Animales y personas en la memoria social
Ante el gato que me mira desnudo, ¿tendría yo vergüenza como un animal que ya no tiene sentido de su desnudez? ¿O, al contrario, tendría vergüenza como un hombre que conserva el sentido de la desnudez? ¿Quién soy yo entonces? ¿Quién soy? ¿A quién preguntarle sino al otro? ¿Quizá al propio gato? [Derrida Reference Derrida2008:18-19].
La identidad se construye con un otro, con el opuesto y diferente, en una relación dinámica que habilita el reconocimiento de lo propio y específico (Candau Reference Candau2008; Derrida Reference Derrida2008; Portal Ariosa Reference Ariosa and María1991, entre otros). No obstante, si bien es necesario reconocer el afuera constitutivo para la construcción de la identidad de un grupo humano, es fundamental también comprender el proceso de producción de esas particularidades que le otorgan sentido y pertenencia (Portal Ariosa Reference Ariosa and María1991). Pero ¿cómo participan los animales en este proceso? O, en otros términos, ¿son parte de ese exterior constitutivo de la identidad? Como plantea Derrida (Reference Derrida2008), es en su interacción con el gato que el ser humano desnudo toma conciencia de su desnudez, y lo lleva a reflexionar sobre sí mismo a partir de la mirada del felino. Consideramos así que en estos procesos donde se construyen identidades, los animales pueden participar y jugar un rol fundamental en tanto estos vínculos no sólo se definen por la interacción entre estos seres en un tiempo y espacio determinado, sino que además “existen a través de ellos” (Burgallo et al. Reference Burgallo, Bugallo, Dransart and Pazzarelli2022; Medrano Reference Medrano, Tola, Medrano and Cardin2013:80). Ambos se van constituyendo mutuamente en un proceso donde los animales participan activamente en la construcción del ser humano (Ingold Reference Ingold2000; Medrano Reference Medrano, Bugallo, Dransart and Pazzarelli2022; Tola Reference Tola2012).
Las identidades están histórica y espacialmente situadas, es decir, se construyen y resignifican en función de procesos únicos y específicos que se suceden en las dinámicas sociales entre los diferentes seres que significan los paisajes en tiempos concretos (Candau Reference Candau2008; Díaz Andreu Reference Díaz Andreu, Díaz Andreu, Lucy, Babic and Edwards2005; Ingold Reference Ingold2000; Insoll Reference Insoll2007). En el proceso de construcción de la identidad, el uso de recursos simbólicos en las prácticas cotidianas constituye el medio más poderoso para su reproducción (Bauman Reference Bauman2010; Lucy Reference Lucy, Díaz Andreu, Sam, Babic and Edwards2005) y la cultura material, a partir de su intervención y mediación en dichas prácticas, constituye uno de estos recursos. En función de ello, planteamos que la incorporación de animales en el arte rupestre podría constituir un rasgo de identificación metafórica, dentro de los grupos y con sus antepasados, con lugares y experiencias particulares del paisaje (Jones Reference Jones1998; Meskell Reference Meskell2015).
Por otro lado, la memoria social es una herramienta poderosa para la reconstrucción de la identidad en tanto proporciona un universo de significados diversos (Portelli Reference Portelli and Schwarzstein1991). En este acto, donde se negocian sentidos y pertenencias entre los sujetos y objetos involucrados, se establece qué se pretende recordar y olvidar, siempre evocando el significado original, pero en esquemas fluctuantes y cambiantes (Augé Reference Augé1998; Connerton Reference Connerton1989; Ingold Reference Ingold2000). En el marco de la memoria, la distancia entre los sucesos y la significación impregnada en los mismos, se reproduce de manera transgeneracional a través de instancias de formación social de la memoria, tales como la historia escrita, la tradición oral, los mitos y rituales (Aguado y Portal Reference Aguada and Ana Portal1991; Thompson Reference Thompson2004). Es así que la oralidad se convierte en un mecanismo importante de transmisión de conocimientos (Severi Reference Severi2010).
Los grupos humanos replican y recrean determinadas prácticas de su pasado que no necesariamente guardan su significado original de manera intacta, sino que se mantienen flexibles ante las condiciones históricas y ambientales en las que se desarrollan (Ingold Reference Ingold2000). Para comprender estos escenarios en las prácticas sociales nos proponemos indagar en cómo son incorporados los animales en la cotidianeidad de las prácticas y, en esta interacción, definir si participan o no en la construcción de la identidad rural de las comunidades que habitan actualmente las Sierras Centrales de Córdoba (Argentina).
Nuestra propuesta se respalda en una mirada interdisciplinaria entre la etnozoología, la historia y la arqueología, en tanto entendemos que nos permite indagar en la continuidad de ciertas prácticas sociales que implican incorporar al otro, al animal, en una relación dinámica que fue mutando a lo largo del tiempo.
Diálogos metodológicos entre etnozoología, historia y arqueología
El trabajo fue desarrollado en tres áreas de estudio emplazadas en diferentes sectores de las Sierras Centrales: Los Gigantes (LG) en las Sierras Grandes, La Playa (LP) en las Sierras Occidentales y Cerro Colorado (CC) en las Sierras del Norte (Figura 1). En cada una de ellas, consideramos la información etnozoológica de las comunidades que ocupan actualmente estas áreas, la histórica proporcionada por los datos recuperados de la Encuesta Nacional de Folklore (1921) y por fuentes documentales entre los siglos dieciséis y dieciocho; y finalmente, información arqueológica proveniente del análisis de los sitios con arte rupestre.
Mapa de las áreas de estudio y de los departamentos seleccionados para el análisis de la Encuesta Nacional de Folklore de 1921. (Color en la versión electrónica)

Desde el presente etnozoológico nos enfocamos en el conocimiento ecológico local (CEL) de las comunidades rurales actuales. El CEL se define por los conocimientos, creencias y costumbres que tienen las personas sobre el entorno que habitan y la relación con otros seres vivos (Berkes Reference Berkes1999). Con esto en mente, realizamos entrevistas abiertas y semiestructuradas a informantes claves que habitan en las zonas estudiadas (Aldridge y Lavine Reference Aldridge and Lavine2003; Bernard Reference Bernard2006), seleccionados a través de la técnica de bola de nieve (Guber Reference Guber2005).
