La materialidad de la arquitectura conlleva la transformación de la materia de su estado natural a otro para conformar un objeto con un diseño determinado. Esto requiere la movilización de recursos humanos y naturales y de ciertas habilidades y conocimientos técnicos y prácticos que, en muchos casos, son transmitidos de generación en generación (Lemonnier Reference Lemonnier1992).
El espacio puede ser concebido de formas diferentes para conocer cómo los entornos construidos se relacionan con las prácticas humanas y de qué forma y en qué medida son, a su vez, influenciados por las personas que los construyen y los habitan: como un ámbito primario de socialización, de producción y reproducción social (Giddens Reference Giddens2006); de manipulación coercitiva (Foucault Reference Foucault and Leach1997); de incremento de la complejidad social (Kent Reference Kent and Kent1990); de comunicación no verbal (Hillier y Hanson Reference Hillier and Hanson1984); o de alcance multidimensional —físico, social y simbólico— (Criado Reference Criado1991; Norberg-Schulz Reference Norberg-Schulz1971; Rapoport Reference Rapoport1969, Reference Rapoport2003).
En este trabajo presentamos los diseños arquitectónicos de los núcleos habitacionales o viviendas de la aldea de Palo Blanco (en adelante, APB), emplazada en el sector norte del Valle de Fiambalá, a 1.900 m snm, en el departamento de Tinogasta, Catamarca, Argentina (Figura 1). Consideramos al entorno construido como la organización de espacio, tiempo, significado y comunicación, a modo de un sistema de lugares compuesto por elementos fijos, semifijos y móviles que conforman un paisaje cultural (Rapoport Reference Rapoport2003). La historia de vida de la aldea transcurrió a lo largo de 1.000 años, de acuerdo con la información provista por las intervenciones de Carlota Sempé y el equipo del Proyecto Arqueológico Chaschuil-Abaucán, realizadas hacia finales de las décadas de 1960 y de 2000, respectivamente (Bonomo et al. Reference Bonomo, Lascano, Martino, Osella, Ratto, Osella and Lanata2006, Reference Bonomo, Cedrina, Osella and Ratto2009, Reference Bonomo, Osella and Ratto2010; Osella et al. Reference Osella, Bonomo, Ratto and Ratto2009; Ratto y Basile Reference Ratto, Basile, Bárcena, Chiavazza and IV2010; Sempé Reference Sempé1976, Reference Sempé1977).
La aldea de Palo Blanco y su relación con otras aldeas ubicadas en el norte de Chile y Noroeste Argentino meridional. Referencias: APB = Aldea de Palo Blanco; VF = Valle Fiambalá; ANS = Antofagasta de la Siera; LB = Laguna Blanca; VSM = Valle Santa María; VBe = Valle Belén; CP = Campo del Pucará; VA = Valle de Ambato; TV = Valle de Tafí. (Color en la versión electrónica)
El estudio arquitectónico lo realizamos caracterizando los elementos fijos (muros) que configuraron los núcleos habitacionales, donde destaca el uso de la técnica constructiva de la tierra encofrada, tapia o tapial a lo largo del primer milenio de la era. Ésta consiste en apisonar tierra húmeda colocada dentro de un encofrado (Ribotta Reference Ribotta1998). Las disposiciones de muros generaron límites y barreras físicas que condicionaron las relaciones al interior de y entre los núcleos habitacionales. Así, el estudio de los diseños arquitectónicos aporta a la configuración del escenario social en el que se desenvolvieron las relaciones entre individuos y grupos, que se expresan, establecen, mantienen o modifican cotidianamente en los espacios en que viven.
El recorrido para llegar a la definición de los diseños arquitectónicos no es lineal ni mecánico, ya que depende de la historia de vida de la aldea, a modo de biografía, donde los procesos de formación naturales y culturales, incluida la práctica arqueológica, tienen alta relevancia. Para ello, articulamos la información provista por: (1) las intervenciones arqueológicas realizadas en la década de 1960 por Sempé (Reference Sempé1976); (2) los resultados de los trabajos arqueogeofísicos con aplicación de geoeléctrica y georradar (Bonomo et al. Reference Bonomo, Cedrina, Osella and Ratto2009; Martino et al. Reference Martino, Bonomo, Lascano, Osella and Ratto2006); (3) la evidencia material generada por las excavaciones realizadas por Sempé (Reference Sempé1976) y el equipo arqueogeofísico (Ratto y Basile Reference Ratto, Basile, Bárcena, Chiavazza and IV2010); y (4) los procesos de formación actuantes (Ratto et al. Reference Ratto, Carolina Montero and Hongn2013; Sempé Reference Sempé1976). Así, articulamos información de primer y segundo orden para caracterizar los cambios y continuidades en los diseños arquitectónicos de la aldea entre los siglos uno y diez de la era común. Lamentablemente, no se pudo realizar un acercamiento socioespacial para conocer la conectividad, circulación, integración o segregación de los nodos que componen cada núcleo habitacional con una representación gamma (sensu Hillier y Hanson Reference Hillier and Hanson1984), ya que no contamos con la identificación completa de los vanos o aberturas de cada edificio debido a la historia socioambiental de la aldea.
El Formativo o las Sociedades del Primer Milenio
Años de investigación en el Noroeste Argentino configuraron los diferentes usos y alcances del concepto del Formativo. Éste puede dar cuenta de un período cronológico, de una etapa cultural, de una estrategia adaptativa o de una forma de organización social, económica y política, por lo cual el término fue discutido y replanteado por distintos colegas en las últimas décadas (e.g., Delfino et al. Reference Delfino, Espiro and Alejandro Díaz2009; Korstanje Reference Korstanje2005; Olivera Reference Olivera1988; Scattolin Reference Scattolin2006, Reference Scattolin, Korstanje, Lazzari, Basile, Bugliani, Lema, Domingorena and Quesada2015; Tarragó Reference Tarragó and Ledergerber-Crespo1999). Estas investigaciones pusieron de manifiesto una diversidad y variabilidad de contextos sociohistóricos caracterizados por: (1) constituir un proceso histórico arraigado en el Arcaico (arte rupestre, manejo de animales y plantas, redes de interacción entre ambas vertientes de los Andes); (2) presentar una distribución espacial amplia con articulación de diferentes pisos ecológicos; (3) un sistema de asentamiento con alto grado de sedentarismo, emplazamiento de las primeras aldeas y uso estacional de cuevas y aleros; (4) diversidad artefactual y manejo de desechos (basurales); (5) prácticas agro-ganaderas con generación de excedente completadas con actividades de caza y recolección; (6) ubicación de los asentamientos en relación con el desarrollo de prácticas agrícolas o de pastoreo; (7) desarrollo de nuevas tecnologías (cerámica, metalurgia e incorporación de técnicas textiles y de cestería); (8) aumento poblacional; (9) la familia como unidad productiva; y (10) bajo grado de complejidad política. Estas características varían de una región a otra del territorio catamarqueño, por lo que consideramos que es un desafío de nuestra práctica disciplinar conocer y comprender la diversidad cultural de estas sociedades, en nuestro caso en la región de Fiambalá.
