El modelo de la bioarqueología de la personalidad se enfoca en como las experiencias corpóreas son materializadas a través de los restos humanos del pasado. Boutin (Reference Boutin2016:18; traducido por el autor) enfatiza que el modelo puede transformar, en conjunción con los datos arqueológicos, osteológicos y sociohistóricos, el entierro de “una sola persona en un prisma a través del cual se puede imaginar una comunidad y todo un paisaje”.
De acuerdo con Boutin (Reference Boutin2016:18), el modelo opera bajo cinco principios fundamentales: primero, la no fijación de concepciones del “yo” a lo largo de la historia y la prehistoria, aplicando concepciones actuales y occidentales. Segundo, la identidad corporizada debe ser reconocida interseccionalmente mediante el género, la edad y el grupo social, así como con otras identidades. El tercer principio es que debe tener un enfoque longitudinal donde se examina la trayectoria y transiciones de las etapas de vida de las personas. El estudio de la personalidad se extiende desde la concepción hasta la conmemoración y la memoralización póstumas, siendo el cuarto principio. Por último, el quinto principio versa sobre las formas alternativas de interpretación, tales como el proveer una visión más humanizada de la pasada personalidad, así como medios más efectivos y accesibles de dar a conocer la información, como los hipertextos, las narrativas ficticias y/o los diálogos hablados, permitiendo captar un mayor rango de público dentro y fuera de la academia.
El marco de análisis de la osteobiografía, en el cual se ha implementado el recurso de la narrativa ficticia, ha sido una interesante forma de abordar el modelo de la bioarqueología de la personalidad (Boutin Reference Boutin2016; Boutin y Callahan Reference Boutin and Callahan2019; Stojanowski y Duncan Reference Stojanowski and Duncan2015; véase Van Dyke [Reference Van Dyke and Day2013] que implementa las narrativas imaginadas, como otro recurso para reconstruir la vida de las personas a través del dato arqueológico). La osteobiografía podemos entenderla como el aparato crítico que envuelve toda la información osteológica disponible, proveniente de los esqueletos, para construir una narrativa de las formas de vida (salud, dinámica demográfica, costumbres y conductas) ya sea colectiva o individual (Saul Reference Saul1972:8). Hoy en día se le considera como una herramienta o método de investigación que posee y responde a diferentes temáticas bioarqueológicas, así como de producción científica, socialmente contextualizadas. Esta herramienta permite analizar las vidas individuales a través del dato osteológico en su contexto social, así como del dato arqueológico de un contexto mortuorio y de toda la cultura a la que perteneció el individuo en el pasado (Boutin y Callahan Reference Boutin and Callahan2019:79; Hosek y Robb Reference Hosek and Robb2019:2; Robb et al. Reference Robb, Inskip, Cessford, Dittmar, Kivisild, Mitchell and Mulder2019).
De la osteobiografía sobresale el tema de las narrativas ficticias. Boutin (Reference Boutin2016) expone que este recurso permite hacer comprensibles los datos bioarqueológicos y llegan a ser de interés para una amplia audiencia. Las narrativas gestan o expresan patrones de vida del pasado bajo experiencias, emociones y significados, realizadas con razonable coherencia, pues están basadas en evidencia arqueológica, etnohistórica, etnográfica y de otras disciplinas auxiliares (Boutin y Callahan Reference Boutin and Callahan2019; Geller Reference Geller, Stodder and Palkovich2012; Van Dyke Reference Van Dyke and Day2013). Tal como lo expone Van Dyke (Reference Van Dyke and Day2013), las narrativas generan múltiples perspectivas, enfatizan los roles entre las experiencias, géneros, edades, estatus, etnicidades y ocupaciones de la gente en el pasado, así como la relación entre las cosas materiales encontradas en contexto con los cuerpos inhumados, los cuales pueden ser significantes y de particular interés para la generación de narrativas (véase Geller Reference Geller, Stodder and Palkovich2012).
Los restos mortuorios de los pobladores decimonónicos de la Villa de Salamanca de Bacalar, hoy conocida como Bacalar, en el estado de Quintana Roo, México (Figura 1), son un excelente medio para realizar este tipo de ejercicios, sobre todo porque la información historiográfica de la región para esta época, a diferencia de otras regiones de la Península de Yucatán, se encuentra dispersa y en menor número (Careaga Reference Careaga Viliesid1990a, Reference Careaga Viliesid1990b). Ya en otras ocasiones he escrito sobre estos pobladores de Bacalar (Ortega-Muñoz Reference Ortega-Muñoz2003, Reference Ortega-Muñoz2004a, Reference Ortega-Muñoz2004b, Reference Ortega-Muñoz, Espinoza, Morfín and Licón2008; Ortega-Muñoz y Maciel Reference Ortega-Muñoz and Vallejo2003, Reference Ortega-Muñoz and Vallejo2004); sin embargo, aún hay datos inéditos de restos mortales por dar a conocer al público especializado y en general, así como interpretaciones de los sucesos que ocurrieron en vida para algunos de estos personajes de Bacalar del siglo diecinueve. Para ello, he recurrido al recurso de la osteobiografía, implementando el recurso de la narrativa ficticia, con lo cual busco hacer inteligible la información osteológica al decodificar cada uno de los aspectos analizados macroscópicamente en sus huesos y dientes. Con este objetivo, describo los sucesos de la vida cotidiana relacionada con los aspectos de su salud y alimentación, así como el proceso del enterramiento de tres personajes inhumados en un mismo espacio —la Iglesia de San Joaquín— pero en diferentes momentos de tiempo a lo largo del siglo diecinueve. Es necesario mencionar en este punto que el trabajo aquí presentado se inspira en la continuación del tema que he desarrollado previamente para el volumen de Wrobel y Cucina (Reference Wrobel and Cucina2022), sin que obligadamente la información aquí mostrada replique lo que ya he presentado en dicha obra.
