Más allá de la simple ingesta de nutrientes, el acto de comer implica sistemas de conocimiento y prácticas culturales (Aguirre Reference Aguirre2017) que conectan a las personas con su identidad y con su entorno (Machado et al. Reference Machado Aráoz and Rossi2020). La selección de plantas no responde sólo al gusto o disponibilidad, sino también a factores socioculturales, económicos y políticos (Stryamets et al. Reference Stryamets, Mattalia, Pieroni, Khomyn and Sõukand2021), y puede variar a lo largo del tiempo (Pochettino y Lema Reference Pochettino and Lema2008). Por eso es necesario estudiar la alimentación de manera integral, considerando todas sus etapas —desde la adquisición y preparación, hasta el consumo y el descarte—, así como los factores culturales, sociales, económicos y simbólicos que intervienen en cada una de ellas (Goody Reference Goody1982; Twiss Reference Twiss2012). Esta mirada también incluye las materias primas empleadas, los modos de procesamiento y los subproductos generados (Samuel Reference Samuel1996; Sherratt Reference Sherratt, Queiroga and Dinis1991).
En el noreste de Córdoba, especialmente en la costa sur de la Laguna Mar Chiquita, el estudio de la alimentación ha sido abordado desde una perspectiva bioarqueológica y arqueobotánica. Las investigaciones han analizado cambios y continuidades en el uso de las plantas a partir de microrrestos vegetales (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2019, Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2020, Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2021) y bioindicadores dentales e isotópicos (Fabra y González Reference Fabra and González2019). Los análisis arqueobotánicos resultan especialmente valiosos en esta región, donde la ausencia de estructuras de cultivo visibles o la falta de conservación de macrorrestos vegetales dificultan el abordaje de estos problemas. Los análisis de cálculo dental humano han permitido identificar el consumo de plantas como chañar (Geoffroea decorticans), algarrobo (Neltuma sp.) y palma caranday (Trithrinax campestris) desde hace 2562 ± 47 14C años radiocarbónicos aP (AA93742, hueso, δ13C = −16.3), así como porotos (Phaseolus sp.), maíz (Zea mays) y zapallo o calabaza (Cucurbita sp.) en sitios como El Diquecito e Isla Orihuela Playa Sudeste, entre 1192 ± 40 aP (MTC13247; hueso; δ13C = −14,9) y 487 ± 45 aP (AA102657; hueso; δ13C = −14,4), respectivamente (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2019, Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2020).
Los estudios isotópicos de carbono y nitrógeno han ofrecido una visión independiente sobre la incorporación de especies domesticadas, sugiriendo la inclusión de plantas C3 y C4 hacia 1500-1200 años aP, con diferencias regionales entre las sierras y las llanuras de Córdoba (Fabra y González Reference Fabra and González2019). Recientes análisis proponen una incorporación más temprana de plantas C4 (ca. 2500 años radiocarbónicos aP), o bien el consumo de alimentos con altos valores de δ13C (Fabra et al. Reference Fabra, Peralta and Gil2024). Esta tendencia se observa especialmente en las poblaciones que habitaron las llanuras orientales de Córdoba, ubicadas a unos 100 km al sur de la Laguna Mar Chiquita.
Estrechamente relacionado con las prácticas alimenticias, el estudio de la producción cerámica ofrece una valiosa perspectiva para comprender la organización social en sociedades antiguas. La adopción de la cerámica implicó cambios significativos, ya que estos objetos —utilizados para cocinar, almacenar, servir y transportar alimentos— facilitaron nuevas formas de cocción, como el hervido, y permitieron reutilizar diversos recursos alimenticios (Castaldo Paris Reference Castaldo Paris1996). La tecnología cerámica, entonces, está íntimamente asociada a las prácticas culinarias. Investigaciones recientes como las de Ábalos y Tavarone (Reference Ábalos Luna and Tavarone2024) en las Sierras de Córdoba, Azzolina y colaboradoras (Reference Azzolina, de los Milagros Colobig and Ramos2024) en Entre Ríos, Auge y colaboradoras (Reference Auge, Andreoni, Pérez Meroni and Paleo2021) en Buenos Aires y Ciampagna y colaboradoras (Reference Ciampagna, Molares, Haydeé Ladio and Capparelli2021) en Patagonia, han explorado estas dinámicas regionales. Como señala Cremonte (Reference Cremonte1983), cada fragmento o pieza cerámica conserva información sobre su origen, producción, uso, antigüedad y transformación postdepositacional. La producción de cerámica incluye varias etapas, desde la obtención de materias primas hasta la cocción y el tratamiento posterior (Cremonte y Bugliani Reference Cremonte and Fabiana Bugliani2007).
En la costa sur de la Laguna Mar Chiquita, el estudio de la tecnología cerámica ha sido retomado recientemente como una línea de investigación independiente, cuyos resultados pueden integrarse a los enfoques bioarqueológicos e isotópicos. Las primeras descripciones de estos materiales fueron realizadas por Frenguelli y De Aparicio (Reference Frenguelli and de Aparicio1932), De Aparicio (Reference De Aparicio1942), Serrano (Reference Serrano1945) y Oliva (Reference Oliva1947), quienes destacaron características como impresiones de tejidos, cestería e incisiones que sugieren conexiones con otras regiones, como las Sierras de Córdoba, el Chaco-santiagueño y el litoral (Fabra Reference Fabra2020). Hasta hace poco tiempo, el conocimiento sobre esta tecnología se limitaba al estudio de colecciones museográficas (Bonofiglio Reference Bonofiglio2004, Reference Bonofiglio2016), a partir de las cuales se identificaron diversas formas cerámicas, acabados que van desde pulidos y alisados hasta superficies toscas, así como una variedad de técnicas decorativas, destacando el enrollado (Bonofiglio Reference Bonofiglio2004, Reference Bonofiglio2010).
Bonofiglio (Reference Bonofiglio2016) plantea que estos contenedores fueron producidos sin una selección estricta de arcilla y cocidos en fogones abiertos, lo cual generó una cocción desigual, aunque fueron funcionales para la cocción rápida y almacenamiento de alimentos. Estas imperfecciones, junto con la limitada variedad de formas y tamaños, han sido interpretadas como indicios de experimentación o innovación tecnológica, vinculados al uso de nuevas materias primas o técnicas de cocción (Laguens y Bonnin 2003; Rice Reference Rice1987; Roux Reference Roux2003), a decisiones culturales conscientes (Sinopoli Reference Sinopoli1991), o a condiciones de producción y disponibilidad de recursos (Arnold Reference Arnold1985). Estudios recientes han permitido caracterizar distintas clases tecnológicas en tres sitios del área (Spángaro y Fabra Reference Spángaro and Fabra2021), así como reconstruir las formas cerámicas y determinar sus funciones.