El Formativo del oeste tinogasteño fue un proceso social, económico, político e ideacional caracterizado por la producción y reproducción de prácticas que se desarrollaron y perduraron al compás de un ambiente físico cambiante e inestable entre los siglos uno y trece (Ratto et al. Reference Ratto, Carolina Montero and Hongn2013, Reference Ratto, Basile, Feely, Lantos, Coll, Carniglia, Miyano, Korstanje, Lazzari, Basile, Bugliani, Lema, Domingorena and Quesada2015). Esa continuidad se materializó en la repetición de prácticas que se transmitieron, reprodujeron, resignificaron o se perdieron en el tiempo y lograron ser definidas a través del estudio de objetos, restos y lugares para conocer cuáles continuaron y cuáles cambiaron a lo largo del extenso proceso cultural, que en el caso de la APB abarcó los primeros diez siglos de la era común.
Esa repetitividad de los modos de hacer puede equipararse a la rutinización de las prácticas planteada por Franco Salvi y colaboradores (Reference Franco Salvi, Salazar and Berberián2009) para las aldeas del Valle de Tafí (Tucumán), contemporáneas a la APB, pero con diseños arquitectónicos totalmente diferentes. Giddens (Reference Giddens2006) expresa que la producción de la realidad social es esencialmente la rutinización de encuentros entre actores que despliegan prácticas intencionales de carácter reflexivo. Por lo tanto, su análisis es una vía de ingreso para el estudio cualitativo del comportamiento cotidiano de los individuos y las relaciones dialécticas entre agentes y sistema, ya que sus mecanismos consisten en conjuntos de reglas y recursos de interacción que posibilitan la regulación de las prácticas sociales. En este contexto, consideramos que la vida cotidiana de las sociedades del primer milenio estaba reglada y significada dentro de las viviendas, ya que fueron los ámbitos de producción y reproducción de las relaciones sociales, productivas y del trabajo de generación en generación.
Características del Entorno Físico de la Aldea de Palo Blanco y sus Procesos de Formación
En el oeste de la provincia de Catamarca se localizan los dos últimos valles longitudinales, Fiambalá y Chaschuil, emplazados al oriente de la Cordillera de Los Andes, que es el límite natural con la III Región de Atacama en territorio chileno. Esos pisos ecológicos, con cotas altitudinales que disminuyen en sentido norte-sur, conforman ambientes contrastantes propios de los dominios altoandino, prepuna, puna transicional y las sierras pampeanas y valles y bolsones. La APB se emplaza en el fondo de valle de Fiambalá en piso altitudinal de 1.900 m snm (Figura 1). Éste pertenece al dominio chaqueño, Provincia de Monte, con predominio de vegetación xerófita (Cabrera Reference Cabrera1976). Los oasis donde se asienta la población local están rodeados de enormes acumulaciones de arena que forman campos de médanos, barjanes y dunas de gran espesor contra los cerros. El proceso de aridización regional es, en parte, producto del desmonte del bosque nativo, principalmente algarrobo (Prosopis sp.), producido por los procesos de modernización económica.
Los estudios paleoambientales dan cuenta que las sociedades del pasado interactuaron con un escenario físico diferente al que domina hoy. La región tuvo períodos de inestabilidad ambiental producto de cambios climáticos, movimientos sísmicos, eventos catastróficos de actividad explosiva o cambios en la dinámica fluvial (Ratto et al. Reference Ratto, Carolina Montero and Hongn2013). Entre estos se destacan, por un lado, los cambios en la dinámica fluvial, unos 2.000 años atrás, cuando se inició un proceso de transición en donde se pasó de una etapa de acumulación a otra caracterizada por el encajamiento de los cauces de los ríos y la erosión. Por otro lado, ocurrió el soterramiento de sitios arqueológicos emplazados en el fondo de valle por depósitos secundarios de materiales volcánicos o fangos acarreados por grandes aluviones, tal como sucedió en la APB.
En resumen, en los últimos 2.000 años el Valle de Fiambalá estuvo expuesto a cambios en la dinámica fluvial y ocurrencia de aluviones que transportaron grandes masas de sedimentos no consolidados, entre los que destaca la pómez. En conjunto generaron alteraciones en el ecosistema y en la vida de las sociedades del primer milenio que habitaron la aldea y, posiblemente, determinaron su abandono definitivo alrededor del año 1000 dC.
La APB es fiel registro de la acción de procesos de formación naturales y culturales. Los primeros quedan representados en la acción combinada de las raíces, el agua y la gravedad, que provocaron el derrumbe de muros de barro, y el viento, que produjo el soterramiento natural de las estructuras en las últimas décadas. Por su parte, los procesos culturales se manifiestan en acciones vandálicas, mayormente de pobladores locales y en la propia práctica del trabajo arqueológico, especialmente por las técnicas de excavación imperantes en la década de 1960 (e.g., uso de pala, acumulación de los sedimentos excavados en el borde de las estructuras con formación de montículos artificiales y no tapado de las excavaciones; Figura 2). Ambos procesos continúan retroalimentándose y son parte de la historia del asentamiento, por lo que debieron ser tenidos en cuenta al momento de retomarse las investigaciones mediante la aplicación de métodos y técnicas de la geofísica.
Excavaciones en NH1 (Sempé Reference Sempé1976:Figura 15B). Notar la pila de sedimentos en los tapiales laterales.