El conjunto de preguntas de las entrevistas se organizó en dos grupos vinculados, por un lado, a lo estrictamente familiar (tiempo que residen en la zona, actividades productivas, línea de procedencia, ascendencia originaria, entre otras) y por otro, a la percepción de la fauna local. Para la realización de las mismas se siguió el Código de Ética de la Sociedad Latinoamericana de Etnobiología (Medinaceli et al. Reference Medinaceli, Cano, Argueta and Sanabria2018) y se utilizaron guías de aves, reptiles y mamíferos, como soporte visual para constatar la identificación del tipo de animal no humano que se mencionaba en el relato (Cabrera Reference Cabrera2021; Narosky y Yzurieta Reference Narosky and Yzurieta2010; Torres y Tamburini Reference Torres and Tamburini2019). Para ordenar el universo de especies de animales y evitar una clasificación sesgada por categorías académicas, se procedió a organizarla con los criterios de quienes entrevistamos. La clasificación generada en las entrevistas nos permite diferenciar entre animales de crianza (en el sentido de Lema Reference Lema2013), cuyo cuidado y reproducción dependen del ser humano, y animales o “bichos” del monte, que incluye aquellos con los que se vinculan por fuera del espacio doméstico.
La información reunida en la Encuesta Nacional de Folklore (1921) proporciona narrativas de la memoria oral de las comunidades rurales de principios del siglo veinte. Se trata de un fondo documental único que reúne saberes, tradiciones orales y creencias populares de las poblaciones rurales del país. Fue un proyecto del Consejo Nacional de Educación, realizado por maestros/as en todo el territorio nacional, quienes recolectaron y ordenaron el material acorde a las pautas proporcionadas por un instructivo elaborado por dicho Consejo. Este tipo particular de fondo documental requiere herramientas metodológicas de la disciplina histórica en tanto constituye producciones culturales que reflejan conflictivas vinculaciones entre historias y memorias colectivas (e.g., Portelli Reference Portelli and Schwarzstein1991; Thompson Reference Thompson2004). En esta línea, es importante destacar que la organización e implementación de la encuesta tiene un marcado sesgo derivado de dos líneas. La primera se debe a que el Consejo Nacional de Educación seleccionó la información a recuperar en función de lo que se consideraba útil para el fortalecimiento del nacionalismo. A este primer filtro se suma la selección que las y los docentes realizaban en el campo respecto a qué preguntar. De esta manera, no todas las encuestas tienen el mismo nivel o profundidad de información (Rosalía Reference Rosalía2018). No obstante, identificar estas limitaciones genera un contexto para reconocer los aportes que tiene la información proporcionada.
De las 209 encuestas analizadas para la actual provincia de Córdoba, seleccionamos tres que corresponden a las escuelas de las áreas estudiadas. Los contextos narrativos identificados son numerosos (i.e., leyendas, presagios, supersticiones, curanderismo), pero para este trabajo sólo consideraremos supersticiones y presagios entendiendo que en ambas los animales, en su interacción con los humanos, promovieron o limitaron algunas prácticas. Vale aclarar que, en ambos casos, hemos respetado las categorías utilizadas por la encuesta, a los fines de evitar tergiversar los sentidos originales dados por el Consejo Nacional de Educación de aquella época.
La vinculación entre seres humanos y animales también es posible de rastrear en algunas de las fuentes documentales de la época colonial (crónicas, relaciones, probanzas de méritos y servicios, visitas, juicios, entre otros), lo cual habilita indagar los cambios y permanencias de esta relación a lo largo del tiempo. La documentación histórica abarca fundamentalmente entre la segunda mitad del siglo dieciséis y finales del dieciocho, período en el cual las comunidades indígenas del territorio sufrieron profundos procesos de reestructuración y resistencia a los mecanismos de dominación iniciada en 1544 (Castro Olañeta Reference Castro Olañeta2006; González Navarro Reference González Navarro, Farberman and Montero2002). Para este trabajo consultamos la Relación Anónima que corresponde a momentos previos a la fundación de la ciudad de Córdoba, ocurrida en 1573, y la Relación de Pedro Sotelo de Narváez de 1582-1583 (Berberián y Bixio Reference Berberián and Bixio2017). Asimismo, analizamos dos documentos del siglo diecisiete que detallan los juicios criminales que tuvieron lugar en 1798 (Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, Córdoba [AHPC], 1798: Fondo de Justicia Colonial, legajo 58, e.6), y en 1799 (Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, Córdoba [AHPC], 1799: Fondo de Justicia Colonial, legajo 87, f.12), en la provincia.
Desde lo arqueológico incorporamos el estudio iconográfico de animales presentes en el arte rupestre del período Tardío (ca. 700-1544 dC), haciendo hincapié en la historicidad vinculada a esta materialidad. Las áreas estudiadas se caracterizan no sólo porque reúnen aproximadamente el 70% de los sitios con representaciones pintadas de la región de Sierras Centrales, sino por la importancia de los motivos de animales presentes en su repertorio. A los fines de ajustar las categorías analíticas, incorporamos aquellos con elementos que permitieron definir su forma, como cabezas, cuellos, torsos, colas, y atributos diagnósticos que habilitaron reconocer un animal específico (ocelos, cornamentas, formas del hocico, entre otras; Recalde Reference Recalde2009; Recalde y Colqui Reference Recalde and Colqui2019).
