Luis Martínez-Fernández, profesor de historia de la University of Central Florida, ha presentado un nuevo e importante libro sobre Cuba en la época colonial temprana. Mientras que la gran mayoría de los historiadores se concentra en los siglos XVIII y XIX, cuando la revolución azucarera marcará el porvenir de la isla, el autor se dedica a explorar los orígenes históricos. Martínez-Fernández se ocupa de un período de tiempo muy amplio desde la prehistoria al siglo XVII, cuando el Caribe se convierte en el foco de las fricciones entre españoles y los rivales europeos.
Es decir, que el proyecto es muy ambicioso. Martínez-Fernández da un retrato general desde la primera población de la isla hasta el gobierno de los Borbones considerando puntos de vista tan diversos como son la geografía particular de Cuba y su población precolombina, la política geo-estratégica española, la economía azucarera y como consecuencia la sociedad y cultura multiétnicas. Así se tratan en los dos primeros capítulos la interacción entre el habitat y los indígenas como también las huellas que dejaron los Tainos tal como lo describe la teoría de la revolución agrícola durante el neolítico (Childe 1941). A continuación, se analizan los conocidos viajes de conquistadores y exploradores en el contexto de la transición europea de la Edad Media al Renacimiento (Polo, Colón, Nebrija etc.). Cabe anticipar que el autor retoma este aspecto en otro capítulo cuando acierta el significado de la reconquista ibérica para la formación de Cuba como zona fronteriza (38, 60–66). En lo que se refiere al encuentro entre ambos mundos a partir de 1492, el autor discute las conocidas teorías de la invención de América (O'Gorman 1958) y el intercambio precolombino (Crosby 1972) de alimentos, avances tecnológicos, y demografía. Después, Martínez-Fernández sigue con los cambios profundos que se dieron a consecuencia de la conquista en términos políticos, socioeconómicos y demográficos. Es aquí donde hace referencia al legado de la lucha entre cristianos y musulmanes en la Península Ibérica.
Un mérito especial de la presente monografía es el peso que se da a la primera fase de la trata de esclavos y el consecuente auge de la agricultura cubana mucho antes de la revolución azucarera de finales del siglo XVIII. Con razón hace hincapié de la importancia de las manifestaciones étnicas, sociales y culturales que surgieron con “la emergencia de la sociedad criollo” en Cuba del siglo XVII. Esta época además tenía un marco histórico peculiar debido al aumento de la presencia de los rivales europeos de España en todas las Indias y sobre todo en el Caribe. Esta zona de transición en camino a los virreinatos se convirtió en el escenario de un conflicto internacional con piratas, aventureros, contrabandistas y soldados procedentes de Inglaterra, Francia y Holanda. Son estas décadas las que demuestran la importancia de Cuba. Su defensa y su economía son esenciales para la Carrera de Indias y la convierten en una colonia de servicos (“service colony,” como lo llama Hugh Thomas). Se ve cómo estos factores, sobre todo la defensa militar, la creciente agricultura basada en las plantaciones y el contrabando, dividieron el espacio de la isla entre el centro urbano de La Habana, como puerto principal con las instituciones del estado, con los astilleros, sus salas de juego y burdeles, y la restante Cuba rural, fronteriza y sin gran presencia estatal. También durante el siglo XVII los puntos estratégicos como Cuba y Trinidad, o puertos como La Habana, Cartagena, o Veracruz fueron apodados tanto por españoles como ingleses como “Llave de las indias.”
Martínez-Fernández logra ilustrar hábilmente el fondo histórico del siglo XVII con algunos casos ejemplares. De este modo el autor demuestra mediante la microhistoria la validez de las teorías de Fernando Ortiz (Cap. 6) o la existencia de los conceptos de la limpieza de sangre y del mestizaje avant la lettre.
La última parte del libro se ocupa del declive y de la paulatina crisis hegemonial de España. Para Cuba fue de suma importancia, ya que esta crisis se agudizó con la pérdida de la flota entera cerca de Matanzas en 1628 después del ataque del holandés Piet Heyn. En la Paz de Westfalia de 1640 España tuvo que reconocer finalmente la independencia de Holanda y en 1659 la supremacía de Francia en la Paz de los Pirineos.
Martínez-Fernández cumple con su proyecto y logra esbozar una visión panorámica de las épocas poco conocidas antes de 1700 para explicar la historia más moderna de Cuba desde su origen. Además, maneja conceptos y marcos teóricos de las ciencias modernas, aplicándolos al caso cubano. El autor combina la macrohistoria y la microhistoria al tratar el contexto atlántico y global junto a casos ejemplares bien escogidos de lugares y protagonistas. Una lectura muy recomendable.