Las Intervenciones en la Aldea de Palo Blanco: La Arquitectura desde la Década de 1960 hasta las Prospecciones Geofísicas
Esta localidad arqueológica fue intervenida hacia fines de la década de 1960 por Sempé (Reference Sempé1976), quien definió la existencia de cinco núcleos habitacionales, denominados NH1, NH2, NH3, NH4 y NH5. Estos se encuentran subdivididos internamente en recintos que se conectan entre sí o por medio de pasillos con espacios más amplios interpretados como patios o lugares abiertos, cuyos muros fueron construidos con la técnica de tierra encofrada, sin cimientos de roca, es decir, directamente fundados sobre el suelo (Sempé Reference Sempé1976, Reference Sempé1977). En todos los casos se realizó planimetría de cada una de las viviendas, pero solo se excavó en NH1, NH4 y NH5. Los muros construidos con dicha técnica definieron estructuras rectangulares, cuadrangulares y poligonales, tanto cerradas (recintos) como abiertas (patios) en función de sus tamaños relativos. Al respecto, en algunas estructuras de menor tamaño se recuperaron fragmentos de barro con improntas de ramas que fueron interpretadas como restos de techos, pero no se reportó la existencia de agujeros de poste (Sempé Reference Sempé1976). Cada módulo del muro de tapia fue colocado de forma horizontal presentando 1,20 m de largo y altura variable, mientras que el ancho osciló entre 1 y 0,75 m para los muros externos y entre 0,35 y 0,45 m para los internos. Una característica es que ninguno de los núcleos habitacionales intervenidos estaba cerrado totalmente por el muro perimetral (externo), de mayor ancho que los linderos (internos). Un cálculo realizado para estimar la superficie cubierta y descubierta de cada núcleo habitacional indicó que los núcleos NH1/NH2 (combinados), NH4 y NH5 abarcan 333 m2, 640 m2 y 756 m2, respectivamente (Tabla 1).
Dimensiones, Características de los Núcleos Habitacionales Intervenidos por Sempé (y Posterior Reintervención Arqueogeofísica en NH1/NH2) y Fechados Radiométricos.

Luego de 35 años se retomaron los trabajos en la aldea mediante la aplicación de métodos geofísicos, lo que permitió intervenir núcleos conocidos, como NH3 (Sempé Reference Sempé1976), y registrar unos nuevos: NH6 y NH7 (Bonomo et al. Reference Bonomo, Lascano, Martino, Osella, Ratto, Osella and Lanata2006, Reference Bonomo, Cedrina, Osella and Ratto2009, Reference Bonomo, Osella and Ratto2010; Martino et al. Reference Martino, Bonomo, Lascano, Osella and Ratto2006). En las nuevas intervenciones no se registraron restos de techos caídos, ni agujeros de postes.
El estado de preservación de la APB a mediados del año 2000 difería sensiblemente del de la década de 1960. Ninguno de los núcleos habitacionales excavados por Sempé (Reference Sempé1976) se visualizaba en superficie porque habían sido soterrados por la acción del viento. A lo sumo se identificaban grandes depresiones que indicaban la realización de excavaciones previas. Esto provocó cambios en la topografía del terreno y generó mezclas entre el sedimento natural y los materiales utilizados para la construcción de los muros (tapial; Figura 2). Esta situación, además de los derrumbes de muros, lavado de los mismos por la acción del agua de lluvia y las acciones vandálicas que generan pozos que luego fueron tapados por sedimento de origen eólico, complicó los relevamientos e interpretaciones geofísicas. La alta tasa de derrumbe de muros internos, linderos o divisores y la mezcla de sedimentos naturales y antrópicos en algunos casos entorpeció y en otros imposibilitó la generación de mapas geofísicos virtuales completos que guiaran las excavaciones sistemáticas. No menor fue la acción de los aluviones, flujos de barro o pómez, que afectaron en forma diferencial no solo las viviendas de la aldea sino también las áreas agrícolas hipotéticas entre los núcleos habitacionales, de acuerdo por lo sostenido por Sempé (Reference Sempé1976, Reference Sempé1977), aspecto que actualmente se está evaluando a través del estudio de microfósiles en sedimentos. Las intervenciones arqueogeofísicas en NH3, NH6 y NH7 arrojaron resultados comparables con los obtenidos por Sempé (Reference Sempé1976), especialmente por la confirmación del uso de la técnica de tierra encofrada para levantar los muros que definían recintos de variadas formas y tamaños. Asimismo, a través de la geofísica, se pudo determinar la existencia de un muro perimetral que encerraba y contenía cada núcleo habitacional y que era de un ancho mayor que los divisores internos (Tabla 2).
Dimensiones, Características de los Núcleos Habitacionales Intervenidos por Prospección Arqueogeofísica y Fechados Radiométricos.

Referencias: s/d = sin dato
Cada una de las intervenciones aporta información complementaria a nivel intra e internúcleo, ya que algunos rasgos presentes en un núcleo habitacional sirven para esclarecer rasgos confusos o no tan definidos en otro núcleo habitacional y viceversa. La articulación de la información permite interpretar cómo evolucionó el diseño arquitectónico de la APB, particularmente en las continuidades o reemplazos producidos a lo largo de sus 1.000 años de vida. Los trabajos arqueogeofísicos permitieron no solo definir el diseño arquitectónico de la aldea, sino también refutar la existencia del trazado disperso planeado tipo Saujil (sensu Raffino Reference Raffino1988), definido a partir de las excavaciones en NH1 (Sempé Reference Sempé1976).
