El libro de Claudia Brosseder estudia el complejo proceso de interacción entre las religiones prehispánicas de los Andes centrales y la evangelización en los dos primeros siglos de la conquista. Este tema, uno de los más recurrentes entre los especialistas dedicados al periodo, es abordado desde una perspectiva novedosa. Por ejemplo, la autora busca comprender no solo cómo la evangelización fue un proceso de persecución y destrucción sistemáticas de las antiguas creencias y prácticas de los pueblos andinos, sino de qué forma la propia lógica de esos sistemas religiosos permearon los presupuestos occidentales y reconfiguraron las nociones de idolatría y hechicería, provocando que las propias prácticas andinas y católicas se adecúen a esas definiciones. En este proceso, como la autora señala, es posible que las lógicas subyacentes de las creencias prehispánicas se hayan mantenido, cambiando el significado de los símbolos o alterando su materialidad, pero manteniendo sus funciones más importantes. Esta perspectiva de estudio está muy bien desarrollada con fuentes y trabajos que exigen una lectura interdisciplinaria sustentada en la historia, arqueología, lingüística y antropología, conformando un estudio muy completo de etnohistoria.
El libro aborda este tema a partir de una introducción, ocho capítulos y un epílogo, desarrollando temas como los cambios en algunas de las nociones más importantes de las religiones andinas, tales como la enfermedad, la personificación de los objetos materiales, y su relación con los nuevos conceptos incorporados por el cristianismo, como la confesión y la hechicería. Esta historia de las creencias y prácticas religiosas está muy bien complementada y dialogada con la historia de la construcción del estado colonial, especialmente durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo, y la acción e influencia de los jesuitas en este proceso. Desde esta perspectiva acontecimientos que aparentemente solo tienen relación en el espacio y tiempo, como la ejecución de Túpac Amaru o la llegada de José de Acosta al virreinato, adquieren un significado mucho más complejo.
Un aporte fundamental es proponer una definición de ‘especialista religioso’, señalando la complejidad de sus diversas funciones; entre ellas, la de asegurar la restauración de la vida con la ayuda de las huacas. De este modo algunos de los poderes de estos especialistas, como el de aparentemente volar en el caso de los camascas (palabra de origen quecha que hace referencia a la capacidad de animar), fue emparentado con la misma capacidad que tenían los hechiceros definidos desde la tradición europea. A partir de la atenta lectura de los mitos narrados por los cronistas españoles y andinos, la autora revela la forma en que se relacionó este poder con las aves. Así, se puede comprender cómo los especialistas religiosos andinos conformaron, de acuerdo con la autora, una ‘tercera república’ que sirvió de nexo entre la población indígena y la república de españoles. Estos personajes serían los responsables de la resistencia a la introducción del cristianismo, al mismo tiempo que facilitaban la incorporación de la población al catolicismo por medio de la yuxtaposición de objetos rituales producto de la evangelización
Otro de los grandes aportes del libro es tratar de comprender el tema evitando caer en los ‘esencialismos’ que congelan la cultura andina y la conciben como resultado de una resistencia inmemorial. Pero, y ese es su importancia, devela el complejo proceso de doble vía que fue manteniendo o cambiando algunos elementos en las creencias andinas, mientras al mismo tiempo se incorporaron elementos del mundo cristiano, tratando de conservar la lógica subyacente de las religiones andinas.
En este proceso la autora no descuida la relación con otros grupos sociales, tales como los mestizos y los afrodescendientes, quienes tanto contribuyeron como fueron receptores de esos elementos culturales. Desde esta perspectiva se debe repensar las fronteras culturales de la etnicidad colonial, mucho más permeable de lo que se observa desde otro tipo de fuentes. Por ejemplo, el libro muestra las reacciones de los diversos actores en el proceso de evangelización, desarrollando cómo la conformación de un discurso acerca de la hechicería expresa los puntos de contacto entre los diversos sectores sociales. La autora muestra las formas en que se transgredieron las fronteras entre los grupos (españoles, indios, mestizos y mulatos), a partir de algunas nociones, por ejemplo como ‘maleficio’ o la representación de sapos, las cuales se difundieron entre ellos.
Estos dos aportes no agotan la contribución del libro, rico en material de archivo y propuestas de interpretación. Es una publicación valiosa no solo por la síntesis que propone, en un tema que tiene una larga tradición historiográfica, sino por las nuevas perspectivas de investigación que se derivan de la lectura del texto.