La explotación de lobos marinos (Otaria flavescens y Arctocephalus australis) ha sido desarrollada a lo largo de la costa patagónica desde mínimamente el Holoceno medio (Ambrústolo et al. Reference Ambrústolo, Miguel Zubimendi, Ciampagna and Trola2011; Borrero Reference Borrero, Albarella, Rizzetto, Russ, Vickers and Viner-Daniels2017; Cardillo Reference Cardillo2013; Orquera y Gómez Otero Reference Orquera and Otero2007) hasta tiempos históricos (Mayorga Reference Mayorga2017). Dentro de este amplio bloque espacio-temporal existieron variaciones en el tipo de estrategia y modo en el que se llevaba cabo (Borrero Reference Borrero, Albarella, Rizzetto, Russ, Vickers and Viner-Daniels2017; Muñoz Reference Muñoz, Bicho, Haws and Davis2011; Orquera y Gómez Otero Reference Orquera and Otero2007).
Si se excluyen las zonas en donde se elaboraron adaptaciones plenamente marinas por implicar recursos, contextos ambientales y relaciones humano-animal diferentes a las que se habrían dado en el área aquí estudiada (Orquera y Gómez Otero Reference Orquera and Otero2007; Orquera et al. Reference Orquera, Legoupil and Piana2011), la información arqueológica disponible ha mostrado que en algunos sectores de la costa atlántica patagónica, como la norte de Río Negro y la de Santa Cruz, los pinnípedos se habrían explotado desde el Holoceno medio, siendo un recurso importante para la dieta de los grupos humanos (Caracotche et al. Reference Caracotche, Muñoz, Mastrángelo and Lobbia2017; Favier Dubois y Scatarscini Reference Favier Dubois and Scartarscini2012; Orquera y Gómez Otero Reference Orquera and Otero2007). Sin embargo, durante el Holoceno tardío la alimentación de estas poblaciones se habría modificado, incorporando mayor consumo de fauna terrestre (Favier Dubois y Scatarscini Reference Favier Dubois and Scartarscini2012; Zilio et al. Reference Zilio, Gordon, Béguelin and Castro2014). En otros sectores, como la costa sur de Chubut (Arrigoni et al. Reference Arrigoni, Andrieu, Bañados, Cruz and Caracotche2008) y norte de Santa Cruz (Zilio et al. Reference Zilio, Gordon, Béguelin and Castro2014) estos mamíferos marinos continuaron siendo importantes mientras que en la costa norte de Chubut su consumo fue menor (Gómez Otero Reference Gómez Otero, Cruz and Caracotche2008). En el extremo sur de Santa Cruz y la costa norte de Tierra del Fuego la representación de fauna marina covaría con la distancia del emplazamiento de los sitios respecto de la costa, predominando la ingesta de guanaco en los más alejados (Borrero et al. Reference Borrero, Martín, Horwitz, Borella, Marina, Belardi, Campán, Guichón, Muñoz, Barberena, Savanti, Borrazzo, Cruz and Caracotche2008; Mansur Reference Mansur, Cruz and Caracotche2008). Asimismo, los huesos de pinnípedos fueron aprovechados empleándose en la confección de instrumentos en diversos sectores de esta región (Beretta et al. Reference Beretta, Zubimendi, Ciampagna, Ambrústolo and Castro2013; Buc y Cruz Reference Buc and Cruz2014; Scheinsohn Reference Scheinsohn2016; Zubimendi y Beretta Reference Zubimendi and Beretta2015). Todo ello evidencia la variabilidad en torno al aprovechamiento de lobos marinos en el espacio y tiempo.
En este trabajo se discuten las técnicas y estrategias de caza desarrolladas por los cazadores-recolectores que habitaron la desembocadura del Río Santa Cruz a partir del análisis de los artefactos líticos recuperados en la costa atlántica meridional patagónica, específicamente en la localidad arqueológica Punta Entrada (Figura 1). Esta se caracteriza por poseer amplias concentraciones de material arqueológico a cielo abierto. Es un territorio de acreción marino-litoral de 220 ha, de 3 km de largo y 1 km de ancho, que alcanzó su conformación actual hace mínimamente 3.550 años radiocarbónicos (Ercolano Reference Ercolano2012), mientras que el registro de la ocupación humana alcanzaría los últimos 2.000 años aP aproximadamente, según los datos provenientes de los sitios arqueológicos estudiados hasta el momento (Muñoz y Zárate Reference Muñoz and Zárate2017; Muñoz et al. Reference Muñoz, Cruz and Caracotche2009). En ellos, los restos de pinnípedos representan entre un 64% y 92% del total de los conjuntos zooarqueológicos (Tabla suplementaria 1), poniendo en evidencia su importancia para las personas (Cruz et al. Reference Cruz, Muñoz and Lobbia2011, Reference Cruz, Muñoz, Ercolano, Lemaire, Pretto, Gustavo Nauto and Moreno2015; Muñoz et al. Reference Muñoz, Cruz and Caracotche2009, Reference Muñoz, Cruz, Lemaire, Pretto, Zangrando, Barberena, Gil, Neme, Giardina, Luna, Otaola, Paulides, Salgán and Tivoli2013; Pretto Reference Pretto2018), por lo que discutir los modos en los que se llevaron a cabo las cacerías es un aspecto importante para avanzar en el conocimiento sobre cómo los seres humanos y no humanos se relacionaban e interactuaban en dicho sector del espacio, las estrategias de caza desarrolladas y el repertorio de armas involucrado en esta actividad.
Ubicación geográfica del área de estudio. (a) Localización de Punta Entrada en Santa Cruz; (b) acercamiento a Punta Entrada. Fuentes: (a) tomado y modificado de www.ign.gob.ar; (b) tomado y modificado de earth.google.com. M. Argentino: Mar Argentino.