El Diseño Arquitectónico en los Primero Cinco Siglos de la Era Común (ca. 0–500 dC)
Los primeros cinco siglos de la era común están representados por los núcleos NH1, NH2 y NH7 (Tablas 1 y 2). Sempé (Reference Sempé1976) definió a NH1 y NH2 como núcleos diferentes, separados uno de otro por escasos 10 m. Sin embargo, los estudios arqueogeofísicos determinaron que ambos tenían alta probabilidad de formar parte de una misma unidad arquitectónica, dado que los muros del NH1 continuaban su desarrollo hacia el oeste a nivel subsuperficial (Bonomo et al. Reference Bonomo, Cedrina, Osella and Ratto2009; Osella et al. Reference Osella, Bonomo, Ratto and Ratto2009). El principal aporte de este resultado fue refutar la existencia del trazado disperso planeado tipo Saujil considerado por Raffino (Reference Raffino1988) como patrón arquitectónico con área de dispersión por los valles occidentales de Catamarca (Figura 3). Sin embargo, nunca fue registrado en otros sitios, ni de la región ni extrarregionales, por lo que afirmamos que no es debido a un problema de muestreo, sino a que no existe como tal. Esa disposición de los muros es parte de otra mayor, cuyo desarrollo está a nivel subsuperficial. Los resultados geofísicos indicaron que NH1 y NH2 son parte de un mismo núcleo habitacional. Desgraciadamente, no se pudo completar el muestreo de todo el espacio construido debido a las irregularidades del terreno que dificultaron el trabajo geofísico y posterior interpretación de los datos, principalmente debido a los intensos procesos de formación culturales y naturales producto de la historia del asentamiento. Es muy factible que los recintos cuadrangulares estuvieran dispuestos dentro de un espacio delimitado por un muro perimetral, cuyo lateral sería el muro este (A5-A6 o B5-B6; Figura 3), de 21 m de extensión, similar al registrado en NH7, cubriendo una superficie estimada de casi 334 m2 (Tabla 1).
(a) Disposición subsuperficial de las estructuras detectadas por geofísica en NH1; (b) Diseño del núcleo NH1(Sempé Reference Sempé1976, adaptado de Figura 14) que definió el trazado disperso planeado tipo Saujil (Raffino Reference Raffino1988). Las referencias A1-A6 y B1-B6 en las imágenes de la izquierda y derecha, respectivamente, corresponden a puntos de las estructuras que pueden ser correlacionados entre sí. Los puntos B7-B11 en la imagen derecha no tienen correlación en la imagen izquierda. (Color en la versión electrónica)

Por su parte, NH7 es de reciente descubrimiento y uno de sus fechados es el más antiguo de la aldea (Tabla 2). La prospección geofísica fue realizada con georradar utilizando metodologías similares a las empleadas durante la prospección de otros núcleos (Bonomo et al. Reference Bonomo, Lascano, Martino, Osella, Ratto, Osella and Lanata2006, Reference Bonomo, Cedrina, Osella and Ratto2009, Reference Bonomo, Osella and Ratto2010; Martino et al. Reference Martino, Bonomo, Lascano, Osella and Ratto2006). Se adquirieron datos de cobertura simple a lo largo de líneas de sondeo paralelas entre sí y distantes 0,5 m para determinar la existencia de muros enterrados y obtener un plano general de sus disposiciones. Luego del procesamiento de los datos, se construyeron secciones verticales y en planta de la reflectividad del suelo, a partir de cuya interpretación pudo establecerse la existencia de un conjunto de muros de tapia que definen recintos de tamaño variable y delimitados por un muro perimetral. El núcleo cerrado cubre una superficie estimada de 316 m2 (aproximadamente 23,4 m por 13,5 m), que está dentro del rango de la superficie inferida para el núcleo NH1/NH2. La disposición espacial de los muros de NH7 permitió definir un mínimo de ocho recintos, de los cuales los dos de mayor tamaño presentan indicios de subdivisiones internas. Los recintos de menor superficie definen áreas entre 13 m2 y 26 m2 y los dos mayores entre 45 m2 y 126 m2. Estos espacios están interconectados por pasillos de ancho variable (entre 1,2 m y 1,6 m) los cuales forman subconjuntos que presentan distintas formas características, entre las cuales se distingue la L en el extremo noreste del núcleo (recinto 6-a en Figura 4).
Diseño arquitectónico de NH7 generado por geofísica y excavación. Las referencias 1–8 corresponden a recintos, mientras que las letras a, b y c indican pasillos. El tipo de trazo de línea utilizado indica el grado de preservación de las estructuras, deducido a partir del análisis de los perfiles de georradar. De mayor a menor grado de preservación: línea llena oscura, línea llena con tono medio, línea llena clara y línea punteada. (Color en la versión electrónica)

El estado de preservación de los muros varía entre regular y malo en todo el conjunto arquitectónico, en gran parte debido a sus anchos diferenciales. Al respecto, el muro perimetral de 0,80 m de ancho se preservó mejor que los divisores internos de solo 0,30 m de ancho. Una característica de NH7 es que el recinto-pasillo en forma de martillo o L presenta una disposición inversa a la registrada en NH1.
En resumen, la arquitectura de la aldea entre los siglos uno a cinco da cuenta de lo siguiente: (1) construcción mediante la técnica de tapial; (2) disposición de los muros formando ángulos rectos y definiendo formas regulares, mayormente rectangulares y cuadrangulares; (3) delimitación de cada núcleo habitacional por un muro perimetral que encierra una superficie promedio de 325 m2, definida con mayor precisión en NH7 con respecto a NH1/NH2; (4) disposición de muros en L con combinación de recintos y pasillos; y (5) inexistencia del llamado trazado tipo Saujil como una variedad del trazado disperso planificado (sensu Raffino Reference Raffino1988).
El Diseño Arquitectónico de los Segunda Mitad del Primer Milenio (ca. 500–1000 dC)
Los núcleos NH3, NH4, NH5 y NH6 fueron habitados en distintos momentos de la segunda mitad del primer milenio (Tablas 1 y 2) y los trabajos corresponden tanto a Sempé (Reference Sempé1976) —NH4 y NH5— como al proyecto arqueogeofísico —NH3 y NH6— (Bonomo et al. Reference Bonomo, Osella and Ratto2010; Martino et al. Reference Martino, Bonomo, Lascano, Osella and Ratto2006; Ratto y Basile Reference Ratto, Basile, Bárcena, Chiavazza and IV2010).
Sempé (Reference Sempé1976) reporta que el núcleo habitacional NH4 tiene forma rectangular, levantada con técnica de tapial, cuenta con siete recintos cerrados de formas cuadrangular y rectangular, esquinas formando ángulos rectos y tres espacios abiertos, a modo de patios. Los recintos presentan tamaño variable y existen diferencias entre los muros externos y los internos (Tabla 1), por lo que es muy probable que la disposición de los recintos estuviera encerrada, demarcada por un muro perimetral, tal como sucede con otros núcleos intervenidos mediante técnicas y métodos geofísicos.