Mapa de localización de la localidad de Bacalar, antes Villa de Salamanca de Bacalar, ubicando la Iglesia de San Joaquín y el Fuerte de San Felipe, dos de las principales estructuras coloniales que perviven desde el siglo dieciocho (Google Earth Satellite). Mapa realizado por cortesía de Ashuni Emmanuel Romero Butron, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Quintana Roo.

La Villa de Salamanca de Bacalar en el siglo diecinueve
La independencia de México del Imperio Español en 1821 significó cambios mayúsculos para la novel nación. Pretensiones de cambios de organización política, social y económica eran esperados por la población en general. La tibieza que tuvo el gobierno de la Intendencia de Yucatán hacia la proclamación de la Independencia (Ferrer Muñoz Reference Ferrer Muñoz1999-2000; García Quintanilla Reference García Quintanilla, Quintanilla and Juárez1989) fue notoria. Esto permitió que con cierta holgura los cambios sociopolíticos en la periferia geopolítica de México, que la mayoría de la población podría haber esperado, no se dieran, no sin crisis políticas, económicas y sociales (Alexander y Kepecs Reference Alexander, Kepecs and Alexander2013).
La Villa de Salamanca de Bacalar, un espacio aún más periférico, fue escenario de la continuidad política y social de la colonia española en tiempos independentistas. Esta Villa, perteneciente al partido de Tekax, Yucatán, había resurgido en el primer cuarto del siglo diecinueve como próspera en agricultura, ganadería y comercio (Aguirre et al. Reference Aguirre, Zenteno, Toscano, de Dios Rodríguez, Ocampo, Ávalos and Freyman1925; Careaga Reference Careaga Viliesid1990b; Checa Artasu Reference Checa Artasu and Sánchez2011:144; Vallarta Reference Vallarta Vélez2001). Era bastante populosa con sus 5.053 habitantes, 43 casas de mampostería, edificios públicos (como el Fuerte de San Felipe con 250 soldados apostados en él, la aduana marítima, una escuela, la Iglesia de San Joaquín,) y grandes almacenes que resguardaban los productos a comerciar (Acevedo Reference Acevedo1846; Careaga Reference Careaga Viliesid1990a; Checa Artasu Reference Checa Artasu and Sánchez2011:144-145; Xacur et al. Reference Xacur, Amaya and Carmichael1982). Así mismo, el poblado era escenario de entrada y salida de mercancías provenientes de Honduras Británica (hoy Belice) y de afrodescendientes esclavizados, arrebatados por las fuerzas bélicas españolas a los cortadores ingleses que vivían el margen del Río Belice (Restall Reference Restall2020).
La gente iba y venía de la Villa durante esas épocas, apostada en la frontera imaginaria que separaba los asentamientos de los cortadores de madera ingleses asentados en esta vasta región del sur de la Península de Yucatán perteneciente a la Nueva España (Bolland Reference Bolland2018). El poblado de Bacalar había sido fundado ya —hace tres siglos 1531— pero la insalubridad provocada por la contigüidad a la laguna del mismo nombre y la falta de adaptación de los españoles sobre el antiguo asentamiento prehispánico de Bakhalal provocó su temprana desaparición como asentamiento colonial (Morales Reference Morales Rosas1994). El segundo intento por parte de la corona española se llevó a cabo en 1544, tomando por nombre Villa de Salamanca de Bacalar. El ejercicio de la piratería en el Caribe hacía sus primeras incursiones en la región, por lo que diversos ataques se efectuaron durante el siglo dieciséis y diecisiete directamente en la Villa y en la región (Restall Reference Restall2020:51). Además de estos peligros para los colonos españoles estaban las diversas rebeliones indígenas (Bracamonte y Sosa Reference Bracamonte y Sosa2001) que afectaron el tamaño y la vida de las poblaciones, haciendo que la gente abandonara una vez más el asentamiento. Por eso, y como el último intento exitoso de repoblamiento, el Capitán Antonio Figueroa y Silva (gobernador de la Capitanía General de Yucatán, de 1725 a 1733), tomó la certera decisión de construir el Fuerte de San Felipe de Bacalar en 1733. El capitán visualizó esta localidad y su fuerte como una estrategia de defensa de toda la Península de Yucatán frente a los ingleses y su operación colonialista de expansión en el Caribe (Checa Artasu Reference Checa Artasu and Sánchez2011:128).
A pesar de la prosperidad para ciertos sectores de la población y la paz relativa en la región, en los albores del siglo diecinueve, en 1847, estalló la Guerra de Castas en la Península de Yucatán (Careaga Reference Careaga Viliesid1990a, Reference Careaga Viliesid1990b; Sullivan Reference Sullivan1998). En un inicio la Villa fue respetada por los sublevados. Empero, en 1848, Benancio Pec, uno de los dirigentes de los rebeldes, sitió la Villa, exigiendo al comandante y gobernador de Bacalar que lo abastecieran de pertrechos; a cambio, les permitió la salida de la población con vida, para dirigirse hacia los asentamientos de Honduras Británica. Un año después, el 1 de mayo de 1849, Bacalar fue recuperada por tropas yucatecas a cargo del Coronel Cetina. La última contienda por Bacalar ocurrió el 21 de febrero de 1858, cuando los mayas la asediaban, incendiando las casas y masacrando a machetazos a la mayor parte de sus habitantes, muchos de ellos que se habían refugiado en la iglesia y en el fuerte. Unos pocos habitantes lograron huir nuevamente al norte de Honduras Británica para fundar las villas de Orange Walk y Corozal (Buhler Reference Buhler1975).