En este marco, un aporte novedoso para esta región ha sido el análisis de microrrestos vegetales en fragmentos cerámicos. Un estudio preliminar en Isla Orihuela Playa Sudeste identificó evidencias del procesamiento de maíz (Zea mays), algarrobo (Neltuma sp.) y chañar (Geoffroea decorticans) con una antigüedad aproximada de 500 años aP.
De esta manera, el objetivo de este trabajo es, por un lado, profundizar en el estudio de las prácticas alimentarias y la dieta de las poblaciones que habitaron la costa sur de la Laguna Mar Chiquita, mediante el análisis de microrrestos vegetales en contenedores cerámicos de dos sitios arqueológicos; y por otro, examinar las modalidades de producción de estos contenedores desde una perspectiva tecnológica, considerando clases tecnológicas, formas, usos y funciones en un análisis integrado. Este enfoque permite indagar en los procesos de selección y manejo de plantas por parte de grupos con economías mixtas,Footnote 1 no sólo identificando las especies vegetales utilizadas, sino también las comidas preparadas y los recipientes empleados, entendiendo el procesamiento de alimentos como un aspecto esencial para la interpretación arqueobotánica (Capparelli Reference Capparelli, Raffino, Iácona, Moralejo, Gobbo and Couso2015).
Área de estudio: Los sitios arqueológicos
La zona de estudio se ubica en la costa sur de la Laguna Mar Chiquita, en el noreste de la provincia de Córdoba, a una altitud de 64 m snm, y abarca aproximadamente 127.000 km2 (Figura 1). Esta región se destaca por su diversidad fitogeográfica, al encontrarse en la transición entre dos ecosistemas principales: el Bosque del Espinal y el Bosque Subtropical Chaqueño (Cabido et al. Reference Cabido, Zeballos, Zak, Laura Carranza, Giorgis, Cantero and Acosta2018). El clima es templado con una estación seca invernal, y presenta variaciones regionales: las temperaturas disminuyen de norte a sur y las precipitaciones, de este a oeste. La temperatura media anual va de 23 °C en el norte a 17 °C en el sur, y las precipitaciones oscilan entre 1.000 mm en el este a menos de 700 mm hacia el oeste (Bucher Reference Bucher2019). Los suelos son salinos, con alta concentración de cloruros y sulfatos de sodio (Gorgas y Tassilej Reference Gorgas and Tassilej2003), y presentan un pH básico igual o superior a 8 (Tavarone et al. Reference Tavarone, Dantas and Fabra2017).
(a) Localización geográfica de los sitios arqueológicos analizados: El Diquecito e Isla Orihuela Playa Sudeste; (b) registro de material arqueológico en superficie en Isla Orihuela Playa Sudeste; (c) vista panorámica del sitio El Diquecito. (Color en la versión electrónica)

Figure 1 Long description
A) Un mapa satelital muestra la ubicación de dos sitios arqueológicos: El Diquecito y Isla Orihuela Playa Sudeste en la costa sur de la Laguna Mar Chiquita, Córdoba. El mapa incluye una escala de 10 kilómetros y coordenadas geográficas. Se presentan dos mapas adicionales: uno de Sudamérica con un punto rojo indicando la ubicación general en Argentina, y otro de la provincia de Córdoba con un marcador azul en la región de estudio. B) La imagen muestra el registro de material arqueológico en superficie en Isla Orihuela Playa Sudeste, con personas observando el área. C) Una vista panorámica del sitio El Diquecito, mostrando un paisaje árido con vegetación escasa y suelo salino. Las imágenes destacan la diversidad fitogeográfica y las características del suelo en la región.
Los ríos Suquía y Xanaes atraviesan esta región en dirección suroeste-noreste y desembocan en la Laguna Mar Chiquita, que también recibe aportes de los ríos Dulce y Saladillo. Por su alta biodiversidad y relevancia ecológica, la laguna fue declarada Sitio Ramsar en 2002 y Parque Nacional en 2022. El paisaje se caracteriza por un ambiente de estepa, con vegetación dispersa y numerosos cuerpos de agua, tanto permanentes como estacionales, como bañados y pequeñas lagunas (Curto Reference Curto2009).
Para este trabajo, se seleccionaron materiales cerámicos procedentes de dos sitios arqueológicos cuyas intervenciones se enmarcaron dentro de la arqueología pública debido al hallazgo fortuito de restos humanos. El primer sitio, Isla Orihuela Playa Sudeste, está ubicado en la región fitogeográfica del Bosque del Espinal. Es un sitio a cielo abierto donde se realizaron varias campañas arqueológicas, en las que se recuperaron fragmentos cerámicos, artefactos líticos, restos arqueofaunísticos y los restos de un individuo adulto masculino, datado en 487 ± 45 14C años aP (AA102657; hueso; δ13C = −14.4; Fabra Reference Fabra2020).
El segundo sitio, El Diquecito, también a cielo abierto, se encuentra en la margen suroeste de la Laguna Mar Chiquita, en la confluencia con la Laguna del Plata, en un ecotono entre el Bosque del Espinal y el Bosque Subtropical Chaqueño, con predominio de especies del Espinal (Cabido et al. Reference Cabido, Zeballos, Zak, Laura Carranza, Giorgis, Cantero and Acosta2018). Este sitio presenta alta visibilidad y un grado medio de obstrucción, determinado por la topografía del terreno, la vegetación y la dispersión superficial de materiales arqueológicos (Fabra, González y Salega Reference Fabra, González and Salega2012).
Durante las excavaciones se recuperaron 12 individuos, abundante material cerámico en superficie y se mapearon 32 estructuras subterráneas de tierra cocida, tradicionalmente conocidas como “hornitos”. En El Diquecito se realizaron 12 fechados radiocarbónicos sobre restos humanos, que indican una ocupación comprendida entre 2562 ± 47 (AA93742, hueso, δ13C = −16.3) y 537 ± 57 14C (MTC-14022, hueso, δ13C= −15.5) años aP (Fabra y Demarchi Reference Fabra and Demarchi2013; Fabra et al. Reference Fabra, Salega, González and Tavarone2014).
Materiales y métodos
Para este trabajo se analizaron 27 de los 107 fragmentos cerámicos recuperados en El Diquecito y siete de un total de 213 procedentes de Isla Orihuela Playa Sudeste (Figura 2). La selección incluyó fragmentos mayores a 2 cm que presentaban elementos diagnósticos como bordes, bases y cuerpos con puntos de inflexión, lo que permitió estimar forma, tamaño y posible función de los contenedores. En El Diquecito, se realizaron análisis tecnomorfológicos y arqueobotánicos, mientras que en Isla Orihuela Playa Sudeste el estudio se centró en el análisis morfofuncional con el objetivo de vincular las características de los recipientes con los microrrestos vegetales previamente identificados (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2022).