En el caso de NH5, Sempé (Reference Sempé1976) informa que está constituido por dos zonas bien definidas. Por un lado, un gran espacio abierto —patio— que presenta divisiones internas (A, B y C en la Tabla 1), con todos los muros construidos con la técnica de tapial, cuyos anchos permiten considerarlos externos. Por otro lado, la segunda zona está formada por un conjunto de recintos cuadrangulares y rectangulares que en su relación estructural dan lugar a un gran rectángulo con cinco recintos en su interior, más otros dos que no pudieron ser definidos, encerrados dentro de una superficie de 22 m por 14,1 m en sentido noroeste-sudeste y nordeste-sudoeste, respectivamente. La primera zona cubre unos 500 m2; la segunda, compuesta por recintos cerrados, alrededor de 310 m2. Este espacio compuesto por recintos cerrados cubre una superficie similar a la registrada para los núcleos de la primera mitad del primer milenio, que es casi duplicada por la disposición de los espacios abiertos (patios).
Los trabajos arqueogeofísicos comenzaron en NH3 dando como corolario la conformación de un arreglo espacial arquitectónico de mayor complejidad que el que fuera reportado originalmente por Sempé (Reference Sempé1976). La distribución de los recintos definida a través de la excavación coincidió en su totalidad con lo predicho a partir del mapa de anomalías geofísicas, no sólo en cuanto a la detección de los muros y su profundidad sino también respecto de la localización de los vanos, de especial interés para conocer la circulación entre recintos y con el exterior (Figura 5; Tabla 2). También durante la excavación se constató la existencia de un evento catastrófico de flujos de barro que contienen el 90% de material pumíceo retrabajado. Este evento afectó y destruyó la mitad norte de NH3, lo que llevó a que solo perdurara una parte de la vivienda. Esto impidió conocer su superficie total, ya que solo tenemos certeza de que el muro externo sur tiene una extensión de 24,5 m (Figura 5).
Planos de NH3: (a) resultado del método de geoeléctrica; (b) resultado del método de georradar; (c) croquis de Sempé (Reference Sempé1976:Figura 28); (d) excavación de Ratto (Reference Ratto, Nielsen, Rivolta, Seldes, Vázquez and Mercolli2007). En esta última imagen, las referencias R1-R21 y R21E identifican los distintos recintos. (Color en la versión electrónica)

La excavación de NH3 determinó que se utilizó la técnica de tapial para su construcción. Los muros externos e internos preservados tienen 0,60 m y 0,30 m de ancho, respectivamente. Se definieron siete recintos de dimensiones variadas —mínimo 6,25 m2 y máximo 20,79 m2— que comparten el muro perimetral. El conjunto arquitectónico presenta mayor complejidad que la reportada inicialmente por Sempé (Reference Sempé1976), a pesar de su destrucción parcial por agentes naturales (Figura 5).
Finalmente, en NH6 los métodos geofísicos detectaron la presencia de muros totalmente enterrados que definen un área estimada de 1.050 m2 aproximadamente, dispuestos en forma subcuadrangular de 35 m de largo por 30 m de ancho, con divisiones internas que conforman recintos de menor tamaño. Estos no quedan bien definidos por los estudios geofísicos debido a probables derrumbes parciales o totales, lo que produce señales más confusas y ambiguas. Pudo establecerse con certeza, mediante geofísica y luego corroborado por excavación, la existencia de un muro perimetral de 0,60 m de ancho, con disposición interna de recintos y espacios abiertos, a modo de un área de depósito (Figura 6; Tabla 2). Nuevamente, se registra la técnica de tapial y el muro perimetral que encierra y forma parte de la definición de los recintos (Bonomo et al. Reference Bonomo, Osella and Ratto2010; Ratto y Basile Reference Ratto, Basile, Bárcena, Chiavazza and IV2010).
Izquierda: plano virtual de NH6 generado mediante el método de georradar, mostrando un muro perimetral. El tipo de trazo de línea utilizado indica el grado de preservación de los muros, deducido a partir del análisis de los perfiles de georradar. De mayor a menor grado de preservación: línea llena oscura, línea llena clara y línea punteada. Derecha: piso de ocupación definido por un sedimento arcilloso compacto, cuarteado, con intersecciones rellenas con material pumíceo; presenta seis elementos interfaciales verticales. (Color en la versión electrónica)
En resumen, en la aldea continúa: (1) la técnica constructiva de tapial; (2) la disposición de los muros en formas regulares y ángulos rectos (rectangulares y cuadrangulares y poligonal); (3) la delimitación de cada núcleo habitacional por un muro perimetral que encierra una superficie que aumenta en función del tiempo, ya que pasa de 373 m2 a 1050 m2 del siglo seis al diez; y (4) desaparece la disposición de muros en L con combinación de recintos y pasillos.
Forma y Contenido de la Aldea de Palo Blanco a lo Largo del Primer Milenio de la Era Común
En la Tabla 3 se presentan las continuidades y diferencias en los diseños arquitectónicas de los núcleos habitacionales entre la primera y la segunda mitad del primer milenio. Se observa que algunas características persisten y otras surgen a partir del año 500 dC, aproximadamente. Por ejemplo, tanto la configuración de los recintos (de formas rectangulares o cuadrangulares, interconectados a través de aberturas o pasillos, e integrados a espacios más amplios, posiblemente patios, encerrados por un muro perimetral) como los materiales y técnicas constructivas (tapial) se mantuvieron a lo largo de los 1.000 años de ocupación de la aldea. En el espacio entre los núcleos habitacionales no se registraron montículos o plataformas con posibles funciones ceremoniales presentes en otras aldeas del primer milenio (e.g., Cruz Reference Cruz2006; González y Núñez Regueiro Reference González and Regueiro1960; Gordillo Reference Gordillo2004). Tampoco en los patios se recuperó evidencia artefactual atribuible a funciones ceremoniales, lo que no descarta su función congregatoria. Sin embargo, el año 500 dC parece ser bisagra para algunos componentes de la aldea. A partir de ese momento: (1) desaparece la disposición de muros en L con combinación de recintos y pasillos, ya que solo se detectó en los núcleos habitacionales ubicados antes de esa fecha; (2) aparece el agregado de espículas de carbón en la preparación del tapial; y (3) aumenta el tamaño de los núcleos habitacionales, que registra un crecimiento que se acelera a lo largo del tiempo de vida de la aldea (Figura 7; Tabla 3).