Bacalar en 1898 fue habitado por unos pocos mayas. El fuerte estaba semi-destruido, mientras que las casas y los edificios públicos, entre ellos la iglesia, se encontraban en ruinas, según consta la descripción del poblado por parte de las tropas federales, al recuperar el asentamiento (Aguirre et al. Reference Aguirre, Zenteno, Toscano, de Dios Rodríguez, Ocampo, Ávalos and Freyman1925). A partir de los años treinta del siglo veinte, la localidad fue repoblada por nuevas olas de inmigrantes, reedificándose la actual iglesia. Hoy en día es una localidad turística importante para el sur de Quintana Roo, debido a la atracción del fuerte, así como de la Laguna de Bacalar.
Material y métodos
En el año 2003 se realizó un proyecto de remodelación y mantenimiento de la Iglesia de San Joaquín en el poblado de Bacalar. Debido a ello, se desarrolló un salvamento arqueológico por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a cargo de su representación en Quintana Roo. Como producto de este salvamento se recuperaron varios entierros, primarios y de osario, localizados en el presbiterio y en la nave de la iglesia (véase Ortega-Muñoz Reference Ortega-Muñoz, Espinoza, Morfín and Licón2008; Ortega-Muñoz y Maciel Reference Ortega-Muñoz and Vallejo2003, Reference Ortega-Muñoz and Vallejo2004). En el presente artículo únicamente se expone la información de los entierros primarios completos e identificados durante la excavación. Hubo más restos mortuorios en la excavación, siendo de tipo osario y de los cuales he descrito y analizado en otros textos (Ortega-Muñoz Reference Ortega-Muñoz, Espinoza, Morfín and Licón2008; Ortega-Muñoz y Maciel Reference Ortega-Muñoz and Vallejo2004). De estos tres entierros primarios no se ha publicado información alguna, además de que son los tres entierros que tienen un contexto arqueológico bien identificable, con exequias, debido a que fueron enterrados en ataúdes (al menos dos de ellos), por lo cual la información historiográfica local y regional puede ser de utilidad para recrear la narrativa ficticia de la vida de estos tres individuos.
En el presbiterio de la iglesia se realizó la excavación del Pozo 1, encontrándose en él, a una profundidad de 50 cm del piso actual, los restos óseos del primer personaje, siendo un individuo masculino (Entierro 1A). Al centro de la nave, en el Pozo 2, entre los 66 y 78 cm debajo del Piso 4, fue encontrado el segundo personaje, siendo éste un individuo adulto masculino (Entierro 4). Por último, en la misma capa estratigráfica del segundo personaje, pero en el presbiterio (Pozo 1, por debajo del primer personaje), encontramos al tercer y último personaje, una mujer identificada como Entierro 2.
El cráneo, la pelvis y la mandíbula de los entierros se analizaron macroscópicamente para determinar el sexo a través de las características sexuales secundarias, así como estimar la edad a la muerte mediante el proceso biodegenerativo, principalmente en las carillas auriculares del coxal y la sínfisis púbica (Bass Reference Bass1987; Buikstra y Ubelaker; Lovejoy et al. Reference Lovejoy, Meindl, Pryzbeck and Mensforth1985; Meindl y Lovejoy Reference Meindl and Lovejoy1985). Solamente en el Entierro 2 se implementó la metodología de Brothwell (1963, expuesto en Mays Reference Mays1998:63) de desgaste dental para estimar la edad. Esta era el único método asequible para estimar la edad a la muerte de este personaje debido al deterioro de los elementos óseos en donde se puede estimar la edad de manera más confiable (carilla auricular del coxal, sínfisis púbica, entre otros). Estoy consciente de las limitaciones que conlleva dicha metodología, por lo que la edad a la muerte del Entierro 2, debe tomarse como una edad aproximada.
A través del análisis de indicadores de estrés esquelético y dental (Goodman y Martin Reference Goodman, Martin, Steckel and Rose2002) se analizó el estado de salud de los individuos. Brevemente, acerca de este marco de análisis, podemos señalar que se implementaron indicadores de estrés episódico, los cuales ocurren en un período de tiempo en la historia de vida del individuo identificado por las líneas de hipoplasia del esmalte (LHE). Las LHE se forman en la corona de los dientes bajo condiciones ecológicas adversas (deficiencias nutricionales, pobreza, baja calidad y cantidad de los alimentos), las cuales afectan el desarrollo de los mismos (Goodman y Rose Reference Goodman and Rose1990). Los indicadores de estrés específico están asociados a algún padecimiento. Se evaluaron dos que se relacionan con procesos anémicos: la hiperostosis porótica y la criba orbitalia.
Las lesiones periósticas no específicas son reacciones a procesos inflamatorios y han sido relacionadas en la mayoría de los casos a infecciones bacterianas, originadas del tejido blando circundante (Larsen Reference Larsen2000:20) a traumas, cáncer, problemas vasculares, hipervitaminosis A y otras enfermedades (Ortner Reference Ortner2003:53). Larsen (Reference Larsen2000:20) señala que la tibia (la porción baja de la pierna) es el elemento óseo más susceptible a presentar lesiones periósticas, debido a que hay poco tejido blando que separa la piel del hueso. También se analizaron las lesiones degenerativas a través del registro de la presencia o ausencia de osteofitos así como de la unión completa de las articulaciones (Márquez y Jaén Reference Márquez Morfín, Esquivel, Ramos Rodríguez and Reyes1997; Ortner Reference Ortner2003:546).
