Mamaní por permitirnos usar sus puestos en reiteradas ocasiones. Finalmente, no quiero dejar de agradecer a la comunidad de Antofagasta de la Sierra por su interés y apoyo en todas las actividades del equipo.
Declaración de Disponibilidad de Datos
Los materiales utilizados en esta investigación se encuentran actualmente en el laboratorio de la Cátedra de Procesos Socio-Culturales de la Escuela de Arqueología, Universidad Nacional de Catamarca. Los datos aquí vertidos forman parte de la investigación realizada por la autora en el marco de una Beca Interna Doctoral de CONICET.
Material Suplementario
Para acceder al material suplementario que acompaña este artículo visitar https://doi.org//10.1017/laq.2019.65.
Figura Suplementaria 1. Fechados radiocarbónicos de los sitios considerados. Calibración realizada a 2σ con el software Oxcal v. 4.3.2 utilizando la curva ShCal13 (Hogg et al. Reference Hogg, Hua, Blackwell, Niu, Buck, Guilderson, Healton, Palmer, Reimer, Reimer, Turney and Zimmerman2013).
Figura Suplementaria 2. Conformación de cada tipo de pasta utilizando valores promedio de abundancia de matriz, cavidades e inclusiones en cada tipo de pasta para Las Escondidas. Referencias: cuarzo con extinción ondulante (Cz. Ex. On.), feldespatos alterados (Feld. Alt.), plagioclasa sericitizada (Pl. Se.), minerales opacos (M. Op.), rocas graníticas (R. Gran.), vulcanitas (Vc.), ignimbrita (Ign.), litoclastos volcánicos alterados (Lit. Volc. Alt.), estructuras de desvitrificación (Est. Desv.), rocas carbonáticas (R. Carb.), litoclastos alterados (Lit. Alt.) y tiesto molido (Ti. Mol.).
Figura Suplementaria 3. Conformación de cada tipo de pasta utilizando valores promedio de abundancia de matriz, cavidades e inclusiones en cada tipo de pasta para Cueva Salamanca 1. Referencias: minerales opacos (Min. Op.), plagioclasa sericitizada (Plag. Ser.), cuarzo con extinción ondulante (Cz. Ext. Ond.), rocas graníticas (R. Gran.), rocas volcánicas (R. volc.), vidrio volcánico (Vidrio volc.) e ignimbrita (Ignimb.)
Figura Suplementaria 4. Conformación de cada tipo de pasta utilizando valores promedio de abundancia de matriz, cavidades e inclusiones en cada tipo de pasta para Corral Alto. Referencias: cuarzo con extinción ondulante (Cz. Ext. On.), gránulos de arcilla (Gran. Arc.), minerales opacos (Min. Op.), plagioclasa sericitizada (Plg. Sericit.), plagioclasa con venas de albita (Plag. Alb.), vulcanita 1 (Vc.1), vulcanita 2 (Vc.2)Footnote 4, estructura esferulítica (Est. Esf.), rocas graníticas (R. Gran.), esquisto (Esquis.), rocas carbonáticas (R. Carb.), fragmentos líticos pelíticos (Frag. Lit. Pelitic.), metamorfitas de muy bajo grado (Met. Bajo grado) y tiesto molido (Ti. Mol.).