La caza es una actividad significativa para estudiar el comportamiento humano, ya que no sólo informa sobre los animales seleccionados para la obtención de alimento y/o materias primas y las pautas de su aprovisionamiento, sino que también representa un modo a través del cual los grupos humanos interactúan con el paisaje, ya que conlleva acciones que reflejan el vínculo entre ellos, el espacio físico y los animales, dejando “huellas perdurables en el tiempo” (Moreno Reference Moreno2013:98) por ser una práctica que se desarrolla repetidamente en un mismo espacio. En esta actividad entran en juego muchas variables que involucran los sistemas de armas empleados y las técnicas de caza (instrumentos que median entre cazadores y presas), la elección de la/s presa/s y su etología, el entorno físico en el que se desarrolla y el componente social y simbólico de cada grupo humano (Aschero y Martínez Reference Aschero and Martínez2001; Churchill Reference Churchill1993; Hill Reference Hill2011; Moreno Reference Moreno2013; Ratto Reference Ratto2003). A su vez, esta actividad implica el desarrollo de una conexión con el entorno debido a que el cazador recaba conocimiento sobre los animales y el ambiente para lograr éxito en la caza (Potter Reference Potter2004), por lo que también fortalece los lazos entre los humanos y los espacios. En este sentido, se puede entender a las estrategias de caza como las distintas formas en las que las personas ponen en práctica diversas técnicas de caza bajo circunstancias específicas, siendo estas formas sensibles a la interacción entre humanos y el medioambiente (Aschero y Martínez Reference Aschero and Martínez2001). Este enfoque permite explorar la variabilidad asociada con los diferentes sistemas de armas y técnicas de caza empleados en el contexto particular de uso y destaca la relación entre los humanos y su entorno.
Conociendo a las presas
Las dos especies de otáridos aquí consideradas constituyeron presas de importancia para los grupos humanos en la costa patagónica a lo largo del tiempo (Cappozzo Reference Cappozzo1995; Cortegana-Arias e Iannacone Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012; Mayorga Reference Mayorga2017; Muñoz Reference Muñoz, Bicho, Haws and Davis2011). En el período prehistórico fueron explotados por grupos cazadores-recolectores (ver más arriba), mientras que más recientemente los llamados loberos (sealers), entre los siglos dieciséis y diecinueve, cazaban ejemplares de A. australis, a fin de obtener su piel (Cappozzo Reference Cappozzo1995; Cortegana-Arias e Iannacone Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012; Mayorga Reference Mayorga2017), y de O. flavescens, en búsqueda de su cuero y grasa (Mayorga Reference Mayorga2017).
A. australis (lobo marino de dos pelos, peletero, fino u oso marino) se distribuye actualmente desde las costas del sur de Brasil hasta las Islas Malvinas en la vertiente atlántica y en la costa sur de Chile en el lado del Pacífico, asociándose a zonas de alta productividad primaria y secundaria. Por ello, los apostaderos no se encuentran de forma continuada a lo largo del litoral marino (Cappozzo Reference Cappozzo1995; Cárdenas-Alayza et al. Reference Cárdenas-Alayza, Oliveira and Crespo2016). Es una especie gregaria que prefiere fijar su territorio en zonas rocosas y escarpadas de la costa, generalmente, de difícil acceso y que cuentan con sombra o charcos permanentes (Cappozzo Reference Cappozzo1995; Cárdenas-Alayza et al. Reference Cárdenas-Alayza, Oliveira and Crespo2016). Suele compartir asentamientos con O. flavescens, pero cada especie hace uso del espacio de manera diferente (ver más abajo; Crespo et al. Reference Crespo, Lewis, Campagna, Carreto and Bremec2007). Posee un dimorfismo sexual alto; las hembras pesan entre 45 y 50 kg, mientras que los machos alcanzan entre 150 y 160 kg. Las crías nacen con un peso aproximado de 3 kg (Cappozzo Reference Cappozzo1995). La época reproductiva comprende los meses de noviembre y diciembre (Cappozzo Reference Cappozzo1995) y tras el nacimiento, la madre permanece en la costa por algunos días, durante los cuales ayuna y se encarga de cuidar y alimentar al cachorro (Cárdenas-Alayza et al. Reference Cárdenas-Alayza, Oliveira and Crespo2016). La reserva de grasas subcutánea en estos animales es muy importante; el peso del tejido adiposo en cachorros alcanza un 31% de su peso total, y un 12% del peso total de juveniles y adultos (Schiavini Reference Schiavini1993).
Dentro de los apostaderos existe conflicto y agresión entre las hembras que intentan proteger a sus cachorros y entre machos que compiten por territorio y hembras, especialmente durante la época reproductiva (Cárdenas-Alayza et al. Reference Cárdenas-Alayza, Oliveira and Crespo2016; Crespo et al. Reference Crespo, Lewis, Campagna, Carreto and Bremec2007; Pérez-Álvarez et al. Reference Pérez-Álvarez, Carrasco, Sepúlveda and Quiñones2013). En un estudio llevado a cabo en Cabo Polonio (Uruguay), se observó que estos animales reaccionan negativamente cuando los humanos se acercaban a menos de 10 m de distancia y se presentaban en grupos de más de dos personas. Las reacciones más agresivas se dieron cuando la gente se aproximaba gritando, moviéndose rápido y agitando sus manos (Cassini et al. Reference Cassini, Szteren and Fernández-Juricic2004).
Por su parte, O. flavescens (lobo marino de un pelo, sudamericano sur o león marino) actualmente se distribuye por el litoral oeste desde Perú hasta Chile, por el este desde el sur de Brasil hasta Tierra del Fuego, y se registra una pequeña colonia en las Islas Malvinas (Cortegana-Arias e Iannacone Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012). En cuanto a la elección del territorio, O. flavescens prefiere zonas planas rocosas o arenosas (Crespo et al. Reference Crespo, Lewis, Campagna, Carreto and Bremec2007). Es una de las especies de otáridos que presenta mayor dimorfismo sexual, ya que el macho puede llegar a ser hasta cuatro veces más grandes que la hembra. El peso de estas varía entre 120 y 170 kg, mientras que los machos pueden alcanzar entre 350 y 400 kg (Cappozzo Reference Cappozzo1995). Los cachorros nacen con un peso entre 12 y 15 kg (Crespo et al. Reference Crespo, Lewis, Campagna, Carreto and Bremec2007). Estos animales poseen una gran reserva de grasa en el cuello, el cual tienen protegido por un pelaje más largo. La época reproductiva se da entre mediados de diciembre y mediados de febrero (Cappozzo Reference Cappozzo1995). Entre ellos existen comportamientos de violencia y agresión (Cappozzo Reference Cappozzo1995; Crespo et al. Reference Crespo, Lewis, Campagna, Carreto and Bremec2007). Asimismo, Cortegana-Arias e Iannacone (Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012), en un contexto de rehabilitación, observaron que los animales realizaron secuencias sociales que involucraban la cooperación y la defensa ante la presencia humana, utilizando sus habilidades de fuerza y evasión para escapar.