Fragmentos cerámicos hallados en el sitio arqueológico El Diquecito: (1) ED 010. B13; (2) ED 010. B23; (3) ED 010. B32-1; (4) ED 010. B32-2; (5) ED 010. B32-4; (6) ED 010. B44-2; (7) ED 010. B32-6; (8) ED 010. B46-1; (9) ED 010. B36-6; (10) ED 010. B37; (11) ED 010. B38; (12) ED 010. B44-3; (13) ED 010. B51-3; (14) ED 010. B46-2; (15) ED 010. B49; (16) ED 010. B51-1; (17) ED 010. B51-2; (18) ED 010. B69-1; (19) ED 010. B52-1; (20) ED 010. B52-2; (21) ED 010. B56-1; (22) ED 010. B57-6; (23) ED 010. B77; (24) ED 010. B71-5; (25) ED 010. B71-22; (26) ED 010. B73-1; (27) ED 010. B73-6. Fragmentos cerámicos hallados en el sitio arqueológico Isla Orihuela Playa Sudeste: (28) I.O.PSE. Sector 1, C.104-206. N. 817; (29) I.O.PSE. N.0, C.104-204. N. 005; (30) I.O.PSE. N.2, C.106-204. N. 542; (31) I.O.PSE. Sector 1, C.110-202. N. 775; (32) I.O.PSE. N.3, C.106-204. N. 676; (33) I.O.PSE. Sector 1, Nivel 0, C.108-206. N. 799; (34) I.O.PSE. Sector 1, Nivel 0, C.100-208. N. 814. (Color en la versión electrónica)

Dado que ambos conjuntos cerámicos provienen de contextos superficiales en la costa de la Laguna Mar Chiquita —una zona propensa a procesos tafonómicos particulares debido a la humedad, el viento y la acción salina—, se prestó especial atención al estado de conservación de los fragmentos. Se relevaron variables vinculadas tanto a su funcionalidad como a su preservación, incluyendo dureza del material, presencia de residuos orgánicos visibles (como hollín), grado de abrasión, exfoliación, manchas, pérdida de materia, minerales secundarios y sales adheridas.
A pesar de las alteraciones propias de estos entornos lagunares y su prolongada exposición superficial, fue posible recuperar microrrestos vegetales, lo cual resalta el potencial informativo de este tipo de materiales aún en contextos tafonómicos complejos. Según el estado de conservación, se aplicaron distintos criterios de manejo: los fragmentos con residuos visibles (hollín, pintura, etc.) no fueron lavados, para preservar su integridad, y cuando el lavado fue necesario se adoptaron protocolos conservacionistas para minimizar la pérdida de información, evitando prácticas agresivas y recurriendo a técnicas como los baños estáticos y dinámicos en agua destilada o desionizada (Fernández Ibáñez Reference Fernández Ibáñez, Ibáñez and Ramos2003; Orton et al. Reference Orton, Tyers and Vince1997).
La metodología para el análisis tecnológico incluyó técnicas de observación macroscópica y submacroscópica, empleando una lupa binocular (Digital Microscope 50-500×) para identificar la variabilidad entre distintos “grupos tecnológicos” (Rye Reference Rye1981). Los fragmentos se agruparon siguiendo un código analítico adaptado de Fabra (Reference Fabra2008), basado en las propuestas de Balfet y colaboradores (Reference Balfet, Fauvet-Berthelot and Monzón1992), Fantuzzi (Reference Fantuzzi2010), Orton y colaboradores (Reference Orton, Tyers and Vince1997), Rice (Reference Rice1987), García Roselló y Calvo Trias (Reference García Roselló and Trias2006), Rye (Reference Rye1981), Skibo (Reference Skibo1992) y Ottalagano (Reference Ottalagano2010).
Los atributos tecnológicos se organizaron en función de los procesos de formatización primaria y secundaria. En la formatización primaria se registró el tipo de inclusiones (mica,Footnote 2 cuarzo,Footnote 3 arena, etcétera), su densidad (baja a muy alta) y tamaño, así como la técnica de preparación del cuerpo (espiralado, enrollado) y el uso de moldes (red, cesta). En la formatización secundaria se evaluaron los tratamientos superficiales (tosco, alisado, cepillado, pulido) y las decoraciones (zigzag, incisiones, líneas, etcétera).
En una segunda instancia, se analizaron las técnicas de cocción, clasificadas como oxidante, oxidante incompleta o reductora. También se relevaron indicadores de uso, como la presencia de capas o baños internos asociados a la contención de líquidos, zonas quemadas en ambas superficies y descascaramiento de la superficie externa. Por último, se consideraron variables relacionadas al descarte, como películas calcáreas, marcas de corte y huellas de quemaduras.
Finalmente, se registraron datos de cada fragmento en relación con su ubicación en la pieza (borde, cuerpo, base), perfil, diámetro y espesor. Dada la alta fragmentación, la reconstrucción de formas se basó en la clasificación de formas restringidas y no restringidas según Shepard (Reference Shepard1956), considerando la apertura en los recipientes abiertos y el tipo de cuello en los cerrados. Aunque se relevaron todos los atributos, para la clasificación en clases y subclases tecnológicas se priorizó el tipo de inclusiones, los acabados de las superficies interna y externa, y las características de la cocción, siguiendo la propuesta de Fabra (Reference Fabra2008). A partir de estos criterios, se identificaron dos clases y cinco subclases. La descripción tecnológica se complementó con representaciones gráficas de los fragmentos, lo que facilitó la reconstrucción parcial o total de las piezas, incluso a partir de restos pequeños. Esta técnica también permitió estimar el diámetro de la boca en recipientes cerrados mediante una escala de semicírculos concéntricos graduados cada 1 cm (Balfet et al. Reference Balfet, Fauvet-Berthelot and Monzón1988).
Para los análisis arqueobotánicos se siguieron los protocolos metodológicos de Musaubach (Reference Musaubach2017) y Ciampagna y colaboradores (Reference Ciampagna, Molares, Haydeé Ladio and Capparelli2021) orientados a optimizar la recuperación y el análisis de microrrestos vegetales. Cada fragmento cerámico fue manipulado con guantes de látex sin polvo y mascarilla, en un ambiente controlado especialmente acondicionado para evitar la contaminación. Previamente, los fragmentos fueron cepillados suavemente para remover el polvo superficial, sin afectar los residuos adheridos. Se observaron las superficies priorizando zonas con residuos orgánicos visibles, porosidades o grietas, y se obtuvieron dos submuestras mediante raspado en seco (interna y externa), usando una espátula metálica esterilizada. Las submuestras se montaron en aceite de cedro y se analizaron en un microscopio Leica DM4500 a 40×, registrando, fotografiando y contabilizado los microrrestos. La variabilidad fitolítica fue descripta mediante una clasificación ad hoc basada en el código internacional ICPN 2.0 (Neumann et al. Reference Neumann, Strömberg, Ball, María Albert, Vrydaghs and Cummings2019), y referencias comparativas especializadas. Los granos de almidón se clasificaron según el ICSN (2011) y criterios cuali-cuantitativos de Giovannetti y colaboradoras (Reference Giovannetti, Capparelli, Leila Pochettino, Archila, Giovannetti and Lema2008) y Korstanje y Babot (Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007), entre otros.