Los animales en el presente etnográfico
Las áreas de estudio, al centro oeste y norte de la actual provincia de Córdoba, Argentina (Figura 1), están conformadas por localidades, comunas y parajes que integran dos tipos de ambientes moldeados por las condiciones hídricas y altitudinales, lo cual condiciona el tipo de vegetación y fauna. La localidad de Los Gigantes (LG), se encuentra entre los 1.700–1.900 m snm y conforma un paisaje de pastizales de altura (Cingolani et al. Reference Cingolani, Renison, Zak and Cabido2004). En tanto, Cerro Colorado (CC; altitud 500-700 m snm) y La Playa (LP; altitud 800 m snm aproximadamente), se emplazan en ambientes de bosque chaqueño (Figura 2). Las tres áreas se definen por ser históricamente zonas rurales donde la concentración de población es reducida y las actividades productivas son la ganadería y el turismo. La comuna de Cerro Colorado y La Playa apenas superan los 200 habitantes, mientras que Los Gigantes y alrededores registra un total de 602 habitantes (CENSO 2010). Esta última presenta la particularidad de que las viviendas están distanciadas entre 10 y 20 km (Wajner Reference Wajner2017), y la accesibilidad de los caminos depende de las condiciones climáticas del mantenimiento que realiza el municipio, quedando en ocasiones las familias aisladas o con dificultades de desplazamiento.
Ambiente de las áreas de estudio. (a) Cerro Colorado (Sierras del Norte); (b) Guasapampa (Sierras Occidentales); (c) Los Gigantes y alrededores (Sierras Grandes). Fotografía tomada por las autoras. (Color en la versión electrónica).

En Los Gigantes y La Playa, la ganadería, en particular la vacuna, caprina y ovina, es la principal actividad económica de las familias para su subsistencia (Cingolani et al. Reference Cingolani, Renison, Zak and Cabido2004). En Cerro Colorado, si bien la actividad turística es una fuente de ingresos para muchos habitantes de la localidad debido a su importancia arqueológica, las familias también se dedican a la ganadería y la agricultura en pequeña escala. El punto en común entre las tres áreas es que están supeditadas al autoabastecimiento y las demandas del mercado local.
Hasta el momento hemos realizado 23 entrevistas a personas que tienen entre 30 y 80 años de edad, y todas poseen una historia familiar arraigada en las zonas. Un dato para remarcar es la ascendencia indígena, ya que, aunque muchas/os indicaron que desconocían este origen, optaron por dejar abierta la posibilidad. Esto puede relacionarse con el hecho de que “antes estaba mal visto decir que tenías familia indígena” (Entrevista a CT mujer de LG), por lo que esa información fue en algunos casos olvidada (Colqui et al. Reference Colqui, Tamburini and Recalde2023), situación que se replica en las otras dos localidades.
La crianza de animales lleva varias generaciones y esta consistencia en el tiempo se revela en la persistencia de las especies de animales que crían, como por ejemplo las vacas, ovejas, cabras y chanchos, cuya variación también ha estado supeditada a las demandas del consumo local. Con esta práctica se hereda todo un corpus de saberes que giran en torno a la reproducción, cuidado y sentidos sociales de determinados animales. Una de las entrevistadas narra cómo en años anteriores se dedicaba a esta actividad como modo de subsistencia:
¿Qué hacían ustedes? Criar animales, . . . ¿qué animales criaban? Tenía ovejas, las cabras, las vacas, los caballos, los chanchos . . . ¿A qué se dedicaban? [haciendo alusión a los abuelos]. A lo mismo, criaban animales, cosechaban maíz. Si cosechas el maíz ya crías gallinas, tenés para darle a los caballos, o ponele para darle a los chanchos [Entrevista a MF mujer de LG, destacado nuestro].
Por lo general, los animales de crianza son los primeros en aparecer en sus relatos, lo cual resulta de las interacciones cotidianas. Gatos (Felis silvestris catus), canes (perro, Canis familiaris), y gallinas (Gallus gallus domesticus), que están presentes en casi todas las viviendas y dependen de la intervención humana para vivir, no fueron mencionados.
Los “bichos del monte” también están presentes integrándose a la esfera de lo social, en tanto conviven con las personas en un ambiente compartido y a los cuales pueden ver, escuchar y sentir en su cotidianidad. Esta selección e incorporación de ciertos animales a las representaciones mentales de las personas, se afianza en el uso de los mismos para denominar a las familias. Es decir, además del apellido paterno y/o materno, que la cultura occidental utiliza para identificarse, estas comunidades rurales adoptan el nombre de un animal para denominarse y diferenciarse. Esta práctica social es mencionada por algunos como una costumbre parecida a un “apodo y/o sobrenombre”, aunque este no sea su sentido peculiar. Asimismo, el dato significativo es que, si bien puede haber familias con el mismo apellido dentro de una misma área, los nombres de animales no se repiten ya que se aplican a cada unidad familiar (Colqui et al. Reference Colqui, Tamburini and Recalde2023; Tabla 1). Esta práctica social se registra tanto en Los Gigantes como en La Playa, pero hasta el momento está ausente en Cerro Colorado.
Listado de los “apodos y/o sobrenombres” de animales de las familias entrevistadas.

En este diverso universo de nombres de animales se pueden encontrar aves, mamíferos, insectos y reptiles, en ese orden de importancia. Sólo en un caso se referencia una parte del animal como “Los Librillos”, que alude a las entrañas de la vaca (Tabla 1). Cuando indagamos sobre el origen de esta práctica, señalaron desconocer su fundamento, pero indicaron que se remonta hasta los tiempos de sus abuelos/as. No obstante, cabe preguntarnos si estas asociaciones tendrían una correlación entre las características y comportamientos de animales y humanos o, si por el contrario, se identifican porque los animales se asocian a comportamientos y/o características humanas.
Algunas denominaciones reflejan una asociación análoga entre el comportamiento del animal y el de la familia. Tal es el caso de los jotes (Coragyps atratus o Cathartes aura), aves que se caracterizan por actuar en bandada a la hora de alimentarse (Narosky y Yzurieta Reference Narosky and Yzurieta2010) y esta actitud, según una entrevistada de Los Gigantes (LG), es la que refieren sobre la familia con ese nombre. Los Toros (Bos taurus) y Los Loros (aves indeterminadas, familia Psittacidae), también siguen esta lógica, en tanto el carácter “bravo” de los bóvidos es acorde a la descripción de la familia que lo porta, mientras que, aquellos/as vinculados a las aves parlantes, son identificados como personas que hablan mucho.