Las patologías dentales se evaluaron a través de la presencia de caries, cálculo, desgastes y abscesos dentales, siguiendo las indicaciones de Buikstra y Ubelaker (Reference Buikstra and Ubelaker1994) y Cucina (Reference Cucina2011). El último grupo de indicadores es el de estrés acumulado, para lo cual solamente hemos implementado la evaluación de la estatura final de cada uno de los individuos. Para ello se estimaron la estatura de los individuos, con la medición de la longitud total de alguno de los huesos largos, implementando las ecuaciones desarrolladas para población mexicana de Santiago Genovés y reelaboradas por Del Ángel y Cisneros (Reference Del Ángel Escalona and Cisneros2004).
Elementos históricos y etnohistóricos para la construcción de la narrativa ficticia
La narrativa ficticia es un recurso discursivo que debe ser coherente y apoyarse en información documental y arqueológica. Decidí realizar la narrativa en tercera persona, como si fuera un espectador que observa desde fuera los sucesos y las vivencias de los tres personajes, usando por tanto un punto de vista narrativo desde arriba, donde el narrador (omnisciente) tiene toda la información y la comparte con el lector. Este método es sencillo y me ha dado la libertad de contar todos los sucesos y pensamientos posibles de los personajes.
Diferentes hechos históricos acaecidos en la Villa de Salamanca de Bacalar, entre 1800 y 1870, han sido retomados tanto de fuentes históricas primarias como secundarias. Así mismo, elementos contextuales sobre la alimentación de los individuos, posibles sucesos de la vida cotidiana, así como comportamientos o conductas que pudieron haber tenido los tres personajes, fueron retomados tanto de sucesos, paisajes y vivencias plasmadas en la literatura por viajeros europeos del siglo diecinueve que vagaron por la Península de Yucatán, así como de la historiografía realizada por especialistas para el período decimonónico yucateco. Por ejemplo, el pasaje donde describo cómo algunos de los mayas rebeldes se amarraban los machetes a las manos para evitar que se les resbalaran y cayeran de sus manos, debido a la sangre acumulada proveniente de sus víctimas mortales, es un hecho verídico que describe Sullivan (Reference Sullivan1998:41) sobre el actuar de uno de los líderes mayas rebeldes, Bernardino Cen, entre 1864 y 1875.
Los nombres y apellidos otorgados a los personajes son ficticios, ya que no hay registro histórico alguno sobre ellos. A los dos primeros personajes se les otorgó nombres y apellidos maya y de origen español, recreados a partir de los apellidos y nombres más frecuentes registrados en el padrón de pobladores de la localidad de Pixoy, Yucatán, en 1841, poblado ubicado al oriente de la Península de Yucatán donde se suscitó la Guerra de Castas (censo otorgado por la Dra. Oana Del Castillo). Al primer personaje se le denominó Juan Tuz, y al segundo, Pedro Burgos. Al tercer personaje se le llamó Josepha del Campo. El patronímico de ésta fue inspirado a partir de un listado de nombres y apellidos comunes de la alta sociedad yucateca de Mérida, propietarios de hombres y mujeres afrodescendientes esclavizados durante el período 1710-1789 (véase Restall Reference Restall2020:83, 100-101). La razón del nombre y su estatus social se fundamentó por el contexto arqueológico en el que fue hallado esta mujer. Dado que fueron hallados sus restos mortales en el presbiterio, y siendo que este espacio es comúnmente destinado a ciertos personajes principales —por su poder económico, político, eclesiástico o social— de la sociedad novohispana (Ariès Reference Ariès1983:51-52; Pérez Castro Reference Pérez Castro Lira2019:212), y dado el contexto en cómo fue enterrada (en ataúd; Figura 2), vestida con un traje con botones negros y cubierta de cal (de acuerdo con Pérez Castro [Reference Pérez Castro Lira2019:265], la cal fue ampliamente usada durante el proceso de enterramiento a lo largo del siglo diecinueve, pero no en el dieciocho), se puede inferir que era de clase alta y que posiblemente fue enterrada a entre 1800 y 1847, cuando aún el poblado no había sufrido el asedio de los mayas rebeldes durante la Guerra de Castas y se pudo realizar las exequias del personaje (cabe señalar que no se han realizado estudios de carbono 14 para fechar los enterramientos y no tenemos más elementos contextuales que los señalados).
Bisagra encontrada cercana al mentón de la mandíbula del Entierro 2, personaje Josepha del Campo (foto tomada por el autor).

Juan Tuz fue igualmente encontrado en el presbiterio y dentro de un ataúd (Figura 3), pero a diferencia de Josepha del Campo, fue depositado en una de las primeras capas estratigráficas, lo que puede indicar que fue enterrado en una época en que el poblado ya estaba abandonado y la iglesia sin funciones, tal como lo refiere Rogers (Reference Rogers1885:222; traducido por el autor) al describir la iglesia en 1861: “La catedral en ruinas, fue evidentemente un edificio costoso y bien edificado”. El patrón funerario nos muestra que fue enterrado con algunos tepalcates y en una posición de decúbito lateral izquierdo flexionado con la cabeza hacia el sur y mirando hacia el oeste. Esta posición es muy común entre los mayas prehispánicos (Wrobel et al. Reference Wrobel, Helmke, Freiwald and Wrobel2014:89). Asimismo, Welsh (Reference Welsh1988) observa un patrón entre los mayas de orientar la cabeza hacia el sur. Romero (Reference Romero Sandoval2012) señala que hacia el sur es donde se ubica el Xibalba, el inframundo entre los mayas. Estos aspectos fueron retomados para inferir que el primer personaje pudo ser de origen maya y nos ayudaron a generar su narración ficticia. En el caso de Pedro Burgos, este personaje fue localizado en la nave de la iglesia, enterrado sin ataúd, en decúbito dorsal extendido, con dirección de este a oeste. Frey (Reference Frey Sánchez2013) establece a través de su análisis de diversas iglesias coloniales iberoamericanas, que en la Nueva España la saturación de entierros en la nave principal no era tan alta como en España, por lo que era muy factible usar estos espacios para el enterramiento. Personas de mediano y bajo rango social podían ser enterrada en esta área. Es bajo estos supuestos que establecemos que Pedro Burgos posiblemente no era aristócrata, pero posiblemente sí un criollo (español nacido en América) de mediano rango social.