Resultados
Sitio El Diquecito
Se identificaron dos clases tecnológicas en la producción cerámica. La clase C se caracteriza por pastas con inclusiones de arena, cuarzo y muscovita. Los acabados superficiales varían entre texturas toscas y alisadas: algunos fragmentos presentan ambas caras toscas; otros combinan alisado externo con interior tosco; y en menor medida, alisado en ambas superficies. En cuanto a la cocción, se identificaron modos oxidante, oxidante incompleto y no oxidante, con predominio del oxidante incompleto. También se registraron decoraciones con incisiones lineales y guardas en zigzag simple. La clase D, en cambio, presenta pastas que contienen arena, biotita y cuarzo. Las superficies son mayormente toscas en ambas caras, y en una de las caras se observan incisiones en forma de puntos como decoración. Las cocciones también corresponden a tipos oxidante incompleto y no oxidantes, predominando el primero.
La clase C es la más representada (96,13%), seguida por la clase D (3,87%; Tabla 1; Figura 2). Dentro de la clase C se distinguieron cinco subclases según los atributos tecnológicos. Las más frecuentes fueron C1 (42,30%; fragmentos N°5, N°7, N°9, N°11, N°18, N°19, N°20, N°21, N°22, N°24 y N°27) y C4 (42,30%; fragmentos N°2, N°3, N°8, N°10, N°12, N°13, N°14, N°15, N°16, N°17 y N°26), seguidas por C2 (7,69%; fragmentos N°4 y N°6), por C3 (fragmento N°23) y por C6 (fragmento N°25), ambas con un 3,84%. Las subclases presentan pastas con inclusiones de arena, muscovitaFootnote 4 y cuarzo, con densidades variables (baja, media y alta) y tamaños pequeños (fragmentos N°2, N°3, N°6, N°10, N°13 y N°26), medianos (fragmentos N°5, N°7, N°8, N°9, N°11, N°12, N°14, N°17, N°18, N°19, N°22, N°23, N°25 y N°27) y grandes (fragmentos N°4, N°15, N°16, N°20, N°21 y N°24). Todos los fragmentos muestran preparación espiralada, superficies toscas en ambas caras, sin decoración, cocción oxidante u oxidante incompleta y un espesor promedio de 0,5 cm. En cuanto a la clase D (subclase 1), se identificó un único fragmento (N°1) con inclusiones de arena, cuarzo y biotita,Footnote 5 de tamaño mediano y densidad media. Su preparación también es espiralada, con tratamiento tosco en ambas superficies y decoración externa compuesta por guardas en zigzag simple y líneas incisas rectas.
Características del material cerámico analizado y resultados arqueobotánicos en el sitio arqueológico El Diquecito.

Table 1 Long description
La tabla registra 27 fragmentos cerámicos del sitio El Diquecito, todos de recolección superficial, con rastros de utilización descritos como residuos en la cara interna. Para cada fragmento se consignan código, subclase, ubicación anatómica (cuerpo, borde y/o base), decoración, forma y espesor de pared, tipo de contenedor y los taxones identificados en los residuos. Predominan los recipientes abiertos y no restringidos, especialmente cuencos, mientras que los contenedores cerrados y restringidos son menos frecuentes e incluyen botella, jarro contenedor y ollas. Los taxones más recurrentes son silicofitolitos afines a poáceas y Zea mays, con apariciones adicionales de Neltuma sp., Geoffroea decorticans y Trithrinax campestris; también se registran Cucurbita sp., Phaseolus sp., Solanum tuberosum y Manihot sp., además de microrestos como diatomeas, espículas de espongiario, un foraminífero y polen afín al complejo Amaranthaceae/Chenopodiaceae. La decoración es mayormente inexistente; las excepciones incluyen una guarda en zigzag incisa, una guarda doble con surco rítmico, impresiones de red en cara interna y marcas circulares externas, además de un orificio bajo el borde en una olla. Los espesores de pared se concentran alrededor de valores medios, con un caso notablemente más grueso y otro reportado como muy delgado, por lo que conviene considerar posibles diferencias de registro o transcripción. En conjunto, los datos sugieren un uso recurrente de recipientes, sobre todo cuencos, asociado a residuos vegetales vinculados a gramíneas y maíz, con variabilidad menor en formas cerradas y en tratamientos decorativos.
Según los criterios de Shepard (Reference Shepard1956), se identificaron dos tipos principales de formas cerámicas: abiertas (no restringidas) y cerradas (restringidas y compuestas). Los fragmentos N°1, N°3, N°4, N°5, N°6, N°7, N°9, N°10, N°11, N°12, N°13, N°14, N°16, N°17, N°18, N°19, N°20, N°21, N°22, N°23, N°24, N°25 y N°26 corresponden a vasijas abiertas, no restringidas, sin constricción en el diámetro, donde la boca coincide con el punto de mayor apertura (Figura 3a, 3b, 3c, 3f). En cambio, los fragmentos N°2, N°8, N°15 y N°27, se clasificaron como vasijas cerradas-restringidas, con y sin cuello, y un diámetro mínimo superior a un tercio del total, incluso si la parte superior es divergente (Figura 3d, 3e). En cuanto a la procedencia de los fragmentos, el 48% corresponde a cuerpo-borde, el 37% al cuerpo, y el 15% a cuerpo-base. Todos presentan superficies toscas en ambas caras.
Ejemplos de formas de recipientes identificadas: (a) fragmento N°9. Vasija cerrada; (b) fragmento N°10. Vasija cerrada; (c) fragmento N°18. Vasija abierta; (d) fragmento N°2. Vasija cerrada; (e) fragmento N°15. Vasija abierta; (f) fragmento N°20. Vasija abierta. (Color en la versión electrónica)

En los análisis arqueobotánicos de los 27 fragmentos, 16 presentaron granos de almidón en proporciones variables. El fragmento N°7 mostró un alto contenido de almidón, con morfotipos circulares y ovales de entre 4 y 29 µm (Figura 4 h-h’), muchos en conglomerados y con signos de gelatinización por calor, similar al fragmento N°15. En el fragmento N°1 se identificaron 22 granos, principalmente circulares y dos poligonales, de 7 a 27 µm, todos con alteraciones por calor. El fragmento N°22 contenía siete granos, cinco circulares y dos ovales, con diámetros de 3 a 50 µm (Figura 4 j-j’). En el fragmento N°21 se hallaron tres granos circulares y dos poligonales (10 a 20 µm), y en el fragmento N°19, tres granos circulares y dos ovales (18 a 26 µm). El fragmento N°26 presentó dos granos ovales, dos poligonales y uno circular, con diámetros de 12 µm a 33 µm. El fragmento N°12 mostró cuatro granos aislados (tres circulares y uno poligonal), de entre 8 y 28 µm. Los fragmentos N°13, N°17, N°20, N°25 y N°27 contenían tres granos aislados de morfologías diversas, con diámetros de 12 µm a 28 µm. Los fragmentos N°3 y N°5 presentaron dos granos cada uno —poligonal y oval en el primero, circular y poligonal en el segundo—. Finalmente, el fragmento N°18 presentó un único grano oval de 32 a 54 µm.