Por otro lado, hay “apodos” de animales que se definen por acciones e intervenciones humanas en la especie. Una entrevistada señalaba que en una oportunidad su primo la visitó en su trabajo y ante la pregunta de su empleadora sobre cómo evitar que la dejara, él le contestó que “es muy fácil, busque una piolita y átela” (Entrevista a MF, mujer de LG). El “atar con una piola”, alude a acciones concretas que realizan las personas sobre el animal, ya que la “piola” (soga) se utiliza para atar el carnero para que no se escape y haga daño a otro macho de la especie. En este caso, la relación entre el nombre animal y la familia, no hace referencia a un comportamiento propio del ovino, sino al vínculo forjado entre ambas. También observamos que algunos casos se vinculan con el animal que portan como nombre, asignándole características humanas. Es así, que una mujer que habita en los alrededores de LG, nos narraba sobre esta costumbre:
Yo soy Colcón, ¿qué es eso? Un pájaro. Es un bicho que a la noche hace [imita sonido] . . . ¿pero viene de su papá o de su mamá? De parte de mi papá, mi mamá me parece que ella era Chuña. Es un pájaro también ¿y por qué se dicen así? Eso no lo sé, es una tradición de antaño, de hace muchos años. ¿La Chuña qué característica tiene? No sé, sé que el Colcón es un bicho muy observador, él a la noche está como escuchando, observando, si pasa un zorro supongamos él va a hacer algún marulle [sonido] de algo[Entrevista a MZ mujer de los alrededores de LG; destacado nuestro].
El Colcón o Lechuza Bataráz chaqueña (Strix chacoensis) es una especie rapaz nocturna, generalista en cuanto a sus requerimientos de hábitat, asociándose tanto con ambientes boscosos como los chaqueños, y con ambientes abiertos (Trejo y Bó Reference Trejo and Susana Bó2015). No obstante, quien lleva este nombre de animal conoce su comportamiento y le atribuye características humanas vinculadas a las actitudes que el ave adopta frente a determinada situación. Asimismo, menciona que la Chuña (Chunga burmeisteri en bosques chaqueños, Cariama cristata en pastizales de altura) es el apodo del lado materno, pero se identifica y conoce con más detalle el apodo heredado de su padre. Esto se condice con una norma social patrilineal bajo la cual, si bien las personas conocen el sobrenombre de la familia paterna y materna, se identifican más con el primero.
Animales en el contexto de la Encuesta Nacional de Folclore
En los relatos orales registrados en la Encuesta Nacional de Folklore (1921) y, en función de los objetivos de este trabajo, seleccionamos dos contextos vinculados a supersticiones y presagios. El primero alude, según Rodríguez Becerra (Reference Rodríguez Becerra2021) a la creencia en fuerzas espirituales o no naturales, religiosas y mágicas, en tanto los presagios son saberes que previenen o informan eventos futuros. Consideramos así, que el análisis de estas narrativas nos habilita a dar cuenta de las formas en que interactúan personas y animales, y a comprender cómo los animales participan en el quehacer y las decisiones cotidianas de los grupos humanos.
En concreto, como mencionamos, analizamos tres encuestas que fueron seleccionadas por un criterio geográfico, es decir en las escuelas de las áreas de estudio. En los casos donde no hay encuestas se consideraron las de parajes cercanos. De esta manera, tomamos una correspondiente a la escuela de Los Gigantes (Departamento Cruz del Eje), una del paraje Ojo de Agua (Departamento Minas) ubicado a 17 km de distancia de La Playa, y para la localidad de Cerro Colorado la de El Pantanillo (Departamento Tulumba; Figura 1).
Un primer examen de las narrativas seleccionadas nos permite afirmar que tanto “los animales de crianza” como los “bichos del monte” están presentes en todas las encuestas. La variabilidad de etnoespecies que conforman ambos grupos es diversa y significativa, pero estas no presentan diferencias cuantitativas, ya que 13 corresponden a los animales de crianza y 12 a los del monte (Tabla 2).
Animales presentes en la Encuesta Nacional de Folklore (1921), correspondiente a las áreas de estudio.

En el caso de los presagios, algunos comportamientos de los animales pueden anunciar eventos que ocurrirán en un futuro inmediato. Aves como el Picaflor (familia Trochilidae) y la Chuña, anuncian la llegada de buenas noticias o buena suerte en el trabajo; en tanto otras comunican desgracias, asociadas incluso a la muerte, como la lechuza y el gallo. Es así que las conductas de estos animales pudieron haber condicionado o promovido ciertas actitudes individuales y/o grupales en la toma de decisiones cotidianas. En este contexto, aunque la definición identitaria, personal y/o social no está plasmada, sí influye en sus conductas, y, especialmente, en las determinaciones que toma la persona en la vida diaria.
Por otro lado, también se observan circunstancias claras de intervenciones de las personas sobre los animales. Estas formas de vincularse, se asocian en su mayoría a las de crianza, las cuales se direccionan a cuidar y reproducir los animales que tienen a cargo. Por ejemplo, a los cabritos (crías de Capra hircus) enfermos de verrugas se les cura cortándole el pelo de la cola. En los casos de bichos del monte, son múltiples las maneras en que las personas accionan y que ineludiblemente las afectan. Las encuestas señalan que cuando una mujer en su ciclo menstrual cruza por encima de una víbora (serpiente venenosa indeterminada), el animal muere; o si se las caza en días festivos del calendario religioso cristiano, se augura la perdición de las almas. Entendemos que estas formas de incluirlos en los relatos están orientadas más que nada a la preservación de estos reptiles, aludiendo a consecuencias negativas sobre quien incurre en el daño.
La sola presencia física de los animales o de algunas de sus partes también puede indicar la sucesión de eventos futuros, y, por lo tanto, incidir sobre las respuestas y/o acciones humanas. Sólo registramos cuatro casos que involucran a los de crianza y a los del monte (Tabla 2), donde son algunas partes del cuerpo las utilizadas para generar bonanza tanto en la hacienda como en las personas. Se deben colgar los librillos (sección de los intestinos del ganado vacuno) en la casa cuando se carnean las vacas, para mantener la prosperidad del ganado; o incorporar al hogar los cuernos y las tabas (hueso de la parte posterior de la pata), para atraer la buena suerte a sus habitantes.