Comparación de los Núcleos Habitacionales de la Aldea de Palo Blanco en la Primera y Segunda Mitad del Primer Milenio de la Era Común.

Tamaño de los núcleos habitacionales de la aldea de Palo Blanco en función de su antigüedad relativa. (Color en la versión electrónica)

Es interesante que el año 500 dC también sea bisagra para otras materialidades, artefactuales y ecofactuales, recuperadas en las distintas intervenciones por excavación. Así, por ejemplo:
(a) En lo que respecta a la alfarería, el estilo cerámico Saujil Inciso se mantiene a lo largo de todo el ciclo de vida de la aldea en asociación diferencial con conjuntos decorados y no decorados (Feely Reference Feely and Ratto2013; Sempé Reference Sempé1976). Sin embargo, nuevas formas de cerámica pintada, compacta y oxidante, con características tecno-morfo-decorativas del estilo Aguada, se incorporan al repertorio alfarero recién aproximadamente a partir del año 500 dC. Por su parte, los estudios de procedencia indican interacción con pisos de altura, regionales y extrarregionales, que están integrados a través de conectores naturales y también con los valles del oriente (Ratto, Basile y Feely Reference Ratto, Basile and Feely2012). Cabe destacar que las tierras altas puneñas de la región presentan exclusivamente arquitectura en piedra (Ratto, Carniglia y Coll Reference Ratto, Carniglia and Coll2012).
(b) La alta riqueza de imágenes grabadas en soportes rupestres (camélidos felinizados, antropomorfas, tridígitos, almenados y meandros, entre otras), contrasta con la regularidad y baja riqueza de las desplegadas en soportes cerámicos (felínicas, trazos lineales, angulares, figuras circulares). Sin embargo, comparten el uso de los mismos recursos visuales (combinaciones de unidades morfológicas, tipos de articulación, contornos, técnicas de ejecución y tamaño) a lo largo del primer milenio dC (Basile Reference Basile2011). Consideramos que esto da cuenta de una trayectoria común de largo desarrollo local, a pesar de la diversidad de soluciones plásticas registradas (Ratto et al. Reference Ratto, Basile, Feely, Lantos, Coll, Carniglia, Miyano, Korstanje, Lazzari, Basile, Bugliani, Lema, Domingorena and Quesada2015).
(c) El registro arqueofaunístico está dominado por la presencia de camélidos (Miyano et al. Reference Miyano, De Nigris and Ratto2015), pero es a partir del año 500 dC que se registra la presencia de vicuña propia de tierras altas, lo que fortalece la lectura de interacción entre distintos ambientes que ya fuera marcada por los estudios de procedencia y los lenguajes visuales. Asimismo, Sempé (Reference Sempé1976) registra la presencia de fauna exótica de la foresta (guacamayo) luego del mencionado año.
(d) Luego del año 500 dC, la presencia de implementos de molienda es evidencia indirecta de áreas agrícolas en los espacios entre los núcleos habitaciones, al igual que las prácticas de consumo sobre la base de plantas C3 (poroto o algarroba) y C4 (maíz) y mezclas de grasa animal (Lantos et al. Reference Lantos, Spangenberg, Giovannetti, Ratto and Maier2015). Aún no contamos con datos certeros del aporte de los microfósiles para la definición de los campos de cultivo. Asimismo, el registro de elementos interfaciales verticales fue interpretado como modificaciones realizadas para empotrar vasijas para el almacenamiento de granos o líquidos (Ratto y Basile Reference Ratto, Basile, Bárcena, Chiavazza and IV2010).
(e) La evidencia de contactos transandinos se registra antes del año 500 dC y se expresa en fragmentos de estilos cerámicos trasandinos recuperados de NH1 (Sempé Reference Sempé1976) y una cuenta de valvas del Pacífico, Oliva oniska, o una variación de Oliva peruviana, de acuerdo con la identificación taxonómica realizada por la Dra. Carola Flores, que fuera recuperada del basurero ubicado al sur de NH4. Además, puede agregarse el uso muy temprano de la tapia, que cuenta con una larga historia de uso en el área transandina.
Cuáles fueron las causas del abandono de esta aldea, alrededor del año 1000 de la era común, no está aún claro. Sin embargo, los resultados de las excavaciones realizadas en los últimos años articuladas con datos provenientes de los estudios paleoambientales están dando cuenta que luego del año 500 dC se sucedieron distintos episodios de grandes corrimientos de pómez que sepultaron algunos núcleos habitacionales y generaron un entorno caracterizado por su inestabilidad ambiental. Esto puede estar relacionado con una probable erupción volcánica ocurrida en la Cordillera de los Andes (Volcán Tres Cruces) entre los años 600 y 700 dC (Fernández-Turiel et al. Reference Fernández-Turiel, Pérez-Torrado, Rodríguez-González, Saavedra, Carracedo, Rejas, Lobo, Osterrieth, Carrizo, Esteban, Gallardo and Ratto2019). Es interesante que uno de los muros de tapia de NH3 presente fractura y desplazamiento lateral propio de la acción de movimientos telúricos. Es altamente probable que tanto NH3 como NH6 hayan sido abandonados en forma planificada, dada la escasa materialidad recuperada en los pisos de ocupación.
En resumen, la arquitectura, junto con otras materialidades, está dando cuenta que las sociedades del primer milenio reprodujeron organizaciones sociopolíticas con distinto grado de complejidad, pero donde prevaleció la repetitividad de los ritmos de las acciones colectivas a lo largo del tiempo, con la incorporación de nuevos dispositivos o estrategias que convivieron con las previamente existentes. Esto genera, en clave social, que los grupos domésticos extensos se continúan reproduciendo con diferentes grados de competitividad a lo largo del primer milenio, pero sin que surjan sistemas políticos centralizados.