Microrrestos vegetales recuperados en las muestras analizadas, observados bajo luz polarizada (derecha) y luz blanca (izquierda): (a)-(a’) grano de almidón afín a Zea mays (fragmento N°21); (b)-(b’) grano de almidón afín a Phaseolus sp. (fragmento N°20); (c)-(c’) grano de almidón afín a Solanum sp. (fragmento N°18); (d) silicofitolito esférico equinado afín a arecaceae (fragmento N° 23); (e)-(e’) grano de almidón afín a Manihot sp. (fragmento N°19); (f)-(f’) granos de almidón de morfología oval y poligonal (fragmento N°26); (g)-(g’) grano de almidón de morfología circular (fragmento N°27); (h)-(h’) conglomerado de granos de almidón afines a Neltuma sp. (fragmento N°7); (i)-(i’) conjunto de granos de almidón de morfología circular (fragmento N°25); (j)-(j’) granos de almidón de morfología circular y oval (fragmento N°22); (k) Foraminífero afín a Ammonia tepida (fragmento N°17); (l), (m), (u) granos de polen (fragmentos N°1, N°7 y N°15); (n) diatomea posiblemente afín a Eunotia sp. (fragmento N°2); (o) silicofitolito afín a Zea mays (fragmento N°17); (p) fitolito afín a Geoffroea decorticans (fragmento N°10); (q) elemento silíceo prismático (fragmento N°8); (r) fitolito esférico facetado afín a cucurbitaceae (fragmento N°27); (s), (v), (x) tejidos vegetales afines a Neltuma sp. (fragmentos N°7, N°12 y N°27); (t) silicofitolito afín a Neltuma sp. (fragmento N°17); (w) tejido traqueal con punteaduras. Escala: 20 µm (h-h’ y k: 100 µm). (Color en la versión electrónica)

Se observaron elementos silíceos en todos los fragmentos analizados, predominando las formas elongadas (45,45%), seguidas por elementos rondel (24,24%), morfotipos bilobados (9,52%) y aguzados (9,09%) y en menor medida formas poliédricas, saddle (3,46%), circulares (1,73%) y esféricas equinadas (3,03%). El 3,48% restante corresponde a morfotipos no determinados.
Además, en 11 fragmentos se registraron evidencias de plantas cultivadas, destacándose el maíz (Zea mays; N°1, N°7, N°13, N°15, N°17, N°20, N°22, N°25; Figura 4 i-i’; Ball et al. Reference Ball, Chandler-Ezell, Dickau, Duncan, Hart, Lentfer and Logan2016), el zapallo/calabaza (Cucurbitaceae; N°13, N°16 y N°27; Figura 4r; Piperno Reference Piperno2006), el poroto (Phaseolus sp.; Fragmento N°20; Figura 4 b-b’; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007) y tubérculos como la papa (Solanum tuberosum; Fragmento N°18; Figura 4 c-c’; Cortella y Pochettino Reference Cortella and Leila Pochettino1995; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007) y la mandioca (Manihot sp.; Fragmento N°19; Figura 4 e-e’; Auge et al. Reference Auge, Andreoni, Pérez Meroni and Paleo2021). También se identificaron plantas silvestres como el algarrobo (Neltuma sp.; N°5, N°7, N°12, N°17, N°26 y N°27; Figura 4 f-f’; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007; Giovanetti et al. Reference Giovannetti, Capparelli, Leila Pochettino, Archila, Giovannetti and Lema2008), el chañar (Geoffroea decorticans; N°10, N°18, N°19, N°27; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007; Medina et al. Reference Medina, López and Berberián2009) y la Palma Caranday (Trithrinax campestris; N°21, N°23, N°26 y N°27; Figura 4d; Benvenuto et al. Reference Benvenuto, Fernández Honaine, Osterrieth and Morel2015).
En cuanto a los pólenes, se hallaron granos del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae en los fragmentos N°1, N°7, N°20 y N°27 (Figura 4m; Lupo et al. Reference Lupo, Román Torres, Fierro, Oxman, Sánchez, de los Ángeles Pereira and Schittek2018), así como de Neltuma sp. en el fragmento N°7 (Figura 4l; Alaniz-Gutiérrez et al. Reference Alaniz-Gutiérrez, Ail-Catzim, Villanueva-Gutiérrez, Delgadillo-Rodríguez, Ortiz-Acosta, García-Moya and Medina-Cervantes2017) y uno no identificado en el fragmento N°15 (Figura 4u). También se observaron diatomeas de los géneros Eunotia sp. (Figura 4n) y Fragilaria sp. en el fragmento N°2 (Cuña-Rodríguez et al. Reference Cuña-Rodríguez, Piovano, del Puerto, Inda and García-Rodríguez2018), mientras que otras tres especies no pudieron ser identificadas. En este último fragmento también se hallaron ocho espículas de espongiario. Por último, se registró la presencia de tejido vegetal correspondiente al género Neltuma sp. en los fragmentos N°7, N°12 y N°27 (Figura 4s, 4v, 4x; Ciampagna et al. Reference Ciampagna, Cueto, Lema and Capparelli2020).
Sitio Isla Orihuela Playa Sudeste
Todos los fragmentos cerámicos recuperados en este sitio corresponden a la clase C, subclase C4. Se caracterizan por una pasta rica en granos de arena de mineralogía variada, inmersa en una matriz arcillosa de tono castaño claro. La mineralogía se destaca por cristales blancos y cristalinos de cuarzo de tamaño mediano a grande (40%), y muscovita (10%), mineral que también se observa entre las inclusiones cristaloplásticas. Las superficies muestran tratamientos toscos y pulidos en ambas caras, con un espesor promedio de 0,5 cm. Se identificó un único borde decorado con forma festoneada u ondulada, probablemente moldeado con algún instrumento durante su confección (Tabla 2).
Características del material cerámico analizado y resultados arqueobotánicos en el sitio arqueológico Isla Orihuela Playa Sudeste.