Cabe preguntarnos si en este vínculo son los animales los que ejercen una fuerza modeladora de las decisiones y acciones humanas que garantizan la preservación de ambos seres. En este contexto ¿qué actitudes adoptan los humanos frente a los animales que son portadores de malas noticias o atraen las desgracias? ¿Podríamos suponer que posiblemente estos hayan sido perseguidos o incluso abatidos? No obstante, muchos de ellos son criados, lo cual nos lleva a pensar que lejos de adquirir una connotación negativa que conlleve a su desaparición, estos animales son merecedores de atención y cuidado. No son los causantes de males o desgracias, sino que cumplen un rol de anunciadores, o, en otras palabras, de mensajeros. Actúan en el mundo social previniendo sucesos que no tienen la facultad de evitar o provocar.
Animales presentes en los documentos hispanos durante el período colonial en Córdoba
La historia colonial de la actual provincia de Córdoba comienza en 1544 con el ingreso de las huestes españolas a la región y se materializa en 1573 con la fundación de la ciudad por Jerónimo Luis de Cabrera. Las fuentes documentales son principalmente las llamadas relaciones, cuyo género tenía la función de proveer información descriptiva sobre el accionar español en las tierras conquistadas (Berberián y Bixio Reference Berberián and Bixio2017). Para la región contamos con la Relación Anónima de 1572 y la Relación de Pedro Sotelo de Narváez de 1582-1583 (Berberián y Bixio Reference Berberián and Bixio2017). En general tienen poca descripción o detalles sobre las comunidades indígenas que habitaban estos territorios, por lo que las referencias narrativas vinculadas a animales y personas son indirectas y escasas.
En la Relación Anónima no hay mención sobre las denominaciones étnicas que portaban los grupos humanos; en tanto en ambas fuentes se incluye a los animales sólo para indicar la práctica de crianza y los usos que hacían de ellos, o las especies involucradas en las actividades cinegéticas (i.e., guanacos, liebres, venados). Durante los siglos diecisiete y dieciocho se marca la continuidad de prácticas socioculturales de los indígenas en tiempos coloniales. Este es el caso de un estudio de Castro Olañeta (Reference Castro Olañeta2006) en el pueblo de indios de Quilino, que se encuentra a 65 km de Cerro Colorado. Los datos recuperados de un expediente judicial le permiten proponer la persistencia de ciertas prácticas, como las juntas y borracheras, generadas en torno a la recolección del fruto del algarrobo (Neltuma sp.). Los testimonios que se presentan en el expediente dejan clara la realización de instancias ritualizadas donde la participación de diferentes seres constituye un rasgo simbólico central (Pastor et al. Reference Pastor, Recalde, Tissera, Ocampo, Truyol and Chiavassa-Arias2015). Entre las declaraciones la que se destaca es la del pueblero que describe lo que vio en una de las celebraciones:
y una noche hallo que en el dicho pueblo estvan los yndios en una borrachera [y] danzazan [sic] con . . . unos papagayos y figuras de lagartos y dixeron que alli avia una biexa desnuda con pellexos de tiguere y en la aparenzia parezia ydolatrias que hazian [Castro Olañeta Reference Castro Olañeta2006:153].
La persistencia de esta práctica en tiempos coloniales señala la perduración de una estrategia en la que se tejían lazos comunitarios y reforzaba la identidad colectiva (Castro Olañeta Reference Castro Olañeta2006). La descripción plantea la presencia de una persona “vestida” con pieles de “tiguere” (refiere al yaguareté, Panthera onca), es decir, prevalece la mirada del uso como algo semejante a un disfraz. Consideramos que esta mirada reduccionista de lo observado, lleva a simplificar el papel de este personaje que, como veremos en el arte rupestre, en su constitución se conjugan animales y personas.
Por otro lado, Nores y D’Andrea (Reference Nores and Ulises1995) tomando la información de expedientes criminales que fuera publicada por el Padre Grenón en su trabajo titulado “Apodos históricos”, advierten que algunos de los apodos que enumera corresponden a denominaciones familiares y no personales, tales como Los Tábanos (insecto díptero de la familia Tabanidae) y Los Zorrinos (Conepatus chinga; Grenón Reference Grenón1955). La ausencia de datos concretos sobre los actores sociales involucrados en estos expedientes nos llevó a una lectura de los dos juicios (1798 y 1799). En uno se pudo verificar que un joven de apellido Peralta, testigo de la causa, es reconocido por quien toma su declaración en el juicio como “Los Tábanos” (AHPC 1798: FJC, legajo 58. e. 6), es decir que, además del apellido se señala la denominación animal. El otro juicio involucra a tres hermanos acusados de robo de ganado, de apellido Escobar alias “Los Zorrinos” (AHPC 1799: FJC, legajo 87 e. 12). El dato significativo es que los demás testigos que aparecen mencionados en las causas son incluidos con el nombre y apellido sin mediar otras denominaciones. Destacamos que, en ningún caso se especifica a qué casta social pertenecían los acusados y el testigo.
La pluralidad con la que se incorporan estos apodos y/o alias en los expedientes llevó a plantear a Nores y D’Andrea (Reference Nores and Ulises1995) que estos incluyeron al núcleo familiar. A partir de esta información, los autores proponen que esta práctica de vincular una familia a un animal puede rastrearse en la actualidad de los pobladores de las Sierras Centrales (Córdoba y San Luis) e incluso extenderlo a las actuales provincias de La Rioja y Santiago del Estero.
La iconografía de animales en el arte rupestre
En el proceso histórico local, el denominado período Tardío (ca. 700-1550 dC) se caracteriza por el incremento de gran parte de las estrategias sociales de momentos previos relacionadas por ejemplo con la movilidad estacional, que generó la articulación de paisajes social y económicamente complementarios y los cambios tecnológicos vinculados a la obtención y preparación de los alimentos (e.g., cerámica). Es en este contexto donde el arte rupestre muestra un incremento exponencial tanto en la cantidad de sitios y los entornos en los que se emplazan, como en la variabilidad del repertorio rupestre, donde las representaciones de animales ocupan un papel central.