Resulta importante tener en cuenta la información sobre las conductas de agresión y defensa de ambas especies a la hora de pensar y evaluar las posibles estrategias de caza utilizadas por los grupos humanos del pasado. Por lo que se conoce en la actualidad, estos animales cooperarían entre sí para defenderse y/o actuarían de manera agresiva frente a la presencia humana. Si a esto se le suma el tamaño corporal de los lobos marinos, el acercamiento de los cazadores podría haber implicado un riesgo físico para estos últimos, el cual debió necesitar ser mitigado mediante el empleo de ciertas estrategias de caza y sistemas de armas congruentes con ellas. Sin embargo, cabe señalar que investigadores como Moreno (Reference Moreno2008) y Mayorga (Reference Mayorga2017) sostienen que la caza de pinnípedos no habría implicado tecnologías muy complejas, bastando sólo rompecráneos en el caso arqueológico y garrotes (seal clubs, que eran un trozo de madera de algo más de 1,5 m de largo) para los loberos históricos. Siguiendo esta postura, Lanata y Winograd (Reference Lanata and Winograd1988) plantearon que estos animales, cuando están en tierra, son una presa fácil por no poder desplazarse con agilidad y, siendo el camino al agua su única vía de escape, sus desplazamientos son predecibles, lo que habría favorecido la no necesidad de un instrumental específico para llevar adelante las capturas. Una postura intermedia se encuentra en las observaciones realizadas en tiempos históricos por Moreno (Reference Moreno1997 [1876]) en grupos cazadores-recolectores de Chubut, las que apoyan la idea de que la cacería en tierra es menos dificultosa que en el agua, ya que en esta última las presas heridas se esconden en las profundidades, sin embargo, afirma que no está exenta de peligros y que para que sea exitosa debe poder evadirse a los machos que vigilan al grupo.
Los sistemas de armas
Las armas prehistóricas se clasifican según su capacidad o no de almacenar energía, y su letalidad yace sobre el corte y el sangrado (Churchill Reference Churchill1993; Hughes Reference Hughes1998; Okumura y Araujo Reference Okumura and Araujo2015; Ratto Reference Ratto2003). Dentro de este espectro, sólo las flechas y las lanzas arrojadas a mano son proyectiles (ya que almacenan energía) y como tal responden a las leyes físicas de la cinemática (Ratto Reference Ratto2003). Estos sistemas se basan fundamentalmente en la transferencia de la energía humana al proyectil a través del brazo o un implemento que sirva para tal fin, como propulsores y arcos (Hughes Reference Hughes1998). El movimiento de un proyectil se describe por la energía cinética (se refiere a cualquier cuerpo en movimiento y depende de la masa y la velocidad del mismo), la penetración y la resistencia al avance (drag). La penetración es influenciada por la velocidad, la masa y la sección transversal del proyectil (Hrdlicka Reference Hrdlicka2003; Hughes Reference Hughes1998; Okumura y Araujo Reference Okumura and Araujo2015; Pettigrew Reference Pettigrew2015). De este modo, la letalidad de un proyectil depende de la energía cinética y del momentum (tendencia de un cuerpo a mantenerse en movimiento) que generen, ya que ambas variables inciden en la penetración de los mismos por determinar cuán fuerte y profundo impactan (Hrdlicka Reference Hrdlicka2003; Pettigrew Reference Pettigrew2015; Tomka Reference Tomka2013; Whittaker y Kamp Reference Whittaker and Kamp2007). El coeficiente de resistencia varía en función de la morfología de los proyectiles y la rugosidad de la superficie sobre la cual impacta. Por ejemplo, la viscosidad de la piel genera mayor resistencia que el músculo, el aire o el agua, por lo que requiere mayor velocidad para penetrar mientras que los huesos, tendones y cartílagos pueden generar una gran pérdida de velocidad, incluso frenar la penetración del proyectil (Hughes Reference Hughes1998; Muñoz Ibáñez Reference Muñoz Ibáñez1991). Estas variables pueden ser ajustadas mediante la manipulación de la masa de los proyectiles, confiriéndoles mayor velocidad o penetración, generando variabilidad dentro de cada uno de los sistemas de armas (Hughes Reference Hughes1998). En el caso de las armas de mano, la penetración también se logra aumentando la masa de las armas al utilizar maderas pesadas y rígidas (Ratto Reference Ratto2003).
Análisis experimentales desarrollados por Tomka (Reference Tomka2013) mostraron que los valores medidos de energía cinética, resistencia al avance y momentum de las flechas no serían letales para presas de tamaño grande (cérvidos como el alce) y muy grande (bisonte y oso pardo), mientras que los obtenidos para los dardos sí serían apropiados para abatir presas de gran porte. Por ser más pesados, generan mayor energía cinética y momentum que las flechas cuando impactan (Tomka Reference Tomka2013; Whittaker Reference Whittaker2013). Sin embargo, Pettigrew (Reference Pettigrew2015) resalta que la forma más efectiva de cazar presas grandes es provocar una herida que ocasione daño en órganos vitales dentro de la cavidad torácica, causando una gran hemorragia más allá del sistema de arma empleado (lanza de mano, dardo o flecha).