Bisagra asociada al Entierro 1, personaje Juan Tuz (foto tomada por el autor).

Características osteopatológicas y físicas de los tres personajes
Los restos mortales del primer personaje, Juan Tuz, pertenecieron a un individuo adulto de sexo masculino. Debido a su mal estado de conservación, no se logró estimar su edad a la muerte. La estatura aproximada del individuo fue entre 163,41 y 164,54 cm, de acuerdo con las mediciones realizadas en ambos fémures (izquierdo: 44,0 cm; derecho: 44,05 cm). Las únicas lesiones patológicas que presenta el individuo fueron reacción perióstica en tibia, por lo que en la reconstrucción ficticia relatamos que sufrió algún proceso infeccioso, el cual pudo involucrar presencia de “fiebres y las diarreas”, signos y síntomas muy comunes en la región en esta época (Alcalá Reference Alcalá Ferráez2011; Buhler Reference Buhler1975). De las patologías dentales presenta caries en la superficie oclusal en el primer molar derecho y en el primer premolar izquierdo de la mandíbula, además de la presencia, en moderadas cantidades, de sarro y desgaste dental igualmente moderado. En el relato ficticio asociamos la caries y el sarro tanto al consumo del maíz, ya que este es el alimento principal entre los mayas (Somerville et al. Reference Somerville, Fauvelle and Froehle2013; White Reference White1999), como al consumo de alcohol (aguardiente). El aguardiente producido en las haciendas y por los mayas rebeldes era consumido comúnmente, causándoles adicción (véase Alexander Reference Alexander, Kepecs, Kepecs and Alexander2013:25; Gabbert Reference Gabbert, Kepecs and Alexander2013:48; Sullivan Reference Sullivan1998:42, 48). Giannotti y colaboradores (Reference Giannotti, Mansegosa and Chiavazza2018) demuestran que el consumo de aguardiente está asociado con las frecuencias altas de caries en Argentina en los siglos dieciocho y diecinueve. Otros estudios han asociado el alcoholismo con la presencia de caries, debido a la disminución del pH salival, generando un ambiente propicio para el desarrollo de esta patología dental (véase Priyanka et al. Reference Priyanka, Sudhir, Chandra Sekhara Reddy, Krishna Kumar and Srinivasulu2017).
Del segundo personaje, Pedro Burgos, sus restos óseos lo identifican como un individuo masculino, con una edad a la muerte entre los 44 y 55 años. Su estatura fue de 161,5 cm, mediante la medición in situ del húmero izquierdo (longitud total de 31 cm). El individuo perdió ante mortem siete piezas dentales de la mandíbula —del segundo molar al incisivo lateral izquierdo, así como el primer molar derecho (Figura 4). Las piezas dentales que se analizaron presentan un alto grado de atrición y la pérdida completa de la corona; además, no hay remanentes de esmalte (Figura 4). Por último, la presencia de sarro es de cantidades moderadas, sobre todo en los incisivos inferiores y en los caninos existentes. A partir de esta información en la narración ficticia se describe que estas patologías podrían provenir tanto de la falta de higiene bucal como por la ingesta de alimentos con elementos abrasivos provenientes de tamules (implementos de piedra usados para martajar alimentos) y metates que se usaban comúnmente para la preparación de alimentos. De las degeneraciones osteo-articulares, es notoria la presencia de osteofitosis inicial a lo largo del filo del cuerpo de dos fragmentos de vértebras lumbares (debido a que solamente son fragmentos de vértebras, no se puede identificar el número de vértebra lumbar a la que corresponden), así como en algunas falanges mediales de las manos (deterioro de la articulación). Esto se retomó para describir en él procesos reumáticos que le afectó a lo largo de su vida. Por último, presentó un proceso inflamatorio e infeccioso severo localizado en las primeras costillas y su articulación con el esternón (Figura 5). Esto fue interpretado en la narrativa ficticia como producto de un severo golpe producido por su caballo, que posiblemente le llevó a la muerte a los pocos meses.
Pérdida dental ante mortem en mandíbula, así como desgaste dental pronunciado en los incisivos y canino derecho, del Entierro 4, personaje Pedro Burgos (foto tomada por el autor).

Proceso infeccioso severo que involucra la primera costilla y el manubrio del esternón del Entierro 4, personaje Pedro Burgos (foto tomada por el autor).