En la región de Sierras Centrales, cerca de 10.000 motivos pintados y grabados se distribuyen en 178 sitios con arte rupestre. El ambiente de valles concentra el 96% de los sitios con una mayor diversidad de especies representadas, mientras que en el de pastizales, como el de Los Gigantes, sólo se han documentado seis sitios, de los cuales sólo uno tiene camélidos pintados.
Las áreas analizadas para este trabajo reúnen el 68,2% (N = 118) de los sitios y el 54,6% (N = 5.923) de los motivos. Los valles donde se emplazan LP y CC cuentan con evidencias de ocupación diferentes, pero claramente articuladas a los circuitos de movilidad estacional. En la primera, se documentaron ocupaciones estacionales estivales realizadas por grupos reducidos de individuos en abrigos rocosos (Recalde Reference Recalde2009), donde el arte rupestre interactuaba sólo con las personas que construyeron cotidianamente esos sitios (Figura 3). En tanto, en la región norte se trata de sitios residenciales a cielo abierto, en ocupaciones tipo poblados, donde la permanencia de los grupos estaba más vinculada al calendario agrícola (Recalde y López Reference Recalde and López2017). Aquí los paneles con representaciones están articulados con las diferentes esferas de reproducción social (i.e., espacios residenciales, áreas de cultivo y molienda; Colqui Reference Colqui2016; Recalde Reference Recalde2009; Figura 4).
Detalle de los repertorios de animales de La Playa (valle de Guasapampa). (a) conjunto de rheas en negro y (b) lacertillas, camélidos y cérvidos en blanco y negro. (Color en la versión electrónica)

En estos paisajes las representaciones zoomorfas reúnen el 44,5% (N = 2.639) del universo total, cuyo análisis morfológico permite destacar dos líneas. Por un lado, un predominio de los camélidos (Lama guanicoe / Lama glama) y por otro una variabilidad de especies animales (Recalde Reference Recalde2009; Recalde y Colqui Reference Recalde and Colqui2019). Los grupos tipológicos, en función de su relación con el referente real, son mamíferos (camélidos, cérvidos, felinos, cánidos, etcétera), aves (rheas, catártidos, entre otros) y reptiles (iguanas, serpientes), en ese orden de importancia. La ejecución de las especies procura presentar una forma animal específica al poner el acento en la confección de una especie reconocible, lo cual sugiere una familiaridad y percepción compartida como el resultado de un conocimiento situacional que provenía de experiencia acumulada, experimentación e intercambio de información (Martin y Meskell Reference Martin and Meskell2012:416).
En función de los entornos donde se emplazan los paneles y de la distribución de estas especies, podemos identificar que algunas son propias del paisaje chaqueño, más cerrado y con predominio de vegetación leñosa asociada a los valles (i.e., gato montés [Leopardus geoffroyi] y yaguaretés [Panthera onca], víbora coral [Micrurus phyrrocryptus], corzuelas [Subulo gouazoubira)]) y los que habitan paisajes más abiertos o de pastizales (i.e., guanacos, venados de las pampas [Ozotoceros bezoarticus] o pumas [Puma concolor]). Es decir que en los valles de Guasapampa (GS) y Cerro Colorado, dialogan en el panel especies que ocupan hábitats diferentes. Incluso se destaca la selección de ciertos animales como rasgo dominante, como sucede con las iguanas en GS (Figura 3a) o las serpientes en CC (Figura 4b).
Ejemplo de la diversidad de los animales presentes en los paneles de Cerro Colorado: (a) sección del panel donde se distingue el felino, posiblemente un yaguareté (Panthera onca o gato montés Leopardus geoffroyi), por el detalle de sus característicos ocelos; (b) panel dominado por serpientes. (Color en la versión electrónica)

¿La inclusión de estas especies de animales es una manera de objetivar la memoria asociada a la movilidad estacional? ¿Es una manera de materializar en los animales las identidades vinculadas a los paisajes y las experiencias vividas en esos entornos? Esta inclusión permite señalar que actuaron como significantes de un paisaje más amplio, un entorno que excedió el espacio cotidiano, articulado a partir de su observación y ejecución. Lo concreto es que los animales se integran a este mundo simbólico como rasgos centrales de lo social, como expresiones de la intención social (Nanoglou Reference Nanoglou2008). Proponemos así que los animales actúan como un ancla identitaria, donde paisajes, objetos y seres se conjugan. La incorporación de ciertos animales a la vida social no se observa sólo en sus representaciones en el repertorio zoomorfo, sino también en la elaboración de figuras que conjugan rasgos de unos y otros, animales y humanos, como fue identificado en los paneles de Cerro Colorado (Figura 5).
Figuras que combinan rasgos de seres humanos y animales de Cerro Colorado. (Color en la versión electrónica)

El papel de los animales en las dinámicas sociales: diálogos entre el pasado y el presente
Los vínculos entre animales y humanos han sostenido y construido a lo largo del tiempo una historia conjunta que marca cómo se fundamenta lo que socialmente es un animal, al tiempo que se define lo que es un humano (Santos Fita et al. Reference Fita, Dídac, Juanita Cano-Contreras, Eraldo Costa-Neto, Fita and Vargas-Clavijo2009). En este contexto, ¿es posible plantear una continuidad en la manera en la que ambos interactúan en la memoria social a lo largo de un período de larga duración? Consideramos que este análisis es posible en tanto esta construcción no se interprete como inamovible, dado que como sostiene Candau, la repetición no ha impedido nunca la variación (Reference Candau2008:41). Proponemos así que han cambiado los contextos sociales, los paisajes y los procesos de significación, pero se ha mantenido esta mirada transmitida de generación en generación sobre la interacción y formación conjunta de ambos seres. Actualmente, como hemos mencionado, las familias rurales que habitan Los Gigantes y el valle de Guasapampa usan un animal como apelativo, costumbre que es identificada como un “apodo y/o sobrenombre”. Esta denominación esconde en realidad una práctica que es más compleja de desentrañar. Aunque la explicación sobre su origen se ha perdido para quienes la reproducen, su raíz profunda en la historia de las familias es el rasgo compartido. Respecto a las características de esta costumbre observamos que estas denominaciones están vinculadas a las relaciones construidas de manera cotidiana entre seres humanos y las diferentes especies animales con las cuales interactúan en distintas instancias. Esta práctica se reproduce hacia el interior de la comunidad, es decir, en la intimidad de instancias familiares o con personas cercanas, pero no son expuestas ante la presencia de extraños o visitas. ¿Cuál es el fundamento social para asignarles a determinadas familias nombres de animales? En su selección, ¿se involucran asignaciones y valoraciones propias del animal?
