Este artículo explora la historia del tatuaje en Colombia en la primera mitad del siglo XX, evaluando sus usos como dispositivo de conocimiento anatómico en la medicina legal y sus principales características identitarias, prácticas materiales e iconográficas. A través del análisis de una colección de tatuajes disecados reunidos por José María Garavito Baraya, se exploran las estrategias intelectuales y operaciones concretas con las que, desde la medicina, se coleccionó, representó y fetichizó el cuerpo tatuado. A partir de ello, se analizarán los insumos visuales, técnicas de elaboración y sus contextos de producción tanto como marca corporal e insumo forense. La materialidad de estos artefactos revela al tatuaje como un objeto de escrutinio científico sobre el cual se establecieron estigmas y taxonomías asociadas al crimen y la enfermedad, basadas en expresiones visuales, surgidas dentro de una sociedad que lo evocó positivamente como una expresión de relaciones personales, sociales y religiosas.