Nuestro último personaje es una mujer a la que he llamado Josepha del Campo. Debido al mal estado de conservación de los restos óseos, no se logró estimar la edad a su muerte. Sin embargo, dadas sus características dentales (desgaste dental muy atenuado, sin exponer el esmalte) es poco probable que haya sido una mujer de edad avanzada, ubicándola más en adulto de alrededor de los 30 a 40 años (véase la metodología propuesta por Brothwell 1963, en Mays Reference Mays1998:63). Su estatura fue estimada en 148,17 cm por la medición in situ del fémur izquierdo (longitud total: 39 cm). De las lesiones patológicas óseas cabe resaltar que ella presentó hiperostosis porótica, reacciones periósticas tanto en la tibia como en el resto del esqueleto (principalmente los huesos largos de las extremidades superiores e inferiores). Esta información se retomó para describir los procesos anémicos que ella sufrió a lo largo de su niñez, así como las constantes infecciones que pudo haber tenido a lo largo de su vida. Esta mujer adulta presentó mayor desgaste dental en los incisivos centrales, tanto superiores como inferiores, y en los caninos en comparación con los premolares y molares. Sin embargo, no tuvo caries, y la acumulación de sarro es de moderada a grandes acumulaciones, o severa sobre todo en los incisivos centrales y laterales de la mandíbula. Esto nos habla de una “relativamente” buena alimentación e higiene bucal y, sobre todo quizá, del gusto de alimentos que produjeron esta cantidad de sarro dental, pero sin afectar el esmalte. Para ello, se desarrolla una descripción de los alimentos dulces comunes en las mesas españolas decimonónicas, los cuales pueden provocar caries dentales (véase Campos Reference Campos García2021:112). En una de las vértebras lumbares hay marcas de una posible hernia de Schmörl. La etiología puede ser diversa, entre las que cabe un trabajo físico pesado o una condición traumática (Aufderheide y Rodríguez-Martín Reference Aufderheide and Rodríguez-Martín1998). La explicación de la condición traumática fue retomada en la descripción de la narrativa ficticia para la presencia de esta hernia.
Las causas de muerte tanto de Juan Tuz como de Josepha del Campo no se pueden establecer con toda exactitud. Es muy probable que hayan sido por causas naturales producidos por enfermedades epidémicas, como el sarampión, las cuales fueron muy comunes durante el siglo diecinueve (véase los trabajos en Molina del Villar et al. Reference Molina del Villar, Morfín and Hernández2013, en especial el documento de Del Castillo y Burgos Reference Del Castillo Chávez, Villanueva, del Villar, Morfín and Hernández2013:222). El efecto de la epidemia de sarampión lo retomé para explicar la muerte de Juan Tuz. Para el caso de la muerte de Josepha del Campo, en cuanto a los tiempos y sucesos que he establecido fueron tomados de las anotaciones de un hecho narrado por Frederick de Waldeck, viajero que visitó la Península de Yucatán en 1843 (véase la referencia completa en Alcalá Ferráez Reference Alcalá Ferráez2011:162).
Un aspecto notable para resaltar es la estatura de los tres individuos. No hay información del análisis de la estatura para Yucatán en el siglo diecinueve. Por ello, he usado el promedio de estatura para la región con datos de Belice y México para 1896: 146 cm y 143 cm en mujeres, y 158 cm y 157 cm en hombres, respectivamente (Roser et al. Reference Roser, Appel and Ritchie2013). Históricamente la estatura de los mayas es baja, debido a condiciones de malnutrición y no ha habido un cambio significativo en los últimos 100 años (Varela-Silva et al. Reference Varela-Silva, Sanchez, Bogin, Dickinson, Azcorra, Azcorra and Dickinson2020). Por consiguiente, las estaturas de los tres personajes parecen ser relativamente más altas que el promedio para finales del siglo diecinueve, hecho interesante y remarcado en las narrativas ficticias de los tres.
Una historia para contar: El antes y el después de la Guerra de Castas (1847-1901)
Lo peor ya había pasado. Los alaridos y llantos de los dzul'ob (los blancos) habían desaparecido de la atmósfera. El olor a pólvora, sangre y tierra aún persistían y sobre todo la sangre, que resbalaba a lo largo de los machetes amarrados a las manos de algunos de los mayas rebeldes que aún blandían y temblaban al costado de sus cuerpos. El general maya que encabezó la contienda está complacido con el resultado —¡recuperar la Villa de Salamanca de Bacalar!— pues la habían perdido hace diez años, en mayo de 1849, desde que obligaron a la capitulación en abril de 1848 por el Comandante Irineo Pereira, quien estaba a cargo del Fuerte de San Felipe (Aguirre et al. Reference Aguirre, Zenteno, Toscano, de Dios Rodríguez, Ocampo, Ávalos and Freyman1925; Careaga Reference Careaga Viliesid1990b; Vallarta Reference Vallarta Vélez2001).