Identificamos así una variedad de formas bajo la cual las comunidades rurales actuales adoptan como nombre un animal. Los animales de crianza responden a una manera de “hacer” por parte de estas familias, en la medida en que sus comportamientos resultan de la interacción y definición acorde a las intervenciones humanas (Burgallo Reference Burgallo, Bugallo, Dransart and Pazzarelli2022), como es el caso de los corderos (Ovis orientalis aries). Otros, se vinculan por la traslación análoga de comportamientos animales a las familias (i.e., los jotes, los toros), como también identificamos apelativos que se construyen en torno a la asignación de características humanas, como es el caso del Colcón. Por lo tanto, las formas de asociar familias con determinados animales son variadas. Si bien los animales que crían son los primeros en ser mencionados en sus relatos, esta valoración no se replica en la asignación de apelativos de las familias. En primer lugar, encontramos denominaciones que se asocian al ganado que crían como medio de subsistencia (i.e., carnero o gallo); y, por otro lado, están los que refieren a animales con los que conviven e interactúan cotidianamente a partir del habitar conjunto en el paisaje o bichos del monte (i.e., aves, reptiles).
En este punto se puede apreciar que el binomio silvestre/doméstico, como lo entiende la mirada moderna y occidental, pierde sentido en la medida en que ambos son incorporados para modelar un imaginario colectivo e identitario que se asocia a estos seres, expresando un continuum social entre naturaleza y cultura (Descola Reference Descola2012). No obstante, las personas no construyen relaciones simétricas con todos los animales, en la medida de que no todos son incluidos en los diversos espacios sociales ni tienen el mismo grado de importancia. Esto da cuenta de categorías propias, surgidas en un ámbito particular en tanto atravesado, como plantea Medrano (Reference Medrano2016), por dimensiones institucionales como el parentesco, e ideológicas que llevan a maneras específicas de relacionarse, comprender y conceptualizarlas (Reference Medrano2016:372).
Podemos pensar que la lógica de asociar familias y animales por parte de las comunidades que habitan diferentes paisajes de las Sierras Centrales (i.e., pastizales y valles), se corresponde a las múltiples relaciones que se tejen entre estos seres y humanos, donde interviene un corpus de conocimiento generacional y heredado, pero que es resignificado en el presente. En este sentido, la información recopilada en la Encuesta Nacional de Folclore (1921) nos permite comprender el contexto en el cual los animales se constituyeron en agentes claros en las prácticas sociales, en tanto condicionaron o promovieron respuestas concretas entre las comunidades rurales que ocupaban la región. Este diálogo constante se objetiva en los presagios y supersticiones, donde los animales actúan como mensajeros. Advierten así, a partir de su intervención en el mundo social, de sucesos que no pueden provocar, pero tampoco evitar. En suma, se entiende que esta agencia de los animales condensa el conocimiento mutuo y los diálogos forjados entre participantes (Haber Reference Haber, Bugallo, Dransart and Pazzarelli2022:257) en la cotidianeidad de las prácticas. Este código engloba todo un corpus de saberes transmitido por varias generaciones. Por lo tanto, las personas no interpretan el comportamiento animal, las personas dialogan con él porque se conocen y entienden, y lo hacen propio.
La transmisión de conocimiento no se forja en prácticas analíticas o discursivas, sino que se aprende en contexto y es incorporada a través de la interacción continua y cotidiana (Viveiros de Castro Reference Viveiros de Castro2013). Por lo tanto, hay elementos que continúan en el tiempo y otros que se transforman, a los cuales consideramos posibles de acceder si atendemos a la historicidad que los enmarca. Es así, que las evidencias recuperadas en los documentos de la época colonial en Córdoba nos permiten tender un puente más sólido con respecto a la supervivencia de prácticas en el tiempo. La costumbre de denominar las familias con animales pareciera tener una mayor profundidad histórica en la medida que atendemos el contexto en que estos aparecen. Los datos recuperados en los expedientes judiciales nos permiten destacar que los testigos identifican a los acusados a partir de su “apodo” animal. Esto respalda que, para el imaginario de estas personas, este dato era significativo en tanto formaba parte de su referencia identitaria.
Esta información constituye una línea para plantear e indagar en la existencia de la práctica desde momentos coloniales. La pregunta que subyace en estos datos es si esta práctica surge a partir del contacto con el español, sobre todo sabiendo que en el viejo continente la costumbre adquiere otros sentidos relacionados, en algunos casos con lo individual (e.g., Tibón Reference Tibón1986) o se instala y fortalece a partir del siglo dieciocho. Lo cierto es que podemos plantear que esta costumbre encuentra suelo fértil porque la construcción conjunta entre personas y animales era previa, y porque la presencia de estos en la iconografía del arte rupestre apuntaría en esa dirección.