Discusión
Una particularidad distintiva de la APB es la forma y encierre perimetral de los recintos y el uso de la técnica de tapial a lo largo de 1.000 años, lo que requiere de una organización del trabajo colectivo de baja escala y secuencial (encofrados, acopio y carga de materiales, apisonado). Esta situación es comparable a lo que sucede en tierras transandinas donde se registra el uso de materiales de la tierra para la construcción de espacios públicos y privados desde momentos muy tempranos (Adán y Urbina Reference Adán and Urbina2007; Adán et al. Reference Adán, Urbina, Pellegrino and Agüero2013; Uribe y Adán Reference Uribe and Adán2012). Sitios arqueológicos como Tulor, Guatacondo y Ramaditas, con fechas del 1000 aC al 200 dC, son parte de la tradición arquitectónica de oasis en barro que se distribuye por las regiones del Salar de Atacama y Tarapacá. En el primero se usó solo material de la tierra, mientras que en los otros dos se combinó con rocas para levantar los muros (Adán et al. Reference Adán, Urbina, Pellegrino and Agüero2013; Llagostera et al. Reference Llagostera, Barón and Bravo1984). Estos sitios se caracterizan por ser conjuntos aglutinados y densos de planta circular u ovoidal; incluyen además espacios de congregación a modo de plazas o grandes patios, presentan grandes cierres perimetrales y se localizan cercanos a sectores productivos. La configuración arquitectónica permite inferir la realización de actividades que requieren capacidad organizativa de la fuerza de trabajo de los integrantes de las unidades domésticas.
En el Noroeste Argentino catamarqueño, la APB presenta características compartidas o diferenciales con respecto a otras aldeas emplazadas en ambientes de puna y valles, tanto por su configuración arquitectónica como por su contenido y posible causa de abandono. A saber:
(a) La aldea Casa Chávez Montículo (400 aC–700 dC), en la puna sur de Antofagasta de la Sierra, presenta viviendas circulares con pisos de arcilla consolidada, cimientos de piedra y construcción de enramado (quincha) y economía pastoril complementada con agricultura, caza y recolección. La causa de abandono propuesta es el cambio de localización del fondo de valle al piedemonte para lograr un aprovechamiento agrícola más intensivo (Olivera y Vigliani Reference Olivera and Vigliani2002).
(b) Las aldeas tempranas, ubicadas en la franja latitudinal que comunica la puna sur (Laguna Blanca) con el Valle de Santa María y la franja occidental del Aconquija, presentan un patrón arquitectónico que tampoco coincide con el diseño de la APB (Delfino et al. Reference Delfino, Espiro and Alejandro Díaz2009; Palamarczuk et al. Reference Palamarczuk, Spano, Weber, Magnífico, López and Manasiewicz2007; Scattolin et al. Reference Scattolin, Fabiana Bugliani, Cortés, Marilín Calo, Domingorena and Izeta2009). En esos casos prevalece una configuración espacial compuesta por recintos subcirculares adosados, construidos con muros de piedra simple donde mayormente se integran las áreas residenciales con las agrícolas y en algunos casos también con las funerarias. Por sus características constructivas guardan cierta similitud con las unidades circulares compuestas de los asentamientos Tafí (provincia de Tucumán; Salazar et al. Reference Salazar, Salvi, Berberián and Clavero2008), pero difieren en la forma de circulación interna por no presentar el patio central a partir del cual se disponen los recintos de menor tamaño. En las aldeas emplazadas en los valles domina el registro arqueofaunístico de camélidos (Izeta y Scattolin Reference Izeta and Scattolin2007) y también se registraron pozos circulares cavados en el sustrato de base, sin evidencia artefactual en su interior, interpretados como pozos de almacenaje. Las causas del abandono no siempre son conocidas, pero las puneñas presentan desarrollo más prolongado a lo largo del primer milenio (Delfino et al. Reference Delfino, Espiro and Alejandro Díaz2009). El estilo cerámico Saujil sólo fue recuperado en pisos puneños de Laguna Blanca (Espiro Reference Espiro2013) y Antofagasta de La Sierra (López Campeny Reference López Campeny2012), los que se ubican entre los años 550 y 900 dC. La fecha puede estar dando cuenta de la expansión o mayor rango de movilidad de las poblaciones luego de 500 dC.
(c) En el caso del Valle de Hualfín (Catamarca), Sempé y colaboradores (Reference Sempé, Salcedo, Desántolo, Sempé, Salceda and Maffia2005) reportan fechados muy tempranos (ca. 500–300 aC) en sitios asociados con estilos alfareros tempranos, fogones y recintos circulares de muros de rocas. La configuración de estos espacios es muy diferente a las aldeas de la franja puna-Valle Santa María-faldeo Aconquija-yungas, como así también a la APB.
(d) En el este de Catamarca, en sitios del Valle de Ambato, se registró, a lo largo del primer milenio de la era común, “la técnica de columnas de piedra alternadas con muros de barro” (Assandri Reference Assandri1991:73). Durante los primeros siglos dicha técnica se empleó en la construcción de recintos aglutinados, de tamaño diverso y de forma cuadrangular, rectangular y trapezoidal, y se menciona la existencia de muro perimetral. La técnica constructiva en arquitectura de tierra también se registró en el sitio de Alamito, Campo de Pucará (González y Núñez Regueiro Reference González and Regueiro1960; Ribotta Reference Ribotta1998). El uso del tapial continua en el tiempo, ya que fue registrado en el siglo siete en el sitio de La Rinconada, para definir un conjunto de estructuras articuladas en una trama ortogonal de unidades adosadas, las que siguen un patrón constructivo de muros dobles y robustos de piedra o tapia (Gordillo Reference Gordillo2004). De igual manera, esta técnica está presente en otros sitios de Ambato y Aconquija (Cruz Reference Cruz2006; Gianfrancisco Reference Gianfrancisco2011). Al respecto, en Ambato, es recurrente encontrar sitios que presentan disposiciones materiales de objetos rotos in situ, techos caídos y carbonizados y restos de actividades en aparente ejecución, alrededor del año 1000 dC.
Por lo expuesto, la APB presenta a lo largo de sus 1.000 años de vida características arquitectónicas particulares. Éstas son compartidas en forma diferencial con otras aldeas emplazadas en los espacios transandinos (Norte Grande de Chile), ambientes de puna y valles de Catamarca.
Con relación a las características arquitectónicas es significativo el empleo de la técnica de tierra encofrada o tapial para la construcción de los muros fundados directamente en el suelo, tal como sucede desde época muy temprana en áreas trasandinas. Es interesante que sitios emplazados en las tierras altas cuentan con fechados radiométricos contemporáneos a los primeros siglos de ocupación de la APB (Ratto Reference Ratto and Ratto2013). A esta situación se suma el haber recuperado fragmentos cerámicos de estilos transandinos tempranos y la cuenta de collar manufacturada sobre valva del Pacífico. La contracara de la ausencia de dispositivos arquitectónicos de carácter ceremonial es la presencia, en todos los núcleos habitacionales de la APB, de grandes recintos que posibilitan la reunión y el encuentro.