Finalmente, la materia prima utilizada para confeccionar los cabezales líticos también afecta la penetración y durabilidad de los mismos. Loendorf y colaboradores (Reference Loendorf, Blikre, Bryce, Oliver, Denoyer and Wermers2018) observaron que la obsidiana presenta valores ligeramente más altos de penetración en materiales flexibles (piel, músculo y venas) pero inferiores respecto de materias primas como el basalto y la limolita en el cuero. La ventaja es que con ella se logran aristas filosas muy efectivas para generar una herida cortante (Hughes Reference Hughes1998; Loendorf et al. Reference Loendorf, Blikre, Bryce, Oliver, Denoyer and Wermers2018).
Otro sistema de armas pertinente para esta investigación es el llamado rompecráneos (Moreno Reference Moreno2008:Figura 7). Sobre ellos sólo hay disponible información general sobre su morfología y distribución espacial (Moreno Reference Moreno2008; Zubimendi et al. Reference Zubimendi, Castro and Moreno2005). Según Moreno (Reference Moreno2008), son artefactos trabajados por piqueteo y escaso alisado, con una forma irregular y surco ancho (mayor a 0,5 mm), pesos superiores a 500 g y están asociados a loberías. Son un tipo de arma relacionada al ámbito costero que actuaba por impacto, probablemente usada con un mango a modo de maza, ya que la mayoría de los ejemplares posee una base opuesta al surco o retobado a una correa flexible como una boleadora. Presentan un peso mayor y un acabado más tosco en comparación con estas últimas (Moreno Reference Moreno2008).
A partir de la información teórica referente a las armas y a las presas, y contrastando con los autores que señalan la facilidad para la captura de pinnípedos en tierra (Lanata y Winograd Reference Lanata and Winograd1988; Moreno Reference Moreno2008), se propone que dicha actividad habría requerido de la elaboración de estrategias de caza que permitieran a los cazadores debilitar a los animales desde cierta distancia, a fin de preservar su integridad física y así poder acercarse y darles muerte. En consecuencia, las lanzas arrojadas a mano, por poseer gran fuerza de impacto y penetración, serían más útiles para la captura de pinnípedos, que son animales de gran porte, con cuero resistente, una gran capa de grasa que los protege y su comportamiento frente a la presencia humana no es siempre pasivo ni poco riesgoso para los cazadores (Cassini et al. Reference Cassini, Szteren and Fernández-Juricic2004; Cortegana-Arias e Iannacone Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012). Dichas armas, además, permiten usar la otra mano para portar alguna protección u otras armas (rompecráneos, por ejemplo).
Materiales y métodos
El conjunto lítico analizado se compone de piezas recolectadas sistemática y asistemáticamente y todas corresponden a hallazgos en superficie. Las segundas fueron recuperadas durante prospecciones en el área a fin de evitar que las mismas fuesen recogidas por coleccionistas, generando así la pérdida de la información. De este modo, la muestra de cabezales líticos está compuesta por 25 piezas: 13 provienen de concentraciones de material arqueológico, mientras que los 12 restantes fueron recuperadas dispersas en el paisaje. Los artefactos de piedra pulida son 35 en total y 19 provienen de sitios arqueológicos (Tabla suplementaria 2).
Debido a que hasta el momento no se han podido realizar estudios experimentales ni de rastros de uso, se decidió implementar análisis métricos que resultaron útiles para materiales semejantes hallados en otros sectores de la Patagonia argentina (Banegas et al. Reference Banegas, Otero, Goye and Ratto2014; Carballido y Fernández Reference Carballido Calatayud and Fernández2013; Cassiodoro et al. Reference Cassiodoro, Re, Rindel, Cassiodoro, Re and Rindel2014; Gómez Otero et al. Reference Gómez Otero, Banegas, Goye and Franco2011; Palacios Reference Palacios2007). Para los cabezales líticos se identificó su estado, materia prima, morfología, medidas absolutas y se consideraron la superficie de refuerzo (parte del artefacto que soporta los mayores esfuerzos mecánicos e incide en la probabilidad de rotura de la pieza), el ancho de los pedúnculos (Ratto Reference Ratto2003) y los índices de Thomas (Reference Thomas1978) y de Shott (Reference Shott1997), a fin de complementar y comparar los resultados que arroje cada uno y tener una aproximación a los sistemas de armas utilizados en el pasado. En los trabajos mencionados, se interpreta que los pedúnculos con una anchura inferior a 10 mm pueden relacionarse con astiles para flechas, mientras que valores superiores lo hacen con mangos de lanzas arrojadizas (Ratto Reference Ratto2003; Shott Reference Shott1997; Thomas Reference Thomas1978). En el caso de la superficie de refuerzo (determinada por el cociente del ancho del limbo en el espesor máximo dividido por el espesor máximo del limbo), cuando la misma es baja (0,399-0,200) se puede vincular tanto a puntas de flecha como a puntas de armas de mano, y cuando es media (0,599-0,400), alta (0,799-0,600) o muy alta (1,000-0,800), con puntas de lanza arrojadas a mano (Ratto Reference Ratto2003). Para el caso del índice de Thomas (Reference Thomas1978), se consideran el largo, ancho, espesor y ancho del cuello del cabezal lítico. De la propuesta de Shott (Reference Shott1997) se toma la solución de una y dos variables, midiéndose para el primer caso el ancho de los hombros, y para el segundo se incorpora también el espesor. Las soluciones de tres y cuatro variables se excluyeron a fin de poder analizar más ejemplares por ser que éstas requieren cabezales prácticamente enteros.
Para el estudio de los artefactos de piedra pulida se hizo un recorte de la propuesta de Vecchi (Reference Vecchi2010), habiéndose analizado: materia prima, longitud de diámetros (las piezas sin surco se orientaron siguiendo su eje mayor, considerándolo como longitud de diámetro 1; en aquellas que sí lo presentaban, la longitud de diámetro 1 la representó el que estuviese paralelo al surco) y peso (consignados en el análisis sólo en las enteras), morfología, complementada con los tipos utilizados por Bird (Reference Bird1993) y una creada para los fines de esta investigación. Esta última es la denominada doble esferoide, que señala aquellas piezas de morfología esferoide, pero que por tener un surco ancho y marcado genera el efecto visual de ser dos esferas/esferoides que se forman a partir de él. Se observó, también, el acabado de la superficie, presencia/ausencia de surco y su ancho y presencia/ausencia de base.
