Este artículo propone una lectura de tres obras de Verónica Gerber Bicecci a partir de la dimensión visual y sonora del silencio, en diálogo con los estudios contemporáneos sobre el sonido, en particular los aportes de Ana María Ochoa Gautier, David Toop y Jean-Luc Nancy, y con una redefinición crítica del collage basada en el trabajo reciente de Freya Gowrley, Fragmentary Forms (2024). Más que un medio o un género, el collage se concibe aquí como una práctica de pensamiento material que desarma la genealogía canónica del papier collé cubista y se plantea como una forma de ensamblaje transhistórica y transmedial. La propuesta central del artículo es pensar el silencio como una materia activa, una zona intersticial que remite a una apertura perceptiva donde las citas, los cortes y los residuos retoman agencia. A partir de un recorrido por una serie visual del silencio en la obra de Gerber Bicecci, el texto analiza dos momentos en los que el silencio se despatriarcaliza al habitar otras materias: Mujeres polilla (2018) y otro día… (poemas sintéticos) (2023). En ambas, el uso de la acetona, el polvo y el residuo activa una poética del emborronamiento que subvierte las oposiciones entre forma y contenido, entre lo decible y lo indecible. El artículo concluye con un análisis de Centón pétreo (2021), donde el collage de citas visuales y literarias fragmentadas dramatiza un silencio que reverbera. En todos los casos, el collage permite visibilizar un tipo de silencio que desborda su definición convencional y opera como una fractura de la forma: un corte material y discursivo que interpela los regímenes de género, las políticas de archivo y las formas de escucha. Así, el silencio deviene en acto indisciplinado que, desde su mínima y fragmentaria materialidad, ensaya otras formas de imaginación política.