En el noroeste argentino catamarqueño solo se registró la técnica de tierra encofrada en el Valle de Ambato y en Campo del Pucará, pero los muros combinan el tapial con columnas de piedra; además que en algunos casos los muros fueron revestidos con rocas. La presencia de muro perimetral se registró en sitios del Valle de Ambato (Assandri Reference Assandri1991; Cruz Reference Cruz2006; Juez Reference Juez1991), pero no en Campo del Pucará. Por su parte, los recintos-pasillos en forma de L son característicos de la APB, de igual manera que la ausencia de montículos y plataformas con funciones ceremoniales.
Palabras Finales
La articulación de los datos provenientes de la historia de las intervenciones arqueológicas realizadas en el espacio donde fueron emplazados los núcleos habitacionales de la APB permitió definir su desarrollo arquitectónico desde el siglo uno al diez de la era común (período Temprano y Medio o de Integración Regional en la provincia de Catamarca). Esa articulación consideró los reportes y colecciones generados en la década de 1960, las intervenciones arqueogeofísicas de la década del 2000 y los procesos de formación naturales y culturales.
Del análisis surge que la caracterización arquitectónica de la aldea es reflejo del avance metodológico de la práctica arqueológica, tanto en lo referente a las técnicas y procedimientos de excavación como a la incorporación de nuevos métodos de prospección no invasiva, tal como es el caso de la geofísica. Estos nuevos aportes no solo permitieron generar un plano virtual general de cada núcleo habitacional, sino también refutar tipologías arquitectónicas, como es el caso del trazado disperso planeado tipo Saujil (Raffino Reference Raffino1988).
Es en el Formativo cuando surge el espacio aldeano, con elementos que definen un conjunto arquitectónico específico que regula las relaciones sociales. Particularmente, la arquitectura de la APB, resumiendo lo dicho, mantiene a lo largo de 1.000 años algunas características distintivas: (1) el uso de la técnica constructiva de tierra encofrada o tapial; (2) la configuración de estructuras de formas regulares, ángulos rectos, predominantemente rectangulares, cuadrangulares y trapezoidales; (3) el encierre de los recintos cerrados y abiertos con un muro perimetral, cuya superficie aumenta en función del tiempo, ya que varía de 316 m2 a 1.050 m2 del siglo uno al diez; y (4) la ausencia de estructuras con función ceremonial (montículos, plataformas). Otros rasgos se perdieron en el tiempo; tal el caso de los recintos-pasillos en forma de L que solo se registraron en núcleos habitacionales ubicados temporalmente en los primeros siglos del primer milenio. El año 500 dC puede ser bisagra en este aspecto, porque es donde se incorporan nuevas modalidades cerámicas —oxidante, compacta y pintada (Aguada)— que comienzan a compartir el espacio social con otras que vienen desde los tiempos del inicio de la aldea (gris inciso y pulido en líneas), es decir, coexisten estilos cerámicos diferentes.
El uso de los materiales de la tierra y los ángulos rectos en la APB se diferencian claramente de otras aldeas donde prevalecen el uso de rocas y las formas circulares, como por ejemplo el trazado disperso planeado tipo Tafí (sensu Raffino Reference Raffino1988). Sin embargo, consideramos que existe un punto en común entre las aldeas de Tafí y la de Palo Blanco, que no está representado en los materiales, técnicas constructivas y configuración espacial, sino en la repetitividad de las acciones para configurar los espacios a lo largo del tiempo. Franco Salvi y colaboradores (Reference Franco Salvi, Salazar and Berberián2009) manifiestan que los asentamientos residenciales del Valle de Tafí y zonas aledañas evidencian una gran inversión de tiempo y trabajo en la construcción de las viviendas, las cuales siempre repiten un patrón similar: varias habitaciones de planta circular pequeñas (entre 3 y 5 m de diámetro), adosadas y comunicadas exclusivamente a un patio central también circular. Esta peculiar conformación interna del espacio habitado se mantiene sin modificaciones notables a lo largo de ocho siglos (entre los años 200 y 1000 dC). La repetitividad —rutinización (sensu Giddens Reference Giddens2006)— de esas prácticas materiales destinadas a la construcción y uso de objetos, en nuestro caso viviendas, es lo que refuerza los sentidos de identidad y pertenencia a un lugar, aporta a la consolidación y afianzamiento de los grupos sociales y favorece la organización del trabajo colectivo. Asimismo, pueden funcionar como puntos referenciales a las redes sociales extrarregionales, como así también para reducir la angustia ante lo desconocido o situaciones críticas producto, por ejemplo, de procesos migratorios.
Por lo expuesto, la estabilidad en el tiempo del diseño arquitectónico y la repetición del tipo de vivienda constituyen herramientas arquitectónicas que fueron utilizadas para legitimar una continuidad habitacional en un momento caracterizado por el incremento de la competitividad social. Asimismo, el encierre perimetral de cada vivienda refuerza aún más la cohesión social aislando el espacio habitacional interno con respecto al exterior.
Uribe y Adán (Reference Uribe and Adán2012) sostienen que la arquitectura formativa del Norte Grande de Chile representa una tradición cultural donde se impone una disciplina a la hora de construir la vivienda, configurando un modelo conocido por todos, con ausencia de diseñadores y especialistas, potenciando aún más las diferencias con otros grupos, donde cada uno repite un patrón establecido que los identifica. Esta afirmación es válida para la APB.
Agradecimientos
Este trabajo fue parcialmente financiado con fondos de la Universidad de Buenos Aires, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. A Luis Coll por componer las Figuras 1 y 8.
Configuración espacial actual de la aldea de Palo Blanco.

Declaración de Disponibilidad de Datos
Los datos a los que se hacen referencia en este artículo se encuentran depositados en el Instituto de las Culturas (UBA-CONICET), Facultad de Filosofía y Letras, y en el Laboratorio del Grupo de Geofísica Aplicada y Ambiental del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.