Resultados
Cabezales líticos
Se recuperó un total de 25 cabezales líticos que provienen de diferentes contextos de recolección (N = 13 en concentraciones arqueológicas y N = 12 dispersas en el paisaje). La mayor parte de ellos se encuentra fracturado (N = 22), siendo sólo tres los que se preservan enteros. Principalmente se confeccionaron sobre basalto (N = 13,52%), seguido por dacita (N = 6,24%), rocas silíceas (N = 4,16%), y las menos representadas son la obsidiana negra de Pampa del Asador y la gris verdosa veteada del cordón de Baguales (N = 1, 4,00% en cada caso). En cuanto a su morfología, la amplia mayoría corresponde a cabezales pedunculados (N = 23; Figura 2) habiendo sólo dos ejemplares apedunculados.
Variedad de cabezales líticos pedunculados recuperados en Punta Entrada.

El tamaño del ancho del pedúnculo (N = 23) o base de la punta (para las apedunculadas N = 2) se registró en 22 piezas. La media de dicha variable es 18,09 mm y no se identificó ninguno inferior a 10,00 mm, por lo que este dato estaría señalando la ausencia de puntas de flecha en la muestra (en la Tabla suplementaria 3, puede encontrarse las medidas de todos los cabezales que componen la muestra).
A partir del espesor y el ancho del limbo (contabilizados en piezas enteras y fracturadas en las que ambas variables no estén afectadas por las fracturas) se calculó el índice de superficie de refuerzo (Ratto Reference Ratto2003). Esto dio como resultado que la amplia mayoría de estas piezas poseen un índice bajo y muy bajo, habiendo una única excepción, cuya superficie de refuerzo es media (Tabla 1). Los módulos de refuerzo bajos se relacionan con puntas de flecha y de mano mientras que los medio, alto y muy alto se vinculan con puntas de lanza arrojada a mano (Ratto Reference Ratto2003). Debido a que una misma categoría puede aplicar a dos sistemas diferentes, es necesario incorporar otras medidas y cálculos para hacer inferencias al respecto. Por ello se combinaron estos datos con el ancho del enmangue; así puede plantearse que diez puntas son de arma de mano (aquellas con superficie de refuerzo muy bajo y bajo) y una de lanza arrojada a mano (superficie de refuerzo medio), pero ninguna de flecha, ya que todos los pedúnculos miden más de 10 mm.
Espesor y ancho máximos consignados en mm de los cabezales líticos y resultado para la superficie de refuerzo.

Otro modelo aplicado a la muestra fue el índice de Thomas (Reference Thomas1978). Éste requiere de la medición de diversas variables, por lo cual el N de la muestra disminuye considerablemente, pudiéndose aplicar a tres ejemplares. A partir de éste, se entiende que el total de los cabezales sobre los que se aplicó este modelo serían dardos (Tabla 2), coincidiendo con los resultados obtenidos a partir de los índices propuestos por Ratto (Reference Ratto2003). Finalmente se aplicó el modelo de Shott (Reference Shott1997), tomándose la solución de dos y una variables porque son las que el autor considera más confiables y también porque de esta manera fue posible incorporar mayor cantidad de piezas (debido a la baja proporción de cabezales enteros). Los resultados indicarían que todos los cabezales considerados serían dardos, existiendo un caso en la solución de una variable en la que el resultado para flecha y dardo es semejante (Tabla 2). Ello refuerza lo señalado por los otros análisis.
Resultados obtenidos para los índices de Thomas (Reference Thomas1978) y Shott (Reference Shott1997) de cada pieza.

Notas: E. Dardo = ecuación para dardo, E. Flecha = ecuación para flecha, 2 var = 2 variables, 1 var = 1 variable.
Artefactos de piedra pulida
Se recuperó un total de 35 artefactos de piedra pulida en sitios arqueológicos (N = 21) y hallazgos aislados (N = 14), de los cuales 26 se encuentran enteros y nueve fracturados. La mayor parte de ellos fueron confeccionados sobre andesita (N = 21, 58%), seguida por tonalita (N = 5, 14%), volcánica indeterminada y sedimentaria indeterminada (N = 3, 11% en cada caso). La dacita porfírica (N = 2, 6%) y la coquina (N = 1, 3%) son las menos utilizadas. Se destaca la morfología esférica (N = 15, 43%). Otras morfologías de importancia en este conjunto son la doble esferoide (Figura 3) y la esferoide. Las menos representadas son la hemibola, la preforma poliédrica y la ciruela (Figura 4). Se decidió emplear toda la muestra para el cálculo de la morfología por que todas conservaban un porcentaje significativo de su tamaño total (51% o más), favoreciendo que todas pudieran ser identificadas.
Artefacto clasificado como de morfología doble esferoide y (a) detalle de su surco.

Morfologías observadas en el conjunto de artefactos de piedra pulida.

En cuanto a la longitud del diámetro (LD), en la mayoría de los casos el tamaño pudo ser descrito a partir de dos mediciones, pero para cuatro piezas se necesitó recurrir a una tercera, dada la irregularidad de su morfología (media LD3: 25,17 cm). La media de las longitudes de diámetros 1 y 2 son parecidas (media LD1: 21,62 cm, media LD2: 19,42 cm), lo cual puede relacionarse con la predominancia de morfologías esféricas (Figura 4). En cuanto al peso, el valor promedio es de 410,08 g. Lo destacable de este conjunto es la presencia de una pieza de 1.476 g, que pesa 1 kg más que la media. Sólo un 32% (N = 8) de la muestra registra pesos superiores a los 500 g. En la Tabla suplementaria 4 se encuentran las medidas, peso y morfología de todos los artefactos aquí considerados.