Ahora los mayas regirían esta Villa a su conveniencia. A lo largo de la década de 1860, la Villa fue abandonada por los mayas, y la habitarían sólo un puñado de mayas rebeldes (Miller Reference Miller1889; Morales Reference Morales Rosas1994). Juan Tuz fue uno de los que se quedaron a habitarla con su familia, así como sus subalternos, ya que el sistema de gobierno entre los rebeldes era jerárquico (Sullivan Reference Sullivan1998). Los criollos peninsulares consideraban que los mayas “no quiere[n], no puede[n] amalgamarse . . . con ninguna de las otras [razas]” (palabras de Justos Sierra O'Reilly en El Fénix, 15 de noviembre de 1848, pp. 3-4, citado por León y Rodríguez Reference León Méndez and Herrera2017:557), denostando a sus adversarios con dejo de superioridad. No obstante, 300 años de colonialismo y evangelización cristiana generaron indudables cambios en la cosmovisión religiosa indígena. Los mayas rebeldes generaron un sincretismo entre aspectos católicos y aspectos de su antigua religión en el siglo diecinueve, y la misma Guerra de Castas promovió una nueva religión enfocada en la veneración de la Cruz Parlante y una nueva identidad maya kruso'b (Alexander Reference Alexander, Kepecs and Alexander2013:16). Eran temerosos de dios, pues mientras siguieran los mandamientos de él, no había forma de equivocarse (frase retomada de Sullivan Reference Sullivan1998:41). Este era el mismo pensamiento de Juan Tuz. Hombre de mediana edad, corpulento, ligeramente más alto de estatura que el promedio de los mayas, Juan era originario de uno de los pueblos del oriente de Yucatán, donde su vida transcurrió en el trabajo de los ranchos, entre el ganado y el cultivo de la milpa, siendo éstos hogares de diversas comunidades mayas (véase Alexander Reference Alexander, Kepecs and Alexander2013:23-25). Esto lo formó en su mente y en su cuerpo. La alimentación del rancho le permitió vivir de una forma más o menos adecuada a lo largo de su niñez. Sin embargo, su alimentación, con base en el gusto y la costumbre del maíz, se combinó con el del aguardiente, extraído de la caña de azúcar, productos —maíz y caña— cultivados comúnmente en los ranchos yucatecos, y los mayas rebeldes adoptaron este sistema (Gabbert Reference Gabbert, Kepecs and Alexander2013). Su consumo entre los soldados mayas era muy común y regular, causándole a Juan Tuz ciertas dolencias en los dientes, pero aún así podía disfrutar de alimentos duros y buenos trozos de viandas, ya que aún presenta todos sus dientes. La alimentación le generó ciertas defensas ante las enfermedades infecciosas que eran comunes en la época, sobre todo en verano, cuando la fiebres y la diarrea son más que comunes a causa del intenso calor. Juan Tuz, como otros, padecía más de una vez estos males.
A pesar de su envidiable estado de salud, en 1865, la Península de Yucatán fue asolada por una de tantas epidemias de sarampión, que eran frecuentes. Juan Tuz fue uno de los desafortunados. Murió a las pocas semanas de haberlo contraído. En el trance de su lecho de muerte exigió a su esposa que como comandante encargado de Bacalar debía de recibir un trato diferente. Que dios así lo requería, por lo que debería ser sepultado en el presbiterio de la desolada Iglesia de San Joaquín, pero siguiendo la tradición maya. Muerto Juan Tuz, sus deudos y sus subalternos entraron a la iglesia semi-abandonada, cavaron un pozo de poca profundidad y lo depositaron de lado izquierdo y en cuclillas al interior de un ataúd de madera, aderezado con cierta ofrenda para su viaje, pero siempre su cuerpo orientado hacia el sur, hacia el Xibalba, como sus ancestros lo hicieron algún día. Con esta acción, Juan Tuz buscaba tener espacio de vida después de la muerte entre sus ancestros, pero también requería apaciguar la furia del dios de los dzul'ob ante sus actos en vida.
Años antes de la conflagración de la Guerra de Castas, y de los sucesos de Juan Tuz, en la Villa de Salamanca de Bacalar se vivía un ambiente de paz y prosperidad entre sus pocos habitantes. Uno de ellos era Pedro Burgos, un declarado San Juanista —es decir, pertenecía a un grupo de liberales yucatecos de 1812. Como buen criollo avecindado en la Villa de Salamanca de Bacalar, era partidario de la gestación de la Independencia, pero también de continuar con los jugosos negocios que le podría proveer el comercio con España y con Cuba. Sin embargo, él no pertenecía a esta aristocracia española, pero su arduo trabajo cotidiano en su rancho le prometía este objetivo en mente.
Pedro Burgos es un individuo de buen talante ya entrado en sus 50 años, y de una buena estatura, pues en promedio es un poco más alto que la población en general. A pesar de que no es una persona de grandes riquezas, su trabajo le ha dado el recurso para proveerse los sustentos necesarios. Sin embargo, las comidas preparadas en los tamules y metates, así como la falta de higiene bucal, han hecho estragos en sus dientes, ya que el desgaste es pronunciando en los dientes que le quedan, pues ha perdido varios de ellos, provocándole problemas al masticar e ingerir sus alimentos diarios. Otro signo interesante que le aqueja su cuerpo, debido al deterioro que ha tenido durante su vida —ya que no muchas personas de la Villa tienen más de 40 años de edad— es que tiene dolores reumáticos en la espalda baja y en las manos, pero esto no le impide realizar sus actividades en su rancho y en la ganadería. Cierto día, al estar herrando su caballo favorito, y a pesar de que esta actividad la ha realizado cotidianamente desde su juventud, un descuido ante su caballo le provocó a éste, en un acto de defensa y nerviosismo, lanzar una coz, pegándole a Pedro en el pecho.
Al momento, Pedro Burgos se queja del dolor, pero como ha tenido a lo largo de su vida muchas otras lesiones, esto le ha enseñado a no quejarse y continuar con la vida normal el resto del día. Este accidente se convierte en un gran moretón en el pecho, lesionando sus costillas y su esternón, a lo que días después lo lleva a guardar reposo. Sin embargo, el daño es irreparable y en pocos meses una gran infección se hace presente en el tórax. Su vida se ha complicado. Pedro Burgos, a pesar de su deseo liberal de apreciar la independencia de la madre patria que había profesado en los últimos años, en 1812 su muerte encontrará. Como otras personas de su rango, y como el subsuelo de la nave de la Iglesia de San Joaquín no está saturado, la familia logra que sea enterrado bajo las costumbres cristianas de la época, extendido con las manos en la pelvis, con dirección de este a oeste, hacia el ocaso, en una fosa simple y sin mayores pompas fúnebres, más que sus allegados en afligida condición están alrededor de él, despidiéndolo de su añorada Villa.