Table 2 Long description
La tabla registra siete fragmentos cerámicos con su código, procedencia, contexto, rastros de uso, taxones identificados, subclase, parte del recipiente, decoración, espesor, forma y tipo de contenedor. Todos los fragmentos provienen del mismo sitio; cuatro corresponden a contextos cubiertos de entierro y tres a recolección superficial. En todos se observan residuos en la cara interna, asociados a microrestos vegetales. Los taxones más repetidos son Zea mays y, en otros fragmentos, Neltuma sp. y Geoffroea decorticans; también se reportan fitolitos afines a poáceas y polen sin identificar o afín al complejo Amaranthaceae/Chenopodiaceae. La subclase identificada es C4 en todos los casos. Predominan recipientes abiertos y no restringidos (vasos y cuencos) sin decoración; solo un cuenco presenta borde festoneado u ondulado hecho con un instrumento aplicado a intervalos regulares. El único recipiente cerrado y restringido es una botella o jarrón con fitolitos de poáceas. Los espesores de pared varían entre 0,4 y 0,7 centímetros, con valores más frecuentes alrededor de 0,5 a 0,6 centímetros. La identificación de polen y algunos microrestos se reporta como afín o sin identificar, por lo que las asignaciones taxonómicas deben interpretarse con cautela.
En cuanto a las formas, se reconocieron tanto recipientes abiertos —no restringidos (fragmentos N°28, N°29, N°30, N°32, N°33 y N°34) como una forma cerrada— compuesta (fragmento N°31). Esta última presenta una geometría cóncava con múltiples puntos de inflexión, lo que impide su descripción mediante volúmenes geométricos simples (Balfet et al. Reference Balfet, Fauvet-Berthelot and Monzón1988).
Discusión
Los análisis arqueobotánicos y tecnológicos de los fragmentos cerámicos de El Diquecito e Isla Orihuela Playa Sudeste permitieron ampliar el conocimiento sobre la selección y el procesamiento de plantas silvestres y cultivadas. Los resultados muestran una notable diversidad de morfotipos que representan diferentes órganos vegetales utilizados.
Investigaciones previas sobre el cálculo dental de individuos de ambos sitios ya habían identificado numerosas especies vegetales presentes en la dieta de las poblaciones locales, incluyendo plantas silvestres como el chañar (Geoffroea decorticans), algarrobo (Neltuma sp.) y palma caranday (Trithrinax campestris), además de domesticadas como porotos (Phaseolus sp.), maíz (Zea mays) y zapallo o calabaza (Cucurbita sp.). Este trabajo no sólo confirma la presencia de estas plantas en el registro cerámico, sino que amplía el repertorio botánico conocido para la región al documentar, por primera vez, el consumo de mandioca (Manihot sp.) y papa (Solanum tuberosum).
Estos resultados refuerzan la importancia de integrar múltiples líneas de evidencia arqueobotánica —como el cálculo dental, el material cerámico y los artefactos líticos— dentro de un mismo sitio o región, ya que cada una aporta información complementaria. Esta mirada articulada permite alcanzar una reconstrucción más completa y precisa del uso de los recursos vegetales por parte de las poblaciones del pasado. Asimismo, fue posible asociar ciertos tipos de contenedores cerámicos con prácticas específicas de almacenamiento, procesamiento o consumo de alimentos, incluyendo técnicas de cocción que ya habían sido sugeridas en estudios previos sobre tártaro dental (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2019).
En el caso del sitio El Diquecito, los análisis tecnológicos y arqueobotánicos del material cerámico permitieron caracterizar diferentes tipos de vasijas y sus posibles usos asociados al procesamiento de vegetales. El fragmento N°2 corresponde a una forma cerrada-restringida, posiblemente una botella, dada su morfología con cuello estrecho y cuerpo redondeado. Entre los restos botánicos asociados, se encontraron cinco diatomeas de los géneros Eunotia sp., y Fragilaria sp., comunes en ambientes de agua dulce, además de ocho espículas de espongiario. Estos hallazgos apoyan la hipótesis de que la vasija fue utilizada para contener agua. El fragmento N°7, correspondiente al cuerpo de una vasija abierta-no restringida, podría haber formado parte de un cuenco, mientras que el fragmento N°15, que incluye cuerpo y borde de una vasija cerrada-restringida con impresiones de redes en su interior, podría corresponder a una olla. En ambos casos, los análisis arqueobotánicos presentaron una alta concentración de granos de almidón aglutinados en conglomerados, con evidencias de alteraciones típicas del tratamiento de vegetales mediante hidratación, hervido y fermentación, tales como pérdida de birrefringencia y modificaciones en el tamaño del hilum y en el contorno de los granos (Babot Reference Babot, Hart and Wallis2003; Hardy et al. Reference Hardy, Blakeney, Copeland, Kirkham, Wrangham and Collins2009). Estos indicadores son consistentes con tratamientos prolongados que podrían vincularse con la elaboración de bebidas. En particular, la morfología de los almidones observados es consistente con el maíz (Zea mays), lo que sugiere su uso potencial en la producción de chicha, bebida fermentada ampliamente documentada en las crónicas españolas: “a chicha que de ello hazen para sus embriaguezes con que con solo la sementera que hazen para su encomendero aseguran en ella la carne y el grano para comer y beuer” (Bixio Reference Bixio2009:f.24v).
La preparación de chicha involucra múltiples etapas técnicas —molienda, hervido, enfriamiento y fermentación del maíz en recipientes apropiados— que favorecen la acción de levaduras naturales. Si bien no contamos con una descripción directa de su elaboración en la región de estudio, fuentes etnográficas y arqueológicas del noroeste argentino, como las registradas por Cremonte y colaboradores (Reference Cremonte, Otero and Gheggi2009) en Villa El Perchel (Tilcara, Jujuy), permiten inferir procedimientos semejantes. Esto refuerza la interpretación de que ciertos fragmentos cerámicos estuvieron involucrados en la producción y consumo de esta bebida, aportando información valiosa sobre prácticas culinarias y sociales en la costa sur de la Laguna Mar Chiquita.
Por su parte, los fragmentos N°22 y N°25, correspondientes a vasijas abiertas-no restringidas (posiblemente cuencos) contenían granos de almidón aislados atribuidos al maíz (Zea mays), con signos de alteración por exposición a calor húmedo y seco. Esto sugiere que fueron usados para hervir o tostar alimentos, posiblemente en actividades vinculadas al procesamiento, servicio o consumo.
Los fragmentos N°13 y N°16 también corresponden a vasijas abiertas-no restringidas (cuencos de diversos tipos), mientras que el N°27 pertenece a una vasija cerrada-restringida, posiblemente una olla. En estos casos se hallaron silicofitolitos esféricos facetados, vinculados al zapallo o calabaza (Cucurbita sp.), y en el fragmento N°13, también almidones de maíz cocido (Zea mays). En el fragmento N°27 se identificaron elementos poliédricos asociados al chañar (Geoffroea decorticans), al tejido epidérmico de algarrobo (Neltuma sp.), a elementos esféricos equinados afines a la palma caranday (Trithrinax campestris) y a un grano de polen del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae. Estos hallazgos sugieren el procesamiento o consumo de plantas silvestres y domesticadas. Este fragmento también presenta un orificio entre el borde y el cuerpo, posiblemente relacionado a reparaciones (Balesta y Zagorodny Reference Balesta and Zagorodny2002; Choperena Tous Reference Choperena Tous2018; entre otros) o a su suspensión para evitar el contacto directo con el fuego (Balducci y Galligani Reference Balducci and Galligani2022; Escosteguy et al. Reference Escosteguy, González, Victoria Fiel and Vigna2017; entre otros).