Se registró la presencia de surco en 20 piezas. Su ancho medio es 7,9 mm, siendo 3,0 mm el valor mínimo y 15,0 mm el máximo (Tabla suplementaria 4). Por otra parte, la presencia de base fue identificada en muy pocos ejemplares, representando éstos el 12,9% (N = 4) de la muestra.
A fin de evaluar cómo se relacionan las variables de morfología, base y acabado de superficie, se realizó una tabla en la que se evalúan estas variables en conjunto, considerándose sólo las piezas terminadas y excluyéndose las preformas y preformas avanzadas para evitar interpretaciones erróneas. Así, se reconoció que las bases están presentes únicamente en piezas de morfología doble esferoide (Tabla 3). El tipo de acabado muestra mayor variabilidad, siendo la relación entre el acabado tosco (sensu Moreno Reference Moreno2008; ver Figura 3) y la morfología previamente mencionada la única detectada. El resto de los acabados se observan sobre distintas morfologías a la vez que una misma morfología se vincula con diversos tipos de los primeros. Finalmente, se puso en relación la morfología y el peso de cada una de las piezas (Figura 5). A partir de ello se observó que las más pesadas son los esferoides irregulares y las esferas presentan menor dispersión en su peso (aunque hay una pieza outlier de aproximadamente 800 g). Cabe recordar que en la muestra solamente hay una pieza de morfología ciruela, esferoide irregular y hemibola, por lo que su relación con un tipo de acabado y peso no es tenida en cuenta.
Presencia de base y tipo de acabado en cada morfología.

Notas: P = presencia, A = ausencia, PI = picado, AL = alisado, PU INT = pulido intenso, TO = tosco.
Distribución de las piezas de cada morfología según sus pesos. D. esferoide = doble esferoide, Es. irregular = esferoide irregular; Pref. pol = preforma poliédrica.

Discusión
Las técnicas de caza
La amplia mayoría de cabezales líticos recuperados son del tipo pedunculado (92%, N = 23) y fueron confeccionados sobre basalto. La elección de esta roca podría basarse en el hecho de que sus características físico-mecánicas resultaban más apropiada para la caza (Hughes Reference Hughes1998; Loendorf et al. Reference Loendorf, Blikre, Bryce, Oliver, Denoyer and Wermers2018), en motivaciones de índole social (Flegenheimer y Bayón Reference Flegenheimer, Bayón, Aschero, Korstanje and Vuoto1999; Hermo Reference Hermo2008) o en una combinación de ambas. Estas piezas poseen diseños muy similares a los definidos como Bird IV, que se encuentran ampliamente distribuidos en la región patagónica y habrían sido empleados en diversos sistemas de armas (Banegas et al. Reference Banegas, Otero, Goye and Ratto2014; Franco et al. Reference Franco, Cardillo and Borrero2005, Reference Franco, Otero, Guráieb, Goye, Cirigliano and Banegas2010). En la bibliografía se advierte que muchos de ellos también fueron manufacturados sobre basalto (Franco et al. Reference Franco, Cardillo and Borrero2005, Reference Franco, Otero, Guráieb, Goye, Cirigliano and Banegas2010), lo cual podría indicar la existencia de un modo estipulado o compartido de hacer las cosas y que a su vez serviría como medio para comunicar ideas, como ya lo plantearon Franco y colaboradoras (Reference Franco, Otero, Guráieb, Goye, Cirigliano and Banegas2010) y Banegas y colaboradoras (Reference Banegas, Otero, Goye and Ratto2014), aunque no debe desconocerse que también se confeccionaron sobre otras materias primas. Cabe destacar que la gran mayoría de las rocas utilizadas para manufacturar los cabezales líticos aquí estudiados son de origen inmediatamente disponible (Cañete Mastrángelo Reference Cañete Mastrángelo2019), lo que permitiría sugerir la talla in situ, pero que posiblemente respondía a ideas compartidas en una escala más amplia. Sólo las obsidianas son de origen no local (Cañete Mastrángelo Reference Cañete Mastrángelo2019) y son las menos representadas (ver más arriba).
El ancho de los pedúnculos y los diversos índices medidos señalan que toda la muestra correspondería a dardos, los que pudieron ser utilizados en armas de mano o lanzas arrojadizas. Esta interpretación se ve reforzada por el hallazgo de un propulsor en P35 (Scheinsohn Reference Scheinsohn2016), un sitio en el que también se recuperó uno de los cabezales líticos aquí analizados (Tabla suplementaria 2). El uso de lanzas arrojadizas sería concordante con la expectativa planteada por la información teórica, ya que poseen gran fuerza de impacto y penetración (Hutchings y Brüchert Reference Hutchings and Brüchert1997; Tomka Reference Tomka2013; Whittaker Reference Whittaker2013) y, junto con las armas de mano, se asocian a la caza de presas grandes (Churchill Reference Churchill1993), como sucede en el presente caso. Asimismo, ambas permiten tener una mano libre que puede ser empleada para cargar protección u otra arma (Whittaker Reference Whittaker2013), pudiendo ser la maza/rompecráneos. Las puntas de flecha (y los arcos) estarían ausentes. Si bien éstas podrían haberse empleado para la cacería de pinnípedos (ejecutando varios tiros a corta distancia para compensar su menor penetración, como lo plantea Tomka [Reference Tomka2013]) u otras presas, hasta el momento el registro arqueológico no da cuenta de ello, ya que no se han hallado artefactos que correspondan con este tipo de arma.
En cuanto a los artefactos de piedra pulida, se observó que hay piezas con diferentes morfologías, pesos y anchos de surco diferentes, lo que reflejaría diversos sistemas de armas, a saber, bolas de boleadora, rompecráneos y artefactos asociados a la pesca (líneas de peso y/o red). Se reconocieron morfologías del tipo ciruela, esfera y esferoide, con y sin surco, cuyos pesos son inferiores a 500 g, predominando las formas esféricas que muestran poca variabilidad en su peso (entre 300 y 600 g; ver Figuras 4 y 5, y Tabla suplementaria 4) y una baja frecuencia de presencia de surco. Estas características sugerirían que se trata de piezas que formaron parte del sistema boleadora (González Reference González1953; Moreno Reference Moreno2008; Vecchi Reference Vecchi2010). La poca cantidad de bolas con surco indicaría que estas piezas fueron retobadas con mayor frecuencia que sujetadas por una faja (Vecchi Reference Vecchi2006, Reference Vecchi2010). Aunque también podría estar indicando diferencias cronológicas, ya que la información etnohistórica señala que las bolas con surco son más antiguas que aquellas sin surco (Musters Reference Musters2005 [1911]; Vecchi Reference Vecchi2006).