A los funerales de Pedro Burgos asistió la joven Josepha del Campo, hija de familia católica de abolengo en Mérida, pero nacida en 1800 en la Villa de Salamanca de Bacalar. Creció en la Villa, cuando ésta no tenía más de 500 vecinos, integrados primordialmente por familiares de las tropas apostadas en el Fuerte de San Felipe y algunos afroyucatecos (término prestado de Restall Reference Restall2020:10) libres y esclavizados. Sin embargo, durante su niñez, y dado el ambiente lacustre en el que estaba asentada la Villa, sufrió de anemia perniciosa, quizás provocada por el paludismo y las fiebres causadas por recurrentes infecciones, lo que afectaron su organismo, pero no al grado de desarrollarse adecuadamente, ya que ella era alta y esbelta, y de cierta belleza, aunque esto no le valió para contraer nupcias, debido a que prefirió su devoción al servicio de la fe católica.
Dada su fuerte formación religiosa desde su juventud, ella impulsó con recursos familiares la realización de obras benéficas, como por ejemplo el apoyo económico para la formación de la escuela de la Villa, además de otras obras piadosas, como la evangelización de la grey maya, evitando el esparcimiento del protestantismo proveniente de los colonos ingleses de Walix, misión que por supuesto compartía con los franciscanos que erigieron la Iglesia de San Joaquín en 1754 (Espinosa Reference Espinosa Sánchez and Sánchez2011). Esto le valió para que, por la comunidad en general y sobre todo por la aristocracia del lugar, se le haya considerado como una beata al servicio de los franciscanos.
Cobijada por un ambiente de privilegios, con la ingesta de las cinco comidas con horario preestablecido, como se acostumbra entre las casas españolas, Josepha del Campo, ya siendo adulta, tenía una salud si bien no envidiable, pero relativamente buena, pues ni caries dental tenía, a pesar de que en la mesa del comedor, al momento de la hora del chocolate caliente, no faltaba “pan de monjas —traídas desde Mérida— y escotafíes, dulces de sidra, mazapanes, acitrón, dulce de huevo y majablanco” comprados en la plaza del mercado (Campos Reference Campos García2021:113). Pero la mala fortuna no espera, pues ella ha sufrido un severo golpe en la espalda baja, lo que la llevó a tener reposo prolongado, pero sin que la imposibilitara seguir realizando sus actividades benéficas. Bajo esta postración, entre diciembre de 1837 y enero de 1838, las temperaturas bajaron notablemente por efecto de un “norte”, generando noches frías y mañanas húmedas. Josepha, ante el estado de salud comprometida debido a una gripe mal cuidada que contrajo en noviembre, al levantarse por la mañana en un día de enero, ante un fatal descuido de su servidumbre, se lava la cara con agua fría, sobreviniéndole una fiebre maligna que le llevó a la muerte en dos días.
La mujer de mediana edad fue sepultada al día siguiente de su muerte. Su entrega tanto a la grey católica, así como su pertenencia a una de las principales y acaudaladas familias de la Villa de Bacalar, le valió para ser inhumada en un lugar santo, en el presbiterio de la Iglesia de San Joaquín. Con solemnísimas exequias en la iglesia se congregaron los principales de la Villa. Parientes y amigos observaron como su cuerpo, extendido y recostado sobre la espalda y con las manos sobre la pelvis, fue depositado en un ataúd de madera de caoba, con la cabeza apuntando al este y su cara mirando al norte, como si buscara un nuevo amanecer. Fue delicadamente vestida, con botones negros, estilizados en forma de diamante, manufacturados en cuerno de toro. El ataúd, ya cerrado, ha sido esparcido con cal, como se acostumbra en la época, mientras los deudos aguardan en silencio a que el ataúd desaparezca lentamente, bajo montones de tierra apisonada, en el presbiterio de la Iglesia de San Joaquín.
A manera de conclusiones
Estos tres personajes de interés para la Villa de Salamanca de Bacalar son un reflejo de las condiciones de vida de la población, tanto general como de la aristocracia, que vivió a lo largo del siglo diecinueve. Pertenecieron a diferentes clases sociales y es muy plausible que vivieron en diferentes épocas, pero muy cercanas entre ellos. El enfoque osteobiográfico, utilizando un recurso de narrativa ficticia, ha permitido generar una serie de hipótesis de sucesos, actitudes individuales, comportamientos sociales y estados de salud que los ponen carne y hueso a los esqueletos, así como nombres y actitudes ante la vida. Esto es un excelente ejercicio, que diversos académicos, como Boutin (Reference Boutin2016), han utilizado para tratar de comprender quiénes fueron estos personajes —cómo vivieron y cómo construyeron sus sociedades— de quienes no ha quedado ningún registro histórico de su paso por esta vida, sino tan sólo sus restos mortales.
Agradecimientos
Se reconoce el apoyo otorgado por Ashuni Emmanuel Romero Butrón por la realización de la Figura 1. Agradezco los comentarios y sugerencias realizadas al documento por Lourdes Márquez y Andrea Cucina.
Declaración sobre la disponibilidad de datos
Los materiales óseos analizados en el artículo están resguardados en el Laboratorio de Antropología Física del Centro INAH Quintana Roo, en la ciudad de Chetumal, México. Así mismo los informes técnicos de la excavación de los materiales se encuentran disponibles en el archivo técnico del Centro INAH Quintana Roo en la misma ciudad.
Conflicto de intereses
El autor declara que no hay ningún conflicto de intereses.