El fragmento N°18, correspondiente a un cuenco con borde engrosado hacia afuera, mostró granos de almidón de papa (Solanum tuberosum), con alteraciones por calor, como pérdida de birrefringencia (Babot Reference Babot, Hart and Wallis2003). En tanto, el fragmento N°19, también identificado como cuenco, presentó un grano de almidón afín a la mandioca (Manihot sp.), constituyendo la primera evidencia de procesamiento de esta raíz en las llanuras del noreste de Córdoba. Este grano también mostró signos de cocción, como agrandamiento del hilum y pérdida de lamelas (Babot Reference Babot, Hart and Wallis2003; Hardy et al. Reference Hardy, Blakeney, Copeland, Kirkham, Wrangham and Collins2009).
El fragmento N°20, una vasija abierta-no restringida con forma cóncava y puntos de inflexión, probablemente usada como plato o cuenco, contenía almidones de poroto (Phaseolus sp.; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007) y maíz (Zea mays), junto a un grano de polen del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae. Todos los restos presentaron alteraciones compatibles con tratamientos térmicos como hervido o tostado (Babot Reference Babot, Hart and Wallis2003; Hardy et al. Reference Hardy, Blakeney, Copeland, Kirkham, Wrangham and Collins2009).
A su vez, en el fragmento N°1, correspondiente a un cuenco decorado con zigzag, se identificaron 22 granos de almidón atribuidos principalmente al maíz (Zea mays), la mayoría con signos de cocción por hervido o tostado (N=20). También se halló un grano de polen del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae (Lupo et al. Reference Lupo, Román Torres, Fierro, Oxman, Sánchez, de los Ángeles Pereira and Schittek2018), lo que sugiere el consumo de quínoa (Chenopodium quinua) y/o amaranto (Amaranthus caudatus), o alguna de sus variedades silvestres.
Por otro lado, en el fragmento N°17 se identificaron elementos silíceos en forma de cruz, relacionados con la hoja de maíz (Zea mays), y morfotipos circulares de color rosa o amarillento, similares a los del algarrobo (Neltuma sp.; Korstanje y Babot Reference Korstanje, del Pilar Babot, Madella and Zurro2007; Figura 4o y 4t). Este fragmento proviene de una vasija abierta-no restringida (posiblemente un cuenco), lo que sugiere que pudo haber sido utilizada no sólo para almacenar o contener frutos de algarrobo o mazorcas de maíz, sino también para preparar o servir alimentos. Este tipo de uso multifuncional es consistente con lo documentado etnográficamente para recipientes de estas características en contextos similares (Rye Reference Rye1981).
En los fragmentos N°5, N°6, N°10, N°12, N°21, N°23 y N°26 —vasijas abiertas-no restringidas, posiblemente cuencos o platos—, se hallaron evidencias del uso exclusivo de plantas silvestres como algarrobo (Neltuma sp.), chañar (Geoffroea decorticans; Figura 4p) y palma caranday (Trithrinax campestris), así como pólenes del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae. El fragmento N°26 presenta improntas de redes como parte del proceso de manufactura del contenedor, y un orificio cercano al borde, lo que podría indicar que la pieza fue “parchada” o suspendida, como fue mencionado anteriormente.
Por su parte, el fragmento N°3, también clasificado como vasija abierta-no restringida, contenía un grano de almidón de tubérculo no identificado, y en el fragmento N°5 se encontró un foraminífero (Ammonia tepida; Figura 4k), especie típica de ambientes salobres, lo que sugiere posibles procesos tafonómicos postdepositacionales o actividades que involucraron recursos acuáticos contaminados con microfauna local (Calvo Marcilese et al. Reference Calvo Marcilese, Pisano, Tavarone and Fabra2022).
Finalmente, en los fragmentos N°4, N°9, N°11, N°14 y N°24 (vasijas abiertas-no restringidas, posiblemente cuencos y vasos) y en el fragmento N°8 (vasija cerrada-restringida, posiblemente un jarro), se identificaron silicofitolitos correspondientes a subfamilias de poáceas (Panicoideae, Danthonioidea y Chloridoideae), aunque sin rasgos diagnósticos que permitan asociarlos a especies específicas (Figura 4q).
En cuanto al sitio Isla Orihuela Playa Sudeste, el fragmento N°31 —vasija cerrada y restringida, posiblemente una botella o jarrón—, presenta una estructura apta para contener, conservar o transportar líquidos o alimentos. Aunque no se identificaron granos de almidón, se hallaron elementos silíceos afines a gramíneas (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2022).
El fragmento N°32, con borde engrosado y decorado, corresponde a una vasija abierta-no restringida, posiblemente un pequeño cuenco con paredes divergentes y un diámetro de boca inferior a 11 cm. En este fragmento se encontraron cuatro morfotipos silíceos no diagnósticos, relacionados con gramíneas (Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2022). Los fragmentos N°29, N°33 y N°34 también se clasificaron en esta categoría. En N°33 se identificaron fitolitos afines al maíz (Zea mays) y evidencias almidonosas y silíceas de algarrobo (Neltuma sp.) y chañar (Geoffroea decorticans). En N°29 y N°34, también se hallaron evidencias de estas dos últimas especies, junto a granos de polen del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae (Lupo et al. Reference Lupo, Román Torres, Fierro, Oxman, Sánchez, de los Ángeles Pereira and Schittek2018).
Finalmente, los fragmentos N°28 y N°30, posiblemente vasos o contenedores, mostraron paredes verticales o levemente divergentes. Ambos presentaron polen —uno del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae y otro no identificado—, y en el fragmento N°28 se registraron además fitolitos asociados al maíz (Zea mays; Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2022).
Conclusión
Este estudio, novedoso en la región por integrar diversas líneas de evidencia, proporciona información valiosa sobre las plantas seleccionadas, las técnicas de preparación y los contenedores utilizados en prácticas culinarias. En el sitio El Diquecito, se observó una mayor diversidad tanto en las plantas elegidas, como en los métodos de preparación (como tostado y hervido) y en los tipos de contenedores utilizados (vasos, jarros, botellas, cuencos, platos y ollas). Los resultados arqueobotánicos coinciden con análisis previos de tártaro dental humano, que señalan el consumo de especies silvestres como el algarrobo (Neltuma sp.), el chañar (Geoffroea decorticans) y la palma caranday (Thritrinax campestris), junto a especies domesticadas como el poroto (Phaseolus sp.), el zapallo o calabaza (Cucurbita sp.) y el maíz (Zea mays; Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2019). Sin embargo, el presente trabajo también describe por primera vez, la selección y manipulación de plantas cultivadas como la mandioca (Manihot sp.) y la papa (Solanum tuberosum).