Se identificaron, además, piezas de morfologías tendientes a la esferoidal, con surcos, pero con diámetros y pesos inferiores. En otras áreas, como por ejemplo las lacustres de Chubut y en la Región de Magallanes, piezas semejantes en morfología y peso fueron identificadas como pesos líticos relacionados a la pesca (Reyes y Svoboda Reference Reyes, Svoboda and Mena2016; Torres Reference Torres Elgueta2007, Reference Torres Elgueta2009). La presencia de este tipo de artefactos podría vincularse con el hallazgo, aunque escaso, de restos de especies pelágicas (por ejemplo, Thyrsites atun) en el registro arqueológico de Punta Entrada (Cruz et al. Reference Cruz, Muñoz and Lobbia2011; Tabla suplementaria 1). Debido a que esta técnica de caza excede los objetivos de este trabajo, no se profundizará en este tema (más información en Cañete Mastrángelo Reference Cañete Mastrángelo2019).
Finalmente, están aquellas piezas de pesos mayores a 500 g (32%, N = 8), morfologías doble esferoide, esferoide, esferoide irregular y esfera, de las cuales pocas presentan surco. Éstas poseen acabados diferentes: regularizadas por picado y alisado, y otras en las que puede verse con claridad los lascados involucrados en su confección, pudiéndose comparar con las que Moreno (Reference Moreno2008) describió como de acabado tosco. Se registró la presencia de bases formatizadas en todas aquellas de morfología doble esferoide (N = 4). Dicha característica refuerza la interpretación de que sean rompecráneos, ya que el mencionado autor también observa este rasgo en los ejemplares que él analizó. Por consiguiente, estas piezas se habrían utilizado apoyadas en un mango a modo de mazas, lo que habría facilitado su utilización considerando su peso. Sin embargo, debe señalarse que hay un artefacto de casi 1.500 kg que posee surco completo, indicando que esta pieza habría sido sujetada con una faja, lo que llama la atención por tratarse de un ejemplar tan pesado.
Resulta interesante destacar que una de las piezas recuperadas fue manufacturada sobre coquina, una roca compuesta por fragmentos de conchillas marinas (Tarbuck y Lutgens Reference Tarbuck and Lutgens2005), estableciendo visualmente una fuerte conexión con el mar. En ella se condensarían diversos aspectos de la relación entre humanos y el mar, ya que su materia prima y el tipo de presa sobre la cual se habría utilizado son de origen marino. Esta idea puede vincularse con lo sugerido por diversos autores acerca de que las elecciones de las materias primas podrían no haberse basado —solamente— en las propiedades físicas de las mismas, sino que también contemplarían otro tipo de motivaciones como son las simbólicas e ideológicas (Austin Reference Austin2015; Brumm Reference Brumm2010; Colombo y Flegenheimer Reference Colombo and Flegenheimer2013; Flegenheimer y Bayón Reference Flegenheimer, Bayón, Aschero, Korstanje and Vuoto1999; Hermo Reference Hermo2008; Taçon Reference Taçon1991).
Cazando pinnípedos en la desembocadura del Río Santa Cruz
Los pinnípedos son la presa principal elegida por los cazadores-recolectores en este sector de la costa patagónica. Como se describió anteriormente, estos animales pasan tiempo en el mar y en apostaderos en la costa, donde se habrían producido los eventos de caza dado que estos grupos humanos no desarrollaron tecnología de navegación que les permitiera desarrollarse en el mar como en otras áreas de la Patagonia (Lanata y Winograd Reference Lanata and Winograd1988; Orquera y Gómez Otero Reference Orquera and Otero2007).
La información proveniente de fuentes documentales de finales del siglo dieciocho e inicios del diecinueve evidencia que en la costa estos animales fueron cazados tanto con garrotes (Mayorga Reference Mayorga2017) como con boleadoras (Vecchi Reference Vecchi2006, Reference Vecchi2007), las que posiblemente fueron utilizadas como mazas. En consecuencia, podría considerarse que un golpe en la cabeza es certero para darles muerte, tal como propusieron Lanata y Winograd (Reference Lanata and Winograd1988) y Mayorga (Reference Mayorga2017). Ahora bien, se sabe que los pinnípedos pueden reaccionar de manera adversa frente a la presencia humana (Cassini et al. Reference Cassini, Szteren and Fernández-Juricic2004) e incluso cooperar para defenderse (Cortegana-Arias e Iannacone Reference Cortegana-Arias and Iannacone2012). Asimismo, su comportamiento agresivo se incrementa durante la época de parición, ya que los machos compiten por el territorio y las hembras, y éstas últimas, aumentan su agresividad intentando proteger a sus cachorros (Cárdenas-Alayza et al. Reference Cárdenas-Alayza, Oliveira and Crespo2016; Pérez-Álvarez et al. Reference Pérez-Álvarez, Carrasco, Sepúlveda and Quiñones2013). Por ello, para que los humanos pudieran aproximarse lo suficiente, habría sido necesario que elaboraran una estrategia que les permitiera hacerlo minimizando el riesgo de ataque por parte de los pinnípedos, especialmente durante la época de parición, que coincide con el verano austral, momento en el cual se habría dado el pico de estancias de los cazadores-recolectores en el área, según lo informan distintas líneas de evidencia (Lobbia Reference Lobbia2012; Muñoz y Zárate Reference Muñoz and Zárate2017; Pretto y Muñoz Reference Pretto, Muñoz and Otero2017). Es posible que recurrieran a la caza por desventaja (sensu Churchill Reference Churchill1993) para debilitar a las presas desde una distancia prudencial para luego darles muerte, y/o que aprovecharan animales aislados de su manada con el fin de evitar la reacción defensiva del resto. En el contexto aquí estudiado, situaciones de desventaja naturalmente dadas podrían ser cachorros que quedaban solos mientras la madre iba a buscar alimento, jóvenes solitarios y apartados de la manada, animales perdidos y/o enfermos y hembras solas buscando alimento. Frente a estos posibles escenarios, podría plantearse que los cazadores habrían empleado distintos sistemas de armas de manera complementaria, debilitando a la presa mediante el uso de lanzas (de mano y arrojadizas) para luego darles muerte con mazas/rompecráneos y/o puntas de mano. Las lanzas arrojadizas poseen mayor capacidad de penetración y fuerza de impacto, resultando eficaces para capturar presas de gran porte (Tomka Reference Tomka2013; Whittaker Reference Whittaker2013) y, a su vez, permitirían herirlas y debilitarlas desde mayor distancia que las mencionadas precedentemente. Las mazas/rompecráneos habrían sido utilizados de un modo semejante a los garrotes llamados seal clubs ya mencionados (Mayorga Reference Mayorga2017).