Estos lazos en torno a los vínculos construidos entre personas y animales en el presente etnográfico, y que es posible de registrar en los documentos históricos, nos habilita a indagar en los procesos de construcción de las identidades sociales de las comunidades originarias durante período Tardío (ca. 700 al 1550 dC). Entendemos así que, el uso de recursos simbólicos en las prácticas cotidianas constituye el medio más poderoso de reproducir la identidad de un pueblo o comunidad (Bauman Reference Bauman2010; Lucy Reference Lucy, Díaz Andreu, Sam, Babic and Edwards2005); y la relación entre cultura material y oralidad, a partir de la intervención y mediación en dichas prácticas, constituyen partes fundamentales de estos recursos. La inclusión al repertorio de ciertas especies permite proponer una clara selección de aquellos animales más significativos para el mundo social, en tanto fueron una parte constitutiva de la experiencia del paisaje y, fundamentalmente, de la memoria de un entorno concreto (Jones Reference Jones1998). Así, como identificamos para el presente etnozoológico diversas formas de construir vínculos con los animales involucrados en una misma práctica como la de poner apodos, en el pasado indígena la importancia de incorporar determinadas especies y su repitencia en el tiempo, pudo haber enfatizado los distintos grados de participación que pudieron haber tenido en el mundo social (i.e., medicinal, anunciadores, buena o mala suerte, entre otros). Los animales del repertorio estaban integrados a los procesos de negociación de la memoria, como una manera concreta de relacionarse con el paisaje y con las prácticas e historia vivida en esos entornos (Recalde y Colqui Reference Recalde and Colqui2019).
Un caso para considerar son los motivos donde rasgos animales y humanos se conjugan en la construcción de una figura, planteando una disyuntiva similar respecto a lo que observó el encomendero con la mujer con cueros de yaguareté. ¿Es un ser humano con rasgos animales o al revés? La respuesta inmediata nos indica que en realidad esto no es significativo, en tanto la ejecución de ese ser integra elementos de unos y otros. Esto refuerza así la inclusión del animal en el mundo idiosincrático de las comunidades locales, incluidos como agentes sociales con una fuerza simbólica y como señal de identidad, de unión y diferenciación (Recalde y Gordillo Reference Recalde and Gordillo2022). Las figuras pintadas de los animales no solo expresan una ontología ya formada, sino también son parte constitutiva de ella (Joyce Reference Joyce2000).
La selección de determinadas especies en el arte rupestre del indígena, se correlaciona también en el presente entre las personas que habitan la zona de Los Gigantes y el valle de Guasapampa. Están incluidos así animales cotidianos, en tanto interactúan con los grupos en los paisajes de valle (cérvidos, felinos, pecaríes, rheas) y aquellos que habitan otros entornos asociados con otras prácticas (e.g., actividades cinegéticas). Un análisis comparativo del orden de animales documentados en el repertorio rupestre y en los apodos nos permite plantear otras continuidades. Por un lado, la preponderancia de los mamíferos como especies seleccionadas, la cual resulta dominante en el caso del arte (Tabla 1); y por otro, aunque con diferencias cuantitativas notables, la constante presencia de aves y reptiles en el mundo social. No obstante, el orden de animales no varía tanto como las especies faunísticas que lo integran, considerando que inevitablemente está influido por la desestructuración violenta del mundo indígena que generó la conquista española en el siglo dieciséis (Castro Olañeta Reference Castro Olañeta2006; González Navarro Reference González Navarro, Farberman and Montero2002), lo que modificó las estrategias de reproducción social de las comunidades locales y, en consecuencia, el marco idiosincrático. Este nuevo contexto fue acompañado por la incorporación de un elenco diferente de especies con las cuales interactuaban, lo que cambió el modo de relacionarse y percibir a los animales, y, por lo tanto, la forma de comprender y construir los distintos ambientes (Miyano Reference Miyano2018). Es por ello que podemos pensar que algunas especies se incorporan al mundo idiosincrático en la medida que fueron importantes para la reproducción familiar. Es probable que el guanaco, extinto en el ambiente de altura entre finales del siglo diecinueve y principios del veinte (Medina y Rivero Reference Medina and Rivero2007) fuera reemplazado en el imaginario colectivo, por otros animales que ocuparon un lugar central en la reproducción económica y social de las familias locales como, por ejemplo, las ovejas.
Consideraciones finales
Los seres humanos hemos construido nuestra historia a partir de la interacción con una gran diversidad de especies animales (Medrano Reference Medrano2012; Santos Fita et al. Reference Fita, Dídac, Juanita Cano-Contreras, Eraldo Costa-Neto, Fita and Vargas-Clavijo2009; Tola Reference Tola2016). En este trabajo intentamos comprender esta construcción en el tiempo, analizando diferentes evidencias materiales y orales que habilitaron un diálogo entre el pasado y el presente etnográfico.
Indagar así sobre una costumbre cultural como la de los apodos de animales que identifica a cada núcleo familiar en el presente, permite ahondar en una expresión de las múltiples maneras en que se construyen estas relaciones. El análisis de las encuestas reunidas en el fondo documental de 1921 orienta a reconocer en el diálogo entre personas y animales, no tanto la identidad individual o grupal, sino cómo la agencia de los animales condiciona o promueve ciertas estrategias sociales entre las comunidades rurales de la época. En tanto, el análisis de los animales presentes en la iconografía rupestre, constituye la objetivación de otra clara manera de integrar la animalidad a la vida social. Este devenir de los animales en la dinámica social se enmarca dentro de los procesos históricos locales que indefectiblemente los transformaron, pero a su vez permitió la fusión de elementos culturales que habilitaron su continuidad a través del tiempo. Actualmente las comunidades rurales funcionan en una lógica de mercado estructural que condiciona sus maneras de producción. No obstante, consideramos que esto no impide la reproducción de prácticas sociales heredadas y resignificadas dentro de esta lógica, que aún perviven y forman parte de la construcción identitaria de dichas comunidades.
Agradecimientos
Agradecemos a todas las personas que gentilmente nos brindaron su tiempo y conocimientos para realizar las entrevistas.
Declaración de financiación
El presente estudio se realizó bajo una Beca Interna Doctoral en el marco de Proyectos de Investigación de Unidades Ejecutoras, otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y con subsidios, tanto del Fondo Nacional de Ciencia y Técnica (Préstamo BID-PICT 202-00778), como la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Córdoba (30720150100747CB).
Declaración de la desponibilidad de los datos
Los materiales se encuentran en el Instituto de Estudios Históricos con el permiso correspondiente de Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba, Argentina.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declaran que no hay ningún conflicto de intereses.






