Marisol de la Cadena nos ofrece un apasionante relato sobre los desafíos y derroteros de la disciplina antropológica, poniendo límites a las pretensiones hermenéuticas de la práctica etnográfica desde un enfoque que respeta y apuntala el “verdadero diálogo intercultural.” Provista de una serie de herramientas teóricas y desde la gravitante experiencia subjetiva de campo, pone en discusión la legitimidad de la antropología de producir conocimiento sobre un “otro” y, consecuentemente, postula la existencia de una diferencia ontológica—y no epistemológica—con ese “otro” que quiere conocerse. El libro contiene siete historias, que fungen de capítulos, construidos a partir de una serie de relatos, documentos y conversaciones que la autora sostuvo entre los años 2002 y 2007 con Mariano Turpo y su hijo Nazario (ambos fallecidos), comuneros indígenas de Pachanta, una localidad cercana al Cusco y enclavada en las montañas de Ausangate sobre los 4,000 metros de altitud.
Situado en los Andes peruanos, “Seres de la Tierra” propone una lectura de la alteridad en comunión con la experiencia histórica y la lógica del pensamiento andino, tratándose de una obra que intenta conocer la experiencia óntica de dos runakuna (hombres) y su vinculación entretejida e imbricada con el mundo de los tirakuna, entidades sintientes (montañas, lagos, ríos), irreductible el primero a ser observado como entidad independiente del entorno en que habita. Esta pretensión implica, por cierto, que la relación indígena/no indígena se presenta inconmensurable en función de las entidades que la componen, “parcialmente conectadas” (la comunidad, el ambiente, el Estado, la escritura, los hombres, etc.).
Durante la serie de conversaciones sostenidas sistemáticamente con los Turpo, la autora traza los cambios en la política indígena del Perú, desde el socialismo y liberalismo de los años ‘50 propios de la Reforma Agraria, hasta los espacios multiculturales del turismo neoliberal del Cusco contemporáneo. En este trayecto biográfico explica, respectivamente, las agencias de padre e hijo y los modos de entender/vincularse con el mundo circundante y las coyunturas históricas específicas que permitieron esa vinculación. En el primer capítulo [Story 1] la autora fija y acuerda los términos de la mediación cultural entre las palabras y concepciones de dos mundos que se conectan asimétricamente; la del antropólogo y la del sujeto etnográfico, poniendo en evidencia las lógicas subyacentes de la conversación intercultural con los Turpo y demostrando con humildad la imposibilidad relativa de traducir en “real” sentido los conceptos y fundamentaciones ontológicas de los entrevistados.
Las historias 2, 3 y 4 exponen—siempre bajo el soporte nemotécnico de la oralidad—el periplo de Mariano Turpo en las luchas reivindicativas de la Reforma Agraria peruana, en contra del sistema de tenencia de la tierra en manos de hacendados y gamonales (1940–1980). La lección de estas luchas radica en la posición que asume Mariano; un runakuna que es parte de la comunidad y no está sobre ella, es decir, no como un representante aislado de la comunidad, sino uno que habla desde ella en comunión con una serie de entidades no humanas. En esta lucha, el archivo y la escritura permiten una aproximación muy parcial al entendimiento global de los sucesos y experiencias trascendentes de los runakuna.
Más adelante, las historias 5, 6 y 7 están dedicadas a Nazario Turpo, poniendo en evidencia intereses distintos a los de su padre. El activo rol de Nazario en el contexto del turismo global de Cusco y su actuación como chamán permiten comprender la capacidad performativa de habitar mundos posibles por este runakuna, en diálogo múltiple con Pachanta, las montañas de Ausangate, el gobierno peruano, los turistas, y Washington DC, claramente en una interpelación a cualquier forma de esencialismo cultural ahistórico.
El epílogo se presenta a modo de un derrotero pesimista; los esfuerzos de una cosmopolítica puesta en práctica por la autora y sus entrevistados no son suficientes para otorgar una real comprensión/valoración acerca de la ontología del “otro,” no reductible a exégesis posible. Uno de los propósitos centrales del libro ha sido justamente poner en evidencia—más allá del conocimiento antropológico academicista—la existencia de modos alternativos de ser en el mundo, imponiéndonos una reflexión mayúscula sobre la diversidad cultural y la legitimidad de formas de conocimiento alternas.