Sobre la base de estos resultados, se propone que las estrategias desarrolladas habrían requerido de la organización y cooperación entre los cazadores, quienes disponían de conocimiento respecto a la ubicación en el espacio y el comportamiento de sus presas. En ellas también habrían entrado en juego dos sistemas de armas que combinan uno de uso más general, en el sentido que se conoce su amplia distribución espacial y por la variedad de presas para las que habría servido (especialmente terrestres; Banegas et al. Reference Banegas, Otero, Goye and Ratto2014; Franco et al. Reference Franco, Cardillo and Borrero2005, Reference Franco, Otero, Guráieb, Goye, Cirigliano and Banegas2010, entre otros), junto con otro netamente de circulación costera. Además, se habrían incorporado los arpones confeccionados sobre hueso (Buc y Cruz Reference Buc and Cruz2014), artefactos que en otras áreas fueron asociados a la captura de mamíferos marinos (Beretta et al. Reference Beretta, Zubimendi, Ciampagna, Ambrústolo and Castro2013; Zubimendi y Beretta Reference Zubimendi and Beretta2015). Resulta interesante añadir que habría existido un modo compartido de realizar los rompecráneos (morfología, acabado, formatización de bases, surcos anchos y pesos mayores a 500 g), el que fue llevado a cabo en distintos sectores de la costa patagónica, como lo reflejan los ejemplares aquí analizados y los estudiados en otras áreas (Moreno Reference Moreno2008).
Conclusión
Como se mencionó más arriba, la caza es informativa acerca de pautas de captura y consumo de presas, y constituye un componente importante en la construcción de un paisaje. Esta actividad conlleva un involucramiento con el entorno en el cual se desarrolla, ya que los humanos deben entender y conocer no sólo el espacio físico donde se realiza, sino también la conducta particular de los animales y cómo estos se relacionan con dicho espacio. Así se genera un vínculo entre humanos y no humanos enmarcado en un contexto particular —en este caso, el sector de la costa patagónica correspondiente a la desembocadura del Río Santa Cruz. En el mismo hecho de habitar el espacio, humanos y no humanos establecen una relación dinámica y continua (Ingold Reference Ingold2000), por lo que la caza sería una actividad en la que ambos entran en diálogo y los primeros deben seguir las pautas impuestas por los segundos si quieren que ésta sea exitosa. Es decir, si los humanos no elaboran estrategias basadas en las conductas y características de los animales, la caza no podría producirse.
Esta actividad, además, dejó huellas en el paisaje, ya que los productos derivados de la caza, como serían las carcasas procesadas y allí descartadas. Las concentraciones de estos restos se encontraban (y encuentran) a cielo abierto, y la dinámica del ambiente favoreció que las mismas pasaran por momentos de exposición y enterramiento de manera alternante, como ya se demostró en trabajos anteriores (Cañete Mastrángelo y Muñoz Reference Cañete Mastrángelo and Muñoz2018; Cruz et al. Reference Cruz, Muñoz, Ercolano, Lemaire, Pretto, Gustavo Nauto and Moreno2015), por lo que habrían estado visibles en distintos momentos a lo largo del tiempo. Asimismo, la profundidad temporal que se conoce que tiene esta actividad en el área de estudio muestra que los grupos humanos conocían y elegían recurrentemente estas presas, las cuales explotaban y procesaban de manera semejante a lo que hacían con otras presas del aérea (guanacos; Muñoz y Zárate Reference Muñoz and Zárate2017), y utilizaban sus huesos para confeccionar artefactos (Buc y Cruz Reference Buc and Cruz2014). Posiblemente, también aprovechaban su cuero y su grasa, pero no se conserva registro de ello. De este modo, y con el trabajo aquí presentado, se contribuye al entendimiento de las técnicas y estrategias de caza de pinnípedos en la costa meridional de Patagonia, a la vez que se aporta una visión complementaria al estudio de la relación entre los seres humanos y no humanos y su entorno, y en última instancia, al habitar los espacios costeros.
Agradecimientos
Esta investigación fue financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de la Patagonia Austral y Universidad Nacional de Córdoba.
Declaración de disponibilidad
Los datos a los que aquí se hacen referencia se encuentran depositados en el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Ministerio de Cultura de la Nación.
Material suplementario
Para acceder al material suplementario que acompaña este artículo, visitar https://doi.org/10.1017/laq.2021.37.
Tabla suplementaria 1. Diversidad de especies identificadas en sitios de Punta Entrada.
Tabla suplementaria 2. Proveniencia de piezas analizadas y cronología disponibles.
Tabla suplementaria 3. Datos métricos y fracturas identificadas de los cabezales líticos.
Tabla suplementaria 4. Datos métricos, morfología, surco y estado de los artefactos de piedra pulida.