Resulta particularmente interesante poner en diálogo los resultados arqueobotánicos con los análisis isotópicos realizados sobre restos humanos en los mismos contextos arqueológicos. Ambos enfoques coinciden en señalar que, a partir de 1200 años aP, se produjo un aumento en el consumo de plantas con metabolismo C4, atribuido principalmente a la incorporación del maíz (Zea mays) en la dieta (Fabra y González Reference Fabra and González2019; Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2019). No obstante, el hallazgo de granos de polen del complejo Amaranthaceae-Chenopodiaceae en este estudio sugiere que esa señal isotópica podría reflejar también el consumo de otras especies con metabolismo C4 además del maíz. A su vez, se considera la posible presencia de especies del género Chenopodium con metabolismo C3, como C. quinoa, cuyo uso con fines medicinales —particularmente en forma de infusiones— ha sido propuesto por Arias Toledo (Reference Arias Toledo2008) desde una perspectiva etnobotánica. La amplia diversidad de morfotipos vegetales identificados en los fragmentos cerámicos refleja un uso sostenido y multifuncional de los contenedores, asociado a diversas preparaciones vegetales a lo largo de su ciclo de vida.
En contraste, en Isla Orihuela Playa Sudeste, se observó una menor variabilidad en las formas cerámicas y en las especies vegetales empleadas, limitadas al maíz, el algarrobo y el chañar. Estos resultados concuerdan con estudios previos realizados sobre el tártaro dental de un individuo encontrado en el sitio Orihuela, ubicado en la costa de la laguna frente a Isla Orihuela Playa Sudeste, fechado en 664 ± 33 años aP (AA104741, hueso, δ13C = −11.8). En dicho análisis también se identificaron microrrestos de plantas cultivadas como el maíz (Zea mays) y de especies silvestres como el algarrobo (Neltuma sp.) y el chañar (Geoffroea decorticans), junto con elementos silíceos relacionados con la palma caranday (Trithrinax campestris; Tavarone et al. Reference Tavarone, de los Milagros Colobig and Fabra2022). No obstante, es necesario ampliar los estudios en Isla Orihuela Playa Sudeste para determinar si esta menor diversidad responde a un posible sesgo derivado del tamaño reducido de la muestra analizada, o si, por el contrario, refleja prácticas particulares desarrolladas en este sitio, caracterizadas por el uso de contenedores de una única clase tecnológica y una selección más limitada de especies vegetales, en comparación con la diversidad observada en El Diquecito.
Los resultados obtenidos pueden ponerse en diálogo con otros estudios arqueobotánicos desarrollados en distintas regiones del país, lo que permite situar los patrones observados en una escala macrorregional y fortalecer su interpretación. En las Sierras de Córdoba, los análisis del sitio Sara Olga 1 (Soto) muestran asociaciones entre diferentes formas cerámicas y microrrestos vegetales —como maíz, algarrobo, chañar, palma caranday y papa—, destacando la reutilización de los recipientes a lo largo de su ciclo de vida y evidenciando una notable diversidad de prácticas alimentarias (Ábalos Luna y Tavarone Reference Ábalos Luna and Tavarone2024). Este patrón coincide estrechamente con lo registrado en El Diquecito, donde también se observó una gran variabilidad de especies procesadas y repertorios cerámicos. Asimismo, el trabajo de Saur Palmieri (Reference Saur Palmieri2022) reconstruye el uso histórico de plantas silvestres comestibles en Córdoba, resaltando la importancia continua del chañar y el algarrobo como recursos tanto nutricionales como simbólicos y culturales. Estas interpretaciones refuerzan el valor y la continuidad en el uso de las especies silvestres identificadas en los fragmentos cerámicos y en los análisis de cálculo dental de El Diquecito y Orihuela.
En contextos fuera de Córdoba, como el noreste de la Patagonia, Saghessi y colaboradores (Reference Saghessi, Laura López, Capparelli and Prates2024) identificaron microrrestos vegetales —entre ellos maíz, algarrobo y frutos silvestres— asociados a cerámicas reutilizadas en actividades de cocción, fermentación y servicio. Si bien el contexto ecológico difiere, los resultados dialogan con los del presente estudio al mostrar una alta plasticidad en el uso de recipientes y una integración compleja entre prácticas culinarias, artefactos y recursos vegetales. En el Delta del Paraná, Azzolina y colaboradores (Reference Azzolina, de los Milagros Colobig and Ramos2024) analizaron fitolitos en cerámicas del sitio Campo Coronel Sarmiento-Mirador, identificando gramíneas y palmas, lo que sugiere un uso intencional para procesar y almacenar vegetales silvestres. Aunque el repertorio vegetal varía respecto a Mar Chiquita, ambos estudios destacan el rol activo de la cerámica en la preparación y conservación de alimentos en ambientes ribereños. Por último, en el valle de Ambato (Catamarca), Escudero Pacheco y colaboradores (Reference Escudero Pacheco, Tavarone and Laguens2025) identificaron en cerámica Aguada evidencias de cocción, molienda y fermentación de maíz, poroto, zapallo, papa y algarrobo, vinculadas a distintas formas cerámicas especializadas. Estos hallazgos apoyan la relación directa entre la variabilidad formal de los recipientes y prácticas culinarias específicas, patrón también observado en El Diquecito e Isla Orihuela Playa Sudeste.
En conjunto, estos trabajos refuerzan la interpretación de que las prácticas alimentarias arqueológicas estuvieron marcadas por una gran diversidad de recursos vegetales, técnicas de preparación y usos cerámicos. La integración de estas perspectivas amplía el alcance interpretativo del presente estudio y aporta elementos fundamentales para una comprensión más profunda de las relaciones entre las poblaciones humanas, las plantas y sus tecnologías en el pasado.
Agradecimientos
Las autoras agradecen a José Luis Giraudo, responsable del Área de Arqueología de la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico de Ansenuza (APHA), por su colaboración en los trabajos de campo, y a Cristian Bustos, Charava de la Comunidad Sanavirona Mampa Sacat, por compartir su valioso conocimiento sobre el uso de plantas nativas por parte de los pueblos indígenas de la región y por su generosa lectura del manuscrito. También al Dr. Juan Murra del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CICTERRA) por facilitar el acceso al microscopio, y al Dr. Reinaldo A. Moralejo por la elaboración de la Figura 1. Finalmente, agradecen a los/las evaluadores/as y editores/as de la revista por sus valiosos comentarios y sugerencias, que contribuyeron a mejorar la versión original de este trabajo.
Declaración de financiación
Este trabajo contó con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica [FONCyT] (PICT 2020-2701) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas [CONICET] (PIP 11220200102318CO - 2021-2023).
Declaración de conflicto de intereses
Los datos que respaldan los resultados de este estudio están disponibles a través del autor correspondiente previa solicitud razonable.





